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Un versículo de la Biblia junto con una meditación y una aplicación.

Meditando en la Palabra David y Maribel

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Un versículo de la Biblia junto con una meditación y una aplicación.

    MelP_438-Mateo_15_9

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    «Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.» (Mateo 15:9)

    Jesús pronuncia estas palabras en condenación a la religiosidad de los fariseos. Aunque aquí el traductor lo ha traducido como honrar a Dios, el versículo dice literalmente que adoraban a Dios en vano. No sé de vosotros pero yo odio hacer algo “en vano”. Si voy a hacer el esfuerzo de hacer algo, quiero que cuente. Gastar esfuerzo y energía sólo para enterarse después que no servía de nada es frustrante. ¿Por qué no servía la adoración de los fariseos? El texto continúa para decir que enseñaban sus propios mandamientos como si fueran los mandamientos de Dios. Su adoración no servía porque en vez de enfocar en la voluntad de Dios, estaban centrados en establecer sus propias tradiciones que al final anulaban los mandamientos de Dios. Y lo peor de todo es que ni se daban cuenta de lo que estaba ocurriendo. Pensaban que gozaban del favor de Dios cuando realmente su adoración era una farsa. Es preocupante pensar que nosotros también podríamos llegar a adorar a Dios en vano. Pero también este versículo contiene una pista de lo que significa verdaderamente adorar a Dios. Es fácil pensar que adorar a Dios es sencillamente cantar canciones cristianas, pero la verdadera adoración tiene mucho más que ver con cómo vivimos y a quién obedecemos porque la verdadera adoración es una vida en sumisión a la voluntad de Dios.

    Busquemos hoy la ayuda de Dios para adorarle en espíritu y en verdad con nuestras vidas, obedeciendo a su Espíritu que mora en nosotros. Esta adoración jamás será en vano. (David Bell)

    • 2 min
    MelP_437-Mateo_14_27

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    «Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!» (Mateo 14:27)

    Esa medianoche en una barca a punto de hundirse en el la tempestad que azotaba el mar de Galilea, los discípulos se creían estar en el mismo umbral de la muerte cuando de repente apareció Jesús andando sobre el mar. El texto nos dice se turbaron, pensando que estaban viendo un fantasma. La razón por la cual temían los discípulos era porque estaban en una situación desconocida e inesperada. No sabían qué pensar de la figura que veían andando sobre el mar. Parece ser que jamás hubieran imaginado que Jesús era capaz de desafiar las leyes de la física de esta forma. Pero Jesús enfrentó su miedo de manera sencilla: los animó a dejar el miedo a un lado para poder empezar a confiar en Él. Pedro en especial tomó este consejo, incluso pidiendo salir de la barca y pasear sobre el agua hasta Jesús. Estoy convencido de que su fe agradó a Jesús y por eso Jesús concedió su petición. Hay muchas situaciones desconocidas e inesperadas que se presentan en nuestras vidas y nos pueden causar mucha turbación o preocupación. No importa la situación en que nos encontremos, debemos escuchar la voz de nuestro Señor aconsejándonos a cobrar ánimo y confiar en el Yo Soy. Jesús sigue siendo capaz de hacernos andar encima de todas las tempestades de este vida en comunión con Él.

    Hoy en cualquier situación en que te encuentres, escucha la voz de tu Salvador susurrando: “Ten ánimo. ¡yo soy!” (David Bell)

    • 2 min
    MelP_436-Lucas_8_15

    MelP_436-Lucas_8_15

    «Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.» (Lucas 8:15)

    Todos conocemos la parábola del sembrador. Las semillas sembradas cayeron junto al camino, en pedregales y entre espinos y por lo tanto no dieron fruto. Pero también cayó la semilla en la buena tierra y hubo una cosecha abundante. Una cosa que me llama la atención de la parábola es que hay buena tierra que produce más y que produce menos fruto. Jesús hablaba de 100, 60 y 30 por 1. En su interpretación de la parábola, Jesús describe esa buena tierra y habla de las características que favorecen la producción de fruto espiritual en nuestras vidas. Jesús empieza con el corazón “bueno y recto”. Notamos que Jesús había usado estos mismo dos adjetivo para describir la tierra en los versículos 8 y 15. Pero ¿qué es un corazón bueno y recto? En el contexto es la mente que retiene la palabra con perseverancia. Cuanto más nos esforzamos en retener la palabra, mejor será nuestra ""tierra"" y el resultado será más fruto espiritual en nuestras vidas. Si queremos ser seguidores de Cristo en quienes se nota claramente el reflejo de la imagen de nuestro Maestro, debemos hacer un esfuerzo de llenar nuestra mente de la Palabra, para que nuestros pensamientos sean conformados a la sabiduría de Dios.

    Si cultivamos un corazón bueno y recto que retiene la palabra oída, Dios hará que nuestra vida abunde con fruto espiritual para la gloria de nuestro Dios. (David Bell)

    • 2 min
    MelP_435-Lucas_7_42

    MelP_435-Lucas_7_42

    «y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?» (Lucas 7:42)

    En la casa de Simón el fariseo, una mujer entró mientras Jesús cenaba y empezó a besar sus pies. El fariseo estaba ofendido por lo que le parecía una indiscreción de parte de Jesús al permitir a una mujer actuar así, pero en contestación al pensamiento del corazón del fariseo, Jesús le contó una parábola de dos deudores. El punto principal de la parábola es el siguiente: cuanto más conscientes estamos de la gravedad de nuestro pecado, mayor será nuestra gratitud y apreciación del perdón. Simón no se veía como gran pecador y por lo tanto no daba valor al perdón que Jesús le ofrecía. La mujer, en contraste, sabía que sin el perdón no tenía ninguna esperanza. Jesús defendió a esta mujer revelando la gratitud de su corazón por el perdón de sus pecados, demostrando a Simón y todos los presentes que Jesús era en efecto Dios, conociendo el corazón y los pensamientos de todos los que le rodeaban. La gran pregunta que plantea esta parábola para nosotros es si somos conscientes de nuestro pecado, una deuda que jamás podíamos haber pagado. Esta es la pobreza en espíritu que Jesús pronunció bienaventurada. Sólo cuando nos vemos deudores podremos apreciar la enorme misericordia de Dios al enviar a su propio Hijo para saldar nuestra deuda.

    Cuando nos damos cuenta de esta realidad, nuestro “culto racional” es, igual que aquella mujer, entregarnos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. (David Bell)

    • 2 min
    MelP_434-Lucas_11_10

    MelP_434-Lucas_11_10

    «Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.» (Lucas 11:10)

    Jesús incluyó este pensamiento dentro de su enseñanza sobre la oración. Esta traducción del versículo está bien pero en el idioma original, se lee más bien así: todo aquel que sigue pidiendo, recibe ; ... que sigue buscando, encuentra; ... que sigue llamando o tocando a la puerta, se le abrirá. Lo que está enfatizando Jesús es la constancia en la oración. Ahora bien, es importante enfatizar que no se trata de simplemente repetir la misma petición hasta cansar a Dios. Eso es lo que Jesús en su sermón del monte llamó “vanas repeticiones”. Nos recordó que Dios ya sabe lo que necesitamos y por lo tanto, no hace falta intentar manipular a Dios por medio de esta vanas repeticiones como hacían los gentiles. Más bien lo que Jesús nos anima a hacer es tomar en serio la oración, a gozar de una comunión constante con Dios en la oración para llegar a conocerlo mejor. Lucas 11:13 lo deja claro cuando nos dice que el mayor regalo que nos puede dar nuestro Padre es el Espíritu Santo. El resultado de estar pidiendo, buscando y llamando en la oración es mayor comunión con el Espíritu de Dios.

    Tomemos en serio hoy la oración. Apartemos tiempo especial para seguir pidiendo, buscando y llamando, porque cosecharemos la bendición del tiempo y esfuerzo invertido en nuestra relación con Dios por su Espíritu Santo. (David Bell)

    • 2 min
    MelP_433-Lucas_5_32

    MelP_433-Lucas_5_32

    «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.» (Lucas 5:32)

    Los fariseos estaban “ofendidos” porque Jesús comía con pecadores. Ahora bien es importante aclarar que comía con pecadores arrepentidos. Pero aún así les parecía mal a los fariseos. Jesús declara su misión: llamar a pecadores al arrepentimiento. Pero la forma en que lo expresa me fascina. Dice que no ha venido a llamar a justos … al arrepentimiento. Ahora, no se puede llamar a un justo al arrepentimiento porque si de verdad es justo, no tiene nada de que arrepentirse. Pero el problema es que no hay justo, ni aún uno. Allí estaba el verdadero problema: estos fariseos se creían justos y la mera insinuación de que tenían necesidad de arrepentirse les hubiera ofendido. Pero como vemos en su conversación con Nicodemo, Jesús también había venido para llamar a fariseos al arrepentimiento. Por eso dijo en plural, «Os es necesario nacer de nuevo» (Juan 3:7). El llamamiento al arrepentimiento es un llamamiento universal para cada uno de los descendientes de Adán, ya que todos hemos pecados y por lo tanto, estamos todos destituidos de la gloria de Dios. Nuestro peligro es olvidarnos de nuestra condición verdadera y empezar a imaginar que somos justos, que estamos sanos espiritualmente y que no precisamos del médico divino. Pero Jesús vino para abrir nuestros ojos a la enfermedad del pecado para poder sanarnos.

    Sigamos tiernos al arrepentimiento diariamente, confesando nuestros pecados y buscando la limpieza divina. (David Bell)

    • 2 min

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Marcy Wolsieffer Ward ,

De mucha bendición

Estos mensajes son excelentes y cada día espero con mucha anticipación el nuevo mensaje.

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