16 min

Marcos Ana. Uno y muchos. AUDIO REPORTAJES - SCO

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“Yo conocí, como tantos compañeros, la pérdida de la libertad, sufrí la tortura, viví al borde de la muerte, cometieron conmigo las más humillantes vejaciones. Podía haberme convertido en una bestia llena de odio. Pero, al contrario, mi experiencia personal me llevó a la conclusión de que nunca sería capaz de ejercer la violencia contra nadie. Precisamente porque la he sufrido. La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfantes un día los nobles ideales por los que he luchado y por los que miles de demócratas y antifranquistas perdieron su vida o su libertad”.
Estas palabras las pronunciaba Marcos Ana en 1962, en Londres, un año después de salir de la cárcel tras veintidós de condena. Resumen admirablemente su victoria personal, que es la victoria de la luz ática, el orgullo en que funda su superioridad la raza humana. La victoria de Teseo. “Podía haberme convertido en una bestia llena de odio”, dice. Lo cual equivale a admitir que podía haberse transformado en lo mismo que eran sus poderosos enemigos: una bestia, un monstruo, un minotauro. Pero eso hubiera supuesto la más humillante de las derrotas: convertirse en el enemigo.
El hilo de Ariadna conectaba a Teseo en las tinieblas del laberinto con la luz del mundo, le ligaba a los suyos, le recordaba que no debía perder su condición humana en la lucha contra el minotauro. Pues bien, en el caso de Marcos Ana fueron esos “nobles ideales” el hilo, la fibra sutil que lo mantuvo en contacto con la humanidad y que lo sostuvo íntegro en la calumnia, la vejación, la tortura. No consiguieron destruirle en el tenebroso laberinto administrativo de la dictadura franquista: no consiguieron llenarle el corazón de odio. Ahí está su victoria.
Su libro de memorias titulado Decidme cómo es un árbol se cierra con una cita del poeta turco Nazim Hikmet: “Has de saber morir por los hombres, y, además, por hombres que quizás nunca viste y, además, sin que nadie te obligue a hacerlo, y, además, sabiendo que la cosa más real y bella es vivir”.
Ahí está su victoria: la de uno y la de muchos. La de la luz, la del amor, la del vuelo libre. La de la vida.

(Radio reportaje incluido en el programa de radio "Siéntelo con oído", emitido el 8 de diciembre de 2016 por Radio La Granja (102.1 FM)

“Yo conocí, como tantos compañeros, la pérdida de la libertad, sufrí la tortura, viví al borde de la muerte, cometieron conmigo las más humillantes vejaciones. Podía haberme convertido en una bestia llena de odio. Pero, al contrario, mi experiencia personal me llevó a la conclusión de que nunca sería capaz de ejercer la violencia contra nadie. Precisamente porque la he sufrido. La única venganza a la que yo aspiro es a ver triunfantes un día los nobles ideales por los que he luchado y por los que miles de demócratas y antifranquistas perdieron su vida o su libertad”.
Estas palabras las pronunciaba Marcos Ana en 1962, en Londres, un año después de salir de la cárcel tras veintidós de condena. Resumen admirablemente su victoria personal, que es la victoria de la luz ática, el orgullo en que funda su superioridad la raza humana. La victoria de Teseo. “Podía haberme convertido en una bestia llena de odio”, dice. Lo cual equivale a admitir que podía haberse transformado en lo mismo que eran sus poderosos enemigos: una bestia, un monstruo, un minotauro. Pero eso hubiera supuesto la más humillante de las derrotas: convertirse en el enemigo.
El hilo de Ariadna conectaba a Teseo en las tinieblas del laberinto con la luz del mundo, le ligaba a los suyos, le recordaba que no debía perder su condición humana en la lucha contra el minotauro. Pues bien, en el caso de Marcos Ana fueron esos “nobles ideales” el hilo, la fibra sutil que lo mantuvo en contacto con la humanidad y que lo sostuvo íntegro en la calumnia, la vejación, la tortura. No consiguieron destruirle en el tenebroso laberinto administrativo de la dictadura franquista: no consiguieron llenarle el corazón de odio. Ahí está su victoria.
Su libro de memorias titulado Decidme cómo es un árbol se cierra con una cita del poeta turco Nazim Hikmet: “Has de saber morir por los hombres, y, además, por hombres que quizás nunca viste y, además, sin que nadie te obligue a hacerlo, y, además, sabiendo que la cosa más real y bella es vivir”.
Ahí está su victoria: la de uno y la de muchos. La de la luz, la del amor, la del vuelo libre. La de la vida.

(Radio reportaje incluido en el programa de radio "Siéntelo con oído", emitido el 8 de diciembre de 2016 por Radio La Granja (102.1 FM)

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