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Populares programas de 4 minutos que comienzan con una anécdota o historia y terminan con una aplicación moral y espiritual. Se han transmitido de lunes a sábado durante más de 40 años. Actualmente se difunden más de 4 mil veces al día en 30 países en la radio, la televisión y la prensa, y ahora via Internet en Conciencia.net.

Un Mensaje a la Conciencia ahp@conciencia.net (Hermano Pablo y Carlos Rey)

    • Religion & Spirituality

Populares programas de 4 minutos que comienzan con una anécdota o historia y terminan con una aplicación moral y espiritual. Se han transmitido de lunes a sábado durante más de 40 años. Actualmente se difunden más de 4 mil veces al día en 30 países en la radio, la televisión y la prensa, y ahora via Internet en Conciencia.net.

    «Un acercamiento indebido»

    «Un acercamiento indebido»

    En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:

    «Soy una madre soltera. Desde hace un año vivo con mi pareja. Él tiene una hija y yo un hijo, ambos adolescentes. Siempre compartimos como una familia.

    »Hace poco nos enteramos de que los jóvenes tuvieron un acercamiento indebido y, aunque no se consumó el acto sexual, pasaron cosas que no debieron haber pasado. A raíz de eso, mi pareja decidió terminar la relación, y yo me fui de la casa.

    »Estoy decepcionada y avergonzada, pues ese no fue el ejemplo que le di a mi hijo.... Estoy destrozada porque mi hogar se destruyó y yo amo a ese hombre. ¡Me siento mal! Mi vida se me cae a pedazos. Estoy deprimida. Tengo rabia, decepción, tristeza.»

    Este es el consejo que le dio mi esposa:

    «Estimada amiga:

    »Nos entristece lo que hicieron los dos adolescentes, y lamentamos la situación en que se encuentra. Quisiéramos ofrecerle esperanza para el futuro de usted y de su hijo.

    »Usted da la impresión de que ambos adolescentes consintieron en lo ocurrido. Si uno de los dos hubiera forzado al otro de algún modo... entonces esa información alteraría el consejo que estamos dando al respecto.... [Pero] si hubo consentimiento de parte y parte, entonces ambos son igual de culpables. Como creemos que el plan de Dios es que las relaciones sexuales las tengamos únicamente con nuestro cónyuge, lo que ocurrió entre ellos dos fue indebido y merece la disciplina apropiada.

    »Es admirable que su ex pareja sacrificara su propia relación romántica a fin de evitar que la hija mantenga esa actividad sexual. Si más padres solteros le dieran más importancia a lo que necesitan sus hijos que a sus propias relaciones románticas, esos hijos tendrían muchos menos problemas emocionales.

    »Usted dice que le dio un ejemplo diferente a su hijo. Nosotros no sabemos nada más acerca de su vida o del ejemplo que da, pero sí sabemos que estaba teniendo una relación sexual con un hombre con el que no estaba casada. ¿Acaso no estaba su hijo simplemente siguiendo ese ejemplo?

    »Usted tuvo a su hijo antes de tener la relación con su ex pareja. Siendo así, su mayor prioridad debe ser el que llegó primero. Necesita perdonar a su hijo y concentrarse en ser una madre amorosa que participa en sus actividades y establece límites apropiados para él.

    »Sin embargo, usted necesita ayuda para perdonar y poner en orden sus propias prioridades. Le aconsejamos que comience a cultivar una relación personal con Dios, pidiéndole que le perdone sus pecados. Luego busque una iglesia donde las personas que asisten confían en Dios y han cambiado conforme a las enseñanzas de la Biblia. Muchas iglesias tienen grupos para padres solteros que se apoyan mutuamente.»

    Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 533.

    Carlos Rey
    Un Mensaje a la Conciencia
    www.conciencia.net

    • 4 min
    «El tiempo de mi partida»

    «El tiempo de mi partida»

    (Antevíspera del Día Internacional del Abuelo en El Salvador)

    «... La salud del abuelo me preocupaba, pues desde que llegué [del colegio en] Santa Ana dos meses antes, comprendí que el anciano estaba enfermo de gravedad.

    »Don Felipe era terco, y ni médicos ni parientes lograban meterlo en la cama; pero el pobre —que había sido siempre tan buen gastrónomo— sólo podía comer bocados sin condimento y beber agua pura y filtrada. Había adelgazado tanto que me hacía pensar en un desinflado bolsón de cuero....

    »Aún gozaba el sueño de la mañana cuando llantos y lamentaciones me arrancaron mi descanso. Me vestí tan pronto como pude y, sabiendo por intuición lo que había ocurrido, busqué la puerta de la sala, donde parientes y criados se estaban aglomerando.

    »Ya el viejo estaba tendido en el centro del salón, sobre una mesa cubierta de trapos negros. Vestido con su traje de paño fino, rasurado, calzado y con leontina de oro sobre el pecho, en su rostro de hombre bueno había ahora una cabal expresión de tranquilidad. Parecía que de pronto se hubiera sentido libre de sus dolores; que cerraba los párpados por puro antojo, para abrirlos dentro de pocos minutos frente a nosotros, a fin de contemplar las cosas suyas con su acostumbrada mirada de afecto. Me senté en un taburete que estaba colocado en un rincón y quedamente empecé a llorar... El anciano había sido mi amigo desde siempre; él me enseñó a montar a caballo y a nadar en las pozas; alegremente me llevó por los suaves caminos o por la verde altura de las lomas; de su mano recibí la tierra de nuestros mayores y por gracia de su sangre supe quererla con todo el corazón.

    »Por primera vez en mi vida pasé la noche cerca de un cadáver. Eran las últimas horas al lado del abuelito, y yo deseaba consagrarle cada minuto de ellas.

    »¡No... no lo había perdido por completo!... Lo que juntos vivimos en cordial compañerismo estaba dentro de mi pecho como riqueza del alma, y presentía que alguna vez —más tarde— yo iba a recoger esa riqueza oculta, para entregarla a los demás en un regalo singular.»1

    Así relata sus últimas memorias de su abuelo la poetisa salvadoreña Claudia Lars en su obra Tierra de infancia. A la postre, éstas habrían de ser algunas de las primeras memorias que influirían en su soneto titulado «Algo sobre la muerte», que ella escribió dos años antes de su propia muerte. El segundo cuarteto dice así:

    No tengo miedo, no. Mi vida entera
    fue lúcida experiencia en aventura
    de un tiempo de dulzura o amargura
    que debe terminar cuando yo muera.2
    Así como la vida de Claudia y la de su abuelo, también la nuestra inexorablemente ha de terminar en la muerte, luego de experimentar tiempos de dulzura y tiempos de amargura. Quiera Dios que los tiempos de dulzura sean largos y que los tiempos de amargura sean cortos, y que debido a que nos hayamos preparado cabalmente para ese momento, no tengamos miedo cuando llegue, sino que podamos decir al igual que el apóstol Pablo: «El tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día...»3

    Carlos Rey
    Un Mensaje a la Conciencia
    www.conciencia.net



    1
    Claudia Lars, Tierra de infancia (San Salvador: UCA Editores, 1987), pp. 188‑90.


    2
    Ibíd., Prólogo de Francisco Andrés Escobar, diciembre 1986, 1a. ed., pp. 13‑14.


    3
    2Ti 4:6-8

    • 4 min
    «Cuatro años bastan»

    «Cuatro años bastan»

    En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

    «Soy viudo desde hace cuatro años. Quedé con dos hijos, uno de treinta y dos, y otro de veintiséis. El mayor se casó.

    »Hace siete meses me comprometí con una señora de cuarenta años porque no quiero estar solo. Pero mi hijo de veintiséis se quedó en la casa.... y es un muchacho un poco difícil. Quiero saber si hice bien.»

    Este es el consejo que le dio mi esposa:

    «Estimado amigo:

    »Nos alegra que nos haya consultado. Trataremos de ayudarlo, pero no sabemos si está más preocupado de que su compromiso sea un problema para su hijo, o de cómo su prometida va a lidiar con el tener en casa a un hijo adulto después de que se hayan casado.

    »Si usted está preocupado por el bienestar de su hijo adulto, le recomendamos que lea el Caso 92 en www.conciencia.net. En ese Caso explicamos en detalle cómo es que los viudos y las viudas no necesitan el consentimiento de sus hijos adultos para volver a casarse. Si bien fue muy prudente el haberles dado a sus hijos un margen de cuatro años para ajustarse a la pérdida de la mamá, y a pesar de que no debe esperar que ellos jamás se repongan de la muerte de ella, cuatro años bastan para que un adulto sano se ajuste a tal pérdida.

    »Si es posible, sería mejor para todos si usted pudiera mudarse de la casa en que vivió con la madre de sus hijos. Es muy difícil para los hijos el ver a otra mujer en la misma casa donde vivió la madre, cocinando en la misma cocina donde ella cocinaba, y sentada a la misma mesa del comedor. Al mudarse de esa casa, usted puede tener un nuevo comienzo después de casado.

    »Una de las opciones que pudiera considerar es mudarse con su nueva esposa a una casa más pequeña y prestarle a su hijo menor el dinero que él necesitaría para mudarse a una casa distinta o un apartamento, tal vez con compañeros de cuarto. No estamos sugiriéndole que pague los gastos mensuales de él, sino sólo que lo ayude con el considerable gasto que representa la mudanza.

    »Es obvio que su prometida no tendría tanta dificultad con su hijo si usted no planeara que ellos vivieran juntos en la misma casa después del matrimonio. Es más, si su hijo ya resiente la presencia de ella en la vida de usted, es importantísimo que usted no espere que él llegue a vivir en paz con ella bajo el mismo techo.

    »Es probable que su hijo piense que no está haciendo más que defender a la mamá. Tal vez sienta que tiene que proteger la memoria de ella, y que usted la está traicionando al cultivar una nueva relación sentimental....

    »Si usted no le ha pedido a Dios que le dé sabiduría, le recomendamos que lo haga de inmediato. Dios sabe lo que más les conviene a usted, a su hijo y a su nueva esposa. Si usted está dispuesto a seguir en los caminos de Dios y permitir que Él lo guíe, podrá sobreponerse a esta dificultad actual y seguir adelante hacia un futuro más promisorio.»

    Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo se puede leer si se ingresa en el sitio www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 661.

    Carlos Rey
    Un Mensaje a la Conciencia
    www.conciencia.net

    • 4 min
    «Tal como eres»

    «Tal como eres»

    (Canción cantada por Carlos Rey en audio y en video)

    En 1974, cuando los médicos le dijeron que tenía cáncer, Félix Alejandro Quintana, natural de Matanzas, Cuba, sólo tenía veintiséis años. Tan pronto como escuchó ese diagnóstico, determinó que necesitaba pedirle a Jesucristo que fuera su Señor y Salvador, para asegurar su entrada en el cielo cuando muriera. Así que, en el cuarto mismo del hospital, le abrió a Cristo la puerta de su corazón y lo invitó a que entrara. Comenzó a leer la Biblia todos los días, y en sus tiempos de oración le daba gracias a Dios por la relación personal que tenía con Él.

    Pero a los seis meses, lo asaltaron las dudas acerca de cómo Dios pudo haberlo aceptado a él. Por primera vez desde aquel día en el hospital en que le había rendido su vida a Cristo, Félix entró en un bar y pidió una bebida. Al pensar en su vida —en el cáncer, en su esposa y en su pequeña hija, así como en el futuro inseguro que tanto lo atemorizaba—, le preguntó a Dios: «¿Cómo puedes amarme siendo yo una persona tan mala?» Tan pronto hizo esa pregunta, el grupo musical del lugar comenzó a tocar una canción que lo conmovió hasta lo más profundo de su ser. Sintió que Dios mismo le estaba contestando directamente mediante las siguientes palabras de la canción compuesta por Billy Joel, interpretada también por José José:

    Nunca cambies por complacerme,
    por quererme retener.
    Nunca imagines que te suceda
    que yo te deje de querer.

    Nunca pienses que te abandone;
    no temas a mi ingratitud.
    Tanto en las buenas como en las malas,
    te quiero tal como eres tú.
    . . . . . . . . . .
    No trates ya de impresionarme:
    me puedes hacer enojar.
    Así te acepto, así me gustas:
    como eres tú te voy a amar.

    Quiero saber si siempre vas a ser
    el mismo que yo conocí.
    Espero que tú creas siempre en mí
    tal como yo he creído en ti.

    Dije: «Te amo», y es para siempre;
    pues nunca te voy a dejar.
    Así te quiero, así me gustas:
    como eres tú te voy a amar.

    Lo cierto es que Dios no abandonó a Félix Quintana ni dejó de amarlo, sino que le concedió treinta años más de vida. Y Dios no solamente acompañó a Félix «tanto en las buenas como en las malas», como dice la canción, sino también tanto en su salida de este mundo como en su entrada al cielo, porque prometió amarlo y estar con él para siempre.1 Gracias a Dios, todo el que se acerca a Él puede llegar a comprender, así como Félix Quintana, que no tiene que cambiar para que Dios lo ame, sino que Dios mismo lo cambiará por completo debido a lo mucho que lo ama.

    Carlos Rey
    Un Mensaje a la Conciencia
    www.conciencia.net



    1
    Jer 31:3; Mt 28:20

    • 4 min
    Génesis boliviano

    Génesis boliviano

    (Día Internacional de la Paz)

    Cuando el buen Dios creó
    lo que habría de ser Bolivia,
    no anduvo con cosas tibias,
    hasta el codo se pringó....

    Dios colmó su geografía
    de todo y con abundancia
    a fin de llenar las ansias
    y de paso las manías

    de hasta los más exigentes
    y los más extravagantes,
    para que vivan boyantes
    y en dulce paz sus vivientes....

    Cumbres, valles y llanuras
    eran el todo en el suelo
    y según decía mi abuelo,
    loando a la virgen pura,

    los privilegios aquellos,
    con encantos de retablos,
    los puso Dios, pero el diablo
    también imprimió su sello.

    Dios metió en sus serranías,
    para alivio de sus males,
    toda clase de metales
    y también chafalonías....

    De tierra rica y fecunda
    también al país dotó,
    de la que todo brotó
    sin mucho apretar coyundas....

    «¡Será la región más rica!
    —confirmó el Señor tan sabio,
    y una sonrisa en sus labios
    que al momento nada explica,

    jugueteó a su gusto—;
    mas no se tenga temor
    —pidió después el Señor—,
    que no pecaré de injusto....

    ¡Ya verán la gentecita
    —dijo Dios con un bufido—,
    que a este país preferido
    le meto hasta la estaquita!...

    Fue la gente real plaga,
    es cosa de no dudar,
    si se llegaba a mascar,
    en cambio nadie se traga.

    Vivió, entonces, todo el hato,
    el que conformó Bolivia,
    en guerras frías y tibias,
    peleando cual perro y gato....

    Entre mordisco y araño,
    la gente que Dios metió
    en el edén que creó,
    se la pasa todo el año.

    Una trifulca estalla
    allá por el occidente,
    y otra brota en oriente
    cuando la primera calla....

    La gente cree hasta ahora
    que Dios piadoso obró,
    pero su cola metió
    el diablo en mala hora.1

    ¡Con razón que a estos versos acerca de «El Génesis» boliviano, con los que comienza la obra titulada Las palomas contra las escopetas, el reconocido diario El Deber los haya descrito como «una juguetona mirada a la historia»!2 En ellos Pedro Rivero Mercado, el respetado periodista cruceño que fungía como director de El Deber cuando se lanzó ese libro suyo, demuestra por qué se le considera un cultor del verso costumbrista. Y en ellos el poeta nos hace reflexionar sobre el sello malintencionado que le imprimió el diablo a la maravillosa creación de Dios, pero no sin antes hacernos ver jocosamente el sello que le imprimió el Creador mismo.

    Ahora lo único que nos queda por comprender es que, si bien en mala hora el diablo metió la cola, enhorabuena el piadoso Dios de paz envió a su Hijo Jesucristo al mundo para salvarnos del pecado y darnos paz.3 Rechacemos, pues, el sello diabólico de la discordia, y pidámosle a Dios que imprima en nosotros el sello divino de su paz. Así se cumplirá el propósito de Dios en darnos tanto, porque tal como lo afirma Rivero, Dios nos colmó de todo para que vivamos en dulce paz.

    Carlos Rey
    Un Mensaje a la Conciencia
    www.conciencia.net



    1
    Pedro Rivero Mercado, Las palomas contra las escopetas (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia: Editorial Santa Cruz, 1999), pp. 33‑62.


    2
    Javier Méndez, «Me dediqué a escribir 25 horas al día», El Deber (Santa Cruz de la Sierra), 8 septiembre 1999, p. A27.


    3
    Jn 14:27; Fil 4:6‑9

    • 4 min
    «¿Por qué existe la guerra?»

    «¿Por qué existe la guerra?»

    (Víspera del Día Internacional de la Paz)

    «En el salón decorado de rojo y dorado sonó la voz fresca de la mujer:

    »—¿Qué nos importa a nosotros la guerra, Fernando, si vivimos felices y tranquilos...? ¿Qué puede hacernos a nosotros la guerra? ...

    »—A la guerra no se va por gusto, Inés, sino fatalmente. Habrá que ir....

    »—¿Y por qué existe la guerra? —interrumpió ella... mirándolo con fijeza—. Sí, ¿por qué existe? Si todo el mundo puede vivir tranquilo en su casa. ¿Por qué se van a matar los hombres? Yo no lo comprendo.... Una cosa tan horrible en que todo el mundo muere, ¿por qué existe?

    »En sus palabras ingenuas estaba vivo el desasosiego de la guerra. Estremecía las almas, vibraba en el aire, sacudía las hojas de los árboles en los lejanos campos. Estaba desatada la guerra. En todos los rincones, mujeres llorosas decían adiós a los hombres. Por los pueblos pasaba la caballería floreciendo incendios. En aquel minuto, alguien moría de mala muerte....

    »—El mundo no ha sido hecho, Inés, para lo mejor. Por eso, justamente, es difícil explicarlo. La guerra está en él, y nadie la ha traído, ni nadie podrá quitarla.»1

    Así se vale el escritor venezolano Arturo Úslar Pietri de los personajes de Inés y Fernando en su novela histórica titulada Las lanzas coloradas para hacernos reflexionar sobre el inquietante tema de la guerra, que es, en realidad, el personaje central de la novela.2 Y lo cierto es que, a pesar de los grandes adelantos en la ciencia que se dieron en el siglo veinte, la pregunta que hace Inés no deja de desconcertarnos en el siglo veintiuno: «¿Por qué existe la guerra?»

    Actualmente está de moda afirmar que la causa principal de las guerras es la religión. Sin embargo, en los tres tomos de la Enciclopedia de las guerras, de unas 1.763 guerras que se han librado en el transcurso de la historia, los autores Phillips y Axelrod clasifican sólo 123 como de naturaleza religiosa, que no llega ni siquiera a ser el 7% de todas las guerras. En cambio, durante los regímenes de los dictadores Vladimir Lenin, Adolfo Hitler, José Stalin, Hideki Tojo, Mao Zedong (Mao Tse-tung) y Pol Pot, que no querían tener nada que ver con la religión, perecieron más de 111 millones de personas.3

    «¿Saben por qué hay guerras y pleitos entre ustedes? —pregunta Santiago el apóstol—. ¡Pues porque no saben dominar su egoísmo y su maldad! —contesta él mismo—. Ustedes quieren algo, y no lo obtienen; matan, sienten envidia de alguna cosa, y como no la pueden conseguir, luchan y se hacen la guerra.»4

    De modo que Fernando tiene razón: La guerra está en el mundo, porque está en cada uno de nosotros. Pero gracias a Dios, sí bien Él no la ha traído, sí puede quitarla. Por eso envió al mundo a su Hijo Jesucristo, el Príncipe de paz: para quitar nuestro pecado y darnos la paz. Y para completar, nos promete un cielo nuevo y una tierra nueva, donde la guerra ya no existirá.5

    Carlos Rey
    Un Mensaje a la Conciencia
    www.conciencia.net



    1
    Arturo Úslar Pietri,  Las lanzas coloradas (Bogotá: Editorial Norma, 1991), pp. 16-17.


    2
    Hernando Téllez, «Úslar Pietri, novelista», A propósito de Arturo Úslar Pietri y su obra (Bogotá, Editorial Norma, 1991), pp. 9-15. Tomado de Textos no  recogidos en libro (Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1979).


    3
    Robin Schumacher, «The Myth that Religion is the #1 Cause of War», ed. Matt Slick En línea 22 agosto 2016 («El mito de que la religión es la causa primaria de las guerras», trad. Jairo Izquierdo En línea 22 agosto 2016).


    4
    Stg 4:1-2 (TLA y DHH)


    5
    Is 9:6-7; 65:17-25; Mi 4:1-3; Jn 14:27; 2P 3:13; Ap 21

    • 4 min

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