44 episodios

Podcast sobre psicología de la cotidianidad. Y sí, la psicología es y puede ser, muy divertida. Paso consulta en formato Online, cita previa por WhatsApp 616256964

Psicología para ir tirando Nacho Coller Porta

    • Salud y forma física
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Podcast sobre psicología de la cotidianidad. Y sí, la psicología es y puede ser, muy divertida. Paso consulta en formato Online, cita previa por WhatsApp 616256964

    Psicología, depresión y trabajo

    Psicología, depresión y trabajo

    En este episodio hablamos de la incidencia que tiene la depresión en el mundo laboral.
    Yo no sé si has tenido alguna vez en tu vida algún trastorno depresivo, yo sí, fue hace unos pocos años, y lo pasé fatal no, lo siguiente. ¿Un psicólogo con un humor positivo deprimido? Sí. ¿Sorprendido? Yo también lo estuve. Es curioso, cuando doy clase a psicólogos en el Máster de Psicología Clínica del ISEP del que tengo la suerte de ser docente desde hace casi 20 años y que para más inri doy el Módulo de Depresión, siempre lanzo a mis alumnos la misma pregunta: ¿quién ha tenido alguna vez depresión? La respuesta que me suelo encontrar es silenciosa y en rara ocasión alguno de los presentes levanta la mano, ya sea porque son jóvenes y todavía la vida no les ha dado un buen quiebro, tal vez sea que estos muy bien preparados jóvenes psicólogos poseen una salud mental envidiable o no quieren reconocer abiertamente determinadas carencias o debilidades. Como no termino de creerme lo de la envidiable salud mental, vuelvo a lanzar la misma pregunta, y hete aquí que de forma automática mi brazo se levanta y hago una declaración de principios tipo: “¡Eh chicos! yo he tenido depresión y ansiedad y lo pasé fatal no, lo siguiente. En los dos fines de semana que dura el módulo vamos a hablar entre otras cosas de depresión, suicidio, ansiedad, trastorno bipolar, evaluación, diagnóstico, fármacos, tratamientos eficaces y haremos un especial hincapié en qué hay que hacer y qué no en la consulta, y que conste que de esto último yo sé bastante. Si os sirve parte de mi intervención a lo largo de estos dos fines de semana para que sepáis lo que no hay que hacer, para mí, objetivo más que cumplido. Saldréis de aquí bien preparados para ganar la batalla en la consulta a la depresión. Mis errores serán vuestros futuros aciertos. Por cierto ¿alguno ha tenido depresión?” Un par de manos más se levantan empatizando con el ponente, una cara de asombro y un sonido del whatsApp en el móvil de un alumno que no obtiene respuesta. Atención y normalidad conseguida. Disfruta del podcast

    • 10 min
    Vivir nunca falla. Cómo pensar sin dejar de vivir

    Vivir nunca falla. Cómo pensar sin dejar de vivir

    En este episodio hablamos de Vivir nunca falla. Cómo pensar sin dejar de vivir publicado por Vergara bajo el sello de PenguinLibros. Mi segundo libro de psicología divulgativa, el anterior es Una tortuga, una liebre y un mosquito. Psicología para ir tirando de la editorial valenciana Nau llibres.
    Vivir nunca falla te invita a hacer un recorrido por un edificio muy particular. Visitarás las distintas viviendas de una finca repleta de psicología, en cada una de las cuales habitan personas tan sanas o tan vulnerables como tú y como yo.

    Comprobarás que en este inmueble conviven personas con dificultades para autocontrolarse con otras que tienden a procrastinar; personas con baja autoestima con otras que facilitan la vida a las demás y que pisan fuerte sin chafar a nadie. En cada una de las puertas hallarás vida, amor, dolor, sufrimiento, cambios, humor positivo, planes de acción para cada uno de sus ocupantes y, por supuesto, mucha psicología.

    Puede que te veas representado en alguna de las historias, o que te recuerden a alguien cercano. Y es que esos vecinos probablemente seamos tú y yo. Psicología, ni más ni menos.

    • 10 min
    Dramatizar y tomar distancia

    Dramatizar y tomar distancia

    En este episodio hablamos de la dramatización, de la defusión, de tomar distancia o poner en perspectiva a nuestras emociones y a nuestros pensamientos. En general, me cuesta muy poco aplacar mi mal humor cuando este tiene su origen en una causa con­creta. Y son muchas las cosas que veo en mi vida cotidiana que podrían sacarme de quicio y muy pocas las que consiguen hacerlo. Suelo desdramatizar, intento mantener una actitud positiva, miro las cosas con perspectiva escribiendo sobre ellas o las relativizo con pensamientos como: «Se­guro que esto no es tan importante como para que pueda fastidiarme el día». O simplemente, si hay algo que me enfada o mo­lesta y puedo modificarlo, paso a la acción preguntándo­me: «¿Qué puedo hacer para cambiar esto?»
    Lo demás, las pajas mentales y caer en autodestrucción, lo justo y necesario.
    Un saludo

    • 6 min
    Psicología de la pereza y de la procrastinación

    Psicología de la pereza y de la procrastinación

    pereza es considerada por la moral cristiana como uno de los siete pecados capitales, es decir, como fuente de otros muchos vicios y pecados.
    Sin embargo, todos en más de una ocasión hemos sucumbido a ella irremediablemente. La pereza utiliza el recurso de la procrastinación, alargando de forma indefinida la tarea
    Suele ir ligada a la falta de motivación, a la poca claridad en los objetivos o a la inexistencia de resultados. Falta de motivación, sentimiento de incapacidad, un conflicto entre lo urgente y lo importante y algunas cosas más. Generalmente somos perezosos con aquellas cosas que no nos gustan mucho o que nos desagradan.
    Tras la pereza se esconde un ahorro de energía desde el punto de vista evolutivo. Nuestra especie ha tendido a ahorrar energía; es decir, la pereza, o más bien esa inmovilidad que a veces nos caracteriza, es algo que hemos heredado de nuestros antepasados. HOLGAZANEAR con mayúsculas. Me encanta esa palabra y esa acción. Lo que hay que hacer para no hacer nada, que en el fondo, es hacer.
    También puede esconderse tras la pereza el miedo. Temor a no cumplir aquello que nos habíamos propuesto, miedo a fallar, temor a no ser lo que otros esperan, angustia por tener que enfrentarnos a eso que no controlamos… O como síntoma de la depresión: la pereza es un síntoma recurrente y tenemos que ir con ojo si va acompañada de otros síntomas como la desesperanza, la negatividad y los pensamientos fatalistas.
    Los aspectos positivos, un montón: holgazanear y tener largos descansos optimiza la hormona del crecimiento, especialmente durante la adolescencia.
    más tiempo divagando sin preocupaciones favorece la creatividad.
    un largo descanso puede ayudar a refrescar las ideas a la vez que disminuye el estrés, favoreciendo la capacidad de nuestra memoria.

    Claves para superar la pereza

    - Póntelo fácil: Si algo te cuesta trabajo, déjalo todo preparado con anterioridad para que te resulte más fácil comenzar.
    - Exceso de análisis te lleva a la parálisis: Si le das vueltas seguro que encuentras un millón de excusas perfectas para no hacer ná.
    - Descansa e intenta llevar una vida saludable: Una dieta saludable y la práctica de ejercicio favorecen la buena disposición y la energía.
    - Círculo virtuoso: Anota las pequeñas victorias, reconoce tus logros y agradece tu esfuerzo.

    De procrastinar ya si eso, lo escribo mañana.

    • 13 min
    Psicochorradas

    Psicochorradas

    Los vendedores de brebajes de felicidad de todo a cien lanzan mensajes tan bonitos como dañinos: «Si quieres, puedes», o «Llegarás hasta el lugar que tú quieras»; «Sí, donde tus sueños te lleven» o «Pídele al Universo y se te proveerá». Son tan agradables de escuchar como dañinos para la psique del personal. Y lo peor de todo es que, en determinados medios, se ampara este circo de crecimiento personal que lo único que hace crecer son las cuentas corrientes de muchos de estos farsantes. Tan responsable es el diosecillo que crea estos mensajes (que evidentemente copia de otros) como sus seguidores (en muchos casos, verdaderos hooligans). No sé si a ti te pasa, pero cuando veo a determinados vendedores de humo y a su legión de defensores y fans, se me despierta un no sé qué interior que me dice: «Cuidado, este tipo o tipa es un peligro». Tipos y tipas que venden en sus conferencias el mismo mensaje, sin cambiar una coma aunque hayan pasado diez años de su primera charla, que reviven una y otra vez ante el público una experiencia de su vida falseando la realidad tal como fue, con adornos emocionales, mostrándose compungidos, deslizando una ligera lagrimita por su mejilla con la que conseguir que la audiencia empatice con el perdedor que fue y que se crea al ganador que (supuestamente) es. Es un truco que ya utilizaban los tahúres del Mississipi. Tahúres que juegan con cartas marcadas, que venden felicidad de todo a cien, tramperos de tu satisfacción vital y falsarios de la auténtica felicidad. Por desgracia, son multitud.

    Como decía Aldous Huxley, «No hay mayor negocio que vender a gente desesperada un producto que asegura eliminar la desesperación».
    Tres ideas fuerza de esta dictadura de la autorrealización que seguro te resultarán familiares, sólo hace falta haber asistido (o no) a algunos de los muchos cursos de superación o crecimiento personal, haber visto algún video de algún supuesto gurú de la felicidad en Facebook o Youtube, o dejarse caer por alguna librería y visitar la sección de brujería, más allá y superación personal. Las cinco ideas fuerza en las que se basa esta dictadura son:

    Si quieres, puedes (o cómo conseguir lo que uno se proponga sin que el entorno te importe lo más mínimo)
    El poder está dentro de ti y todos los pensamientos que alberga tu mente se pueden controlar y cambiar
    Visualízate teniendo poder y éxito, y el universo, la vida, la fuente o el origen, te lo devolverá con creces. Tú lo mereces

    Los efectos perversos:

    Del yoísmo al regocijo crónico. El desarrollo personal está asociado a una excesiva introspección, mirarse en exceso el ombligo y a ser feliz por encima de todas las cosas. Se fomenta el yo sobre el nosotros, se potencian las actitudes egoístas sobre comportamientos cooperativos que nos hacen tan grandes a las personas. Viva el hedonismo y viva el egoísmo, y que muera la generosidad.
    Se inhibe la expresión de algunas emociones y se niega lo evidente: es normal estar mal.
    Se reduce la tolerancia a la frustración. No se normaliza perder, solo vale ganar, porque el poder está dentro de uno mismo y puedes con todo si te lo propones. Por desgracia, o por suerte, la vida no funciona así, y uno se lleva verdaderas sorpresas cuando en la vida pintan bastos. ¿Pero esto no iba de estar bien y que las cosas salieran como tú esperabas?

    Incrementa la culpa. Cada vez nos encontrarnos más personas que están pasando por momentos difíciles y se sienten más incomodas por el hecho de estar abatidas, tristes o enfadadas. Se sienten más culpables y fracasados por no ser lo suficientemente optimistas y no lograr encontrar sentido a su sufrimiento.

    • 9 min
    Psicología de la envidia

    Psicología de la envidia

    Una emoción tan silenciosa como destructiva que vive incrustada en el ADN psicológico de aquellas personas incapaces de respetar a los que destacan, tipas y tipos (con bajo interés) que basan su vida en la crítica ajena para esconder sus vergüenzas y carencias y que andan repletas de complejos de inferioridad. Y son muchas, sí, pero esto es lo que hay. Y se multiplican cuando alguien consigue despuntar fruto de su trabajo, de su esfuerzo y de su intelecto. Por cada admirador que a uno le sale, surge un envidioso; y tal y como dijo Seneca: “tan grande como la turba de los admiradores es la turba de los envidiosos”. Y en España, practicarla es el deporte rey. Un país de canallas y de envidiosos. Tienen una personalidad mediocre inoperante, son cutres, están flacos de cualidades, poseen una amígdala detectora de éxitos ajenos ciclada de clembuterol y de bilis de contrabando y padecen de estrabismo psicológico (un ojo en las vidas ajenas y el otro en la propia) y no hay gafas que corrijan tamaña vizquera. Y la envidia es muy silenciosa y le ponen música disfrazada de crítica en corrillos de café con leche, tostada o cruasán, o en la máquina de café del trabajo donde se cuchichea hasta el infinito y más allá, o desde el más puro anonimato de las redes sociales. Troles. Sí, tal vez te corroe la envidia, casi tiras espuma por la boca pero no lo vas a reconocer jamás, ¿lo dudas? Declara tu envidia y declaras tu inferioridad. Viva la caspa.

    La RAE la define como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee. Es decir, estar bien fastidiado por ver cómo a otro le van bien las cosas, o que consigue cierto éxito. Un envidioso jamás va a reconocer que tus éxitos son merecidos, al contrario, será cuestión de la suerte, o porque tienes un padrino o una ayudita externa o simplemente se refugiará para conseguir una explicación convincente en el clásico y lacónico “la vida es muy injusta”. Si eres mujer, apelará a tus rodillas peladas y dinamitará sin descanso tu reputación. Dan grima.

    “La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”. Quevedo.

    Yo tuerto pero tú ciego. Primera parte.
    En un estudio realizado por dos economistas, Andrew Oswald y Daniel Zizzo, de las Universidades de Oxford y Warwick, dieron aleatoriamente una cantidad de dinero a un grupo de voluntarios que se iba incrementando con el tiempo. En el ensayo, y aquí viene la parte divertida, se les daba la oportunidad de destruir una parte del dinero ajeno, pero sólo a costa de sacrificar parte del propio. Cada dólar destruido a otro jugador le costaría a quien lo lograse entre 2 y 25 centavos. ¿Perder para que el otro pierda? Pues sí, un 62 por ciento de los participantes pagaron por el privilegio de empobrecer a sus colegas de mesa o que no se enriquecieran más que ellos. Así somos, para flipar ¿verdad?

    • 10 min

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