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La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

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La mayor parte de los seres vivos que han poblado la Tierra han desaparecido para siempre. Quincenalmente, Germán Fernández Sánchez les ofrece en Zoo de Fósiles la posibilidad de conocer la vida de algunas de las más extraordinarias criaturas que vivieron en el pasado y que han llegado hasta nosotros a través de sus fósiles.

    Tiktaalik, el pez que salió del agua

    Tiktaalik, el pez que salió del agua

    Hace ya doce años empezamos este programa de Zoo de fósiles hablando de Acanthostega, el pez de ocho dedos. Acanthostega, que vivió hace unos 365 millones de años, está cerca del antepasado de todos los vertebrados terrestres, aunque él mismo era un animal acuático, sus patas eran incapaces de sostenerlo fuera del agua. Esto no quiere decir que no hubiera otros vertebrados terrestres en esa época, o incluso antes; seguramente Acanthostega descendía de un linaje de especies terrestres que volvieron prematuramente al agua. Nuestro protagonista de hoy, Tiktaalik, era capaz de arrastrarse por tierra firme como una foca, y es más antiguo que Acanthostega: Vivió en lo que hoy es la isla de Ellesmere hace unos 375 millones de años, a finales del Devónico.

    Dilophosaurus, el dinosaurio con dos crestas.

    Dilophosaurus, el dinosaurio con dos crestas.

    Hace 193 millones de años, a principios del Jurásico, el clima del centro-oeste de los Estados Unidos, por entonces en el interior de Pangea, era cálido y seco. En las orillas de los ríos crecían bosquetes de coníferas rodeados de desiertos arenosos. En estos oasis encontramos multitud de animales, en la cúspide de la pirámide ecológica se encuentra Dilophosaurus, un dinosaurio de unos siete metros de longitud, algo menos de dos metros de altura, y cuatrocientos kilos de peso. Era el animal terrestre más grande de Norteamérica en su época. El rasgo más distintivo de esta especie es el par de crestas longitudinales que recorren la parte superior del cráneo. Estas crestas semicirculares, formadas por hueso muy delgado, no se han conservado completas en ningún espécimen, y probablemente estaban recubiertas de queratina, así que no conocemos su aspecto ni su tamaño real. Tampoco sabemos qué función tenían; parecen débiles para usarlas en combates, y posiblemente eran reclamos visuales para el reconocimiento de la especie o para atraer pareja.

    Los albanerpetóntidos, salamandras con escamas.

    Los albanerpetóntidos, salamandras con escamas.

    Hace solo dos millones de años, a principios del Pleistoceno, había en el mundo cuatro estirpes de anfibios. Hoy solo tenemos tres: las ranas y sapos, de cuerpo corto y grueso, patas traseras más largas que las delanteras, y generalmente sin cola; las salamandras y tritones, de cuerpo largo y cilíndrico, patas cortas y cola larga; y las cecilias, que no tienen patas. La cuarta estirpe es la de los albanerpetóntidos, de la que conocemos entre diez y veinte especies repartidas en seis géneros, y que vivieron desde mediados del Jurásico hasta el Pleistoceno. Los albanerpetóntidos son animales pequeños, de pocos centímetros de longitud, semejantes a lagartijas o salamandras con la piel cubierta de escamas óseas parecidas a las de los peces.

    Los osos chatos de América.

    Los osos chatos de América.

    Hace unos diez millones de años, a finales del Mioceno, vivía en Norteamérica Plionarctos, el primer miembro conocido de la subfamilia de los tremarctinos, los osos de hocico corto. A pesar de su nombre común, el hocico de los tremarctinos no es más corto que el de otros osos; es más grueso, y por eso parece más corto. Plionarctos era un oso relativamente pequeño, con machos de unos ciento ochenta kilos y hembras de solo sesenta kilos. En contraposición a él, en Norteamérica también evolucionó un oso gigante de hocico corto: Arctodus. Arctodus era enorme, se han encontrado marcas de garras en una cueva de Missouri a 4,60 metros de altura sobre el suelo; el oso que las hizo debía alcanzar 3,70 metros de altura puesto en pie.

    Kongonaphon y Azendohsaurus

    Kongonaphon y Azendohsaurus

    Este año 2020 se ha publicado la descripción científica de Kongonaphon, descubierto en 1998 en la formación Isalo II, en el sudoeste de Madagascar. Kongonaphon vivió a mediados del Triásico, hace unos 230 o 240 millones de años. Su nombre, una mezcla de malgache y griego, significa “asesino de bichos“y fon, variante del griego antiguo foneós, “asesino”. Kongonaphon se caracteriza por sus patas largas y delgadas, y se calcula que su altura total no pasaba de diez centímetros. La mandíbula es ancha y alta, semejante a la de los primeros pterosaurios. Los pocos dientes conservados son cónicos y lisos, con hendiduras irregulares, lo que sugiere que era insectívoro. En Isalo II también se han descubierto los restos fósiles de Azendohsaurus, un reptil arcosauromorfo herbívoro de dos o tres metros de longitud. Azendohsaurus debió de ser uno de los primeros animales grandes que se alimentaba de hojas y otro material blando de las copas de los árboles.

    Deinonychus, la garra terrible.

    Deinonychus, la garra terrible.

    Hace unos 110 millones de años, en el Cretácico Inferior, vivía en los Estados Unidos Deinonychus, un dinosaurio depredador de hasta tres metros y medio de largo emparentado con el velocirraptor. Sus fósiles se han encontrado en los estados de Montana, Utah, Wyoming, Oklahoma y Maryland. Deinonychus vivía en bosques tropicales y subtropicales pantanosos, semejantes a los pantanos de la actual Luisiana. Allí habitaban también cocodrilos y dinosaurios, como el gran depredador Acrocanthosaurus y varias especies de herbívoros: el acorazado Sauropelta, el enorme Sauroposeidon y Tenontosaurus, del que ya hemos hablado en Zoo de fósiles. Michael Crichton se basó en este dinosaurio para crear los velocirraptores de su novela “Parque Jurásico”. Les cambió el nombre simplemente porque “velocirraptor” le parecía más dramático.

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