Cuando duermo recupero músculo, recompongo hormonas y un montón de sustancias que el cuerpo produce naturalmente. Sólo cuando duermo bien esas sustancias hacen un efecto que se naturaliza, el estar despierto sin sentir sueño ni cansancio ni agobio. Alguna de esas sustancias debe relacionarse con la alegría, porque cuando duermo bien estoy más proclive a la alegría, no sé si al buen humor, el humor es otra cosa. Pero cuando duermo también sueño. Como anoche que soñé con ella y estaba Elena en el sueño y estábamos los tres en un edificio enorme que era como una empresa donde se sostenía una reunión y había mucha madera y mucho mármol y muchos pisos. Luego salíamos los tres caminando y yo pensaba que ella sólo volvería conmigo si yo me hiciera rico. Me desperté completamente abrumado, tomado por el sueño, con una angustia y una tristeza enormes. Lloré un rato, Elena dormía. Agarré un libro y leí un par de horas muy lúcido. Al rato Elena se despertó, sentí que allí empezó el día. Unos minutos antes, en medio de esa turbación, pensé en Elena, en su torpeza para jugar al voley, en el esfuerzo que le pone para jugar bien, pensé en ella cuando era más chica, en su risa, su cuerpito. Me levanté, me hice un mate rico, y le preparé un desayuno. Tostadas de un pan de molde de masa madre conocido como Shokupan, queso crema y mermelada de frambuesas que trajimos de La Cumbrecita y un capuchino. Y empezamos a charlar. Planeando salidas, viajes. Una conversación. Con mi hija podemos conversar. Entonces me di cuenta que el efecto angustiante del sueño se había ido. Ya no había esa resaca que me amenazó durante la mañana, y que pensé que me iba a acompañar todo el fin de semana. Toqué de nuevo la alegría. Con Mito no hablamos mucho. Se instaló una distancia rara entre nosotros, no áspera ni fría, más bien empecé a sentir que no sintonizamos, que no estamos compartiendo frecuencias parecidas. Sin embargo él tiene la hermosa costumbre de contarme que sueña y contarme los sueños con lujo de detalles y los efectos que los sueños dejan en él. Ahora me contó que soñó que íbamos caminando por la calle 54 de Villa Cañás cantando una canción, Candilejas, no conozco esa canción, veo que hay una versión de Roberto Carlos y pienso que puede ser esa la versión que él escuchaba. Me cuenta que Justo cantaba esa canción. Pero también dice que en el sueño, antes de emprender esa caminata, había dos leonas en un lugar, que él no se animaba a acariciar pero pensaba que yo sí. Se despertó llorando diciendo que esa canción nos unía a Justo, a él y a mí en el sueño. Cuando me mandó esos audios no los escuché en el momento, eran tres audios largos, no me molestan los audios largos, al contrario; tengo varias amigas y amigos con quienes intercambiamos audios largos y disfrutamos de esa conversación grabada. Los escuché al día siguiente, con tiempo. Le respondí que es una fortuna poder viajar yéndose, es decir lograr irse cuando se viaja, porque no siempre uno se va cuando se va. Y también por haber soñado de esa manera, haber tocado el inconsciente, navegado por esas tierras sin gobierno. Ahora volví a escuchar esos audios y vi de cerca las leonas, pude estar en esa caminata de noche por esa calle que tantas veces caminamos, pude cantar esa canción que no conozco, pero en su sueño la cantábamos a dúo, y él en su relato lo trae a Justo que sí la cantaba.