21 min

1x15_¿Cómo nos protegen los bosques? Todo es Agua

    • Ciencias

La COVID-19 nos ha enseñado que la pérdida y la degradación de los bosques es uno de los factores que contribuyen a perturbar el equilibrio de la naturaleza y a aumentar el riesgo y la exposición a enfermedades zoonóticas, las causadas por microbios de origen animal. Esto no es algo nuevo. La malaria, el ébola, el zika, el dengue, la enfermedad de Lyme están asociadas a la alteración y la pérdida de hábitats a causa del cambio del uso de la superficie forestal.

Los bosques albergan la mayor parte de la biodiversidad del planeta. Son el hábitat del 80% de las especies de anfibios, el 75% de las de aves y el 68% de las de mamíferos. Desde hace algunos años, la ciencia ha puesto de manifiesto el efecto protector de esta abundancia de biodiversidad frente a la propagación de los virus. Los sistemas naturales inalterados reducen la posible transmisión de enfermedades, ya que los agentes patógenos se diluyen entre la diversidad de especies, limitando de esta manera e incluso bloqueando su expansión.

La deforestación juega en nuestra contra. Si bien, la tasa de pérdida neta de bosque disminuyó en la última década, también se han perdido 4,6 millones de hectáreas de bosque al año, según el informe El Estado de los Bosques del Mundo presentado en verano por Naciones Unidas, organización que también advierte de que aún faltan 25 años para llegar a la meta de acabar con la deforestación, un compromiso que debía haberse cumplido en 2020.

Nuestra dependencia de los bosques es enorme. El 70% de la humedad atmosférica generada en las áreas terrestres proviene de ellos. Más del 75% de los cultivos del mundo dependen de los polinizadores que habitan en las zonas boscosas. Mil millones de personas buscan directamente su alimento en ellos. Son claves para la mitigación y la adaptación climáticas. Filtran el aire y el agua, actúan como barrera ante las inundaciones, reducen la erosión del suelo, crean microclimas.

Analizamos con Jordi Serra Cobo, doctor en biología y experto en eco-epidemiología, investigador del Instituto de Investigación en Biodiversidad de la Universidad de Barcelona; Miguel Ángel de Zavala, catedrático de Ecología de la Universidad de Alcalá, donde coordina un grupo de investigación sobre los efectos del cambio climático en los bosques; y Enrique Enciso, ingeniero forestal, socio fundador de Sylvestris empresa social innovadora en el desarrollo de prácticas de reforestación, el papel protector de los bosques y qué se debe hacer para evitar su degradación, uno de los grandes desafíos del planeta.

La COVID-19 nos ha enseñado que la pérdida y la degradación de los bosques es uno de los factores que contribuyen a perturbar el equilibrio de la naturaleza y a aumentar el riesgo y la exposición a enfermedades zoonóticas, las causadas por microbios de origen animal. Esto no es algo nuevo. La malaria, el ébola, el zika, el dengue, la enfermedad de Lyme están asociadas a la alteración y la pérdida de hábitats a causa del cambio del uso de la superficie forestal.

Los bosques albergan la mayor parte de la biodiversidad del planeta. Son el hábitat del 80% de las especies de anfibios, el 75% de las de aves y el 68% de las de mamíferos. Desde hace algunos años, la ciencia ha puesto de manifiesto el efecto protector de esta abundancia de biodiversidad frente a la propagación de los virus. Los sistemas naturales inalterados reducen la posible transmisión de enfermedades, ya que los agentes patógenos se diluyen entre la diversidad de especies, limitando de esta manera e incluso bloqueando su expansión.

La deforestación juega en nuestra contra. Si bien, la tasa de pérdida neta de bosque disminuyó en la última década, también se han perdido 4,6 millones de hectáreas de bosque al año, según el informe El Estado de los Bosques del Mundo presentado en verano por Naciones Unidas, organización que también advierte de que aún faltan 25 años para llegar a la meta de acabar con la deforestación, un compromiso que debía haberse cumplido en 2020.

Nuestra dependencia de los bosques es enorme. El 70% de la humedad atmosférica generada en las áreas terrestres proviene de ellos. Más del 75% de los cultivos del mundo dependen de los polinizadores que habitan en las zonas boscosas. Mil millones de personas buscan directamente su alimento en ellos. Son claves para la mitigación y la adaptación climáticas. Filtran el aire y el agua, actúan como barrera ante las inundaciones, reducen la erosión del suelo, crean microclimas.

Analizamos con Jordi Serra Cobo, doctor en biología y experto en eco-epidemiología, investigador del Instituto de Investigación en Biodiversidad de la Universidad de Barcelona; Miguel Ángel de Zavala, catedrático de Ecología de la Universidad de Alcalá, donde coordina un grupo de investigación sobre los efectos del cambio climático en los bosques; y Enrique Enciso, ingeniero forestal, socio fundador de Sylvestris empresa social innovadora en el desarrollo de prácticas de reforestación, el papel protector de los bosques y qué se debe hacer para evitar su degradación, uno de los grandes desafíos del planeta.

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