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Meditaciones y Reflexiones diarias de las Escrituras, con palabras del Evangelio del Señor Jesucristo, pláticas acerca de diversos temas de interés para el creyente.Tenemos un canal en Youtube llamado: www.youtube.com/PlaticasSencillas, en donde está lo que hemos publicado hasta el momento.

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Meditaciones y Reflexiones diarias de las Escrituras, con palabras del Evangelio del Señor Jesucristo, pláticas acerca de diversos temas de interés para el creyente.Tenemos un canal en Youtube llamado: www.youtube.com/PlaticasSencillas, en donde está lo que hemos publicado hasta el momento.

    ”En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10)

    ”En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10)

    Meditación
    ”En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10)

       El amor es esa cualidad de Dios que le hace prodigar ilimitadamente Su afecto a los demás. Este amor se manifiesta dando buenas dádivas y dones perfectos a los que ama.
       He aquí algunos versículos de los miles que hablan de ese amor: “Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia (Jer. 31:3). “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8). “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó...” (Ef. 2:4). Y, por supuesto, el más conocido de todos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).
       Cuando Juan dice que “Dios es amor” (1 Jn. 4:8), es importante ver que él no está definiendo a Dios, sino insistiendo en que el amor es uno de los elementos claves de la naturaleza divina. No adoramos al amor, sino al Dios de amor.
       Su amor no tuvo principio y tampoco tendrá fin. Es ilimitado en sus dimensiones, absolutamente puro y sin mancha de egoísmo o cualquier otro pecado. Es sacrificado y nunca repara en el coste. Busca solamente el bienestar de los demás, y no espera nada a cambio. Tiende su mano al agradable y al repugnante, al enemigo y al amigo. Este amor no se da como premio a las virtudes de aquellos que lo reciben; viene solamente de la bondad del Dador.
       Las implicaciones prácticas de esta sublime verdad son evidentes: “Sed, pues, imitadores de Dios” dijo Pablo: “como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros” (Ef. 5:1-2a). Nuestro amor debe ascender al Señor, fluir a nuestros hermanos, y extenderse al mundo perdido.
       La contemplación de Su amor debe inspirar también la adoración más profunda. Cuando caemos a Sus pies, debemos decir repetidamente: 

       ¿Cómo puedes amarme como me amas
       Y ser el Dios que eres?
       Oscuridad es a mi razón
       Pero sol a mi corazón.

    • 4 min
    Himno: "Al Rey adorad"

    Himno: "Al Rey adorad"

    • 1m
    *“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”* (Mateo 11:27)

    *“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”* (Mateo 11:27)

    *Meditación*
    *“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”* (Mateo 11:27)

       Todas las cosas le habían sido entregadas por Su Padre. Ésta sería una pretensión llena de presunción por parte de cualquier otra persona, pero en boca del Señor Jesús es una sencilla declaración de la verdad. En aquel momento, y frente a una creciente oposición, no parecía que estuviese Él al control; sin embargo, así era. El programa de Su vida estaba moviéndose de manera irresistible hacia un eventual triunfo lleno de gloria. Nadie conoce perfectamente al Hijo, sino el Padre. Hay un incomprensible misterio acerca de la Persona de Cristo. La unión de la deidad y de la humanidad en una sola Persona suscita problemas que dejan perpleja a la mente humana. Por ejemplo, hay el problema de la muerte. Dios no puede morir. Sin embargo, Jesús es Dios y Jesús murió. Y sin embargo Sus naturalezas divina y humana son inseparables. De modo que aunque le podemos conocer, amar y confiar en Él, hay un sentido en el que sólo el Padre puede en verdad comprenderle.
    Misterio grande para todos es
    Lo que siempre eres en tu propio ser;
    Tu nombre, que es EL HIJO, sólo Dios,
    El Padre tuyo puede comprender.
    ¡Digno, oh Cordero de Dios, eres Tú!
    ¡Doblaos rodillas al Señor Jesús!
    Josiah Conder
       *«Y ninguno conoce perfectamente al Padre, sino el Hijo.»* También el Padre es inescrutable. En último término, sólo Dios es suficientemente grande para comprender a Dios. El hombre no le puede conocer mediante su propia fuerza o intelecto. Pero el Señor Jesús puede revelar y revela al Padre a aquellos a quien Él quiere. Todo el que viene a conocer al Hijo viene también a conocer al Padre (Jn. 14:7).
    Sin embargo, tras haber dicho todo esto, hemos de confesar que al tratar de explicar el versículo 27 nos encontramos con verdades demasiado altas para nosotros. Vemos como en un espejo, oscuramente. Ni siquiera en la eternidad podrán nuestras mentes finitas apreciar plenamente la grandeza de Dios ni comprender el misterio de la Encarnación. Cuando leemos que el Padre es revelado sólo a quienes el Hijo ha querido hacerlo, podríamos sentirnos tentados a pensar en una selección arbitraria de unos pocos favorecidos. El siguiente versículo nos guarda de una interpretación así. El Señor Jesús hace una invitación universal a todos los fatigados y cargados a que acudan a Él para hallar el reposo.
    En otras palabras, aquellos a los que Él escoge revelar al Padre son aquellos que confían en Él como Señor y Salvador. Al examinar esta invitación de ternura infinita, recordemos que fue hecha después del craso rechazo de Jesús por parte de las favorecidas ciudades de Galilea. El odio y la terquedad humana no podían apagar Su amor y gracia.
    Como ha dicho A. J. McClain:
    “Aunque la nación de Israel está moviéndose hacia la tragedia del juicio divino, el Rey, en Su palabra final, abre de par en par la puerta de la salvación personal. Y de esta manera demuestra que es un Dios de gracia, incluso en el umbral del juicio.”

    • 5 min
    Meditación: "Salmo 23"

    Meditación: "Salmo 23"

    Salmo 23

        Entre todos los Salmos, el vigésimo tercero es el favorito de muchos. Beecher lo llamó el «Salmo alondra, pequeño y de plumaje poco vistoso, cantando tímidamente en la oscuridad; pero ¡ah! cómo llena el aire de todo el mundo de melodioso gozo». Después del Salmo de la Cruz (22) viene el Salmo de la Vida y de plenitud de bendición. El camino de este peregrino es como la luz del albor, que va creciendo más y más hasta llegar al día perfecto. Sigámosle paso a paso. Hubo:
    I. Una decisión. «Jehová es mi Pastor.» Hizo su elección personal acerca de quién iba a seguir. No iba a seguir su propio corazón ni los ciegos razonamientos de los hombres. Iba a reivindicar a Jehová como su Salvador y Conductor, y no se avergonzaría de decirlo así.
    II. Certidumbre. «Nada me faltará». Los impíos, aunque fuertes como leones jóvenes, padecen necesidad y hambre, pero los que buscan al Señor no carecerán de ningún bien. «Mi Dios suplirá todas vuestras necesidades». Tiene la promesa de su Pastor, y la cree.
    III. Reposo. «En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará» (v. 2). El reposo de la fe en el Señor es un reposo plácido y refrescante. Él no dice «reposo» sin conducir al mejor lugar en que pueda ser hallado: en su amor, los pastos delicados.
    IV. Conducción. «Me guiará por sendas de justicia.» Los caminos que son rectos pueden no siempre ser los caminos que parezcan más fáciles. Los peregrinos de Bunyan encontraron «más fácil» saltar la valla y tomar la senda que llevaba al castillo del Gigante Desesperación. La conducción que el Señor da es «por amor de su Nombre».
    VI. Valor. «Aunque pase por valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno.» La sombra de la muerte es terrible para el hombre cuya porción es en esta vida. Pero no hay mal alguno que temer cuando el Pastor está cerca (Is. 43:2).
    VII. Comunión. «Tú estarás conmigo.» El peregrino celestial está siempre en buena compañía. El Señor permanece al lado cuando todos los hombres abandonan (2 Ti. 4:16, 17). Su presencia es siempre suficiente en todo tiempo.
    VIII. Consolación. «Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.» El garrote y el báculo del pastor eran los instrumentos de defensa y de liberación. Lo que ellos eran para el pastor, la Palabra del Señor lo es para nosotros. También, la Palabra del Señor nos defiende de nuestros enemigos, nos fortalece, y un báculo para conducir o levantar a aquellos que han caído. La espada del Espíritu me infundirá aliento.
    IX. Provisión. «Aderezarás mesa delante de mí en presencia de mis adversarios.» Él sabe cuándo y cómo alimentar a su rebaño. Tenemos una comida que comer que los otros no conocen.
    X. Investidura. «Ungiste mi cabeza.» Esta unción del Santo denota autoridad y poder. Los reyes y sacerdotes eran ungidos. Sois un reino de sacerdotes para Dios (Hch. 1:8).
    XI. Satisfacción. «Mi copa está rebosando.» El Dios de gracia da buena medida, apretada, remecida, colmada, rebosando. La santa unción debe venir antes del rebosamiento (véase Jn. 7:37, 38).
    XII. Perspectiva. «Ciertamente la bondad y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.» Bondad para suplir y misericordia para perdonar, todos los días de esta vida; y una morada preparada más allá de esta vida, donde estaremos para siempre con el Señor (Jn. 14:1–3).

    • 7 min
    ”Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13)

    ”Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13)

    Meditación”
    ”Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13)

       Es fácil interpretar mal un versículo como éste. Cuando lo leemos, nos vienen a la mente cientos de cosas que no podemos hacer. En el ámbito de lo físico, por ejemplo, pensamos en algunas hazañas extravagantes que, para llevarse a cabo, requieren de un poder sobrehumano, o pensamos en grandes logros intelectuales que están más allá de nuestra capacidad. Viéndolo así, las palabras del apóstol, lejos de ser un consuelo, se convierten en una tortura.
       Lo que realmente nos enseña este versículo, es que el Señor nos dará el poder suficiente para hacer cualquier cosa que quiera que hagamos. Dentro de la esfera de Su voluntad no hay imposibilidades.
       Pedro conocía este secreto. Comprendía que por sus propias fuerzas, no podría caminar sobre el agua. Pero estaba persuadido de que si el Señor le ordenaba hacerlo, entonces podía hacerlo. Tan pronto como Jesús le dijo: “Ven,” Pedro saltó de la barca al agua, y caminó hacia Él.
       Normalmente, una montaña no se deslizaría al mar simplemente porque yo se lo mandara. Pero si esa montaña se interpone entre mí y el cumplimiento de la voluntad de Dios, entonces puedo decirle: “Quítate”, y será hecho.
       En resumidas cuentas: “Sus mandamientos son capacitaciones”, por lo tanto, Dios siempre dará fuerza suficiente para soportar cualquier prueba. Nos capacitará para resistir toda tentación y conquistar cualquier hábito. Nos fortalecerá para que pueda llevar una vida de pensamientos limpios, motivos puros y hacer siempre las cosas que le agradan.
       Cuando me falta fuerza suficiente para realizar alguna cosa o me derrumbo física, mental o emocionalmente, debo preguntarme si se debe a que he descuidado Su voluntad y estoy buscando mis propios deseos. Es posible trabajar para Dios sin estar haciendo la obra de Dios. Una labor así no trae consigo la promesa de Su poder.
       Por eso, es importante saber que estamos avanzando de acuerdo a Sus planes. Sólo así podemos tener la confianza gozosa de que Su gracia nos sostendrá y capacitará.

    • 3 min
    ”Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesú

    ”Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesú

    MEDITACIÓN
    *”Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”*  (Romanos 8:38–39)
        Romanos es una especie de manifiesto cristiano sobre la libertad en Cristo Jesús. Es la declaración más completa y grandiosa del evangelio que encontramos en el Nuevo Testamento. Proclama nuestra libertad de la ira de Dios que se manifiesta contra toda impiedad, de la muerte y el temor a la muerte, del sufrimiento. Romanos 8 es uno de los capítulos más conocidos de la Biblia. Después de describir los principales privilegios de los creyentes (paz con Señor, unión con Cristo, libertad de la ley y vida en el Espíritu), guiado por el Espíritu el apóstol se eleva a alturas sublimes y hace un recorrido por el propósito y plan global del Señor desde la eternidad pasada hacia la eternidad por venir.
       *Comienza con cinco convicciones inconmovibles* (v. 28): Dios está obrando en nuestra vida, obra para el bien de los suyos, obra en todas las cosas, y obra por el bien de aquellos que lo aman y que han sido llamados conforme a su propósito. Sabemos estas cinco cosas, escribe Pablo, aunque no siempre las entendamos. Luego presenta cinco afirmaciones innegables (vv. 29–30), en las que él despliega lo que entiende como ‘propósito’ de Dios. Se refiere a los que pertenecen a Dios por su anterior conocimiento (lo cual significa que los amó), a quienes predestinó a ser conformados a la semejanza de su Hijo, a quienes también atrajo hacia sí por medio del evangelio, a quienes justificó y, finalmente, glorificará. Debido a su certeza declara en tiempo pasado algo que sucederá en el futuro.
       Y concluye con cinco preguntas incontestables: ‘Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?’ (v. 31). ‘El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?’ (v. 32). ‘¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica’ (v. 33). ‘¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros’ (v. 34). ‘¿Quién nos separará del amor de Cristo?’ (v. 35).
       En un mundo inestable, estas certezas sobre la persona de Dios son urgentemente necesarias.

    • 5 min

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