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Dios nos busca Esperanza y Misericordia

    • Religión y espiritualidad

Dios nos busca, aunque no le busquemos. Dios nos ama, aunque nos hayamos olvidado de Él. 

Puede ser que algunos pasen por caminos lejos de Dios, como le sucedió al hijo pródigo; o que caigan en una soledad que les haga sentirse abandonados por el mundo; o, nuevamente equivocarse y estar paralizados por un sentimiento de culpa. En esos momentos difíciles, todavía es posible encontrar la fuerza para rezar, a partir de la palabra ‘padre’, pero dicha con un sentido tierno, como lo diría un niño ‘Abba’, papá. Esta expresión evoca afecto, calor, algo que se proyecta en el contexto de la edad infantil: la imagen de un niño completamente envuelto en el abrazo de un padre que siente infinita ternura por él. Por ello, para rezar bien es necesario llegar a tener un corazón de niño.

El Señor no se nos ocultará nunca si le buscamos, porque es Él mismo quien nos ha buscado primero; recordemos esto bien. Tal vez alguno piense de sí cosas negativas, tenga un su haber pecados o situaciones que no sabe cómo resolver, tanta amargura, por haber hecho algo... Él no se nos ocultará nunca y nos mostrará su perdón ante nuestro sincero arrepentimiento. En el silencio nos dirá que jamás nos ha perdido de vista, que se ha quedado siempre esperando junto a nosotros. No olvidemos nunca decirle siempre a Dios ¡Padre mío, perdónanos!


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Dios nos busca, aunque no le busquemos. Dios nos ama, aunque nos hayamos olvidado de Él. 

Puede ser que algunos pasen por caminos lejos de Dios, como le sucedió al hijo pródigo; o que caigan en una soledad que les haga sentirse abandonados por el mundo; o, nuevamente equivocarse y estar paralizados por un sentimiento de culpa. En esos momentos difíciles, todavía es posible encontrar la fuerza para rezar, a partir de la palabra ‘padre’, pero dicha con un sentido tierno, como lo diría un niño ‘Abba’, papá. Esta expresión evoca afecto, calor, algo que se proyecta en el contexto de la edad infantil: la imagen de un niño completamente envuelto en el abrazo de un padre que siente infinita ternura por él. Por ello, para rezar bien es necesario llegar a tener un corazón de niño.

El Señor no se nos ocultará nunca si le buscamos, porque es Él mismo quien nos ha buscado primero; recordemos esto bien. Tal vez alguno piense de sí cosas negativas, tenga un su haber pecados o situaciones que no sabe cómo resolver, tanta amargura, por haber hecho algo... Él no se nos ocultará nunca y nos mostrará su perdón ante nuestro sincero arrepentimiento. En el silencio nos dirá que jamás nos ha perdido de vista, que se ha quedado siempre esperando junto a nosotros. No olvidemos nunca decirle siempre a Dios ¡Padre mío, perdónanos!


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