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Podcast sobre literatura en el que podrás encontrar cuentos y poemas narrados en español.

Inspiración y Ficción: se buscan vivos María Laura Romero

    • Libros

Podcast sobre literatura en el que podrás encontrar cuentos y poemas narrados en español.

    La leyenda de Wieliczka

    La leyenda de Wieliczka

    En el sur de Polonia, en un pueblo conocido con el nombre de Wieliczka, se encuentra una famosa mina de sal. De acuerdo con las narraciones tradicionales contadas por los lugareños, la historia comenzó gracias a una princesa húngara llamada Kinga. Resulta que la dama se estaba preparando para casarse con Boleslaw, duque de Cracovia. De modo que, para la ocasión, Kinga pidió a su padre, el rey Bela, un regalo que ella pudiera darle a su futuro marido. En esa época, la sal era un elemento considerablemente valioso, que se podía intercambiar por diversos bienes. Por ese motivo, el obsequio recibido por la novia fue una mina de sal en territorio húngaro. Luego, al dejar su tierra natal para dirigirse a Polonia, la princesa se quitó un anillo de oro que llevaba puesto y lo arrojó en la parte más profunda de la mina. | Historia tradicional, narrada por Daniel Gamboa.

    • 3 min
    Encerrada

    Encerrada

    Siempre empieza igual. Estoy encerrada en una habitación. La puerta está cerrada y no se puede abrir. No sé cómo, pero tengo la seguridad de que llevo ahí encerrada durante veinte días exactos. Ah, y hace como dos días que no tengo nada para comer...

    Escrito y narrado por María Laura Romero.

    • 1m
    Flora y Fauna

    Flora y Fauna

    Lleno de labores, anhelaba las futuras recompensas de su arduo trabajo, pero después de muchos meses todo lo que obtuvo fue una multa por cortar amapolas de la Plaza Oeste. Creyó zanjado el asunto cuando le entregó todas las monedas al guarda de Flora y Fauna del pequeño pueblo... 

    Escrito y narrado por María Laura Romero.

    • 1m
    Pasando páginas

    Pasando páginas

    Había pasado tanto tiempo en cuarentena que ya no quería salir. El pasto corto de su patio brillaba más que nunca, los frutos de los árboles y la huerta le servían de alimento. Cuando abrió la ventana sintió el aroma de las flores...

    Escrito y narrado por María Laura Romero.

    • 58 segundos
    Esferas

    Esferas

    Miró para todos lados antes de cruzar. Cuando finalmente pisó el césped se sintió satisfecha. Por primera vez había ido sola hasta la plaza principal. Pero allí no había nadie; casi todos estaban en el festival y el resto probablemente dormía. Después de mucha reflexión decidió que prefería contar los bancos de madera que ir a los juegos. Al principio le pareció divertido, pero al terminar se sintió disgustada. Entonces recordó que en una esquina solían vender golosinas cada tarde. Indecisa, dio un par de vueltas alrededor de los árboles antes de aparecer frente a un pequeño kiosco rodante. Para su decepción, no había quién la atendiera. Aun así, un racimo de globos coloridos parecía llamarla por su mismísimo nombre. Con un poco de vergüenza —aunque sabía que nadie la miraba— se aproximó hasta ellos. Tras un breve forcejeo consiguió atrapar todos los hilos colgantes. Sin embargo su alegría se esfumó rápidamente, ya que una mano helada e invisible arrancó de su puño las delgadas cuerdas y esparció a los cuatro vientos el conjunto de colores. Entonces arregló su cabello con las manos, se restregó los ojos vidriosos y salió corriendo hacia donde esperaba encontrar a la multitud.

    Escrito y narrado por María Laura Romero. También disponible en la web.

    • 1m
    Una tarde de invierno

    Una tarde de invierno

    Cerró la puerta de un empujón y movió sus piernas entumecidas hasta llegar al living. Miró la chimenea y vio varios troncos rodeados de ceniza. Fue hasta la cocina, tomó los fósforos que había en un estante y el periódico del día anterior; volvió a la sala y se valió de los objetos para encender el fuego. Se dejó caer sobre un sillón y respiró por la boca. Su aliento se hizo visible. Se frotó las manos y luego dirigió una mirada hacia afuera de la casa. A través del vidrio empañado pudo ver una gruesa capa de nieve cubriendo el asfalto. La calle estaba desierta y los árboles se sacudían constantemente, desparramando sus hojas muertas sobre las veredas. Giró la cabeza y entornó los ojos hacia las llamas. Se inclinó hacia adelante y atizó el fuego con una vara de hierro, luego acomodó una manta descolorida sobre su cuerpo oxidado. Ya con los párpados juntos comenzó a rememorar el extenso campo donde había crecido, el sol calentando su frente, las ovejas que solía esquilar. ¿Cuántas eran en realidad? Y comenzó a contar dentro de su mente; una oveja, dos ovejas, tres ovejas...

    Escrito y narrado por María Laura Romero. También disponible en la web.

    • 1m

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