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Un cuarto de maravillas, una habitación sonora donde recogemos los objetos raros y fascinantes que vamos encontrando en nuestro transitar por la vida. Esos hechos extraños y sorprendentes que nos enseñan que la realidad no tiene por qué estar siempre tan segura de si misma, que hay otras formas de verla y de interpretarla. Una colección que nos hace pensar que, del mismo modo que las cosas funcionan así, todo podría funcionar de otra manera.

Gabinete de curiosidades del Doctor Plusvalías Carlos Plusvalias

    • History

Un cuarto de maravillas, una habitación sonora donde recogemos los objetos raros y fascinantes que vamos encontrando en nuestro transitar por la vida. Esos hechos extraños y sorprendentes que nos enseñan que la realidad no tiene por qué estar siempre tan segura de si misma, que hay otras formas de verla y de interpretarla. Una colección que nos hace pensar que, del mismo modo que las cosas funcionan así, todo podría funcionar de otra manera.

    La grandeza del general Pulgarcito

    La grandeza del general Pulgarcito

    Charles Sherwood Straton, más conocido como el General Tom Thumb, General Pulgarcito, fue la mayor estrella del gran circo de Phineas T. Barnum, pese a que la mayor estatura que consiguió fue de 1,02 m. Sus imitaciones de Napoleón, su natural simpatía y el talento para el marketing de Barnum le hicieron muchimillonario y famoso en medio mundo.

    • 9 min
    El Cabarert de la Muerte del Paral.lel

    El Cabarert de la Muerte del Paral.lel

    Un misterioso anuncio de periódico revelaba la existencia del Cabaret de la Muerte en el número 72 del Paralelo barcelonés. No tenemos descripción de un establecimiento que presumía de utilizar 30.000 ataúdes al día, pero podemos sospechar que estaba inspirado en el Cabaret du Néant, el Cabaret de la Nada, que en Montparnasse fundaron los ilusionistas Antonin Dorvile y Georges Meliès.
    Con la realización técnica de elena Ojeda y la actuación de Xisco Rojo, África Egido, Carlos Lapeña y Elena Ojeda. Un programa escrito y dirigido por Carlos Lapeña.

    • 9 min
    Abram Gannibal, un negro en la corte del Zar

    Abram Gannibal, un negro en la corte del Zar

    Gannibal, hijo de un noble menor africano, fue secuestrado con 7 años, entregado al sultán de Estambul que lo regaló al zar Pedro I el Grande. El Zar pensaba que un niño negro, un salvaje incivilizado, podía ser tan diestro en artes y ciencias como un ruso si recibía una buena educación. Gannibal fue general y gobernador en Rusia, demostrando que el zar estaba en lo cierto. No contento con eso, fue el bisabuelo negro del eterno poeta Pushkin.

    • 9 min
    Pannonica, la baronesa del jazz

    Pannonica, la baronesa del jazz

    La baronesa Pannonica Rothschild fue protectora y mecenas de todos los músicos del nuevo jazz de Nueva York. Heredera de una gran fortuna fue una más entre Thelonius Monk, Miles Davis, Art Blakey, Bud Powell o Gigi Gryce. Su casa fue refugio de Monk, testigo de innumerables jams y de la muerte de risa de Charlie Parker.

    • 9 min
    GDC 4X7. El gallego rey de los jíbaros. Capítulo 2

    GDC 4X7. El gallego rey de los jíbaros. Capítulo 2

    La semana pasada dejamos al gallego Alfonso Graña abandonando Iquitos para ver qué había río arriba. Unos le dijeron que no había nada y otros que estaban los indios más fieros de toda América, los terribles indios jíbaros, los reductores de cabezas e imposibles a toda civilización.Tenían razón los segundos: río arriba había jíbaros, de los agarunas y de los huambisas, y tampoco eran tan terribles. Pero sobre todo había selva, mucha selva. La suficiente como para pasar allí toda la vida.
    De entre los inexpugnables jíbaros, Graña conquistó primero el corazón de la hija del jefe huambisa Samaren III. Un corazón que seguro que tenía nombre, pero nadie se molestó en apuntarlo. Luego, como sabía hacer cosas tales como molinos o sacar sal, y aguantaba como un bravo las picaturas de las tarántulas y los embites delos rápido del río Marañón en el Pongo de Manseriche, se ganó a todos los demás. Como diría Frank Sinatra, los civilizó a su manera, que quizás no sea la forma más civilizada de hacerlo.
    En los últimos 1920s y en los primeros 30s, Graña dominaba un basto territorio amazónico y cinco mil jíbaros aparcaban sus diferencias para hacer lo que decía. La Standard Oil de Rockefeller negoció con él la extracción de petróleo en el Alto Marañón y protegió a otros «cristianos» que quisieron explorar aquella selva ignota.
    Cada año bajaba a Iquitos rodeado de indios y comerciaba con sus cosas de la selva. Llevaba a los jíbaros al cine, a comer helados y a montar en la furgoneta Ford de su paisano Cesáreo Mosquera, que era librero, masón y hombre curioso. Con su máquina de escribie, Mosquera capturó muchas entrevistas a Graña en las que describía el mundo de los jíbaros.
    En noviembre de 1934, un fulminante cáncer de estómago, dejó a Galicia carente de reyes y a los jíbaros sin curaca.

    Grabado a gran distancia, como que cada uno estaba en su casa, por Elena Ojeda, Xisco Rojo, Sergio delgado, Eugenio Hernández, Juan Diego Yanda, Carlos Lapeña y África Egido. Un programa escrito y dirigido por Carlos Lapeña.

    • 56 min
    GDC 4X6. El gallego rey de los jíbaros. Capítulo 1

    GDC 4X6. El gallego rey de los jíbaros. Capítulo 1

    La emigración gallega está llena de historias extraordinarias, de triunfos y fracasos, de ruinas y fortunas. De entre los triunfadores, algunos volvieron y plantaron palnmeras, construyeron hoteles, fundaron escuelas y embrearon carreteras. Otros se eternizaron en su nueva tierra, se acriollaron y llegaron a generales o incluso a presidentes. Pero ninguno entre los hijos de Galicia llegó a dignidad más alta que la que alcanzó el avionense Alfonso Graña en el Alto Marañón, en lo más profundo del Amazonas peruano. Lo documentó en el Ya, Víctor de la Serna, el periodista falangista que lo bautizó como Alfonso I de la Amazonía: «Alfonso Graña, el español que reina como señor único, por encima de tratados y fronteras, sobre un territorio tan extenso como España, allí donde se parten en dos el mundo, la noche y el día.»
    No sabemos cuando se inauguró su reinado sobre los jíbaros amazónicos, esos que alcanzaron renombre mundial por su afición por reducir cabezas y por ser imposibles a toda civilización. Con el mismo ánimo que en los estertores del siglo XIX dejó atrás su Avión natal, un día de 1922, cuando la fiebre del caucho ya no necesitaba de cataplasmas, abandonó Iquitos, el primer puerto del Amazonas peruano, y se adentró en la selva en busca de un porvenir o de algo de comer. Pasaron muchos años antes de que nadie volviera a saber de él.
    Alfonso Graña nació en Amuidal, en el conceyo de Avión y en la provincia de Ourense. Era 1878, A diferencia de la mayoría de sus hermanos, esquivó las epidemias y resistió el hambre. Ganó así la oportunidad de huir. No quiso ser original. A Madrid no podía ir, no eran aún tiempos en los que un analfabeto pudiera ser ministro, y había que subir muchos puertos para llegar a una fábrica de Bilbao o Barcelona. El camino más directo requerí subir solo un puerto, el de Vigo. Se decía que en Argentina se comía carne todos los días. Carne todos los días. Tenía más magnetismo que el oro.
    Pero Graña no fue a Argentina, ni siquiera a Cuba, que aún era un destino nacional. Brasil necesitaba colonos para el Amazonas. Los papeles estaban arreglados. Figúrate, si hasta te pagaban el pasaje. En cuarta, pero a caballo regalado…
    Graña entró en el orden y el progreso por Belém de Para. Fue una escala antes de llegar al epicentro de la fiebre del caucho, Manaos. Manaos era la ciudad más rica y moderna de su tiempo. Las casas tenían luz y agua, en su ópera cantaba Carusso y los tranvías eran eléctricos, no como los de Nueva York que eran arrastrados por bestias. La ropa de Manaos se lavaba en Portgal y había más putas que en la imaginaria Mahagonny.
    Un día los ingleses, que no estaban en contra de los monoplios pero que preferían que fueran de su propiedad, robaron la semilla de la serengueira, la plantaron en Malasia al borde de las carreteras y jodieron la exclusiva sudamericana en el negocio del látex. Los altos costes de sacar cosas de la selva hicieron lo demás. En poco más de una década nadie recordaba la edad de oro de Iquitos o de Manaos.
    Graña vivió del caucho en Manaos. También en Iquitos. Quizás llegó antes, pero en 1910 ya era habitante del centro del látex peruano. En los últimos años diez ya no se ataban los perros con longaniza, pero aún se podía vivir. Además, con su paisano Cesáreo Mosquera, el dueño de la librería Amigos del país, Graña aprendió a leer los carteles que avisaban de que en Iquitos no había futuro.
    Así llegamos a ese día de 1922 en el que Graña preguntó a alguien que qué había río arriba. Como unos le dijeron que nada y otro que los terribles indios jíbaros que a todos los «cristianos» les hacían mondongo, nuestro hombre se fue a comprobarlo por sí mismo. Eso sí, para saber lo que vió, tendremos que esperar a la próxima semana.

    Grabado, cada uno en su casa, por Elena Ojeda,

    • 43 min

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