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Una breve meditación sobre las lecturas de la misa de cada domingo para ayudarte a vivir el mensaje que Dios tiene para ti.

La Palabra Contemplada JC Moreno

    • Religion & Spirituality
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Una breve meditación sobre las lecturas de la misa de cada domingo para ayudarte a vivir el mensaje que Dios tiene para ti.

    María, fiel discípula-4o.Domingo de Adviento

    María, fiel discípula-4o.Domingo de Adviento

    En este ultimo domingo de Adviento, el Evangelio nos apunta hacia nuestra madre María, en su papel como fiel discípula de Jesús, comunicando la alegría de la  venida del Señor a su parienta Isabel

    «De ti, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel”

    En la primera lectura de este cuarto domingo de Adviento, el profeta Miqueas nos escribe que aunque Belén es de las más pequeñas de las aldeas, de ahi saldría un rey de Israel. Los habitantes de Belén procedían de Efratá, en la tribu de Benjamín, al norte de Jerusalén. De ahí que el profeta puntualice Belén de Efratá, quizás para distinguirlo de otro pueblo con el mismo nombre. A pesar de su poca importancia y su pequeñez, de Belén saldría un gran jefe. Y esto nos demuestra una de las más grandes paradojas de Dios, porque Dios trabaja de manera diferente que nosotros. El salvador vendría de un lugar humilde, de manera silenciosa, que pasa desapercibido a los ojos del mundo. Los ojos del mundo lo buscaban en los ricos, en los poderosos. Vemos en el evangelio de Mateo cómo la gente de Jerusalén se ven sorprendidos ante la noticia de los reyes magos de que había nacido un gran rey. Nuestro Dios es un Dios que ama a los pobres, a los humildes, como nos dice la virgen Maria en su cántico de Magníficat: el enaltece a los humildes y humilla a los poderosos.

     

    “Aquí estoy, Dios mío; vengo para hacer tu voluntad.” – Hebreos 10:7

    Con la celebración de la navidad ya muy cerca, seguramente has estado ocupado o ocupada en obtener algunos regalos para tus seres queridos. Alguna vez te has preguntado, ¿qué regalo le puedo dar a Dios? ¿Qué le podemos dar nosotros a Dios, que todo lo tiene? Si nos detenemos a pensarlo, quizás podríamos llegar a la conclusión que lo único que le podemos dar es nuestro propio ser. Esto es, en otras palabras, lo que nos enseña el autor de la Carta a los Hebreos en la segunda lectura de este domingo. Lo que Dios quiere no son ni holocaustos ni sacrificios, sino nuestra voluntad completamente conformada a la suya. Los antiguos también habían llegado a la misma conclusión, que se tenía que ofrecer lo más valioso a Dios. En la oscuridad del pecado optaron por hacer sacrificios humanos, que Dios corrigió en su revelación para el pueblo De Dios. A ellos Dios les mandó a hacer sacrificios, pero de animales. Finalmente, Jesucristo nos revela que todo esto llega a su culmen en su único sacrificio. Él nos revela que lo que Dios quiere es el sacrificio, no de nuestra vida mortal, sino de nuestra voluntad. En estos días de preparación, tomemos el propósito de entregar nuestra voluntad completamente a Dios.

    ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! – Lucas 1:42

    En nuestra fe honramos de manera especial a la Virgen María. La Iglesia reconoce el lugar privilegiado que tiene ella en nuestra redención. Ella fue escogida para albergar en su seno al tan esperado Mesías. Su “fíat” – su respuesta “hágase en mí según tu palabra” desencadena la historia de la salvación. Al nosotros profesar en fe que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre también reconocemos a María como Madre de Dios. Para prepararla para esta misión, y por los méritos de su hijo, Dios le concede a María el singular don de ser concebida sin la mancha de pecado original, lo que celebramos en la Inmaculada Concepción. En el evangelio de este domingo tenemos dos expresiones que apoyan estas verdades de nuestra fe. Primero, Isabel la llama “bendita entre las mujeres.” Como es bendito su hijo, ella es también lo es. La otra expresión: “¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?” contiene la realidad de la maternidad divina de María. En estos días de preparación para la navidad, imitemos la fe y la humildad de María, que con su propia fe le dio paso a la venida de nuestro salvador.

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    • 12 min
    Preparen el Camino del Señor-2o. Domingo de Adviento

    Preparen el Camino del Señor-2o. Domingo de Adviento

    “Porque Dios conducirá a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su misericordia y su justicia.” – Baruc 5:9

    La primera lectura es del profeta Baruc, quien era el “secretario” de Jeremías, y paso entonces por muchos de los sufrimientos de los sufrió también Jeremías. Aquí en el quinto capitulo nos describe la alegría que se desbordaría con el regreso de los exiliados a Jerusalén. Se acabó la tristeza, fuera ya las vestimentas de aflicción, los sacos penitenciales, para ahora vestirse con los vestidos de gala! Se revisten de justicia, con su liberación se les ha hecho justicia, y hay paz traída por la justicia. En el v. 5 se le invita a toda Jerusalén a salir a recibir a sus hijos. Salieron exiliados a pie, pero ahora regresan en gloria, montados en un baldaquino (trono móvil, como el que usaba el papa antes). Hasta la tierra misma facilita este proceso: el monte se rebaja, y arboles salen a darles sombra. Este es el mismo gozo que hay en el cielo cuando “regresan” a la amistad con Dios los pecadores. Y esto es posible con la venida de Jesús, evento que nos estamos preparando a celebrar.

    “Y lo que pido en mi oración es que su amor crezca cada vez más en conocimiento y toda experiencia” – Filipenses 1:9

    En la segunda lectura, San Pablo nos muestra ese cariño y esa preocupación que siempre tuvo para las Iglesias que había fundado. Desde el momento de su conversión, su única preocupación fue eso que nos habla en la segunda lectura: difundir el Evangelio. Esto es un tópico bastante corriente el día de hoy donde el santo padre Benedicto XVI nos llama a entregarnos a esta nueva Evangelización, que no es sino lo mismo que hacia Pablo aquel entonces: proclamar la Buena Nueva, la razón de nuestra esperanza que es Jesús, enviado por el Padre para nuestra salvación. Nos dice san Pablo que reza para que la obra que fue empezada fuera completada, y es que esto es un proceso para la mayoría de nosotros: a diferencia de san Pablo que recibe la gracia de una conversión inmediata, para nosotros es un proceso de poco a poco acercarnos al Señor. Por eso en otras cartas Pablo se refiere a este proceso de conversión como una carrera. La Nueva Evangelización comienza con nosotros, con el mirar interiormente nuestro corazón y discernir en que estado se encuentra nuestra relación con Dios.El Evangelio de este domingo se ocupa por entero de la figura de Juan el Bautista. Desde el momento de su nacimiento, Juan el Bautista fue saludado por su padre Zacarías como profeta: «Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos» (Lc 1, 76).

    “Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas” – Lucas 3:4

    El Evangelio nos habla de Juan el Bautista, que es el último profeta del Antiguo Testamento, del periodo antes de la llegada de Cristo. Llamado «el mayor de los profetas» por Lucas (Lc 7:28). Es profeta del molde de los profetas antiguos, predicando contra la opresión y contra la injusticia. Como de costumbre, Lucas nos muestra en este pasaje que la manera en que obra Dios es muy diferente a la manera de obrar de los hombres. Lucas nos da una lista de los gobernantes, de las personas de influencia y de poder en ese entonces. Sin embargo, Dios no se manifiesta a ellos, sino que «Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.» Dios no elige a algún rey o persona importante para dirigirle la Buena Nueva, sino a un desconocido profeta que, haciendo a un lado el velo que nos da el mundo, nos apunta hacia Jesús, el «Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.» Así como el profeta, debemos de mantener las dos cosas juntas: el compromiso con la justicia social, y el anuncio del Evangelio. El Evangelio de Cristo debe llevarnos a luchar por los desamparados, para así hacer nuestra parta para que se establezca el reinado de Dios en la tierra, y así «todos los hombres verán la Salvac

    • 16 min
    Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

    Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

    “Y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían.”- Daniel 7:14

    La primera lectura nos ofrece la visión mesiánica del profeta Daniel donde ve esta figura, llamado “uno como Hijo del hombre,” que venía de las nubes. Esta expresión viene del hebreo Bar-‘enash – y puede en primera instancia significar mortal, ser humano, uno que comparte las limitaciones del ser humano. En segunda instancia, aquí en el profeta Daniel, “hijo del hombre” es un título identificado con el mesías, quien sería exaltado, con las prerrogativas reservadas para Dios, como lo son el poder, el honor, el reinado. En los escritos de Daniel el mesías es quien revela la sabiduría de Dios, y con su poder derrotaría a los enemigos de Dios. Jesús a través de su ministerio usa este título para referirse a sí mismo, a veces con el primer significado, a veces con el aspecto mesiánico y divino. Nuestro Señor, como nos enseña nuestra fe, es verdadero Dios, y verdadero hombre. En estos días en que termina el año litúrgico, la Iglesia nos recuerda que todo llega a su fin en Cristo: el verdadero rey del universo.

    “Ha hecho de nosotros un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre.” – Apocalipsis 1:6a

    En este domingo termina el año litúrgico, y las lecturas de la misa se concentran en enseñarnos que Jesucristo es rey del universo. Jesús es el principio y fin de todas las cosas, el alfa, y el omega. Todo fue creado por él, y para él. Así como terminamos el año litúrgico proclamándolo rey, también la naturaleza misma lo proclamará rey al final de los tiempos. Esta verdad de nuestra fe implica que los que seguimos a Jesucristo somos hijos de Dios, y compartimos entonces este carácter real. Desde que se formó un pueblo para sí, Dios lo constituyó como un reino de sacerdotes. Ahora en Jesucristo por igual, se nos ha consagrado por nuestro bautismo como sacerdotes, profetas, y reyes. Como hijos del rey, compartimos este linaje real. ¿Qué significa esto para nosotros? Significa que amamos al rey, y a nuestros hermanos quien tienen todos esta misma dignidad de ser creados a imagen y semejanza De Dios. Significa que seguimos las leyes que proclama el rey y proclamamos con nuestras vidas la bondad y misericordia de su palabra. Significa que todo lo que hacemos, lo hacemos con vistas a construir el Reino De Dios en la tierra. Que esta celebración nos sirva de recuerdo de nuestra naturaleza real, y nuestro llamado a vivir nuestras vidas de acuerdo a esta naturaleza.

    “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” – Juan 18:37

    En el evangelio vemos este pasaje de la pasión de Jesús donde claramente vemos la naturaleza de Jesús como rey. No un rey en la expectativa humana, sino un rey celestial. El catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que el verdadero significado de su reinado no se revela sino hasta su pasión y muerte en la cruz. Solamente después de la Resurrección es que Pedro puede proclamar: “sepan pues con certeza todo el pueblo de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a ese Jesús a quien ustedes han crucificado,” como leemos en el libro de Hechos, capítulo 2. Por eso Jesús rechaza los intentos de ser proclamado como rey por la gente, ya que ellos no entendían todavía la verdadera naturaleza de su reinado. Su reinado no es de este mundo. El reinado de Cristo es la acción salvadora de Dios que no alcanzará su plenitud hasta la segunda venida de Cristo. Jesús nos dijo que él vino a dar testimonio de la verdad. Tenemos que tomar esta decisión, ¿Jesús es la verdad o no? En estos días en que termina el año litúrgico y pronto empezamos a prepararnos para la venida de Jesús en la navidad, tenemos que examinar nuestras vidas: estamos viviendo coherentemente dando testimonio de la verdad, o estamos viviendo como alguien que no conoce a Dios.

    Lecturas de este domingo: https://bible.usccb.

    • 13 min
    El Hijo del Hombre Vendrá Sobre las Nubes-33er. Domingo Ordinario

    El Hijo del Hombre Vendrá Sobre las Nubes-33er. Domingo Ordinario

     



    Serán tiempos difíciles como no los habrá habido desde que existen las naciones hasta ese momento.



    Con el fin del año litúrgico ya cera de nosotros, la Iglesia dirige nuestra reflexión hacia el final de los tiempos. Tiempos turbulentos, sí, pero el tiempo de la segunda venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo también. En la primera lectura, el profeta Daniel ve un destello de lo que serían aquellos días finales. En estos días de grandes tribulaciones el arcángel Miguel, que aquí se muestra como el protector de Israel, que acompañaría al pueblo de Dios. Daniel atestigua, de una manera quizás incompleta, lo que a nosotros ha sido revelado en plenitud y que proclamamos en fe cada domingo: la resurrección de los muertos al final de los tiempos. La Resurrección, junto con el juicio final a donde iremos a nuestro destino: unos a la felicidad eterna, otros al castigo eterno. Reflexionar sobre el fin de los tiempos no debe ser causa de preocupación, sino de esperanza. Con la segunda venida de Jesucristo viene el fin de todo mal en el mundo. Para los que creemos en Cristo, su venida nos traerá la salvación. Renovemos nuestra esperanza en esta espera en que nos encontramos, para que nuestro Señor nos encuentre listos para recibirle.

     

    Tú no me abandonarás a la muerte ni dejarás que sufra yo la corrupción

    Las lecturas de este domingo ciertamente ofrecen un tono de esperanza. En la primera lectura, Dios trae la salvación después de las tribulaciones. En el evangelio por igual Jesús, en esta imagen del Hijo del hombre, bajará del cielo en gloria después de un periodo donde la naturaleza misma se estremecerá. El salmista también comparte esta esperanza, con una fe en un Dios que no lo abandonará a la muerte, sino que más bien le enseña el camino de la vida. Esta es la esperanza del cristiano: la de una nueva vida en Él quien ha vencido a la muerte. Jesús experimentó el sufrimiento y la tribulación humana, pero resucitó al tercer día. Esto nos enseña que la vida eterna es el destino que nos espera para los que creemos en él. Para nosotros que hemos sido bautizados, junto con la gracia santificante que recibimos como don de Dios, también fuimos elevados a la dignidad de convertirnos en hijos adoptivos de Dios. Como hijos de Dios, Él mismo es nuestra herencia. Por eso vivimos llenos de esperanza al saber que nuestro padre Dios no nos abandona, sino que busca nuestra salvación.

     

    Así también ustedes, cuando vean que sucede esto, sepan que Él está cerca, a las puertas.

    El evangelio de este domingo nos exhorta a saber reconocer los signos de los tiempos. “Aprendan de la higuera, que cuando sus ramas están tiernas y con brotes, significa que el verano se acerca.” Esto se puede aplicar de muchas maneras a nuestras vidas . ¿Te sientes cansado? Examina tu vida, quizás estás tomando muchas responsabilidades. Si vives lleno de ansiedades, voltea hacia el Señor, y entrégale tus preocupaciones. De manera general, nosotros los cristianos estamos llamados a estar preparados, y en los versículos inmediatamente después de esta lectura, Jesús enseña a sus discípulos cual debe ser su actitud: “estén atentos y vigilen,” “no saben cuando viene el dueño de la casa,” “¡velen!” Nosotros no podemos vivir como si el mundo fuera eterno. Nuestra experiencia esta rodeada de constantes recordatorios de que la muerte existe, y la ciencia misma en sus investigaciones propone que nuestro universo llegará alguna día a su fin. La Iglesia repite la enseñanza de Jesús, y con la temporada de Adviento venidera nos enseña a estar preparados para la venida de Cristo. Que con esperanzada alegría escuchemos este mensaje, y vivamos en un estado de preparación, esperando la segunda venida de Cristo.

    Lecturas de este domingo: https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/111421.cfm

    • 11 min
    32o Domingo Ordinario-En su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir

    32o Domingo Ordinario-En su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir

    Las lecturas de este domingo nos presentan la gran fe de dos mujeres viudas, una que con humildad pone su confianza en el profeta Elías y le da de comer del poco que tiene, y la otra, la mujer que da todo lo que tiene para la limosna del templo.  ¡Que el Señor nos ayude a imitar la fe de estas dos mujeres!



    Elías y la viuda

    En la primera lectura vemos a Israel y regiones aledañas envueltas en una sequía como castigo por la caída del rey en la idolatría de Baal.  Elías se encuentra con una viuda, personaje que sabemos son de los mas queridos por Dios, ya que en esa sociedad, las viudas peligraban caer en una destitución absoluta, ya que dependían de su marido para su sustento.  En este caso la condición de viuda, junto con la sequía, habían llevado a esta mujer y a su hijo al borde de la muerte.  Elias había sido guiado por Dios, con la promesa de que una viuda le daría de comer.  Elias la pone a prueba pidiéndole de beber primero, y una vez viendo su favorable respuesta, le pide de comer.  Con su respuesta “vive tu Dios el Señor,” la mujer se muestra como una creyente en Dios, en medio de un territorio gentil.  “No me queda pan,” continua la mujer, quien de hecho se preparaba junto con su hijo, una última comida antes de morir.  El profeta le comunica la promesa del Señor, de que no padecería falta de harina y aceite mientras durara la sequia.  La fe de la mujer fue seguramente una fuente de aliento para Elías, quien se encontraba en la desolación del abandono de la fe en el Dios verdadero.  Esta fe es digna de imitar para nosotros que igualmente nos vemos rodeados de una increencia en el Dios vivo.

    El Sacerdocio de Cristo

    En la segunda lectura vemos el tema recurrente de la Carta a los Hebreos-la superioridad del sacerdocio de Jesucristo comparado con el sacerdocio de los judíos.  Y bien, es que el antiguo sacerdocio fue una prefiguración, o sea, apunta, a lo que iba a ser realizado por Jesucristo.  Los dos realizan sacrificios de sangre; en el orden antiguo, sangre de animales, mientras que en la Nueva Alianza, Jesucristo ofrece su propia sangre para el perdón de nuestros pecados.  Los antiguos sacrificios se tenían que repetir, mientras que el sacrificio de Jesús es uno de valor infinito, al ser un acto del Dios hecho hombre.   Por su gloriosa ascensión al cielo Jesus corona su sacrificio de redención, y de ahí en adelante aboga por nosotros ante el Padre.  Todo esto nos apunta a la grandeza de la celebración de nuestra fe en la misa.  Ahí el sacerdote en la persona de Cristo, ofrece este mismo sacrificio del Calvario de manera sacramental, obteniendo para nosotros la salvación.  ¡Que triste es la falta de fe de tantos hermanos que sienten que todo esto es aburrido!

    El orgullo de los escribas y la humildad de la viuda

    En el evangelio de este domingo, Jesús reprocha a los escribas por su vanidad al jactarse de su posición y también por abusar de las viudas, a quien despojaban de sus bienes.  En vez de defender a estas mujeres que estaban entre los mas necesitados de la sociedad, se aprovechaban de ellas.  Estos escriban se supone que eran los exponentes y defensores de la ley de Dios, pero han fallado miserablemente en su cometido.  Luego Jesús continua, poniendo de ejemplo la caridad de la viuda pobre, que de lo poco que tiene comparte, y así su ofrenda es grande en los ojos de Dios.  Como dice el dicho, “la intención es lo que cuenta.”  En este domingo la Iglesia nos exhorta a imitar la fe de las dos viudas, quienes en fe dan de lo que tienen, confiando que la providencia de Dios las mantendría vivas.  En esta semana, ejercitemos esta virtud de confiar en Dios, ante todas las necesidades que tenemos, sabiendo que Dios no nos desampara, y mas bien nos cuida con un amor misericordioso.

    Lecturas de este domingo

    https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/110721.cfm

     

    • 15 min
    El Liderazgo Cristiano es Servicial-29o. Domingo Tiempo Ordinario

    El Liderazgo Cristiano es Servicial-29o. Domingo Tiempo Ordinario

     

    En las lecturas de este domingo, la Iglesia nos presenta la visión de Dios concerniente al liderazgo: es un liderazgo basado en el servicio, y no el imponer nuestra voluntad. Imitemos a Jesús y a los santos que vivieron una vida de entrega a los demás.

     

    Siervo Sufriente

    En la primera lectura del profeta Isaías vemos uno de los pasajes conocidos como pasajes del “siervo sufriente.”  Estos pasajes son como destellos donde el profeta ve este personaje sufriendo, siendo entregado como sacrificio expiatorio por el pueblo.  Jesucristo con su muerte cumple esta visión, ya que en la cruz y por obediencia al Padre se entrega como ofrenda para el perdón de nuestros pecados.  Al leer las palabras del profeta y realizar que Jesús murió por ti y por mí, debería llenarnos de aliento y esperanza ante un Dios que amorosamente busca la comunión con nosotros.  Dios quiere estar contigo y conmigo.  Dios nos ama, y nos llama constantemente a la conversión, de manera que nuestras vidas reflejen la dignidad de este llamado.

     

    Jesús nuestro Sumo Sacerdote

    En la segunda lectura vemos como se le da el título de Sumo Sacerdote a nuestro Señor Jesús.  Un poco de explicación sobre lo que este título significa.  El Sumo Sacerdote era el primero en la jerarquía de los sacerdotes judíos.  Era el encargado de, una vez al año, pronunciar el santo nombre de Dios pidiendo perdón por los pecados del pueblo.  Jesús es el verdadero Sumo Sacerdote, porque en él se cumple lo que aquellos anunciaban.  Con el sacrificio de Pasión y muerte Jesús en su Ascensión es elevado al cielo, donde eternamente ofrece ejercita su sacerdocio, siempre intercediendo por todos los hombres, como nos enseña el CIC 662.  Nosotros, por nuestro Bautismo, también participamos en este carácter sacerdotal de Cristo, y con la unción del Espíritu Santo hemos sido consagrados como pueblo santo y sacerdotal.

    Jesucristo, en el maravilloso designio del plan de la Redención, es el ideal Sumo Sacerdote, ya que él, como verdadero Dios y verdadero hombre, quien padeció en todo lo de la condición humana (a excepción del pecado), puede ofrecer este sacrificio de su Santo Cuerpo y Sangre para nuestra redención.  Unas vez más, estas palabras deberían de hinchar tu corazón lleno de amor para nuestro Señor, quien nos amó hasta la muerte.

     

    El Liderazgo Cristiano es Servicial

    En el Evangelio vemos este pasaje donde los hijos de Zebedeo buscan un lugar en el “gabinete” de Jesús.  Los apóstoles no saben todavía en este pasaje el tipo de Mesías que era Jesús.  Viéndolo con los ojos del mundo, ellos esperaban un Mesías que triunfantemente les liberaría del yugo Romano.  No habían tomado las palabras de Isaías a pecho.  Pero tampoco podemos ser muy duros con ellos.  Nosotros tenemos el beneficio de la revelación plena de lo que profetas querían comunicarnos.  Sin esta revelación sería imposible predecir esta locura divina, donde Dios se manifiesta entre nosotros de manera pobre, de manera humilde, de manera débil.  Y de esto tenemos que aprender nosotros.  El liderazgo Cristiano es un liderazgo enraizado en el servicio.  El Cristiano debe de beber la amarga copa del sufrimiento y la persecución.  Como Jesucristo, debemos buscar mas bien el servir, antes de ser servidos.

    Hermano y hermana que escuchas este mensaje, esta semana vamos a empaparnos de la Palabra de Dios, para que se vuelva palabra viva en nuestro corazón, y se vuelva así guía segura de nuestras vidas. Así sea.

    Lecturas de Esta Semana: https://bible.usccb.org/es/bible/lecturas/101721.cfm

     

    • 12 min

Customer Reviews

4.8 out of 5
14 Ratings

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Eli0798 ,

La Palabra Contemplada

Buena preparación antes de ir a misa cada domingo.

ICSanchez45 ,

Excelente

Muy buenas reflexiones para crecer en tu fe!

Jcm987 ,

Del Productor

Una gracia el poder compartir con ustedes una breve reflexion de las lecturas de cada domingo. Espero sean una fuente de gracia y crecimiento para ti que buscar encontrarte con Jesús en la Eucaristía.
JC Moreno

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