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Somos un ministerio cristiano creado para llevar reflexiones de la Palabra de Dios, los mismos que nos ayuden a meditar en Ella.

Nuestro deseo es compartir las enseñanzas de la Biblia de una manera sencilla, corta y de fácil acceso a todos.

Oramos para que nuestras publicaciones lleguen a ser de edificación en sus vidas.

Salmos 1:2 “Sino que en la ley de Jehová… medita de día y de noche”.

Dios los bendiga,

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Ministerio UMCD - Un Momento Con Dios | Reflexiones Cristiana‪s‬ Ministerio UMCD

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Somos un ministerio cristiano creado para llevar reflexiones de la Palabra de Dios, los mismos que nos ayuden a meditar en Ella.

Nuestro deseo es compartir las enseñanzas de la Biblia de una manera sencilla, corta y de fácil acceso a todos.

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    Reflexiones (Episodio 29) - Cuatro principios para aprovechar el tiempo [Salmos 90.13-17]

    Reflexiones (Episodio 29) - Cuatro principios para aprovechar el tiempo [Salmos 90.13-17]

    Nuestra noción del tiempo y de la productividad se han transformado dramáticamente en los últimos 20 años debido al cambio que produjo la tecnología en nuestras comunicaciones y deseos.

    Cada vez es más común encontrarnos con personas que afirman poder ayudarnos a ser mejores administradores del tiempo, pero… ¿Debemos escucharlas a ellas o debemos saber qué dice la palabra de Dios sobre cómo aprovechar nuestro tiempo?

    Pues la Biblia es la única fuente de autoridad en todos los temas relacionados con el ser humano, por eso el siguiente pasaje nos da cuatro principios para que seamos sabios en el manejo del tiempo.

    Leer Salmos 90:13-17

    Estos principios son:


    Saciarnos cada mañana con el amor inagotable de Dios.


    La única forma de hallarnos amados por Él es buscándolo a través de su Palabra, Ella nos habla de su carácter, de su obra de amor y reconciliación, de nuestro estado de muerte por culpa del pecado y de la esperanza que hay en su perdón.

    Ese amor inagotable solo se halla en Jesús, quien es la imagen del Dios invisible (Col. 1.15), por eso entre más le conozcamos a Él, más comprenderemos su amor por nosotros.

    Ese amor que Dios nos tiene es lo que nos va a motivar a amarle, hará que pasemos tiempo en su Palabra, queramos conocerlo íntimamente, agradarlo, deleitarnos en Él y hallar la sabiduría que necesitamos para usar el tiempo con sensatez.

    Pero esta idea de usar bien el tiempo no tiene que ver con ser más productivo; más bien significa amar a Dios y amar todo lo que Él ama, cuando hacemos esto nos hallamos cumpliendo nuestro propósito en la vida y aprovechando al máximo nuestro tiempo (Avila, 2020).


    Rogarle que nos bendiga con gozo en lo que hacemos.


    Ese gozo solo se obtiene en Jesús, de hecho, la historia habla de multimillonarios y famosos que llegaron a su fin por medio del suicidio, pero ¿no se supone que el dinero lo compra todo? - ¡Pues no! - El gozo solo se halla en Dios y Él es el único que nos los puede dar.

    Salomón, el hombre más sabio que ha vivido en el mundo lo sabía, y por eso escribió que no hay nada mejor para el ser humano que gozarse de su trabajo, pero ese gozo es un regalo de Dios para quienes le agradan a Él (Ec. 2.24-26).


    Pedir a Dios que nuestros esfuerzos prosperen.


    El Salmo 127.1 también nos ayuda a comprender esta verdad cuando dice: “Si el SEÑOR no construye la casa, el trabajo de los constructores es una pérdida de tiempo.” (NTV)

    Esta es la razón por la que necesitamos que aquello en lo que usamos nuestro tiempo sea prosperado por Dios. Porque si lo que hacemos no es su voluntad, todas las puertas que abramos se van a cerrar y todos nuestros esfuerzos terminarán siendo en vano.

    En cambio, cuando dedicamos nuestro tiempo a hacer lo que a Dios le agrada, aun cuando ello sea imperfecto, limitado y torpe, podemos confiar que en las manos de Jesús eso será transformado para cumplir su voluntad perfecta y para bendecir a muchos. (Avila, 2020).


    Enfocarnos en lo eterno.


    Permíteme explicar este punto a través de esta ilustración: Sí te pidiera invertir tu dinero en un proyecto que da el 10% de ganancias por 50 años, o en otro que da el 10.000% de ganancias por 1000 años ¿en cuál lo invertirías?

    La respuesta es obvia, verdad, seguramente escogeríamos el segundo, pues algo así es lo que escogemos cuando decidimos invertir nuestro tiempo en las cosas que son eternas en lugar de hacerlo en las temporales.

    ¿Qué es lo eterno?

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    Reflexiones (Episodio 28) - ¿Cómo aprovechar los años que Dios nos da? [Salmos 90.12]

    Reflexiones (Episodio 28) - ¿Cómo aprovechar los años que Dios nos da? [Salmos 90.12]

    28 - ¿Cómo aprovechar los años que Dios nos da?

    Es impresionante el alto valor que le damos al dinero y no así al tiempo, basta ver la forma en la que administramos estos dos recursos para darnos cuenta el valor que tienen para nosotros.

    El tiempo es un recurso no renovable, cada minuto o segundo que vivimos no vamos a recuperarlo, ni podemos ganarlo, en ese sentido, deberíamos valorar mucho más el tiempo que otras cosas.

    Es por esto que el Salmista dice:

    Leer Salmos 90.10-12

    Este pasaje nos ayuda a entender dos principios muy importantes para que aprovechemos nuestro tiempo con sabiduría, el primero de ellos es que:


    El pecado tiene un impacto en nuestro tiempo.


    Es posible que vivamos sin percatarnos en la enorme influencia que tiene el pecado en todas las áreas de nuestra vida, tal vez somos más sensibles a él cuando hacemos algo que de manera explícita nos causa a nosotros o a otros un daño evidente, pero en cosas cotidianas y sencillas podemos acostumbrarnos a él.

    Pues la forma como administramos el tiempo puede ser una de esas áreas cotidianas que no consideramos a profundidad, pero todo el tiempo estamos siendo tentados por nuestra propia naturaleza a desaprovechar ese regalo que Dios nos da cada día en cosas que no tienen ningún valor eterno.

    La Biblia nos enseña que nuestra vida es muy breve, de hecho, Ella la compara con la hierba que brota, abre y florece en la mañana, pero en la noche se seca y se marchita (Job 14.1-2; Sal. 90.5-6; 103.15-16; Stg. 1.10-11). Por eso vivimos y morimos, y en medio de ello nos desgastamos y afligimos como consecuencia del pecado.

    Ese pecado produjo en Dios un enojo santo y terminó haciéndonos enemigos suyos desde nuestro nacimiento (Ro. 5.10), y fue la razón por la que la raza humana fue maldecida y hoy gemimos de dolor y sufrimiento (Ro. 8.19-23).

    Una maldición que resulta en la muerte, el envejecimiento, el dolor y el quebrantamiento de nuestro cuerpo cuando así Dios lo dispone. (Sal. 90.3-4).

    Así que para vivir bien necesitamos…


    Sabiduría para administrar el tiempo.


    ¿Cuál es el segundo principio que este pasaje nos ayuda a entender?

    Parte de esa sabiduría es ajustar nuestras expectativas sobre la vida y entender que habrá momentos de llanto y preocupación que solo podremos sobrellevar si estamos anclados en Jesús, el único que nos da paz en todos los momentos de nuestra vida.

    En la búsqueda de esa sabiduría haríamos bien en pedir que se nos permita comprender la brevedad de la vida, así como el Salmista lo hace (Sal. 90.10-12). Porque ese conocimiento nos ayudará a tener un temor reverente por nuestro Dios.

    Un temor que involucra creer que Él existe, que es “el Soberano”, el que tiene nuestras vidas en sus manos, el que con una sola palabra puede dar fin a nuestra existencia y el que nos llamará a juicio luego de nuestra muerte.

    Cuando vemos a Dios así, tendremos ese temor reverente, que incluye un respeto sagrado, una necesidad de atender a su Palabra y considerar seriamente su voluntad para que podamos encontrar la sabiduría que necesitamos para aprovechar nuestro tiempo en la tierra.

    ¿Será que estamos siendo conscientes de lo limitado de nuestro tiempo y de nuestra responsabilidad de aprovecharlo para la gloria de Dios?

    Hoy es el día para comprender que por nuestra naturaleza pecaminosa somos tentados a desperdiciar nuestro tiempo en cosas que no tienen sentido, por eso es bueno que busquemos la sabiduría de lo alto para que seamos prudentes y eficientes en la forma como lo administramos, cumpliendo su voluntad y dándole la gloria.

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    27 - Firmes (2 Corintios) - ¿En quién confiaremos al dar? [2 Co. 8:16-24]

    27 - Firmes (2 Corintios) - ¿En quién confiaremos al dar? [2 Co. 8:16-24]

    27 - ¿En quién confiaremos al dar?

    2 Corintios 8:16-24
    “Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros. Pues a la verdad recibió la exhortación; pero estando también muy solícito, por su propia voluntad partió para ir a vosotros. Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias; y no sólo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para llevar este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad; evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres. Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas cosas, y ahora mucho más diligente por la mucha confianza que tiene en vosotros. En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo. Mostrad, pues, para con ellos ante las iglesias la prueba de vuestro amor, y de nuestro gloriarnos respecto de vosotros.”

    1. Tito habría sido al principio quien había motivado la recolección de la ofrenda en Corinto para los hermanos en Jerusalén. Ahora se le pedía que “acabe también entre vosotros esta obra de gracia” (2 Co. 8:6), y con mucha solicitud salió de Macedonia a Corinto (v. 16-17).
    2. Para evitar inconvenientes de sospecha de mal uso del dinero o de alguna falta, se le envía junto a un “hermano” que era muy reconocido por las iglesias. Este personaje, de quien no se da nombre, lo acompañaría para evitar que Pablo o Tito sean censurados por una mala administración (v. 18-20).
    3. Pablo utiliza la palabra administrar para hacer referencia a que él estaba sirviendo o ministrando, proveyendo un servicio de ayuda. Esto implica que ellos debían tener un buen testimonio, ya que esta palabra en el original también se utiliza para traducir la función de un diácono («diakoneo»). (v. 19-20; Comp. Hch. 6:1-7; 1 Ti. 3:10, 13)
    4. Pablo sabía muy bien que este servicio debía hacerse “honradamente” ante Dios y los hombres (v. 21). Un buen siervo de Dios reconoce que su prestación es supervisada por el Señor, y debe ser hecha apropiadamente ante los hombres también.
    5. El buen testimonio de Tito y del hermano que viajaba con él era muy valorado por las iglesias; y ellos entendían que tenían la honra de ser “mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo” (v. 22-23). Esto los ponía en gran compromiso, lo que aseguraba la forma responsable en la que aceptaban la tarea.
    6. Pablo, a causa de todo lo explicado, anima a los hermanos en Corinto a que los reciban, y que con ellos envíen la ofrenda con confianza, misma que era “prueba de (su) amor” por los hermanos en necesidad (v. 24).

    El “amor al dinero”, como nos dice Pablo en una de sus cartas, es “raíz de todos los males” (1 Ti. 6:10). El dinero, aunque es un objeto inerte, por ese deseo del hombre de tenerlo puede generar codicia, avaricia, maldad, egoísmo, celos, y un sinnúmero de otros males. Las tentaciones que se presentan a causa de este bien son incontables. Es por eso que en las iglesias se escuchan muchos rumores, muchos infundados, pero otros ciertos, en cuanto a lo que se hace con el dinero que se recibe, sea por medio de diezmos y/o ofrendas.

    Para evitar problemas de esta índole, se debe considerar ciertas pautas que nos ayudaran a evitar los rumores y asegurar que nadie pueda hacer algo indebido. En estos versículos de estudio Pablo nos habla de algunos de esas pautas.

    - Debemos buscar personas que tengan buen testimonio entre los hermanos para que ellos manejen el dinero apropi

    • 10 min
    26 - Firmes (2 Corintios) - Dar con voluntad y disponibilidad [2 Co. 8:10-15]

    26 - Firmes (2 Corintios) - Dar con voluntad y disponibilidad [2 Co. 8:10-15]

    26 – Dar con voluntad y disponibilidad

    2 Corintios 8:10-15
    “Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo, desde el año pasado. Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis. Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.”

    1. En este momento entra a dar un consejo sabio referente a cómo “dar”. Lo primero que les pide a los hermanos en Corinto es a dar de acuerdo con el deseo que ellos mismos habían tenido en ayudar a los hermanos en Jerusalén. Esta colecta ya había iniciado un buen tiempo atrás, y ellos se habían comprometido consigo mismos para hacerlo (v. 10-11).
    2. Esta ofrenda no había sido un compromiso hecho de una manera determinada con un monto específico, sino que debía ser dado “conforme” a lo que se tenía, y no conforme a lo que no se disponía (v. 11b-12).
    3. El valor de la ofrenda no estaba dado en el monto, pues cada uno daría conforme a sus posibilidades; el valor sí estaba en el buen deseo de ayudar a los hermanos. Un corazón dispuesto es lo que se mira detrás de la ofrenda hecha con amor. Un comentarista menciona que «lo que más interesa a Dios es la actitud de corazón del dador y no la cantidad que da» (J. MacArthur). Uno debe dar con buena disposición y considerando lo que sí puede dar, y no dando para provocar problemas financieros o “estrechez” en uno mismo (v. 12-13).
    4. Pablo no está planteando una comunidad socialista dentro de la iglesia, sino que está aconsejando que se dé de acuerdo con lo que se pueda dar, sin afectarse personalmente, pero sí con el deseo de ayudar en la medida de las posibilidades a cubrir las necesidades de otros (v. 14).
    5. Utilizando un ejemplo del A.T. les recuerda que, así como el maná fue recogido de acuerdo con las necesidades de cada familia, si eran muchos, mucho; si eran pocos, poco (Éx. 16:18); así cada uno debe dar en la medida de lo que tiene y puede, para evitar no tener menos y hacer daño a los suyos por dar a otros (v. 15).

    En el principio de dar son varias las áreas que se deben considerar. No solo está el dar con generosidad y amor, sino que también se debe dar de acuerdo con las posibilidades propias de cada uno.

    Cuando damos una ofrenda debemos dar con amor, como ya se vio en la lección anterior; al mismo tiempo se debe dar en fe, confiando en Dios para proveer, pero esta fe debe ser basado en lo que Dios nos guíe a hacer. Una fe bíblica siempre se basa en la guía de Dios, no en una esperanza basada en un simple anhelo nuestro. En otras palabras, debemos estar seguro de que lo que vayamos hacer es lo que Dios nos está pidiendo que hagamos, y no está basado en simple presunciones (Mt. 7:24-29). Es ahí donde nuestra relación íntima con Dios es vital para ayudarnos a comprender lo que Él espera de nosotros.

    Si al momento de dar yo estoy limitando mis recursos poniendo en riesgo mi estabilidad financiera, o llegando al endeudamiento, entonces ahí debemos detenernos y mirar si lo que vamos a hacer es correcto o no. La libertad financiera debe ser siempre la meta del creyente, y si eso se ve afectado, entonces debemos evitar hacernos daño.

    Por otro lado, yo debo ver si doy sabiendo que tengo lo suficiente para cubrir mis necesidades básicas. El poner en riesgo mi economía o la de mi familia no es c

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    25 - Firmes (2 Corintios) - Creciendo en la "gracia" de dar [2 Co. 8:6-10]

    25 - Firmes (2 Corintios) - Creciendo en la "gracia" de dar [2 Co. 8:6-10]

    25 – Creciendo en la “gracia” de dar

    2 Corintios 8:6-10
    “de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia. No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro. Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo, desde el año pasado.”

    1. Como Pablo había mencionado en los versículos iniciales de este capítulo, el dar es considerado una buena predisposición, una “obra de gracia”, generada por Dios en la vida del creyente para que haga Su voluntad (v. 1, 6).
    2. Estimulando el deseo de un crecimiento en esta área, Pablo les da como ejemplo la “diligencia” de los hermanos en Macedonia, quienes, a pesar de su “profunda pobreza”, dieron “más allá de sus fuerzas” (v. 1-5, 8).
    3. En este deseo de ilustración, Pablo menciona el ejemplo máximo de generosidad en la persona de Cristo, Quien siendo Dios se humilló haciéndose Hombre, y siendo Eterno se hizo encarnó temporalmente y habitó entre nosotros, para que nosotros de “su pobreza (fuésemos) enriquecidos” con la salvación y todas las bendiciones espirituales que ello nos trajo (v. 9; Ef. 1:3).
    4. Los corintios estaban creciendo “en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en… amor”; ahora les pide que crezcan en la “gracia” de dar para que su madurez sea completa, en todas las áreas, no solo en algunas (Comp. Stg. 1:4).

    La madurez espiritual es el deseo de Dios para cada creyente, y por eso debe ser nuestra meta constante y creciente. Cada uno de nosotros tenemos diferentes áreas que deben ser fortalecidas, y en algunas áreas tenemos mucho más trabajo que hacer comparado con otras. La falta de crecimiento en el área del dar y de la generosidad es una muy común dentro de la iglesia de Cristo.

    Por carnalidad somos mezquinos, nuestra meta egoísta anhela tener más y más, y muy pocas veces queremos dar, y más aún de forma generosa. Los pecados de la codicia y la avaricia, a más de la falta de amor a Dios, por nuestro prójimo y/o por la obra de Dios son nuestros obstáculos para dar con liberalidad y generosidad.

    Para otros creyentes, el problema no es esa actitud pecaminosa, sino la falta de fe. Muchos no dan por no tener la fe suficiente en que Dios proveerá para sus necesidades, pensando que, si se ayuda en algo o a alguien, entonces después no tendremos para cubrir nuestras propias necesidades. En eso la Biblia siempre nos anima a crecer en fe y a confiar en que Él nos proveerá para nuestras necesidades, y a veces aún más allá (Mal. 3:10). El dar es nuestro acto de obediencia cimentado sobre la fe en el Proveedor Eterno.

    Si deseamos alcanzar nuestra madurez cristiana, el dar es un área en la que todos nosotros debemos trabajar y desarrollar constantemente. Depender de Dios y no de nuestra prudencia nos traerá bendiciones (Pr. 3:4-10). El mostrar amor ayudando a los demás glorificará a Dios (Fil. 4:10-20), y seremos honrados por Él (Mt. 6:1-4).

    «El Dar es una “gracia” que crece en el creyente que va madurando y alcanzando perfección, y todos debemos hacerlo» –Ministerio UMCD–

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    24 - Firmes (2 Corintios) - El dar, una "obra de gracia" [2 Co. 8:1-6]

    24 - Firmes (2 Corintios) - El dar, una "obra de gracia" [2 Co. 8:1-6]

    24 – El dar, una “obra de gracia”

    2 Corintios 8:1-6
    “Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia.”

    1. La palabra “gracia” es traducida de la palabra griega «caris» que podría definirse entre otras cosas como la disposición amistosa a brindar un acto bondadoso, tener una buena voluntad.
    2. Pablo utiliza esta palabra para expresar que la buena disposición de los hermanos en Macedonia de dar una ofrenda “para los santos” venia como una disposición producida por Dios en la vida de ellos, una “gracia de Dios” (v. 1).
    3. Las iglesias en Macedonia eran pobres a causa de guerras que azotaron esa provincia romana, por lo que muchos hermanos vivían en extrema “pobreza”, pero a pesar de ello sentían un “gozo” muy profundo en poder ayudar con sus ofrendas, que, aunque no pudieron ser muchas en cantidad, eran ricas por la muestra de “generosidad”, ya que dieron “aun más allá de sus fuerzas”, o sea, dando más de lo que se hubiera esperado, en forma sacrificial. (v. 2-3)
    4. En Macedonia veían el dar como un gran “privilegio” por lo que rogaban que se les permita “participar en este servicio” en favor de los hermanos en Jerusalén que estaban pasando necesidad. (v. 4)
    5. Su generosidad nacía como producto de una entrega “al Señor”. Las iglesias en Macedonia se habían consagrado a Dios aún a pesar de vivir en medio de mucha tribulación y pobreza, y cuando hallaron la oportunidad de dar, entonces dieron todo como una entrega a Dios, ayudando a los hermanos (v. 5).

    El corazón generoso viene como el resultado de una vida desprendida y altruista. Una vida que no se forja en el egoísmo o egocentrismo. La codicia y avaricia viene cuando la persona piensa solo en sí misma, mientras que un corazón dadivoso y generoso tiene su fuente en el amor verdadero. Dios es el único que puede ayudarnos tener ese corazón, cuando alineamos nuestra vida a Su carácter.

    El que una persona quiera ayudar a otros brindando una ofrenda es el deseo que Dios puede generar de forma específica para proveer a otros de medios económicos cuando ellos se encuentren en necesidad (2 Co. 8:1-5). En la voluntad de Dios, Él puede obrar en un creyente para que éste de manera desprendida, generosa, y amorosa, dé una ayuda de alguna índole material que vaya a bendecir a alguien. Aún más, esa persona puede dar de forma sacrificial, tomando de lo poco que tiene para dar a los demás, esto es un reflejo del carácter de Cristo.

    Esta generosidad se evidencia más cuando el creyente vive diariamente en el Señorío de Cristo. La entrega a Dios y a vivir Su voluntad hace que el creyente deje de actuar influenciado bajo su “yo” y permite que el Espíritu Santo le guíe a hacer cosas que son directamente el deseo del Señor (Gá. 5:16-18, 22-25). En la “gracia” de dar, no solo se refleja el carácter de Dios, sino Su obra directa de beneficiar a una persona por medio de la ofrenda dada por un creyente entregado a Él (2 Co. 8:5).

    «El dar es una gracia de Dios en beneficio de Su obra en la iglesia o en la vida de otra persona; es un reflejo de Su carácter» –Ministerio UMCD–

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