84 episodios

El Mapa Secreto de Diego A. Manrique no tiene nada que ver con los tesoros de los piratas, que finalmente eran tipos sangrientos, pero sí con el espíritu aventurero de los exploradores. Buscamos las conexiones entre las músicas de arriba y de abajo, indagamos en la vida íntima de las canciones, celebramos las negociaciones entre pasado y presente. De principio, no reconocemos fronteras sonoras. Alternamos los programas de miscelánea con los monográficos que buscan establecer un bestiario de discográficas, tendencias, personajes…

El Mapa Secreto Radio Gladys Palmera

    • Música

El Mapa Secreto de Diego A. Manrique no tiene nada que ver con los tesoros de los piratas, que finalmente eran tipos sangrientos, pero sí con el espíritu aventurero de los exploradores. Buscamos las conexiones entre las músicas de arriba y de abajo, indagamos en la vida íntima de las canciones, celebramos las negociaciones entre pasado y presente. De principio, no reconocemos fronteras sonoras. Alternamos los programas de miscelánea con los monográficos que buscan establecer un bestiario de discográficas, tendencias, personajes…

    El Killer de Nueva Orleans

    El Killer de Nueva Orleans

    Lee Dorsey facturó soul de alto octanaje
    durante los años sesenta y setenta. Sin embargo, no tuvo demasiada visibilidad,
    excepto cuando actuó como telonero para James Brown, Jerry Lee Lewis o The
    Clash.Como modelo de carrera, la de Lee Dorsey (1924-1986) solo se puede explicar en
    el contexto de su ciudad, Nueva Orleans. Una fabulosa fábrica de ritmos y
    éxitos de la que sus creadores se aprovecharon poco, debido a la ausencia de
    una industria propia. Vean el caso de Lee Dorsey: la mayor parte de sus pícaras
    canciones se han difundido más en versiones ajenas, generalmente a cargo de
    artistas blancos.Tampoco es que Dorsey se preocupara mucho por estas
    injusticias. Cuando bajaban las ventas y escaseaban los bolos, volvía a su
    negocio particular, su ocupación de toda la vida: un taller de carrocería.  Eso sí, estaba dispuesto a grabar cuando su
    gran cómplice, el productor-compositor Allen Toussaint, le avisaba que tenía
    una discográfica de fuera  dispuesta a
    invertir en su música.¿Estaba frustrado en lo íntimo? Igual no: el éxito
    le llegó cuando ya era un hombre maduro, libre de ilusiones. O igual sí: hacia
    el final de esta selección, escucharan una muestra de un disco de country que
    quiso hacer en Nashville. Hubiera sido interesante escucharle trabajando con
    The Clash, que le llevaron de gira en 1980. No cayó esa breva.(Foto destacada: Lee Dorsey)

    • 55 min
    Sesión de Popcorn

    Sesión de Popcorn

    El “popcorn” es una variación sobre
    el concepto del “northern soul”: se rescatan oscuros vinilos que contienen
    ritmos latinos, jazz bailable o rhythm & blues sofisticado.Bienvenidos a otra subcultura de coleccionistas, pinchadiscos…y
    bailarines. El “popcorn” fue bautizado así en discotecas costeras de Bélgica y,
    de un modo un tanto clandestino, se ha difundido por otras latitudes nocturnas.
    No se trata, debo reconocerlo, de una tendencia “fashion”: exige ciertas
    habilidades coreográficas (se baila en pareja) y dosificar las energías.
    Tampoco tiene el filo añadido de la ilegalidad: su droga favorita, si se nos
    permite esa descripción, es la cerveza. De fondo hay una pulsión sexual, claro,
    pero decorosa.Son músicas refinadas pero con ritmos muy marcados. Es decir,
    Motown antes de que se definiera el “Sonido Detroit”, rhythm and blues al
    estilo del sello Atlantic, jazz vocal, números animados de musicales de
    Broadway, la parte amable de las producciones de Nueva Orleans. Más el
    ingrediente tropical: discos latinos hechos para bailes de salón y –este
    ingrediente no nos ha cabido hoy- efervescente ska jamaicano.Y si el oyente no pertenece a la raza de los bailones, el
    disfrute del “popcorn” también garantiza grandes placeres: vocalistas muy
    apasionados, orquestaciones ingenuas, gamberradas irreverentes. Es el pop tal
    como se concebía antes de que llegaran los Beatles, con compositores
    profesionales, músicos de estudio, coristas, arregladores.  Si son capaces de imaginar tiempos tan
    remotos: cuando en tres horas se grababa un mínimo de dos canciones, años en
    que John F. Kennedy era el modelo de hombre.

    • 55 min
    Atardeceres Californianos

    Atardeceres Californianos

    Este programa se iba a llamar Amaneceres de tequila. Efectivamente, lo
    han adivinado: era un saludo al tequila
    sunrise, el más hermoso de los cócteles, con su seductora gradación del
    amarillo suave al rojo sanguíneo.El tequila sunrise tiene fuertes connotaciones rockeras. Su
    popularidad en Estados Unidos debe mucho a su descubrimiento por los Rolling
    Stones, que lo convirtieron en la bebida oficiosa de su gira de 1972. Al año
    siguiente, los Eagles proporcionaron el jingle publicitario con su Tequila
    sunrise, que venía a reconocer que hay
    rock stars que usan el alcohol para superar la timidez.Sin embargo, tuve problemas para
    encajar de forma natural a los Stones con los Eagles. A continuación, un ataque
    de mala conciencia: hace mil años que no tomo tequila, ni solo ni combinado. Y
    el listado de canciones fue evolucionando hacia lo confesional.El sonido dominante es el rock
    californiano. Rock mayormente de los años setenta, a veces souleado (o jazzeado),
    tocado por instrumentista de primera, en grabaciones de alta gama. De repente,
    advertí que el ambiente general sugería lo crepuscular, la proximidad  de la noche, estrellas sobre fondo cobalto. Ya,
    ya sé que hay cócteles azules, generalmente elaborados con curaçao, pero no me parecían lo bastante oscuros. Así que nos
    quedamos con Atardeceres californianos. Que lo disfruten.

     

    • 55 min
    Otis Redding, en el Muelle de la Bahía

    Otis Redding, en el Muelle de la Bahía

    Las grabaciones
    finales de Otis Redding muestran a un artista seguro de sus poderes,  preparando un cambio de estilo.Cincuenta años después del éxito global de “(Sentado en) el
    muelle de la bahía”, se edita un disco conmemorativo: Dock of the bay sessions, 
    con doce temas grabados por Otis entre septiembre y noviembre de 1967.En realidad, la colección no está completa: hay piezas registradas
    en ese periodo que no aparecen aquí. Ocurrió que Otis estaba ansioso por volver
    al estudio: en octubre había sido operado de pólipos y quería evidenciar que su
    voz estaba perfecta. Además, se había esmerado en juntar abundantes canciones
    originales, en cuya elaboración había participado; generalmente, Otis pedía
    ayuda para las letras, a las que prestaba una renovada atención.Sobre  todo, Redding tenía
    urgencia  por plasmar “(Sittin’ on)
    the dock of the bay”, una composición reflexiva escrita mientras se alojaba en
    una casa-barco en Sausalito, frente a la bahía de San Francisco.
    Musicalmente,  era diferente de todo lo
    había hecho antes, tal vez fruto de la escucha asombrada del Sgt. Pepper.“(Sittin’ on) the dock of the bay” no
    estaba acabada: dicen testigos que el famoso silbido fue una solución temporal
    para disimular la ausencia de unos versos finales. Pero Redding no pudo
    terminarla: se mató el 10 de diciembre, junto con la  mayor parte de su banda, los Bar-Kays. Su
    socio, el guitarrista Steve  Cropper,
    tuvo que rematar la grabación y tragarse la amargura: aunque atípica,
    resultaría la canción más universal de Otis Redding.

    • 55 min
    Motown en Jazz

    Motown en Jazz

    El potente cancionero del sello de Detroit
    inspiró a grandes músicos de jazz.Una
    de las peculiaridades de la Motown Record Corporation fue su desinterés por el
    jazz. Cierto que su legendaria banda de estudio, los Funk Brothers, eran
    músicos de jazz pero cuando grababan, generalmente bajo el nombre del teclista Earl Van Dyke,
    hacían instrumentales bailables. En ese sentido, Motown se escapaba del molde
    del resto de las compañías independientes dedicadas al rhythm & blues y el
    soul: Atlantic, Vee-Jay, Chess, incluso Stax, todas editaban discos de jazzmen.Algo
    extraño, ya que Detroit, la ciudad matriz de Motown, acogía una vibrante escena
    jazzística, con figuras del calibre de Yusef Lateef, Betty Carter, Kenny
    Burrell, Elvin Jones, Donald Byrd, Ron Carter, Alice Coltrane, Milt Jackson.
    Trabajaban para otras discográficas pero ratificaban que en Detroit había
    cantera.Sin
    embargo, Berry Gordy Jr. (el capo de Motown), no tenía voluntad de documentar
    la cultura de Detroit: lo suyo era
    establecer un imperio pop, vendiendo lo que llamaba “el sonido de la joven
    América”. Además, Gordy comprobó que los grandes jazzmen ya recurrían al
    repertorio de sus artistas. Se trataba de canciones carnosas, en las que un solista
    podía moverse a gusto. Y
    a ese tesoro hemos acudido: éxitos de los Temptations, Marvin Gaye o Stevie
    Wonder jazzíficados en crudo o en versiones orquestadas. Déjense acariciar por
    esos discos de los sesenta y los setenta, que –disculpen, un capricho personal-
    nos colocan en el Detroit peligroso de las primeras novelas de Elmore Leonard.

    • 55 min
    Los Rolling Stones más Desconocidos

    Los Rolling Stones más Desconocidos

    En 1963, Mick Jagger y Keith Richards empezaron a componer para
    su grupo y otros artistas. Eran unas canciones deliciosamente pop.Forma parte de la leyenda: el día en que su manager y
    productor, Andrew Loog Oldham, encierra a Mick Jagger y Keith Richards. No van
    a salir, asegura, hasta que no saquen una canción propia, digna de ser editada.
    Ellos preferirían seguir tocando blues afroamericanos pero Oldham intuye que
    necesitan repertorio propio para competir con los Beatles y demás conjuntos del
    momento. Y acertaba: les estaba enseñando el camino hacia la gloria.A partir de ahí, difieren las
    crónicas. Según Jagger, el primer tema que crearon fue It should be you. Pero
    Richards  insiste en que elaboraron algo
    más adulto: la  balada As time goes by,
    que luego inmortalizaría Marianne Faithfull como As tears go by.

     El programa de hoy se sumerge en el
    cancionero más desconocido de los Rolling Stones de 1963-1964.  Se trata de temas eminentemente pop que se
    grabaron como maquetas –para otros artistas- o en tomas ya acabadas, que no se
    editaron en su tiempo por diferentes razones. También hay alguna gamberrada
    alcohólica, como Andrew’s blues, un tema pornográfico dedicado a su representante,
    que se grabó con Gene Pitney, Phil Spector y ¿Graham Nash?Lamentablemente, su etapa pop ha
    quedado olvidada. Que conste que era compatible con su querencia por el blues,
    que se reafirmó en sus visitas al estudio de Chess Records, en Chicago. Algunos
    frutos de esas sesiones estadounidenses suenan al final del programa,
    incluyendo una insólita aportación de Bill Wyman, Goodbye girl.

     Advierto  que la mayoría de los temas están sacados de
    discos piratas, por lo que NO deben esperar alta fidelidad. Se trata, no
    obstante, de un formidable cancionero que enriquece nuestra visión de los
    primeros Rolling Stones.

    • 55 min

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