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E04 - La soledad de los árboles Nómadas

    • Documentary

Cuando se hace de noche es de noche. La luz es un rescoldo, un bailoteo, y lo demás son sombras. En las sombras hay demasiadas cosas.

Lo han matado hace un rato. Lo degolló Baïdy como si fuera un rito, con un cuchillo corto y no tan afilado y un movimiento un poco laborioso. Hasta hace poco, pocos occidentales sabían cómo se corta una cabeza; ahora, gentileza del Estado Islámico, la mayoría lo sabemos, y no es fácil olvidar esa imagen mientras la sangre del cordero mancha el suelo. Después, Guillé lo desolló –como quien quita un forro– y lo deshizo en cinco partes –cuatro patas, el tronco. Ahora, cada una de las partes está pinchada en una cruz de ramas afiladas, clavadas en el suelo junto al fuego de ramas de espino.

Fatimata me había dicho que no suelen comer carne: que si acaso, alguna vez, un animal que tuvo un accidente, pero que no pueden matarlos para comérnoslos, que ellos viven de esos animales, que deben venderlos para pagarse el cereal, el arroz, las cosas que precisan. Salvo en las fiestas, claro, el Ramadán, el Tabassi.
O que, si no, comen carne cuando en el pueblo vecino matan a un animal. Los migrantes de cada pueblo se organizan para juntar dinero, donde estén, y mandarlo a sus familias, por supuesto, pero también a su pueblo para que todo el pueblo, una vez por mes, dos veces por mes, mate una vaca y se la coma. Entonces, en general, ellos también reciben una parte.

Cuando se hace de noche es de noche. La luz es un rescoldo, un bailoteo, y lo demás son sombras. En las sombras hay demasiadas cosas.

Lo han matado hace un rato. Lo degolló Baïdy como si fuera un rito, con un cuchillo corto y no tan afilado y un movimiento un poco laborioso. Hasta hace poco, pocos occidentales sabían cómo se corta una cabeza; ahora, gentileza del Estado Islámico, la mayoría lo sabemos, y no es fácil olvidar esa imagen mientras la sangre del cordero mancha el suelo. Después, Guillé lo desolló –como quien quita un forro– y lo deshizo en cinco partes –cuatro patas, el tronco. Ahora, cada una de las partes está pinchada en una cruz de ramas afiladas, clavadas en el suelo junto al fuego de ramas de espino.

Fatimata me había dicho que no suelen comer carne: que si acaso, alguna vez, un animal que tuvo un accidente, pero que no pueden matarlos para comérnoslos, que ellos viven de esos animales, que deben venderlos para pagarse el cereal, el arroz, las cosas que precisan. Salvo en las fiestas, claro, el Ramadán, el Tabassi.
O que, si no, comen carne cuando en el pueblo vecino matan a un animal. Los migrantes de cada pueblo se organizan para juntar dinero, donde estén, y mandarlo a sus familias, por supuesto, pero también a su pueblo para que todo el pueblo, una vez por mes, dos veces por mes, mate una vaca y se la coma. Entonces, en general, ellos también reciben una parte.

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