Tras cinco décadas, la NASA ha puesto en marcha la primera misión tripulada del programa Artemis con el objetivo de orbitar alrededor de la Luna sin alunizar, como prueba para futuros aterrizajes y para preparar misiones a la superficie lunar. La misión está diseñada para validar la nave Orión, el cohete SLS y los sistemas de soporte vital en el entorno espacial, además de preparar, a más largo plazo, un posible viaje a Marte. La misión supone un paso clave para demostrar que la infraestructura del programa Artemis puede llevar humanos de forma segura más lejos que nunca y preparar una presencia sostenible en la Luna. Es la primera misión tripulada a la Luna desde el Apolo 17 de 1972. El regreso humano a la órbita lunar significa mucho más que “volver a la Luna”: es una prueba de que la exploración tripulada más allá de la órbita terrestre baja vuelve a ser posible y útil. Representa un salto técnico y simbólico: técnicamente, permite comprobar la nave, las comunicaciones, la protección frente a radiación y el control de la misión en condiciones reales; simbólicamente, recupera una capacidad que la humanidad no ejercía desde hace más de 50 años. No se trata de repetir Apolo: ahora el objetivo es construir continuidad. La misión está pensada para generar datos, imágenes y experiencia operativa que ayuden a decidir dónde y cómo volver a la superficie lunar de forma más durable. Es importante porque la órbita lunar es una “zona de pruebas” estratégica entre la Tierra y la Luna. Desde ahí se ensayan trayectorias, se estudia el entorno espacial y se prepara la infraestructura que hará posibles bases, ciencia y exploración a largo plazo. La principal diferencia tecnológica es que Orión está pensada para operar como una nave digital y modular para el espacio profundo, mientras que Apolo era una cápsula analógica diseñada con la electrónica y la computación de los años 60. Orión incorpora sistemas modernos de soporte vital, navegación, comunicaciones con la Red del Espacio Profundo y una arquitectura preparada para misiones más largas y seguras. Apolo fue creada para llevar tres astronautas a la Luna con tecnología de computación muy limitada y fuerte dependencia del control manual y de tierra. Orión, en cambio, integra software y automatización más avanzados, una cabina más habitable y sistemas pensados para probar operaciones de proximidad, retorno libre y vuelos de larga duración. Orión mejora mucho el soporte vital: la NASA destaca que Artemis II sirve para comprobar que sus sistemas críticos pueden mantener a la tripulación en misiones de mayor duración. Eso incluye control de aire respirable, eliminación de dióxido de carbono y vapor de agua, y validación del comportamiento de la nave durante ejercicio y sueño, algo mucho más exigente que en Apolo. Apolo dependía de sistemas de guía menos potentes y de una red de seguimiento más limitada. Orión usa navegación y comunicaciones diseñadas para el espacio profundo. Aporta seguimiento de trayectoria, correcciones de rumbo, telemetría y comunicaciones de voz y vídeo. Sin esa red, la nave perdería precisión y la tripulación quedaría con menos apoyo en momentos críticos, especialmente durante maniobras cerca de la Luna. Orión puede gestionar navegación, orientación, control de sistemas de a bordo y muchas secuencias de misión con mayor autonomía que Apolo. Eso baja la carga de trabajo de la tripulación y ayuda a manejar mejor situaciones rutinarias o repetitivas. Apolo funcionaba con sistemas mayoritariamente analógicos y con una automatización mucho más limitada. Por eso los astronautas tenían que tomar decisiones y realizar correcciones con más intervención directa, especialmente en fases críticas de vuelo. La diferencia no es “máquina contra humano”, sino “máquina asistiendo al humano”. Orión está diseñada para que la automatización sostenga las operaciones normales, mientras la tripulación conserva autoridad para intervenir si hay una anomalía, una corrección de trayectoria o una maniobra delicada. La computadora de guiado Apollo tenía limitaciones claras ante fallos de software: su capacidad era muy baja, así que cualquier consumo extra de ciclos podía saturarla, y aun así estaba diseñada con prioridades para proteger las tareas críticas. En Apolo 11, por ejemplo, las alarmas 1201 y 1202 aparecieron por sobrecarga, pero el sistema pudo recuperarse porque descartó tareas no esenciales y mantuvo el guiado básico. El AGC trabajaba con muy poca memoria y un procesador modesto, así que no podía “absorber” muchos errores a la vez. Cuando el software o los periféricos generaban demasiada carga, el ordenador entraba en estado de alarma o reinicio, y eso dejaba muy poco margen para corregir problemas complejos en tiempo real. Su punto fuerte no era evitar todos los fallos, sino recuperarse de algunos de ellos. Tenía control de prioridades, podía reiniciar sin perder la memoria crítica y estaba pensado para seguir ejecutando las tareas esenciales incluso si otras fallaban o se bloqueaban. El problema era que, si el fallo afectaba a una función crítica o se repetía demasiado, la tripulación podía quedarse con una máquina muy limitada y con poco tiempo para reaccionar. En Orión, la intervención manual está pensada como respaldo y supervisión, no como modo principal de vuelo. La tripulación puede tomar el control cuando una secuencia automática no encaja con la situación real, cuando hay una anomalía o cuando se necesita ejecutar una maniobra delicada con criterio humano. Si falla el computador principal durante una reentrada, el procedimiento real suele ser pasar a control de respaldo y ejecutar la secuencia de reentrada con ayuda de la tripulación y del software redundante, no “pilotarla a ciegas” con una sola computadora. En Orión, la arquitectura está pensada para degradarse con seguridad, así que la intervención manual existe precisamente para recuperar control si la automatización principal deja de responder. En Artemis II se ha tenido en cuenta lo cotidiano dentro de una nave lunar: la comida consiste en tortillas en lugar de pan para evitar migas flotando en microgravedad y la tripulación usa toallitas, jabón sin aclarado y champú seco o de enjuague mínimo. El lanzamiento tuvo lugar el 1 de abril. La misión tuvo una duración de 10 días y llevó a la tripulación más lejos de la Tierra que cualquier misión tripulada anterior (rompiendo el récord del Apolo 13), reingresando en la atmósfera terrestre a una velocidad récord de aproximadamente 40.000 km/h. Artemis III es la misión tripulada prevista por la NASA dentro del programa Artemis, cuyo objetivo inicial era llevar a astronautas a la Luna, pero que ahora la NASA describe como una prueba de encuentro y acoplamiento en órbita terrestre con módulos de aterrizaje lunares comerciales, cuyo lanzamiento está previsto para 2027. La NASA afirma que la misión llevará a cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orión, lanzada desde el Centro Espacial Kennedy a bordo del cohete SLS, y pondrá a prueba el acoplamiento con uno o ambos módulos de aterrizaje de SpaceX y Blue Origin. Los planes iniciales se centraban en un alunizaje en el Polo Sur de la Luna, pero la NASA actualizó la arquitectura de la misión a principios de 2026 para que el primer alunizaje de Artemis tuviera lugar, en su lugar, en la misión Artemis IV. Artemis IV es la cuarta misión planificada del programa Artemis de la NASA y, con el plan actual, será la primera misión del programa en llevar astronautas a la superficie lunar desde Apolo 17. La fecha objetivo más reciente es principios de 2028. La misión llevará a cuatro astronautas en Orión, lanzados por el SLS desde el Centro Espacial Kennedy, hasta la órbita lunar. Allí, dos tripulantes descenderán a la Luna, pasarán aproximadamente una semana en la región del polo sur y luego volverán a Orión para regresar a la Tierra. In Colour Patterns, Kyle Bobby Ddunn, Solace Road, Monasterium Imperi, Jeff Pearce, Kevin Braheny Fortune, ASKII, Fedir Tkachov, melodysheep, Murcof. El playlist detallado: lostfrontier.org/space.html#1080