Gigantes en el desierto

Amonite

Los dinosaurios de Coahuila: de la expedición al museo. // Te proponemos un viaje para conocer cuatro dinosaurios coahuilenses. Junto a una niña llamada Ximena y su mamá, los audiocuentos nos llevan de la mano a través de las etapas del proceso paleontológico. Los artículos nos brindan más detalle de la vida y labor de sus investigadores, además de ahondar en las características de cada dinosaurio. // Visita el sitio web en https://www.amonite.com.mx/gigantes-en-el-desierto // Realizado por Amonite en 2022 gracias a una beca para la producción de trabajos periodísticos en temas de ciencia, concedida por la Fundación Gabo y el Instituto Serrapilheira, con el apoyo de la Oficina Regional de Ciencias de la UNESCO para América Latina y el Caribe. // Textos: Jessica Jaramillo Castillo. Ilustraciones: Natalia Luna. Producción de audio: Felipe Perales. Locución: Elena Reyes Castro y Abigail Muñoz Martínez.

Episodes

  1. "Se topó con grandes cuernos petrificados. No creerás lo que descubrió"

    02/25/2022

    "Se topó con grandes cuernos petrificados. No creerás lo que descubrió"

    CUENTO “Se topó con grandes cuernos petrificados. No creerás lo que descubrió” Etapa 4: Publicación de resultados —Mamá, justo estaba anotando lo que descubrí en mi diario de campo. —¿Y sabes qué podrías hacer ahora? Podrías hacer un escrito donde expliques todo lo que descubriste, con el dibujo de tu dinosaurio y así lo puede leer otra gente. . DESCARGAR CUENTO EN MP3 ARTÍCULO Una cara con cuernos en Coahuila ¿Qué pasa si descubres una nueva especie de dinosaurio, pero no tienes la seguridad de dónde publicar los resultados para presentar tu investigación? Algo así les sucedió a los investigadores que encontraron los restos de un espécimen de grandes cuernos: el Coahuilaceratops magnacuerna.  A pesar de tener la certeza de que se trataba de un material importante, no tenían el cráneo completo ni el resto de su esqueleto. “Esa fue una inseguridad para publicar. Afortunadamente en esos años se vino una ola de nuevos descubrimientos de este grupo, de ceratópsidos, y se hizo un congreso en Canadá”, recuerda la paleontóloga Martha Aguillón Martínez, quien ha participado en la mayoría de los descubrimientos de fósiles en Coahuila.  ¿Por qué se hizo piedra el caracol? Cuando era niña, a Martha Aguillón le gustaba jugar en un cerro que parecía monstruo marino. En aquellos años jamás había escuchado hablar de los dinosaurios. Pero ahora, sabe que ese cerro tenía la forma del lomo de un saurópodo.  Un día mientras buscaba piedras, caracoles y pitayas, lo habitual en sus caminatas por el cerro, se topó con un caracol petrificado. “Recuerdo claramente que llegué buscando a mi papá, porque era mi héroe. Él lo sabía todo. Le mostré los caracoles blancos y el de piedra y le pregunté: ‘¿Qué pasó aquí? ¿Por qué razón tengo este caracol y este está hecho piedra?’ Mi papá simplemente se encogió de hombros”, rememora.  La curiosidad de Martha la llevó a inclinarse por el estudio de los seres vivos. Originalmente quería estudiar Medicina, una carrera muy costosa en aquellos años. Así que entró a la Normal Superior de Coahuila y se especializó en Ciencias Naturales. Posteriormente realizó una licenciatura en Biología y una maestría en Ciencias Naturales, por la Escuela Superior del Estado de Coahuila y una maestría en ciencias con especialidad en Paleontología de vertebrados, por la Universidad Metodista del Sur en Dallas, Texas. Una colección para preservar En la Normal Superior pudo entender por qué aquel caracol que vio cuando era niña se había petrificado, gracias a la materia de Paleontología. El trabajo final era recolectar 30 fósiles por estudiante y eso fue el principio de todo. “Llegó un punto en que dijimos: algo se tiene que hacer con todos esos fósiles. Son muy importantes, es la historia de nuestro estado y es la historia geológica”. Así, junto a sus compañeros, formaron una colección para instruir a los maestros de educación primaria y secundaria sobre geología, paleontología y la diferencia con la arqueología; y por qué en Coahuila hay fósiles del mar y vertebrados. “Llegó un punto en que dijimos: algo se tiene que hacer con todos esos fósiles. Son muy importantes, es la historia de nuestro estado y es la historia geológica”. Martha Carolina Aguillón Martha fue una de las pioneras en el rescate e investigación de dinosaurios en Coahuila. Participó en el equipo de trabajo para el rescate de Isauria, junto a René Hernández Rivera, Luis Espinosa Arrubarrena y el doctor Shelton P. Applegate. Tras la presentación de esos resultados, conoció al doctor Jim Kirkland, quien le ayudó a conseguir la beca para estudiar paleontología.  Los cuernos del dinosaurio El rescate del Coahuilaceratops magnacuerna vino años después, a raíz del proyecto “Dinosaurios de la cuenca de Parras”, en el que intervino un equipo interdisciplinario compuesto por 16 investigadores de diferentes instancias, tanto de México como de Estados Unidos y Canadá.  El paleontólogo Claudio de León, realizó el descubrimiento en Porvenir de Jalpa, en el municipio de General Cepeda. En la investigación participó el personal del Royal Tyrrell Museum, de Alberta, Canadá, el director del proyecto, Scott Samson, Mike Getty, del Natural History Museum of Utah, de Estados Unidos y René Hernández Rivera, Rubén Rodríguez de la Rosa, Claudio de León y Martha Aguillón, de la Coordinación de Paleontología de la Secretaría de Educación de Coahuila. Porvenir de Jalpa, General Cepeda, Coahuila “El maestro Claudio de León tenía en su poder unos huesos de dinosaurio, lo que él creía que eran unos cuernos. Él realmente no quería que se rescatara ese ejemplar. Fue muy difícil, creo que mi participación ahí fue primero como mediadora, hablar con Claudio, convencerlo de la importancia del fósil que él había encontrado, y que se tenía que hacer su rescate de forma adecuada.” Al empezar la excavación aparecieron elementos del cráneo de un dinosaurio adulto, y luego otros elementos un poco más pequeños. Era un dinosaurio juvenil. Así, se toparon con un dinosaurio con cuernos en la cara, el ejemplar articulado más completo que se había encontrado hasta ese momento. Tenía los cuernos más largos, ubicados arriba de sus ojos y presentaba un hueso nasal muy grueso con un cuerno pequeño y redondo, a diferencia de los ceratópsidos conocidos. Al terminar el campamento se dividieron el trabajo entre los tres países. El primer objetivo era investigar la edad de las rocas que tenían los huesos que recolectaron para determinar la edad de los especímenes, tarea realizada por el equipo de Canadá. La fase de preparación del material la dividieron entre el equipo de Estados Unidos y México.  Una vez preparado, comenzaron a analizarlo y compararlo con lo que ya existía en Canadá donde se encuentra el mayor número de esqueletos. Ahí se determinó la familia a la que pertenece.  Los ceratópsidos, o dinosaurios con cuernos en la cara, se dividen en dos grupos: los centrosaurinos y los chasmosaurinos, de acuerdo a las diferencias en la forma y el tamaño de los cuernos y la cola. “Entonces, por los cuernos que tienen un diámetro inmenso, se sabía que este dinosaurio era excepcional. Se determinó que era algo diferente, y se le nombró como Coahuilaceratops magnacuerna, ‘ceratópsido de Coahuila con cuernos inmensos’ en latín”.  Un proyecto interdisciplinario Martha nos recuerda que para hacer cualquier rescate de vertebrados, se requiere un proyecto de investigación con un objetivo bien claro, pues realizar una excavación es una tarea costosa, y también lo es viajar a los congresos y comparar materiales. “Tienes que tener un fondo que te permita trabajar en cada una de las etapas”.  Es por eso que se realizan proyectos interdisciplinarios, en el que intervienen diferentes instituciones y hasta diferentes países, como sucedió con el hallazgo del Coahuilaceratops magnacuerna. Así, obtuvieron recursos de México a través del Gobierno de Coahuila y el Museo del Desierto; de Estados Unidos mediante National Geographic y la National Science Foundation; y de Canadá, que ayudó con fondos el Museo Royal Tyrrell de Ontario.  Martha Aguillón con el cráneo del Velafrons coahuilensis “Si no hubiéramos tenido la ayuda de especialistas extranjeros, a nosotros como mexicanos no se nos hubiera hecho caso. Creo que es una situación de ganar-ganar”, dice la paleontóloga. Ellos, como mexicanos, tuvieron capacitación, y los extranjeros aprendieron de sus técnicas para cavar e identificar fósiles. “Se quedaban muy impresionados porque caminábamos grandes distancias y llegábamos exactamente al punto donde había huesos de dinosaurios. Se sorprendieron de que no teníamos una herramienta como el GPS. Una semana después nos dieron a todos. Son herramientas que no nos hubiera sido fácil conseguir”.  La noticia de algo realmente nuevo Como ya mencionamos, lo más difícil fue decidir en dónde se publicaba pues, a pesar de saber que el descubrimiento era  muy importante, el material recolectado era limitado. La investigación duró alrededor de ocho años, y finalmente se publicó en 2010 en el libro Nuevas perspectivas de los dinosaurios con cuernos, fruto de un congreso en Canadá sobre ceratópsidos, realizado durante 2008. Ahí se nombró como un nuevo género y especie para el mundo.  “Si no hubiéramos tenido la ayuda de especialistas extranjeros, a nosotros como mexicanos no se nos hubiera hecho caso.” Martha Carolina Aguillón “Se pudo haber hecho de otra manera, con una publicación rápida en internet, pero luego no tienen la validez o seriedad que se requería. Teníamos temor de soltar una noticia y que no fuera verdad. Luego de hablar con todos los especialistas, visitar todos los museos, colecciones y revisar los materiales, tuvimos la certeza de que teníamos algo diferente, y que debía ser nombrado y bautizado en honor al estado donde se encontró y al tamaño de sus cuernos”. La página del Coahuilaceratops magnacuerna aún no concluye. Aún falta encontrar más elementos de su cuerpo y buscar evidencias en los huesos de su cadera, de sus escápulas, del cráneo, que nos digan qué tan diferente es o qué tamaño tenía su cola. “Sería genial saber exactamente la longitud de su cráneo. Ahorita lo calculamos en aproximadamente 1.8 metros, pero a lo mejor encontramos algo completo y resulta que era más grande.” ¿Cómo era el Coahuilaceratops magnacuerna? Este cornudo era uno de los grandes herbívoros de su ecosistema. En cuanto a su apariencia, se parecía mucho a un rinoceronte, pero podía alcanzar hasta los 6 metros y medio de largo y probablemente los 2 metros de altura, con un peso de alrededor de 5 toneladas.  Martha se lo imagina caminando a la orilla de un lago o estuario, que es el ár

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  2. Limpiando al primer dinosaurio de Coahuila

    02/25/2022

    Limpiando al primer dinosaurio de Coahuila

    CUENTO Limpiar al primer dinosaurio de Coahuila Etapa 3: Preparación y museo —¡Mamá, no puedo limpiar la blusa de mi muñeca, ya no sé qué hacer! —Mira, ahí como que quiere salir. ¿Sabes? Esto me recuerda a lo que me platicaron dos investigadores el otro día, acerca de cómo se limpian los fósiles de dinosaurios. . DESCARGAR CUENTO EN MP3 ARTÍCULO Isauria, un dinosaurio con nombre propio Quizá te sorprenda saber que el primer dinosaurio encontrado en México por mexicanos tiene un nombre propio: Isauria. Mucha gente se pregunta por qué se llama así, y han inventado muchas historias. Pero quizá te sorprenda aún más saber que es uno de los dinosaurios de los que más ha costado encontrar su filiación, ya que los científicos siguen haciéndose preguntas acerca de los huesos de su cráneo, en un debate que continúa hasta la actualidad. Isauria fue uno de los hallazgos que ayudaron a abrir la puerta a la enorme riqueza paleontológica de Coahuila, y sucedió en un momento, a fines de los años ochenta, en que la gente no comprendía muy bien la labor de los científicos y los veía como una amenaza al patrimonio.  Sin embargo, gracias a la labor de quienes trabajaron en su descubrimiento, como el maestro Luis Espinosa Arrubarrena, es que Isauria no sólo es el dinosaurio coahuilense por excelencia, sino uno de los fósiles más atractivos para los visitantes del Museo de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Museos que descubren mundos Cuando era pequeño, Luis no contaba con nadie en su familia que le hablara de ciencia ni de paleontología… pero sí tenía una abuela materna a la que acompañaba a hacer encargos al centro de la Ciudad de México los fines de semana. Después iban a visitar cuanta iglesia y capilla se encontraran a su paso, hasta que, aburrido, el pequeño Luis pidió hacer algo distinto. “Por cada iglesia que visitemos te llevaré a un museo”, le contestó su abuela. Así que gracias a este acuerdo pudo descubrir lugares como el Museo de Antropología, que en su momento estaba ubicado en la calle de Moneda, donde se sorprendió con la réplica del Penacho de Moctezuma. También visitaron el Museo del Chopo, donde se encontraba una réplica del dinosaurio Diplodocus carnegie. Estas visitas despertaron en él una fascinación por esas cosas hasta entonces desconocidas. Ya en la escuela, la vida lo fue llevando por el interés de las ciencias biológicas, y su papá le planteó la idea de que se formara como químico farmacobiólogo para poner un laboratorio de análisis clínicos. Pero la química le resultó tediosa, ya que su interés estaba al aire libre: en las montañas, en los seres vivos y en la naturaleza. Así que decidió estudiar Biología en la UNAM. Y entre esas materias encontró su lugar en la paleontología, que lo llevarían al Instituto de Geología de la universidad.  El coleccionista que abrió la puerta En 1980, Espinosa ya se encontraba haciendo investigación para el Instituto, y su curiosidad por los mamíferos del periodo Cretácico lo llevó a recorrer todo el noreste de México, pero no tuvieron éxito en su búsqueda. Él y sus alumnos iban a distintos lugares y hablaban con la gente de los ejidos , preguntando: “¿No han visto conchitas?, ¿no han visto huesos de gigantes?” Presa de San Antonio, Parras de la Fuente, Coahuila En la ciudad de Torreón buscaron a coleccionistas y dieron con un médico, el doctor Luis Maeda. Él contaba con un pequeño museo, que hoy forma parte de la Universidad Autónoma de La Laguna. Uno de sus alumnos de la UNAM, Víctor Torres, descubrió un hueso de dinosaurio en uno de los cajones que contenía huesos de mamut. Entonces quisieron saber de dónde venía esa pieza y los llevaron a conocer el ejido Presa de San Antonio, en el municipio de Parras de la Fuente. “Encontramos un verdadero campo de dinosaurios. Casi para cualquier lado donde camines te encuentras algún resto, algún hueso, alguna vértebra”, dice Luis Espinosa. Habían encontrado el lugar, pero Isauria vendría algunos años después, cuando una expedición de paleontólogos canadienses encontró una pata de hadrosaurio. Esto llamó la atención del investigador, quien recién llegaba de completar su maestría en paleontología en Estados Unidos. “En Presa de San Antonio encontramos un verdadero campo de dinosaurios. Casi para cualquier lado donde camines te encuentras algún resto, algún hueso, alguna vértebra” Luis Espinosa Arrubarrena “Conacyt nos dio la fabulosa cantidad de 15 mil pesos para que hiciéramos la expedición, que no servían ni para pagar la gasolina”, recuerda con humor. Los investigadores de la UNAM regresaron a Presa de San Antonio, hicieron una cantera y a lo largo de tres meses sacaron cinco toneladas de huesos. Así se llegó al descubrimiento de Isauria, a quien en principio definieron como un hadrosaurio, es decir dinosaurio pico de pato, aunque sería una historia larga para encontrar su lugar definitivo. Un nombre que puso feliz a todos No todo fue sencillo en el camino de los investigadores, sobre todo en su relación con los coahuilenses. En esa época existía mucha desconfianza hacia su labor. Como contaba Felisa Aguilar, muchas personas piensan que los paleontólogos son personas que llegan a “robar sus tesoros” y que no tienen interés por aportar algo a la comunidad. Nada más lejos de la realidad.  “Causó mucho revuelo. Nos preguntaban a qué íbamos, y realmente la presión estaba cada vez más fuerte desde Saltillo, en contra de que estuviéramos ahí. Tengo parientes de Coahuila y me acordé de una de mis primas, la actriz Isaura Espinosa. Y así, sin que me pusiera de acuerdo con mis compañeros, dije en una conferencia: ‘venimos a rescatar a Isauria, el dinosaurio de Coahuila’”. Esa declaración cambió toda la opinión pública al respecto, ya que la gente en Coahuila adoptó como propio a ese dinosaurio. Pronto recibieron apoyo financiero y logístico de los empresarios locales, los invitaron a dar charlas a escuelas y colaboraron con la Secretaría de Educación, donde un grupo de profesores ayudó a los paleontólogos en su labor. Ahí se formaron personas como Martha Carolina Aguillón. El trabajo en el laboratorio Los huesos de Isauria se prepararon en el Instituto de Geología de la UNAM, gracias a la labor de Luis Quintos y René Hernández. “El dinosaurio más clonado de México”, lo llama Luis Espinosa, ya que se han realizado distintas réplicas. Actualmente es una de las piezas más icónicas del Museo de Geología de la UNAM, ubicado en la colonia Santa María la Ribera. Es muy apreciado por los niños en las visitas escolares, quienes lo buscan con especial interés. Luis Espinosa Arrubarrena Ulices Adolfo Carrillo, quien trabaja con Espinosa Arrubarrena en el Instituto, dice que la parte de preparación que se realiza en el laboratorio es importantísima para el cuidado de los ejemplares ya que el material que está en rocas se puede llegar a romper. Como ya hemos comentado, los jackets ayudan a transportarlos desde el lugar de la excavación hasta el laboratorio. Para limpiar las piezas se utilizan percutores para retirar los sedimentos. Siempre se trabaja con algún pegamento o endurecedor que vaya favoreciendo el cuidado del ejemplar y evitar las grietas.  También se usan técnicas como el sand blaster, que es una máquina que limpia con un chorro de arena los fósiles, percutores de distintas medidas e incluso algunos ácidos. Sin embargo, en este último caso hay que tener en cuenta la roca donde se encuentra el fósil para que no se desintegre. “Son muchísimas horas de trabajo, eso sí, pero la clave es la paciencia”, agrega Ulices.  “Los fósiles representan un patrimonio cultural y científico muy importante. De nada sirve que tengas una muy buena campaña de campo, que recojas esos fósiles, si no tienes un lugar en dónde depositarlos, y sobre todo que ese lugar quede como una biblioteca. Es una parte de las funciones de un museo.” Luis Espinosa Arrubarrena Además, se elaboran moldes o duplicados para contar con piezas de respaldo y poder exhibirlas al público. En muchos museos se siguen exhibiendo piezas originales, pero este proceso suele dañarlas, por lo que es una práctica que está ya en desuso. La idea es conservar lo mejor posible los originales para que se sigan estudiando. Esto es vital, sobre todo en el caso de Isauria. “Los fósiles representan un patrimonio cultural y científico muy importante. De nada sirve que tengas una muy buena campaña de campo, que recojas esos fósiles, si no tienes un lugar en dónde depositarlos, y sobre todo que ese lugar quede como una biblioteca. Es una parte de las funciones de un museo”, puntualiza Luis Espinosa Arrubarrena.  2012 2021Ilustraciones: Luis V. Rey ¿Cómo era el Latirhinus uitstlani? Isauria pasó por muchas asignaciones taxonómicas desde su descubrimiento, ya que los especialistas no se ponían de acuerdo acerca de su filiación. Durante muchos años fue el esqueleto restaurado de dinosaurio más completo de México y al inicio se consideró que era un hadrosaurio (pico de pato) similar al Kritosaurus.  Fue hasta 2012 cuando una publicación científica lo describió como Latirhinus uitstlani, colocándolo como un miembro de la familia Hadrosauridae y de la subfamilia Saurolophinae (hadrosaurios no crestados). El nombre significa “nariz ancha del sur” y hace referencia a un amplio hueso nasal. Sin embargo, en 2021, el paleontólogo Ángel Alejandro Ramírez Velasco y Luis Arrubarrena respondieron a la publicación de 2012 con una nueva revisión y redescripción, mencionando que el hueso nasal en realidad se trata de un hueso yugal (mandíbula) cambiando el aspecto visual del dinosaurio. Por si fuera poco reportan que algunos de los huesos que se asignaron a este ejemp

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  3. Cuatro dedos de sol para desenterrar

    02/23/2022

    Cuatro dedos de sol para desenterrar

    CUENTO Cuatro dedos de sol para excavar Etapa 2: Excavación —¡Ximena, hora de entrar a la casa! Ya está por anochecer. —Pero mamá, estoy a punto de realizar un gran descubrimiento en el jardín. . DESCARGAR CUENTO EN MP3 ARTÍCULO Un hallazgo debajo del sol  Cuando eres un paleontólogo que trabaja en el campo puede llegar a ser un problema que el sol se oculte. Aunque se tengan lámparas para alumbrar, la luz natural siempre es mejor.  Esto lo sabe muy bien Héctor Rivera, paleobiólogo del Museo del Desierto, quien es maestro en paleobiología por la Universidad de Bristol y ha realizado importantes descubrimientos de dinosaurios en Coahuila. Uno de ellos es el Acantholipan gonzalezi, encontrado en el año 2011.  En aquella ocasión, Rivera trabajaba lo más rápido que podía junto a sus compañeros. Era el atardecer y comprobó que le quedaban cuatro dedos de sol, algo así como 20 minutos. “Recuerdo las prisas ya al final de la excavación. Fue determinar la hora por los dedos. Vemos cuántos dedos faltan para que el sol se esconda en el horizonte. Cada dedo implica alrededor de 5 minutos”.  El sol marca también el inicio del trabajo en campo. Un día normal, sin que haya excavación, implica levantarse con la luz del astro. Quien está encargado del desayuno empieza a prepararlo y a las 9 de la mañana están ya en el desierto. El día incluye caminar hasta las 2 de la tarde, más o menos, dependiendo de la temporada, y de la temperatura. También de si es un día soleado, si es otoño, primavera, o finales del invierno, “Si durante la prospección encontramos algo, empezamos la excavación, y lo que nos tome de tiempo. Obviamente para empezar tenemos que recabar ciertos datos taxonómicos. Por ejemplo cómo está el animal, qué cosas se están descubriendo junto con él, cómo pudo llegar a este sitio. Al final del día, como a las 5 de la tarde, regresamos al campamento y nos ponemos a ver el atardecer”.  ¿Biólogo o geólogo? Héctor Rivera recuerda que desde los cuatro años de edad supo que quería ser paleontólogo, pues le gustaban mucho los dinosaurios. Para lograrlo hay que estudiar bastante. Pero el acercamiento a estos estudios depende del enfoque que se quiera hacer en los dinosaurios. Héctor Rivera Si los quieres ver como organismos que vivieron hace mucho tiempo, porque al fin y al cabo fueron animales, en ese caso puedes ser biólogo. Si quieres ver cómo era su forma de convivir en un ambiente con otros organismos, en qué edad vivió, no tanto entender al organismo como tal, sino en dónde se desarrolló, puedes ser geólogo. “A mi me gustaba más estudiarlo como un organismo vivo y por eso fui biólogo. Pero tienes que hacer una maestría para enfocarte en el estudio de estos seres, por eso la hice en paleobiología.” Encuentro casual El hallazgo del Acantholipan gonzalezi se hizo por casualidad, en la localidad Los Primos cerca de San Miguel, en el municipio de Ocampo, Coahuila, en una zona donde en principio no pensaban buscar. Los paleontólogos esperaban la llegada de un camarógrafo que los iba a acompañar al sitio donde descubrieron otros restos, pero su viaje se retrasó y contaban con algunos días muertos. Así que unas personas de una comunidad cercana se ofrecieron a llevarlos a un rancho donde habían encontrado algunos fósiles. “Y así anduvimos caminando por la zona hasta que encontramos unos huesos que eran un fragmento de un fémur. Ni la persona del ejido había encontrado eso, fue meramente fortuito”. Después de hacer la prospección, empezaron con la excavación. San Miguel, Ocampo, Coahuila “Lo bueno fue que lo descubrimos en la mañana. Todo el día nos la pasamos ahí, éramos 4 personas, eso permitió que hiciéramos una excavación más o menos grande y poder sacar todo.” En total fueron dos días de excavación. No eran muchas piezas, ni tampoco eran muy grandes, y al parecer ya había habido cierta movilidad de los sedimentos. Se toparon con una vértebra dorsal y otra caudal, un fragmento de costilla, extremo distal del húmero izquierdo, extremo distal del fémur izquierdo y una espina osteodermal torácica distal. Lo descubrimos en la mañana. Todo el día nos la pasamos ahí, éramos 4 personas, eso permitió que hiciéramos una excavación más o menos grande y poder sacar todo. Héctor Rivera “En ese momento sabíamos que era un dinosaurio. No podíamos determinar cual, porque los fósiles estaban sucios, rotos y no podíamos ver las características”. Así que cubrieron los fragmentos en algo que llaman jacket. ¿Qué son los jacket en paleontología? Un jacket es una cubierta que se usa para proteger los fósiles. Se realiza con una capa de estaño sobre la cual se ponen vendas con yeso. Así quedan encapsulados y se pueden llevar al laboratorio sin que se muevan o se dañen más. Héctor Rivera en pleno trabajo / Foto: Lucía Alfaro Una vez en el laboratorio abrieron el jacket para trabajar con los fósiles, limpiarlos y quitar los sedimentos, es decir, la tierra y las rocas que se han adherido a ellos. Para eso usaron un percutor, un taladro como el que emplean los dentistas cuando limpian los dientes.  Siguiendo las pistas Para Héctor Rivera este es un trabajo casi de detectives, porque con muy pocas piezas arman un rompecabezas completo. Cada pieza es una pista, todo tiene un porqué. Por eso es importante el trabajo y la información científica, ya que sin esos datos no se tendría certeza de qué es lo que se acaba de encontrar.  “Se van limpiando las piezas, voy separando cada una y tomando fotos. Luego reviso otros artículos descritos antes para saber a qué se parece, qué similitudes tiene cierto hueso, y así vamos descartando posibilidades”. Pronto se dieron cuenta de que este era un dinosaurio con armadura. Algunos especímenes de este tipo contaban con un mazo en su cola para defenderse de los depredadores y combatir. A esa familia le llaman anquilosáuridos. Pero ese mazo no estaba presente en el ejemplar recuperado. Por eso los científicos se dieron cuenta que pertenecía a otra familia, a los nodosáuridos. Si bien hay muchos nodosáuridos que se han descubierto en el mundo, sobre todo en Estados Unidos y el Reino Unido, el Acantholipan gonzalezi fue el primero que se encontró en México. Pero para que los científicos se dieran cuenta de que era una nueva especie pasaron varios años, hasta que otros colegas desarrollaran la filogenia que permitiera comparar las características de todos los nodosaurios que se han encontrado. Parentesco entre dinosaurios La filogenia es la relación de parentesco con otros dinosaurios. Los paleontólogos pueden consultar una base de datos para comparar los parentescos entre varias especies, para saber si algún hueso pertenece a una especie ya descrita o si existe la posibilidad de que sea una especie nueva. Así, en junio de 2018 se realizó la publicación del espécimen como nuevo género en el número 20 de la revista científica Swiss Journal of Palaeontology.  “El obstáculo más grande fue que las filogenias que había en ese momento eran muy escuetas. Fue hasta 2016 – 2017 cuando salió publicada una muy buena filogenia de los nodosaurios. Y de mera casualidad dije: vamos a meter los datos de este dinosaurio a ver si podemos hacer algo. Y sí, efectivamente se pudo y retornamos al proyecto.” Un equipo multinacional El equipo de trabajo estuvo integrado por investigadores del Museo del Desierto de Saltillo, Coahuila, el Staatliches Museum für Naturkunde Karlsruhe, la Universidad Heidelberg de Alemania, y el Museo de Paleontología “Eliseo Palacios Aguilera”, de Chiapas.  El trabajo de paelontólogo es muy arduo, pero es muy bonito. Podemos caminar bajo el sol durante días sin encontrar nada, y en el último momento del último día, encontrar lo que valga la pena de esa salida. Y entonces es algo muy gratificante. Héctor Rivera “Es como un trabajo de equipo en la escuela. Los alemanes son con quienes más trabajamos. Uno es geólogo y se dedica a amonites y a los estratos. Otro es experto en reptiles voladores y marinos y hace un poco de paleoecología. Yo hago investigación en dinosaurios, ahí nos complementamos. Obviamente los fósiles nunca salen de México. Si me dicen: “oye, necesito checar algo”, hacemos una réplica y la envío, o compartimos fotografías.” También se realizó un modelo de tamaño original del nodosaurio, de 3 metros y medio, para mostrarse en la exposición “Dinosaurios ahora”, del Museo del Desierto.  “El trabajo de paelontólogo es muy arduo, pero es muy bonito. Podemos caminar bajo el sol durante días sin encontrar nada, y en el último momento del último día, encontrar lo que valga la pena de esa salida. Y entonces es algo muy gratificante”. Modelo 3D del Acantholipan gonzalezi exhibido en el Museo del Desierto / Foto: Priscila Enríquez ¿Cómo era el Acantholipan gonzalezi? Es muy probable que este nodosaurio tuviera una vida parecida a la de los hipopótamos y que viviera agusto en el agua, aunque no nadara. Se cree que comía plantas cercanas al río, ya que era hervíboro. Y también pudiera ser que viviera en familia, como los hipopótamos.  Eran animales pesados, de cuatro patas, con una poderosa coraza que les ayudaba a protegerse de los peligros y los depredadores, y sin mazo en la cola, como ya se mencionó. Tenían unas espinas en la cadera que se iban haciendo más pequeñas al final de la cola. También tenían una cabeza más o menos pequeña, con dientes pequeños, útiles para triturar plantas.  Probablemente, como los ceratópsidos (dinosaurios con cuernos), dormían en grupos familiares, la cría pegada a la mamá y los otros cerca, para cuidarse entre sí. “Si hay algo que tenemos de evidencia en los ceratópsidos es que cuidaban a las crías pequeñas, los saurópodos, los dinosau

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  4. Me contaron que por aquí podría haber un dinosaurio

    02/22/2022

    Me contaron que por aquí podría haber un dinosaurio

    CUENTO Me contaron que aquí podría haber un dinosaurio Etapa 1: Prospección —Ximena, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué tienes toda esta tierra regada en tu cuarto?  —¡Ay mamá, espérate, que me desacomodas todo! Estoy jugando a desenterrar dinosaurios… . DESCARGAR CUENTO EN MP3 ARTÍCULO De dinosaurios platicadores y otras charlas: el rescate del Tlatolophus galorum ¿Te imaginas descubrir un dinosaurio y no encontrar los elementos suficientes para poder describirlo? Eso le pasó a un grupo de investigadores del norte de México. Les costó cinco años, hasta que estuvieron seguros que se trataba de un animal diferente a todos los que se habían encontrado antes en esa región. Cuando por fin pudieron darle un nombre, lo llamaron Tlatolophus galorum, o dinosaurio platicador. Pero no le pusieron así porque platicaba mucho. La razón de este nombre es porque tiene una cresta en la cabeza en forma de coma invertida, como el signo con el cual se representa el habla en los códices mesoamericanos. Pero más adelante nos enfocaremos en él. Ahora vayamos al principio de la historia con una de las investigadoras que trabajaron en su descubrimiento: Felisa Aguilar. De los ajolotes al desierto Cuando era niña en el Valle de México, a Felisa le gustaba pasar los días de lluvia buscando ajolotes en el jardín de la casa de su abuela. Los tesoros que encontraba por aquellos días eran muy distintos a los que se toparía años más tarde a varios kilómetros de donde creció. Su interés se centraba en cómo se desarrollaban los animales, curiosidad que la llevó a estudiar la carrera de Biología en el FES Zaragoza de la UNAM. En el camino, se topó con los fósiles, restos de animales petrificados.  La pequeña Felisa no imaginaba entonces que, muchos años después, se mudaría a Coahuila, para hacerse cargo del proyecto Protección Técnica y Legal del Patrimonio Paleontológico. Como en Coahuila se suelen encontrar muchos fósiles quisieron llevar un registro para atender las denuncias ciudadanas. La gente llama y avisa que vió algo que le llamó la atención y luego mandan a los especialistas a recorrer el lugar y determinar si es un hueso o animal prehistórico, para evitar que el material se pierda.  En la historia de la paleontología de dinosaurios en México no se tenía reportado este tipo de hallazgos, o por lo menos no con la cantidad de vértebras que originalmente habíamos vislumbrado. Felisa Aguilar Dicho proyecto, parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), inició en 2005 e incluía el registro de colecciones de aficionados o de instituciones.  Un año antes Felisa había terminado su maestría en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. La voz de alerta Un buen día José Espinosa, habitante del ejido Guadalupe Alamitos, en el municipio de General Cepeda, llamó para reportar un hallazgo y pedir una opinión técnica. Así inició el descubrimiento del Tlatolophus. Tras la valoración de los restos, elaboraron el proyecto de rescate de la cola de un hadrosaurio, también conocido como dinosaurio pico de pato.  “En la historia de la paleontología de dinosaurios en México no se tenía reportado este tipo de hallazgos, o por lo menos no con la cantidad de vértebras que originalmente habíamos vislumbrado”, dice Felisa. Guadalupe Alamitos, General Cepeda, Coahuila Entonces definieron los objetivos: qué esperaban encontrar y cuáles serían las estrategias. También dónde se iban a hospedar, qué comerían, y dónde estaría el baño. Eso implica ir a hablar previamente con la gente, para saber si el lugar donde van a establecer el campamento está disponible, si cuentan con el presupuesto, si quieren hacer una excavación extensiva para que puedan aprovechar todo el tiempo y no nada más llegar a la primera capa y tener que regresar.  Esta investigación se sostuvo gracias a una red de colaboración entre diferentes instituciones, como el INAH, el municipio de General Cepeda y la sociedad civil, a través de la Oficina de Convenciones y Visitantes de Saltillo, asociación que apoyó con material para hacer la extracción y el molde de la cola. La prospección: el primer paso Al llegar a la localidad empezaron a hacer la prospección, que es una planeación que hacen en el lugar para definir qué se va a excavar.  En esta etapa el equipo de investigación genera algo llamado “propuesta metodológica”, por lo que es muy importante entender cuáles fueron las condiciones y en qué momentos temporales se están ubicando los materiales. “Si encontramos un punto no lo vamos a excavar en ese momento, sino que lo vamos a tapar y en la siguiente temporada vamos hacer una excavación extensiva“. ¿Qué es una excavación extensiva? Es tener claridad de qué van a excavar en los tres niveles: largo, ancho y profundidad. A partir de ahí hay que saber cómo van a registrar la información para la tafonomía, que es la parte de la paleontología que estudia cómo se forman los fósiles. En la tafonomía es muy importante conocer la orientación de los materiales, el tipo de fósiles asociados, el tipo de sedimento, y ubicarlo dentro de todo ese paquete de rocas. Por eso se vuelve indispensable contar en el equipo con alguien experto en geología, para ayudar a hacer la descripción. El vínculo con las comunidades Los sitios no están cercanos a la ciudad. Desde el campamento se suele caminar varios kilómetros. Es una aventura en la que participan muchas personas junto a la comunidad. Los equipos de trabajo en los que ha participado Felisa suelen hospedarse en las localidades, tanto por seguridad como para tener retroalimentación con la gente.  “Yo platico qué es lo que hago e incluso ellos nos cuenten la historia del lugar. Cómo es que llegaron, desde cuántas generaciones viven ahí, qué tipo de actividades hacen e incluso si tienen algún conocimiento de los fósiles”, dice Felisa. “Esto es para quitar la idea de que estamos encontrando tesoros que nos llevamos. Eso también es parte importante en el trabajo de campo. Fomentamos que se haga esta parte social en donde podamos tener una retroalimentación, porque es un constante aprendizaje.”  En esta ocasión, el equipo conformado por la artista plástica Marisol Lara, el maestro René Hernández, el maestro Ángel Ramírez Velasco y el entonces biólogo José Luis Gudiño, acampó en el ejido Presa de San Antonio, en Parras, a cinco kilómetros de la localidad. Ahí, la familia de José Espinosa les proporcionó dos casas.  Tenemos que romper con estos mitos donde nada más el hallazgo es importante. Todo el estudio que va detrás tiene mayor peso que realmente el hallazgo. Felisa Aguilar ¿Cuánto tiempo duran en el campo? Así, pasaron seis semanas en el campo, desenterrando la cola y el cráneo con martillo y cincel. Estos huesos se sacaron con parte de las rocas en las que se encontraban, pues sirven para protegerlo y tener condiciones controladas de humedad, temperatura y presión.  Felisa Aguilar en el campo / Foto: Mauricio Marat Aunque pudiera parecer mucho tiempo, hay campañas que duran hasta dos meses. La duración de las campañas varía, dependiendo del dinero con el que se cuente, del contexto, y de los objetivos que los investigadores planteen. Hay localidades que se pueden estudiar por generaciones.  La preparación de los fósiles Después de desenterrar los huesos del dinosaurio se los llevaron al laboratorio, donde comenzó la parte realmente complicada: limpiar muy bien todo y analizarlo. A esta parte se le llama preparación. “Una fase que muchas veces la gente desconoce porque casi no la divulgamos, y es la que a veces dura bastante tiempo”. Este es el momento en el que se le quita el exceso de sedimento al fósil, con herramientas más finas como cinceles mucho más pequeñitos e instrumentos de dentista. Incluso algunos ácidos débiles.  “Ese es uno de los mitos que tenemos en la paleontología: se piensa que los fósiles están petrificados, que no les pasa nada. Y no es así. Nosotros, al momento de encontrarlos, les quitamos esa capita de protección, cambiamos condiciones de temperatura, humedad, presión y lo que estamos fomentando es una aceleración de la erosión. Queramos o no, los fósiles a final de cuentas también se pueden destruir”. Algo nuevo en el horizonte Venía luego el reto más complicado: conforme se limpiaba el material encontraban estructuras que no aparecían en los artículos científicos publicados. “Cada que platicaba con el maestro Ángel Ramírez, él decía: ¿y ahora, cómo lo voy a describir? Entonces tuvimos que empaparnos con una bibliografía súper especializada para hacer esas descripciones”.   Así pasaron cinco largos años en los que estuvieron armando ese rompecabezas, desde 2014 hasta 2019. Por fin, encontraron que se trataba de una especie única en su tipo.  “Pudimos ver que era un hadrosaurio de los denominados crestados, completamente distinto, y por eso le llamamos Tlatolophus galorum. ‘Lophus‘ para referirnos a esta cresta en latín y ‘Tlato‘ que significa “habla” en náhuatl, por el parecido que tiene en su forma con la vírgula, el glifo con la cual se representa en los códices. Y es por eso que cariñosamente le decimos el hadrosaurio platicador“. Vírgula del habla en el Códice Botulini Así, oficialmente, la especie quedó descrita en la revista Cretaceous Research, del mes de octubre del 2021. Aún hay pendientes Y colorín colorado, esta historia ha terminado… o no. Aún hay muchas cosas que no se saben y que son piezas importantes para seguir armando este rompecabezas llamado Tlatolophus galorum. El cráneo se sigue estudiando, así como sus dientes, con lo que podrían conocer mejor el tipo de dieta que llevaba. O dicho en otras palabras, el tipo de plantas que co

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Los dinosaurios de Coahuila: de la expedición al museo. // Te proponemos un viaje para conocer cuatro dinosaurios coahuilenses. Junto a una niña llamada Ximena y su mamá, los audiocuentos nos llevan de la mano a través de las etapas del proceso paleontológico. Los artículos nos brindan más detalle de la vida y labor de sus investigadores, además de ahondar en las características de cada dinosaurio. // Visita el sitio web en https://www.amonite.com.mx/gigantes-en-el-desierto // Realizado por Amonite en 2022 gracias a una beca para la producción de trabajos periodísticos en temas de ciencia, concedida por la Fundación Gabo y el Instituto Serrapilheira, con el apoyo de la Oficina Regional de Ciencias de la UNESCO para América Latina y el Caribe. // Textos: Jessica Jaramillo Castillo. Ilustraciones: Natalia Luna. Producción de audio: Felipe Perales. Locución: Elena Reyes Castro y Abigail Muñoz Martínez.