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Una breve meditación sobre las lecturas de la misa de cada domingo para ayudarte a vivir el mensaje que Dios tiene para ti.

La Palabra Contemplada JC Moreno

    • Religion & Spirituality
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Una breve meditación sobre las lecturas de la misa de cada domingo para ayudarte a vivir el mensaje que Dios tiene para ti.

    4o. Domingo de Cuaresma-Volveré a la Casa de Mi Padre

    4o. Domingo de Cuaresma-Volveré a la Casa de Mi Padre

     

    En las lecturas de este domingo la Iglesia nos exhorta a la conversión, volviendo a la casa del Padre como lo hizo el hijo pródigo.

    “Celebraron allí la Pascua el día catorce del mes, a la tarde, en los llanos de Jericó.”

    En esta primera lectura para el cuarto domingo de Cuaresma tenemos del libro de Josue esta lectura donde el pueblo de Dios comenzaba a establecerse en la Tierra Prometida, después de cruzar por la aguas del Río Jordán. Así como su liberación comenzó cruzando las aguas del Mar Rojo, aquí termina una vez más cruzando las aguas, esta vez del Río Jordán. Todo esto prefigurando nuestra propia entrada a nuestra salvación, nuestra Tierra Prometida por las aguas bautismales. Con este evento, nos dice la Escritura, se termina la humillación y el oprobio que habían experimentado con la esclavitud en Egipto. Con este evento el pueblo de Dios entra en una nueva etapa en su vida. Se renueva la alianza con Dios celebrando la Pascua (ya anteriormente a este pasaje se había renovado la preparación a la Pascua con la circuncisión de todos los varones), terminando el proceso de formación como nación. ¿Qué mensaje tiene este evento para nosotros? Nosotros hoy en día también hemos sido transformados por las aguas bautismales. Nuestra vida también es un peregrinar hacia la Tierra Prometida. Nosotros también pasamos por pruebas y tentaciones por el desierto de nuestras vidas. Jesús ha venido a mostrarnos que el camino seguro en este peregrinar es siguiendo la voluntad de su Padre. Que esta Cuaresma sea un ejercicio en alejarnos de lo que nos separa da Dios, para poder así nosotros también celebrar gozosamente de la Pascua.

     

    “Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo.” 2 Corintios 5:17

    San Pablo nos enseña que los que estamos en Cristo somos una nueva creación. Seguramente reflexionando en su propia experiencia de conversión, Pablo sabe que el que encuentra a Cristo no puede permanecer el mismo de antes. Así también es con nosotros: prueba de la presencia de Dios en nosotros son los cambios que experimentamos en nuestras vidas. Si nos sentimos como “el hombre viejo,” cayendo en los mismos vicios, los mismos errores, los mismos pecados, lo que necesitamos quizás es renovar nuestra conversión hacia Cristo. Para nosotros la conversión no es cosa de un instante, sino un proceso que dura toda la vida, con un constante peregrinar, paso a paso hacia la casa del Padre. “Todo es nuevo,” nos dice San Pablo, y es que con la Encarnación de Jesús, con Dios “poniendo su tienda entre nosotros,” se ha efectuado un cambio radical en nuestra situación. San Juan Crisantemo nos dice algo muy a propósito de las lecturas de hoy: con Jesús, en lugar de un templo material hemos visto un templo espiritual. En lugar de tablas de piedra que sostienen la ley divina, nuestros propios cuerpos se han convertido en el santuario del Espíritu Santo. En lugar de la circuncisión: el bautismo. En lugar del maná: la Eucaristía. En lugar del agua de una roca: sangre y agua de su costad. En lugar de Moisés o la vara de Aaron: la cruz del salvador. En lugar de la Tierra Prometida, el Reino de los Cielos. Así vemos como en Jesús todo es transformado. Que Él mismo transforme nuestras vidas en esta Cuaresma.

     

    “Traigan el mejor vestido y vístanlo, pónganle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies.” Lucas 15:22

    Dios es amor, y Él busca siempre llenarnos de su amor, su perdón y su misericordia. Esto lo vemos maravillosamente ilustrado en el pasaje para el evangelio de este domingo, conocido como “la Parábola del Hijo Prodigo.” En esta parábola nosotros somos representados por el hijo, rechazando a su padre y saliendo de su casa hacia un país extraño. Nosotros también hemos rechazado al Padre, y hemos preferido seguir nuestra en lugar de seguir los preceptos de Dios. Hemos preferido una vida donde hemos desperdiciado

    • 16 min
    La zarza que ardía y no se consumía-3er Domingo de Cuaresma

    La zarza que ardía y no se consumía-3er Domingo de Cuaresma

    En este domingo continuamos nuestra preparación cuaresmal. Las lecturas nos presentan la revelación de un Dios que nos ama y quiere que le conozcamos en el pasaje de la zarza que ardía y no se consumía. En el Evangelio Jesús nos exhorta a la conversión que brinde frutos.

    “Esto les dirás a los israelitas: ‘Yo-soy me envía a ustedes’». Exódo 3:14

    En la primera lectura de este domingo tenemos el importantísimo pasaje de la zarza que ardía, pero no se consumía. Dios se manifiesta con el fuego, y esto es muy apropiado, ya que de cierta manera el fuego es, de entre los materiales que existe, el que es “menos material.” El fuego nos revela un poco de la brillantez de la gloria de Dios. Hay interpretes que ven en este evento una prefiguración de Jesús, que en su ardiente divinidad habitaría en la zarza de la humanidad, sin consumirla. Ante el llamado de Dios, Moisés responde con prontitud y con una abierta disposición: “aquí estoy;” aunque después tendría objeciones cuando Dios lo manda ante el faraón y dice: “no se hablar…”La presencia de Dios santifica la tierra, por eso Moisés se quita las sandalias. Dios se presenta recordando la historia de la salvación y las promesas hechas a los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. El siguiente versículo “he visto la aflicción de mi pueblo” nos muestra el amor y la misericordia de Dios que se preocupa por nosotros. Esto me parece uno de los mensajes más importantes de este pasaje: Dios es un Dios bondadoso que se nos revela, que quiere que le conozcamos. No se mantiene escondido, oculto, sino que quiere que le conozcamos, que le sirvamos, que le amemos. Dios nos ama, y tiene una misión para nosotros, una misión que siempre se desenvuelve en el amor. Esta misión se vive entonces en esta vocación que Dios nos tiene a todos y cada uno de nosotros. Si no sabes cuál es tu vocación, entra en oración y pídele a Dios que te la descubra, para que puedas decir con Moisés: ¡aquí estoy Señor!

    «Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga.» 1 Corintios 10:12

    Las palabras de San Pablo en la segunda lectura de este domingo tienen un gran mensaje que también van dirigidas para nosotros. El apóstol nos pone de ejemplo los grandes eventos del Éxodo de Egipto, donde Dios mostró a su pueblo su poder salvador. Pablo les recuerda de la presencia de la nube que los guió por el desierto, el mar que se partió permitiendo su paso, el maná que Dios les mandó para saciar su hambre, y las fuentes de agua con las que apagaron su sed. Con todos estos eventos maravillosos Dios les mostró la grandeza de su amor. Pero aun así muchos rechazaron a Dios, y perecieron. Así como en aquel entonces muchos de los hebreos murieron aunque iban acompañados de Dios, y presenciaron sus prodigios en el desierto, así también nosotros no podemos confiarnos de que tenemos la gracia de Dios porque vamos a Misa todos los domingos, o porque voy a congresos, o a grupos de oración. Debemos cuidarnos de no creernos ya salvos y caer. En esta Cuaresma Dios nos llama una vez a volvernos hacia Él y no mirar hacia atrás.

    «Piensan que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? – Lucas 13:5

    En el evangelio Jesús desmiente una creencia que muchas veces tenemos nosotros cuando pensamos que cosas malas les suceden a la gente por haber hecho algo malo ellas también. Nos dice Jesús: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos?” – No, no es el caso. Todos somos pecadores, y todos en realidad mereceríamos eso y más por nuestros pecados. Pero Jesús ha venido a salvarnos de ese destino. Con su muerte nos ha salvado, y nos ha abierto las puertas del cielo, pero necesitamos arrepentirnos de nuestros pecados. La gracia de Dios no puede actuar si no le damos la entrada en nuestras vidas con el arrepentimiento. El enfermo que se cree sano y no toma la medicina,

    • 14 min
    «Éste es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo»-2o. Domingo de Cuaresma

    «Éste es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo»-2o. Domingo de Cuaresma

    «Mira el cielo y cuenta las estrellas, si puedes»… «Así será tu descendencia.” – Genesis 15:5

    Continuamos nuestro camino de preparación a la Pascua, y este domingo la primera lectura es de central importancia para la historia de la salvación. En este pasaje del libro de Génesis vemos cosas tan importantes como la promesa de Dios a Abrahám de una descendencia numerosa, la promesa de una tierra que sería su heredad, y una manifestación de la presencia de Dios. Para nosotros estas promesas se ven cumplidas en los numerosos miembros de su Iglesia. Nosotros los cristianos contamos a Abraham como nuestro padre espiritual al haber recibido estas promesas que se cumplen en Jesucristo. La promesa de una tierra prometida es para nosotros figura de nuestra patria celestial que Jesucristo nos da por su muerte y Resurrección. Así como Dios se hace presente a Abraham, Jesúcristo verdadero Dios nos trae la presencia divina entre nosotros. La Transfiguración que contemplamos en el evangelio de este domingo es un breve anticipo donde Jesús nos revela su gloria divina. Esta Cuaresma es un tiempo propicio para que al igual que Abraham nosotros podamos practicar nuestra confianza en las promesas de nuestro Dios. ¿Qué nos promete? La vida eterna en Jesucristo su Hijo, salvador y redentor nuestro.

    “El Señor es mi luz y mi salvación.” – Salmo 26:1a

    La meta de nuestras vidas es llegar a la comunión eterna con Dios. Hacia esta meta final Dios mismo nos ayuda y va guiando nuestro caminar. Estas dos cosas es lo que proclama el salmista este domingo cuando nos invita a cantar: “el Señor es mi luz y mi salvación.” Dios nos da la luz que nos guía por los caminos de oscuridad del mundo. Él nos protege de los peligros así como protegió a su siervo David cuando era perseguido por las fuerzas del rey Saúl. Este salmo es una invitación a reconocer la presencia de Dios, sabiendo que Él está siempre cerca de sus elegidos. Sabiendo que Dios está cerca a nosotros podemos clamar “¡ten piedad de mí, respóndeme! Esto no es grito de desesperación, sino de fe y confianza en Dios, al saberlo cerca a nosotros y creer en fe que sólo Él nos puede salvar. Que esta temporada de Cuaresma sea una ocasión de callar un poco el ruido de nuestra vida, para así poder escuchar la voz de Dios que nos llama a convertirnos hacia Él.

    “Hermanos, sean imitadores míos, y fíjense en los que viven según el modelo que tienen en nosotros.” – Filipenses 3:17

    Una de las alegrías con la contamos los católicos es el de poder contar con el testimonio de vida de los santos, cuyas vidas nos muestran como se puede responder a la gracia de Dios, y vivir de acuerdo a su voluntad en nuestro propio entorno. Sus vidas nos instruyen y son modelos para nosotros. Ha habido santos, como san Ignacio de Loyola, que se convierten a Cristo precisamente leyendo las vidas de otros santos. Así san Pablo nos exhorta a ser imitadores suyos, y a imitar también las acciones de otros fieles convertidos a Cristo. Esto es propio porque el que se decide seguir a Cristo es alguien que se parece a él. El fiel cristiano comparte incluso la brillantez de Cristo, cuyo fulgor vieron los discípulos en la Transfiguración. En contraste, san Pablo nos menciona a los que viven sólo para sí mismos, actuando no de acuerdo a la voluntad De Dios, sino siguiendo sus apetitos, haciendo de su vientre su propio dios. Que esta lectura nos recuerde que tenemos en los santos modelos a seguir para ser como Cristo, alcanzar así con seguridad la corona del cielo.



    “Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo.” – Lucas 9:35

    El evento de la Transfiguración que meditamos este segundo domingo de Cuaresma lo podemos entender como un fugaz anticipo de la Pascua.  Tenemos que leerlo en el contexto de las dos predicciones de la Pasión que se encuentran antes y después de este pasaje.  No hay gloria si no hay cruz.  Aparecen en la escena Moisés y Elías,

    • 17 min
    «No tentarás al Señor, tu Dios»- 1er Domingo de Cuaresma

    «No tentarás al Señor, tu Dios»- 1er Domingo de Cuaresma

     

    “…ahora yo traigo aquí las primicias de la tierra que tú, Señor, me has dado.” – Deuteronomio 26:10

    En la primera lectura vemos la descripción de la ceremonia del ofrecimiento del sacrificio de los primeros frutos que el pueblo de Dios ofrecería al llegar a la Tierra Prometida.  Este sacrificio se realizaba en reconocimiento del dominio de Dios sobre la creación; de cierta manera devolviéndole a Dios lo que le pertenece.  Este reconocimiento de los primeros frutos de la cosecha, los animales y los hijos tiene como propósito el condicionar al pueblo de Dios a poner a su Señor como primero ante todo.  Este propósito forma gran parte de lo que la Iglesia nos invita a nosotros hoy en día a vivir en esta Cuaresma: re-orientar nuestra vida para que Dios sea nuestro primer pensamiento, nuestro Sumo Bien, nuestro todo.  Esta re-orientación la realizamos no sólo con buenos deseos, sino apoyados de los pilares del ayuno, la oración y la limosna. Re-orientamos nuestra vida entera, sin guardarnos nada. Nuestras relaciones, nuestro trabajo, nuestro dinero, nuestra sexualidad, todo lo volvemos al servicio del Señor, sin guardarnos nada. Hacer esto es una forma de agradecimiento a Dios por su bondad con nosotros. Que Dios nos ayude en esta Cuaresma a tener una actitud de agradecimiento, y volver todo nuestro ser hacia Él.

    “En efecto, hay que creer con el corazón para alcanzar la santidad” – Romanos 10:10

    En la segunda lectura san Pablo nos exhorta a profesar con la boca lo que creemos con el corazón.  No nos equivoquemos al pensar que creer con el corazón expresa un tierno, pero difuso sentimiento; para la gente en tiempos de Pablo, el corazón es centro vital.  Decir que uno siente con el corazón envuelve el sentir con una convicción que envuelve todo nuestro ser. La fe que con el corazón creemos necesita una expresión exterior.  Por eso nosotros los católicos expresamos nuestra fe con todos los sentidos: cantamos, peregrinamos, alzamos las manos, usamos colores, incienso, etc.  Por eso en la Cuaresma se nos imponen cenizas como signo exterior de nuestro arrepentimiento interior.  En este pasaje vemos la razón de ser de la Iglesia: el proclamar la Buena Nueva de Jesucristo a manera de que llegue este mensaje a nuestra corazón y podamos así confesar que Jesús es el Señor.  Decir que Jesús es el Señor significa que Jesús es Dios.  Decir que Jesús es Dios expresa nuestra fe trinitaria, y significa que con su muerte nos trae la salvación.  ¿De qué nos salva Jesús? Del pecado y  de la consecuencia del pecado, que es la muerte.  ¿Has sido salvado alguna vez de hacer un trabajo, o de pagar algún castigo? ¿Cómo te sentiste? Con un gran alivio, y seguramente agradecido.  ¿Y cómo te sientes al saber que Jesús te salvó del abismo de la muerte? Que nuestra respuesta a su salvación sea vivir siempre en agradecimiento.

     

    “…Se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio.” – Lucas 4:2-3

    En el evangelio de este domingo Lucas nos describe las tentaciones de Jesús en el desierto, el último episodio antes de que comience el ministerio público de Jesús.  Este pasaje contiene una gran riqueza de significado que nunca terminaremos de sondear, y por tanto, te invito a que leas este pasaje una y otra vez esta semana para que Dios te vaya iluminando mas sobre su significado.  Jesús al pasar por estas tentaciones quiere demostrarnos como nosotros podemos resistir las tentaciones también. El desierto en la Biblia es un lugar de peligro, donde habitan bestias salvajes. El numero cuarenta evoca los cuarenta años de prueba que el pueblo de Dios paso, también en el desierto al salir de Egipto. A diferencia del pueblo de Dios, que cayó en la tentación al quejarse por el hambre y la sed, y cayó también en la idolatría, aquí Jesús pone su confianza en Dios, y por su fidelidad a la voluntad del Padre, sale triunfa

    • 16 min
    ¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego?-8o. Domingo Ordinario

    ¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego?-8o. Domingo Ordinario

    “Al agitar el cernidor, aparecen las basuras; en la discusión aparecen los defectos del hombre.” Eclesiástico 27-4

    La primera lectura de este octavo domingo del tiempo ordinario hacer referencia a varios tipos de pruebas. La mejor medida del carácter de alguien es ver cómo responde ante las pruebas. Así como al agitar el colador quedan en él las basuras no deseadas, al probar a alguien en su manera de hablar se descubren sus defectos. Nuestras palabras revelan el interior de nuestro corazón, y dejan al descubierto nuestro pensar, o nuestra falta de pensar. Así como el fuego pone a prueba la calidad de la vasija de barro, así el consejo del hombre demuestra su entereza. Finalmente, así como el fruto del árbol revela la calidad del mismo, las acciones del hombre nos dicen si el hombre es malo o bueno. Ya sabemos de parte de Jesucristo su opinión sobre lo que se tiene que hacer con un árbol que no brinda buenos frutos: hay que cortarlo. De la misma manera, Dios cortará de su presencia a aquél que por su maldad no haya dado frutos de conversión. Que Dios nos dé el discernimiento para poder evaluar las palabras y acciones de las personas, para aprender de ellas si son buenas, o llamarlas a la conversión si no llegan a la medida de Dios.

    ¡Qué bueno es darte gracias, Señor! Salmo – (cf. 91:2a)

    La gratitud del ser humano es una disposición que agrada a Dios, y este domingo el salmista nos repite este mensaje: “¡Qué bueno es darte gracias, Dios altísimo.” De acuerdo a la introducción al salmo, este himno de agradecimiento es para realizarse durante el sábado, el día original del Señor. El salmista da gracias a Dios en canto, usando instrumentos musicales, buscando la mejor manera de ofrecer su alabanza a Dios. El salmista nos describe la manera en que el justo prospera: alto como una palma, fuerte como un cedro. Así sucede con los que creen en Dios – cada vez se parecen más a Él. En unos versículos no incluidos en la liturgia, el salmista nos describe al malvado también floreciendo, pero no de manera majestuosa como el bueno, sino de una manera burda, como la hierba. Esta hierba solo estorba, erosionando el suelo y trayendo malestar a la tierra. El justo, sin embargo, es fuente de abundante fruto, aun en su vejez, como nos dice el salmista. Que el Señor nos conceda en su gracia el tener siempre una actitud de agradecimiento en nuestro corazón, reconociendo la grandeza de sus obras.

     

    “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?” – 1 Corintios 15:55

    La Resurrección de Jesús es el centro de la esperanza cristiana, y san Pablo se ocupó de predicar y explicar su magnitud. En la segunda lectura de los últimos tres domingos la Iglesia nos ha presentado para nuestra reflexión, edificación, y crecimiento en la fe pasajes tomados del capitulo 15 de la Primera Carta a los Corintios. En este capítulo Pablo defiende el evento de la Resurrección como algo comprobable por el hecho del testimonio de los discípulos de Jesús, y muchas personas más. Por eso él, y los demás discípulos predican a Jesús resucitado. En este domingo, su enseñanza sobre la resurrección llega a su cúlmen. La Resurrección implica una transformación. Por la Resurrección de Cristo, el ser humano tiene la esperanza de la vida eterna. La naturaleza humana comparte de la incorruptibilidad de Cristo. La muerte ha sido vencida por Cristo, y no tiene la última palabra sobre nosotros. Esta esperanza nos da el aliento para seguir adelante en la vida, a pesar de toda prueba. Reforzados en la fe, Pablo nos exhorta a estar firmes y siempre progresando en la obra del Señor. Que Dios por su gracia nos conceda el mantenernos seguros en nuestra fe.

    “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego?” – Lucas 6:39

    El texto del evangelio de este domingo forma parte del mensaje de las Bienaventuranzas que escuchamos la semana pasada. Como tal, debemos considerarlo como parte de la e

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    Amen a sus enemigos-7o Domingo Ordinario

    Amen a sus enemigos-7o Domingo Ordinario

    “El Señor le dará a cada uno según su justicia y su lealtad” – 1 Samuel 26:23

    El hombre justo sigue la voluntad de Dios, y el rey David en la primera lectura de este domingo se muestra como alguien que vive y piensa “según el corazón de Dios.” David en este pasaje se niega a tomar la oportunidad de matar a Saúl, aun a pesar de haber sido perseguido sin piedad por él, quien por envidia buscaba matarle. Con esto, David se muestra fiel a las promesas de Dios, y no busca tomar la vida de Saúl, quien aun a pesar de sus faltas, había sido ungido por Dios. David es un hombre de fe y sabe que no le corresponde a él hacer pagar a Saúl por sus acciones, más bien sufre pacientemente sus agravios. Por estas razones David es modelo para nosotros. ¿Cuántas veces nosotros tomamos la oportunidad de tomar ventaja de alguien cuando está en una posición de debilidad? ¿Cuántas veces nos vengamos de los que nos han causado daño? David confía en el Señor y es paciente sabiendo que él le hará justicia. Oremos para Dios nos conceda imitar a David y actuar siempre de acuerdo a su voluntad.

    “El Señor es compasivo y misericordioso.” – Salmo 102:8a

    Alabar y bendecir a Dios es un gran privilegio que tenemos nosotros sus criaturas. El bendecir su nombre atrae hacia nosotros la bendición de Dios. Este es uno de los beneficios que Dios nos da, entre los numerosos y grandes beneficios de la creación y la vida que nos da. Dios nos da su bendición, su cuidado, su gracia. Los versículos esocogidos para este domingo enumeran como dones de su bendición el perdón de los pecados, y la restauración a la vida. Entre todos los beneficios con que Dios nos mostró su amor misericordioso están estos dos: el perdón y la vida. Tanto nos amó Dios que nos mandó a su Hijo único para salvarnos. Jesús nació por nosotros, para traernos el perdón y darnos una nueva vida en libertad. Por eso el salmista se desborda de agradecimiento e inspirado por el Espiritu Santo nos deja de manera bellísima la descripción de Dios como “clemente y compasivo, lento a la cólera y lleno de amor.” Que diferente a nosotros, que con frecuencia somos precisamente lo contrario. Llenos de su amor, roguemos para que día a día podamos parecernos más a nuestro Dios misericordioso.



    El primer hombre, hecho de tierra, es terreno; el segundo viene del cielo. – 1 Corintios 15:48

    La Resurrección de Jesús es el evento central de nuestra fe. El domingo pasado escuchamos la enseñanza de San Pablo, quien nos dijo: “si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, y vana es su fe” (1 Corintios 15:16). Ahora en la segunda lectura de este domingo, San Pablo nos habla de Adán, el prototipo, y Jesús, el segundo Adán, como el cumplimiento. Somos miembros de la familia humana, y pertenecemos a Adán al nacer, pero espiritualmente hablando, somos de Cristo, pues en él hemos renacido a una nueva vida de gracia por el Bautismo. Si no conocemos a Cristo, nos quedamos con lo de este mundo, con lo que es sólo terrenal. Al conocer a Cristo, tenemos abiertas las puertas del cielo. Jesucristo, nos dice San Pablo, es primogénito en todo. Él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia. Esto significa que al resucitar él, entonces también nosotros resucitaremos. Que quede claro, este argumento no significa que el espíritu es bueno y la carne es mala. Lo que resucita es la carne. El ser humano en su resurrección es restaurado al plan original de Dios. Que Él por su gracia nos guíe a un mejor entendimiento y anhelo de su segunda venida, para vivir siempre en su compañía.

    Amen a sus enemigos, hagan bien a los que los odien, – Lucas 6:27b

    En el evangelio de este domingo Lucas el evangelista nos muestra varias de las enseñanzas de Jesús que demuestran que él no es maestro ordinario, y que va más allá de las enseñanzas de otros. Jesús nos llama a amar, no sólo al que nos ama, sino incluso a nuestros enemigos, buscando hacerle bie

    • 18 min

Customer Reviews

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14 Ratings

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Eli0798 ,

La Palabra Contemplada

Buena preparación antes de ir a misa cada domingo.

ICSanchez45 ,

Excelente

Muy buenas reflexiones para crecer en tu fe!

Jcm987 ,

Del Productor

Una gracia el poder compartir con ustedes una breve reflexion de las lecturas de cada domingo. Espero sean una fuente de gracia y crecimiento para ti que buscar encontrarte con Jesús en la Eucaristía.
JC Moreno

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