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Una breve meditación sobre las lecturas de la misa de cada domingo para ayudarte a vivir el mensaje que Dios tiene para ti.

La Palabra Contemplada JC Moreno

    • Religion & Spirituality
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Una breve meditación sobre las lecturas de la misa de cada domingo para ayudarte a vivir el mensaje que Dios tiene para ti.

    Luchen por entrar por la puerta estrecha-21 Domingo Ordinario Ciclo C

    Luchen por entrar por la puerta estrecha-21 Domingo Ordinario Ciclo C

    En el evangelio de este domingo le preguntan a Jesús ¿son pocos los que se salvan? Para llegar al cielo es necesaria la fe en Dios y seguir sus mandamientos.  El seguir sus mandamientos como todos sabemos, no es cosa fácil para nosotros que vivimos en el mundo.  Es más bien una constante lucha contra las fuerzas opuestas a Dios, las fuerzas del mundo y de la carne. Oremos para que Dios nos de la gracia de vivir con el en la Jerusalén celestial.

    Dios reune a los dispersados

    En la primera lectura oímos de la última parte del libro del profeta Isaías el propósito que tiene Dios con los que habían sido exiliados.  El viene a reunirlos después de su dispersión.  La unidad del pueblo de Dios es su deseo, y esta unión nos permite ver la fama y gloria divina.  Dios los reúne de todas las esquinas del mundo, con estas ciudades mencionadas en la lectura localizadas en los puntos más retirados del mundo entonces conocido.  El punto de reunión es la ciudad santa de Jerusalén, donde pueden una vez más reanudar el culto al Santo de santos, y donde incluso algunos de ellos servirían a Dios como sacerdotes y levitas.  La aplicación de esta lectura a nuestros tiempos es que también a nosotros que por el pecado nos habíamos separado de él, él nos reúne, nos sana, nos reconcilia.  El punto de reunión es la Santa Iglesia Universal, que recibe a todo hombre y mujer de buena voluntad en nombre de Jesucristo.  La Iglesia es la Nueva Jerusalén que reúne a todos para rendirle verdadero culto al Señor y para guiarnos a nuestro destino, la Jerusalén celestial.

    Dios nos corrige como un padre a sus hijos

    La segunda lectura proveniente de la Carta a los Hebreos nos ofrece una metáfora de Dios como un padre que disciplina a sus hijos.  Y ofrece como ejemplo citando al libro de Proverbios 3:11-12 “ No deseches, hijo mío, la corrección del Señor, ni tengas aversión cuando Él te reprenda.”  Y estas palabras nos las ofrece a nosotros cuando leemos su palabra en las Escrituras y sentimos como nos advierte contra nuestra conducta.  Estas palabras de corrección no deben de dolernos u ofendernos.  Hagamos a un lado el orgullo y la soberbia de querer pensar que sabemos más que Dios, que orgullo y soberbia fueron lo que hicieron diablo del ángel más bello.  Cuando Dios nos reprende por medio de las Escrituras, o la predicación de sus ministros, debemos tomar sus palabras coma las palabras de un Padre amoroso que sabe las consecuencias del pecado, y quiere evitárnoslas.  Consideremos la grandeza de tener el privilegio de ser considerados hijos de Dios y de tener así un Padre que quiere lo mejor para nosotros, que quiere nuestra salvación, y que para lograrla a veces tiene que corregirnos.

    ¿Son pocos los que se salvan?

    En el evangelio de este domingo San Lucas describe una pregunta que la humanidad constantemente le preocupa: ¿cuántas personas son las que se salvan?  La respuesta de Jesús no contesta la curiosidad humana, sino que nos dice que la puerta es estrecha, y hay que luchar para lograr la entrada.  Es nuestra fe que Dios tiene una voluntad salvífica universal; es decir, que quiere que todos se salven.  Incluso los que no conocen a Dios sin ser culpables de su ignorancia también pueden alcanzar la salvación en la medida en que obedezcan los dictámenes de su consciencia (ver Lumen Gentium 16).   La respuesta de Jesús nos indica que se requiere un esfuerzo.  Para llegar al cielo es necesaria la fe en Dios y seguir sus mandamientos.  El seguir sus mandamientos como todos sabemos, no es cosa fácil para nosotros que vivimos en el mundo.  Es más bien una constante lucha contra las fuerzas opuestas a Dios, las fuerzas del mundo y de la carne.

    Enseguida Jesús procede a enseñarnos por medio de una parábola que no es suficiente conocer al Señor y a su predicación para entrar al banquete; lo que se ...

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    Estén Listos-19 Domingo Ordinario Ciclo C

    Estén Listos-19 Domingo Ordinario Ciclo C

    “De común acuerdo se impusieron esta ley sagrada.” – Sabiduría 18:9b

     

    En la primera lectura de este domingo el libro de la Sabiduría nos habla de aquella noche previamente anunciada, refiriéndose a la noche de la liberación del pueblo de Dios de la esclavitud de Egipto. Este es uno de los ejemplos que nos da este libro de la Sabiduría de la providencia de Dios con su pueblo durante el Éxodo. La liberación del pueblo es para darle la libertad de rendirle culto a Dios. La salida de Egipto es la culminación de los castigos para sus enemigos y la manera en que Dios llama para sí a su pueblo. El sacrificio secreto que los santos ofrecían se refiere al sacrificio de la Pascua indicado a ser celebrado por Dios para marcar su salida esa noche y para siempre. Estos eventos marcan el llamado del pueblo de Dios, y vemos cómo todo esto los une, compartiendo los bienes y los peligros, como nos dice la lectura. Esta es la unidad que debemos tener todos los que servimos a Dios. Para nosotros la fuente de la unidad es el verdadero Cordero Pascual, nuestro Señor Jesucristo sacrificado en la cruz y ofrecido en el sacramento de unidad por excelencia, la Sagrada Eucaristía.

    “La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven.” – Hebreos 11;1

    La segunda lectura de este domingo, de la Carta a los Hebreos, nos habla de la fe, con esa clásica definición con la que abre el pasaje: “La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven.” De este tema se han escrito bibliotecas enteras. La fe es para nosotros el inicio de la salvación, y con la ayuda de la gracia, es la virtud con la cual creemos en las cosas reveladas por Dios. Nuestros antepasados en la fe, los patriarcas, son recordados y reconocidos por su gran fe, expresada en su confianza en los designios de Dios. Abraham y Sarah son presentados como grandes ejemplos de fe al confiar en el Señor, y por eso ellos son nuestros padres en la fe. Ante este ejemplo es que nuestra propia fe en Dios debe ser medida. Como Abraham, ¿obedecemos a Dios aunque implique hacer algo difícil? ¿Cuántos de nosotros elegimos el pecado antes de pasar por una dificultad? Como Abraham, ¿acaso confiamos en la promesa de Dios de cuidarnos cuando pasamos por momentos difíciles, o llegamos a dudar de su existencia? Ojalá que podamos experimentar la confianza en Dios y saber que su gracia nos acompaña en las dificultades.

    “Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba.” – Lucas 12:33

     

    En el evangelio de este domingo Jesús nos llama a tener confianza en Dios y no temer, que Dios al hacernos sus hijos lo que quiere es hacernos partícipes de su Reino. Recordando al rico necio de la semana pasada, aquí Jesús nos recomienda despojarnos de nuestros bienes y dárselos a los pobres. En vez de construir graneros donde almacenar el grano, Jesús nos invita a hacer bolsas que no se deterioran, que podrían ser unas vidas llenas de virtud abiertas a la gracia de Dios. Lucas en su evangelio nos recuerda una y otra vez el considerar nuestro actitud hacia las cosas materiales. Sea cual sea nuestro estado en la vida, ya sea ricos o pobres, hay que recordar que estamos aquí de paso, y las cosas de este mundo un día ya no serán más. Hay que tener cuidado de no poner nuestra esperanza en las riquezas, sino también nosotros un día correremos la misma suerte del rico necio. Que la bondad de Dios con nosotros mueva nuestro corazón al desprendimiento de los bienes terrenales, para mostrarnos más bondadosos con los necesitados.

     

    • 18 min
    Señor, Enséñanos a Orar-17o Domingo Ordinario Ciclo C

    Señor, Enséñanos a Orar-17o Domingo Ordinario Ciclo C

    Las lecturas de este domingo nos muestran el poder de la oración para mover el corazón de Dios que quiere que nos dirijamos hacia él como hijos a su padre.  Entreguemos nuestras vidas al Padre de Jesús y Padre nuestro quien busca la unión eterna con nosotros.

    Dios es Compasivo

    En la primera lectura del libro de Génesis, el Señor comparte con Abrahán su intención de extender su castigo a las ciudades de Sodoma y Gomorra por sus grandes pecados.  Aquí es donde Abrahán se muestra como profeta, con su petición de intercesión a favor de los inocentes de estas poblaciones.  Este pasaje nos presenta, aun con la dinámica un tanto exagerada, una importantísima discusión: ¿tiene precedencia la justicia de Dios que su castigo debe realizarse aun a costa de los inocentes?, o ¿viene primero su misericordia, que con tal de no destruir a los inocentes se aplaza el castigo de los culpables?  Como sabemos por multitud  de pasajes (ver por ej. Ex34:6 “Entonces pasó el Señor por delante de él y proclamó: El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad”) y lo hemos mencionado ampliamente, la misericordia de Dios toma precedencia.

    Este pasaje es frecuentemente usado para condenar a las personas homosexuales, ya que la homosexualidad fue el pecado que finalmente colmo la paciencia de Dios y lo hizo destruir a Sodoma y Gomorra.  Lo que mucho menos frecuentemente vemos es la oración de intercesión realizada por Abrahán.  ¿Oramos por la conversión de las personas, aun de los pecadores?  Nos olvidamos que nosotros también somos grandes pecadores y de la inmensidad de gracia que nuestro Señor Jesús ha derramado para nuestra salvación.

    Hemos Muerto en Cristo

    En la segunda lectura de la Carta a los Colosenses oímos que somos sepultados con Cristo por nuestro bautismo. ¿Qué significa esto?  San Pablo mismo nos ofrece la respuesta en su Carta a los Romanos 6:3: “¿O es que ignoran que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?”  Nosotros al ser bautizados hemos compartido de la muerte de Jesús, él en la cruz, nosotros al pecado.  El bautismo marca el inicio de nuestra vida en Cristo, el principio de nuestro ser “otros cristos” en el mundo.  El objetivo de nuestra vida como cristianos es volvernos más y más como Cristo.  Y este objetivo da inicio con una completa identificación con Cristo en el bautismo.  Y todo esto por la fe en la resurrección de Jesucristo.  La fe viene antes del bautismo, y la fe viene de la proclamación de la Palabra.  Por eso es labor crucial de todos en la Iglesia dedicarnos a la evangelización.  Muchos han sido bautizados y no han conocido a Jesús.  Quizás nosotros mismos también necesitamos una re-evangelización, o una nueva evangelización, al haber tenido un encuentro con Jesús que ahora necesita reforzarse, renovarse, revitalizarse para dar nuevos frutos.  Con el bautismo hemos sido perdonados de nuestros pecados, lo que es más grande es que aun siendo pecadores, con su muerte Jesús nos ha dado la vida, tomando todas nuestras culpas clavándolas en su cruz.

    Señor, enséñanos a Orar

    En el evangelio de este domingo oímos la respuesta de Jesús a la pregunta de sus discípulos “Señor, enséñanos a orar” –el Padre Nuestro.  Jesús no solamente nos dio una formula a seguir –cuantos negocios hoy en día nos quieren vender formulas infalibles para ser felices, para bajar de peso, para ganar dinero.  Jesús nos enseña con su ejemplo.  Él frecuentemente se alejaba del bullicio de la gente para entrar en oración.  En los momentos más importantes de su ministerio-antes de elegir a sus discípulos, en su bautismo, en su agonía en el huerto, él siempre está en oración.  El siempre está en oración, y nos invita a hacer lo mismo.  Tal es el comportamiento de Jesús que causa la curiosidad de sus discípulos con esa petición –“Señor

    • 20 min
    14o. Domingo Ordinario-Jesús envía a sus discípulos

    14o. Domingo Ordinario-Jesús envía a sus discípulos

    En el Evangelio de este domingo Jesús envía a 72 de sus discipulos a continuar su misión de sanar a los enfermos, exorcisar a los demonios y proclamar la Buena Nueva.  ¿A donde te envía Jesús hoy?

    “ Alégrense con Jerusalén, gocen con ella todos los que la aman.” Isaías 66:10

    La primera lectura de este domingo nos viene del último capítulo del libro del profeta Isaías. En el pasaje vemos el llamado del profeta a una alegría desbordada por el regreso de los exiliados a la tierra prometida, aun antes de que sucediera. Una clave con la que podemos entender el Antiguo Testamento es leyéndolo teniendo en cuenta la Tierra Prometida como un punto central. Con esta clave el texto adquiere un significado muy profundo: desde el libro de Génesis hasta los Macabeos, la historia es una que liga el propósito con el obtener, perder, viajar hacia, y recuperar la Tierra Prometida. Este es uno de los pocos pasajes que caracteriza a Dios en términos maternos: “Como áquel a quien su madre consuela, así yo los consolaré a ustedes.” Como sabemos Dios es espíritu puro, y no puede asignársele un genero masculino o femenino. Mientras que la mayoría de los pasajes describen a Dios como Padre (y Jesús mismo así lo hizo), también tenemos unos pocos como este que lo describen con imágenes maternales. Con alegría dirigimos nuestras oraciones a Dios al saber que Él nos acompaña en nuestro camino hacia la Jerusalén celestial.

    “No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo” – Gálatas 6:14

    La segunda lectura proviene de la carta de San Pablo a los Gálatas. Galicia era el poblado donde los que se habían convertido a Cristo por la predicación de Pablo habían sido seducidos por otros predicadores a adoptar las costumbres judías, sobre todo la circuncisión. Esto para Pablo es una traición a Cristo, y por eso este tema ocupa un lugar prominente en la carta. De hecho cuando Pablo dice “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz,” él esta respondiendo al hecho de que los circuncidados hacían alarde de que ellos eran los elegidos, los que se salvarían por este signo. Pero para Pablo que había tenido un encuentro tan especial con Jesucristo no había otra señal, sino el signo de la Nueva Alianza: la cruz del Señor Jesucristo. Esto era central para Pablo: nosotros predicamos a un Cristo crucificado. Por eso para nosotros la cruz nos identifica como seguidores de Cristo ya que por esta cruz nuestro Dios redimió al mundo. De ser instrumento de tortura se volvió instrumento de salvación. Los que estamos en Jesús hemos vuelto a nacer, somos una nueva creación como nos dice aquí San Pablo, aludiendo a este nuevo estado de vivir en la gracia de Dios por el bautismo. Lo que cuenta ahora no es la circuncisión sino la creación nueva dice San Pablo, hablando de que en la Nueva Alianza lo que cuenta es la gracia de Dios derramada para nuestra salvación en la cruz.

    “Los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir.” – Lucas 10:1

    En el evangelio de este vemos a Jesús envíar a 72 de sus discípulos a ir y predicar por los poblados. En un cierto nivel nos muestra el carácter práctico de la misión de Jesús: llama a sus discípulos, les enseña, y ahora tienen un “entrenamiento” antes de ser lanzados en su misión final – el ir por todo el mundo predicando el Evangelio. La preparación para ellos, y también para nosotros que buscamos seguir a Cristo y unirnos a su misión, es el de despojarnos de todo y abandonarnos en plena confianza de que él proporcionara todo lo que necesitamos. Otra cosa que aprender de la gran riqueza que nos ofrece este pasaje es el hecho de que Jesús los manda de dos en dos. El apostolado se vive en acompañamiento. Nos apoyamos mutuamente, rezamos por nuestras necesidades y la de los demás. Nuestra fe se vive y se celebra no en soledad sino en comunidad. Si tu vas solo por e

    • 18 min
    5o Domingo de Pascua-Un Mandamiento Nuevo

    5o Domingo de Pascua-Un Mandamiento Nuevo

     

    Nuestro Señor nos ha dejado este Nuevo Mandamiento que nos marca como sus discípulos.  Él mismo es el modelo de lo que tenemos que hacer: debemos amar como Jesús nos ama.  En esta semana propongámonos leer asiduamente las Escrituras para aprender del Maestro Jesús como tenemos que amar, animar y exhortar a los hermanos, peregrinando así hacia la Nueva Jerusalén celestial. Pulsa el enlace arriba para escuchar la reflexión en el podcast.

    “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva.”

     

    El libro del Apocalipsis nos narra esta visión de un cielo nuevo y tierra nueva que acompañan la segunda venida de Jesús. Esta “novedad” ya la empezamos a vivir hoy. Con la Encarnación de Jesús ya vivimos en el mundo transformado por la presencia de Dios. También tenemos la “novedad” de la Resurrección, evento nunca antes visto y que inaugura nuestro destino de pueblo escogido. Jesús es el primero, y nosotros tenemos la esperanza de seguirle con nuestra propia resurrección al final de los tiempos. La Nueva Jerusalén es la iglesia triunfante, blanqueada en la sangre del cordero, y ahora revestida como novia resplandeciente bajando del cielo. Así se une el cielo con la tierra, como dice el famoso canto: “no sé el cielo bajó o la tierra subió.” Nuestro destino eterno es aquí anunciado: Dios también pondrá su morada en nosotros y seremos nosotros su pueblo, y el Dios con nosotros, será nuestro Dios. Con esto se ve cumplida la promesa hecha a Moisés: “Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo,” así como también se ve realizada la presencia de Dios en su pueblo. Antes la presencia, la shekinah de Dios acompañaba al pueblo en su salida de Egipto como columna de humo durante el día, y como columna de fuego por la noche. Ahora su presencia es constante y permanente. Con la realización de la historia de la salvación ya no hay llanto ni tristeza ni dolor, todo esto ha pasado, dándole lugar a la alegría de vivir en Dios. Que Dios con su gracia nos ayude a realizar desde hoy esta alegría en nuestras vidas.



    “Les doy un mandamiento nuevo: qué se amen los unos a los otros.”

     

    En el evangelio de este quinto domingo de Pascua y en preparación para su gloriosa Ascensión, oímos el pasaje conocido como el “discurso de despedida de Jesús.” El evangelista nos comparte esta doctrina de la crucifixión de Jesús como su glorificación. Su crucifixión es lo que lo lleva a su Ascensión. Por eso nosotros los católicos tenemos en nuestras iglesias crucifijos, y no solamente la cruz vacía. La razón que su crucifixión glorifica al Padre es porque con ella Jesús se muestra completamente obediente al Padre y con la cruz Jesús ofrece el mayor sacrificio que la humanidad puede ofrecer al Padre. El Padre recibe este sacrificio de adoración y gloria, y glorifica entonces a Jesús con la Resurrección y Ascensión al cielo. El mandamiento que nos deja Jesús ya lo habíamos recibido en el Antiguo Testamento. Su novedad consiste en que ahora Jesús nos llama a amar al prójimo, incluso como él nos ha amado. Nuestro Señor nos ha dejado este Nuevo Mandamiento que nos marca como sus discípulos. Él mismo es el modelo de lo que tenemos que hacer: amar como Jesús nos ama. En esta semana propongámonos leer asiduamente las Escrituras para aprender del Maestro Jesús cómo tenemos que amar, animar y exhortar a los hermanos, peregrinando así hacia la Nueva Jerusalén celestial.

    “Ahí animaban a los discípulos y los exhortaban a perseverar en la fe.”

    En la primera lectura de este domingo vemos que la labor de Pablo no era solamente la predicación. Su papel también era el de animar, exhortar, y dar testimonio de las obras que Dios realizaba en ellos. Muchas veces nosotros leemos sobre las obras de Pablo y quedamos maravillados. Al ver como grandes figuras en la historia de la Iglesia se embarcaron en grandes travesías apostólicas de evangelización, y a veces nos gana la imaginación, y n

    • 13 min
    Mis Ovejas Escuchan Mi Voz-4o Domingo de Pascua

    Mis Ovejas Escuchan Mi Voz-4o Domingo de Pascua

    Seguimos celebrando en la alegría de la Pascua.  En esta semana el evangelio nos invita a dejar que Jesús el que guíe nuestras vidas.  Pulsa el enlace arriba para escuchar la reflexión.

    “La palabra de Dios se iba propagando por toda la región.” – Hechos 13:49

    En la primera lectura vemos a Pablo y sus acompañantes asistiendo a la Sinagoga el sábado, como es tradición de los judíos. Hay que recordar que la primera generación de cristianos eran todos provenientes del judaísmo. Jesús, la virgen María, y todos los apóstoles eran judíos. Por eso nosotros tenemos gran respeto para nuestros hermanos los judíos, como nos recuerda el documento del Concilio Vaticano Nostra Aetate “los Judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación. La Iglesia, juntamente con los Profetas y el mismo Apóstol espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con una sola voz y «le servirán como un solo hombre» (Soph 3,9).”Al ser rechazados por los judíos, Pablo concentra ahora sus esfuerzos en la predicación del Evangelio hacia los gentiles, cumpliendo así la voluntad salvífica universal de nuestro Señor Dios. Muchos judíos y muchos gentiles se convirtieron al escuchar la predicación de Pablo. Y nosotros, ¿cómo predicamos el evangelio el día de hoy? Hoy también hay muchos que necesitan oír la palabra salvadora de Jesús. Por eso debemos pedirle a Dios que nos llene de su gracia, nos llene de su Espíritu, para así también tener el ardor en el corazón para compartir el Evangelio.

    “Están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su templo.”

    En la segunda lectura de este domingo, el apóstol Juan nos relata sobre esta multitud que son los redimidos, y son una multitud incontable, proveniente de muchos lados, con muchos orígenes. Las palmas que llevan son las palmas de la victoria que se les da a los ganadores de una carrera. Es un pensamiento consolador que aquí la Sagrada Escritura describe al numero de los redimidos como una multitud. Los redimidos han blanqueado sus vestiduras con la sangre del cordero, es decir, la sangre derramada en la muerte de Jesús en la cruz es la que nos trae la salvación. Los redimidos están ahora ante Dios, y ya no sufren de las vicisitudes que nosotros sufrimos acá de este lado del cielo. En el cielo Dios los guía a los manantiales de agua de vida. Esto nos habla de esta sed que sentimos en nuestras vidas, y que ha veces la buscamos saciar con las cosas del mundo, no se puede saciar con nada sino con Dios nuestra fuente. Gran consuelo tenemos también al leer que Dios enjugará nuestras lagrimas en el cielo. Todo lo que sufrimos aquí en la tierra, por más grande que haya sido, pasará a ser poco más de una memoria distante. Llenos de esperanza ante estas palabras, roguemos para que Dios nos haga dignos de alcanzar la victoria final.

    Mis ovejas escuchan mi voz;  yo las conozco y ellas me siguen

    En el Evangelio de Juan continúa este mensaje del cuidado amoroso que tiene Dios con nosotros. Jesús es nuestro pastor, y nosotros sus ovejas. Jesús como buen pastor nos muestra el camino a seguir, y queda de nosotros tener la humildad y mansedumbre de escuchar su voz para seguirle, y alcanzar así nuestro destino. Aquí en este pasaje tenemos la promesa de Jesús: los que lo escuchemos y nos mantengamos fieles a su gracia que Él nos da tendremos la vida eterna. Ya pocas personas piensan en la vida eterna en nuestra sociedad. Se nota con certeza por la manera en que vivimos: vivimos muchas veces como si este mundo lo fuera todo. Engañamos, mentimos y hacemos trampa con tal de triunfar en este mundo. Nosotros los cristianos sabemos que vivimos en el mundo, pero no somos de este mundo. Nuestro hogar está en el cielo con nuestro Padre. En está Pascua oremos para que podamos poner nuestra vista en nuestra meta final y así podamos formar parte de est

    • 16 min

Customer Reviews

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Eli0798 ,

La Palabra Contemplada

Buena preparación antes de ir a misa cada domingo.

ICSanchez45 ,

Excelente

Muy buenas reflexiones para crecer en tu fe!

Jcm987 ,

Del Productor

Una gracia el poder compartir con ustedes una breve reflexion de las lecturas de cada domingo. Espero sean una fuente de gracia y crecimiento para ti que buscar encontrarte con Jesús en la Eucaristía.
JC Moreno

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