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La psicología consciente ha llegado para ayudarte a entender tu cuerpo como parte de un todo mucho mayor, para que puedas abrazar tu interior y conectar con tu verdadero ser. Ese es el punto de partida de la auténtica libertad y autorrealización vital.

Soy Marian Ponte Psicóloga-Sexóloga y llevo más de 20 años ayudando a las personas a través de la psicoterapia y la psicología consciente.

Podcast de Psicología Consciente Marian Ponte

    • Religion & Spirituality

La psicología consciente ha llegado para ayudarte a entender tu cuerpo como parte de un todo mucho mayor, para que puedas abrazar tu interior y conectar con tu verdadero ser. Ese es el punto de partida de la auténtica libertad y autorrealización vital.

Soy Marian Ponte Psicóloga-Sexóloga y llevo más de 20 años ayudando a las personas a través de la psicoterapia y la psicología consciente.

    Episodio 11: Responsabilidad Personal

    Episodio 11: Responsabilidad Personal

    ¿Qué significa ser responsable? Muchas veces confundimos la responsabilidad con la culpabilidad, pero, por el contrario, la responsabilidad no es más ni menos que la otra cara de la libertad. Quien quiera ser libre, debe ser antes responsables. La responsabilidad es la respuesta que damos frente a nuestros actos, es hacernos cargo de nuestras decisiones y elecciones, sino estaríamos hablando de un simple “capricho”.

    Existen dos modelos con los que accionamos: el modelo reactivo, y el modelo proactivo. Todo ser humano tiene una responsabilidad personal, y es importante reconocerla para poder tomar consciencia de nuestra libertad de acción. Donde yo ponga el foco eso tenderá a expandirse. El modelo reactivo es el que pone foco en lo que está fuera de control. Sería lo que conocemos como estímulo-reacción. Este modelo está basado en la teoría del condicionamiento clásico de Pavlov. En su estudio, Pavlov observa como un canino se saliva al oír una campana, ya que, había aprendido que tras el sonido de la campana el animal recibía comida. Una vez que incorporó la relación entre la campana y la comida, no hacía falta que la comida esté presente para que el perro comience a salivarse. Es decir, ante el estímulo de la campana, el perro reaccionaba salivando, aun cuando la comida no estuviera allí. El foco está en la campana, no en la comida. Por esta razón, es de suma importancia ver a qué prestamos atención, ya que eso es lo que estaremos ampliando en nuestra vida. Este modelo reactivo, es un modelo que da lugar a la inocencia, a ponernos en lugar de víctimas. Muchas personas se quedan atrapadas en esta forma de actuar, echando siempre la responsabilidad hacia el otro o la otra. Pero, tenemos el deber de hacernos cargo de nuestras elecciones, porque, aunque queramos buscar responsables fuera, siempre hay una elección por nuestra parte. La inocencia genera impotencia, ya que, si no tengo nada que ver con el problema, tampoco tendré nada que ver con la solución.

    Hay tres claves fundamentales para darnos cuentas que estamos en “modo víctima”: si nos quejamos, justificamos o culpamos. Nos quejamos de lo que está fuera de control. Por todo lo anteriormente mencionado, podemos afirmar que el modelo reactivo es adictivo. Siempre encontrarás alguien que escuche tus quejas, o alguien a quien culpar. Es interesante por eso que aprendamos a auto-observarnos para poder cambiar nuestro foco cuando nos encontremos en ese lugar.

    Por el contrario, en el modelo proactivo ponemos el foco en lo que está en nuestro control o poder de gestión. Ante un estímulo “x” hay una elección consciente y luego una respuesta. La elección consciente es la libertad de elegir de forma consciente para el ser humano. Debemos entender que nos pueden arrebatar todo, menos la actitud personal frente a la adversidad. La responsabilidad es la capacidad de dar respuesta, no como un deber ser, sino como una capacidad de elegir. No siempre somos responsables de lo que pasa, sino frente a lo que pasa. Entonces, ante esta máxima, me vuelvo protagonista de hacer algo frente a lo que sucede, a partir de mis valores, lo que me da una integridad. La culpabilidad no tiene nada que ver con la responsabilidad, la culpa está en el pasado y no puedo hacer nada con eso. El modelo reactivo nos abre a más respuestas en consciencia. Si alimentamos un camino, dejamos de ver el otro. Te invito a que conozcas nuevos modelos de reacción y a que tomes responsabilidad sobre tus actos. Este cambio te brindará libertad sobre tu hacer y ser. De esta manera nos inspiramos entre todos y todas a crecer.

    • 6 min
    Episodio 10: Creencias Limitantes

    Episodio 10: Creencias Limitantes

    Nuestra historia familiar genera unos estilos afectivos, una forma de vivir, de creer en el mundo y de evidenciar y extraer muchas conclusiones, impactos, emociones, ideas que vienen de alguna manera dadas por los comportamientos de los padres y de la familia extensa, al igual que de la sociedad. Es importante revisar esta historia que llevamos dentro, ya que debido a ellas muchas veces podemos tener el sentimiento de no ser suficientemente buenos o válidos, o ser complacientes, o vivir alguna situación de abandono, negligencia, ambivalencia, situaciones contradictorias o de miedo. Estas historias se vuelven obstáculos que si no los revisamos pueden afectar a nuestro crecimiento interior y personal. Eso que se va repitiendo y que todavía hoy nos resuena o se nos activa nos explica que es importante liberarnos, hacer un trabajo de revisión, de comprensión, de ver los patrones para poder hacer los duelos y sanar.

    Las creencias tienen que ver con las opiniones y juicios que nos hacen ver el mundo de una manera determinada y que incluso muchas veces lo vamos a percibir como algo natural y no lo vamos a cuestionar. No todo lo que hemos vivido sigue en el proceso de ayudarnos a crecer, sino que muchas veces está afectando nuestro avance, a eso lo llamamos: creencias limitantes. Se denomina así a las creencias que te generan una sensación de incapacidad, de miedo. Esto impide sentirse abundante y vivir un camino más amoroso.

    Otro aspecto del que pecamos en las sociedades occidentales es de un exceso de conformismo o pasividad, una actitud de no cuestionarse y vivir con el mínimo esfuerzo. Así nos llevamos a un lugar donde los acontecimientos nos arrasan o no tenemos control sobre ellos. De esta manera no asumimos riesgos ni responsabilidades, pero al mismo tiempo dejamos de aprender, no evolucionamos y muchas veces nos quedamos, gracias a la zona de confort, en una situación aparentemente saludable. No nos damos la posibilidad de ver las repercusiones de las situaciones donde podríamos sacar nuestra fuerza, nuestro potencial, nuestro espacio de amor y libertad. Es como si debajo hubiera la creencia errónea de que las cosas cambian solas, sin que hagamos nada, y persiste la creencia de: “para qué cambiar si igual no hay nada que conseguir». Cuando hay estas creencias hay que observar si hay algún tipo de indefensión aprendida y también comprender si hay mensajes familiares que pueden estar obstruyendo el camino, así se busca ver de dónde viene esa necesidad de comodidad. Cuando no creemos en nosotros mismos o no podemos conectar con quienes somos nos colocamos en un lugar de pasividad. Al encontrarnos en este punto nos olvidamos la importancia de nuestra existencia y la capacidad que tenemos de incidir sobre la realidad y nuestro entorno. Cuando estamos en esa pasividad generamos hábitos que no nos van a permitir muchas veces tener la fuerza para salir airosos o para manejar nuestra vida. Podemos culpar al mundo, podemos justificarnos, podemos ser incoherentes entre lo que pensamos, sentimos y actuamos. La realidad es que los hábitos facilitan la disciplina, generan una sensación de bienestar y de dirección para salir del caos. Esto no significa rigidez sino orden. La disciplina sin esfuerzo, pero sí con intención, es una manera de darnos fortaleza y darnos una sensación de autoresponsabilidad y de dirección para poder gestionar nuestra vida y expandirnos.

    Otro aspecto muy importante es el compromiso con los valores, estos dan guía y dirección, nos permiten vivir en coherencia y en momentos determinados, cuando vienen tormentas poder sentir que tenemos el timón de nuestro barco. Al mismo tiempo nos permite filtrar y seleccionar personas que comulguen con dichos valores para que no nos saquen de nuestro centro. Podemos entrenar nuestra mente para saber observar nuestra manera de pensar y así aprender a depurar estos pensamientos, ya que son los que reflejan nuestra forma de vida. Si somos...

    • 12 min
    Episodio 9: La importancia de soñar

    Episodio 9: La importancia de soñar

    En los tiempos que corren se han perdido muchas situaciones por falta de contacto con nosotros y con los demás. Esto, inevitablemente, produce muchas veces malestar, por ese motivo es de vital importancia tener verdaderos deseos para conectar con nuestros sueños. Uno de los primeros pasos importantes a dar es salir del miedo, ya que ese miedo lo único que hace es meternos en una jaula. Debemos comprender que no somos esos miedos, pero para ello primero hay que verlos, reconocerlos para poder luego soltarlos. Es importante ver si esos miedos están conectados a algo del pasado, algo que tenga que ver con nuestra historia infantil, nuestras historias de apegos o con situaciones de pérdidas que se hayan podido sufrir este ultimo tiempo ante los cambios que hubo. Es útil reconocer el miedo para poder recuperar un espacio de libertad.

    Cuando perseguimos nuestros sueños los mantenemos más vivos y en momentos de inseguridad estos son la guía para seguir viviendo una existencia con sentido. Sin ellos podemos muchas veces perder el rumbo. En ocasiones nos sucede que hemos estado sin consciencia interna y nos hemos ido perdiendo, conectar con nuestros sueños nos sirve de guía para retomar el camino. Eso que llamamos errores son las experiencias que nos ayudan a aprender para reconectar y comprendernos mejor. Cuando alguien decide conectar con su interior aparece una sensación de certeza donde no tienes que demostrarle nada a nadie. Así te dedicas a poner corazón en aquello que te hace sentir bien, en aquello que amas. Eso hace que nos conectemos con nuestras habilidades y talentos para poder disfrutarlos y compartirlos con el mundo.

    Hay que aprender a saber lo que sí quieres y lo que no quieres para comenzar a poner límites a todo aquello que te aleja de lo que crees que te ayudaría a vivir con más paz, más visión. Sostener y honrar esos límites forma parte de nuestro aprendizaje. No es necesario sentir que todo el mundo cree en ti porque en verdad eres tú quien debe creer primero en ti. Tienes tu propio valor y si tú no lo reconoces nunca podrá salir a la luz. Somos experiencia constante y desde ahí aprendemos y desde ahí probamos con la vida y adquirimos nuestro sentido de vivir. Cuando encontramos situaciones que están conectadas profundamente con lo que nos sienta bien ahí lo que estamos haciendo cobra sentido de la existencia. Comenzamos a vivir una interacción con nosotros, con la vida y con los demás mucho más expansiva. No es trabajar, es conectar con lo que sientes que te activa tus dones y talentos. Muchas personas pierden parte de sus vidas y direcciones porque hacen cosas que no les gustan, que las amargan, que les ponen en contradicción no permitiendo sacar su potencial. Salir de la comodidad forma parte de un riesgo, pero eso riesgo es necesario para poder buscarse, encontrarse y luego obtener recursos y nuevas herramientas. El momento es siempre. Nos podemos conducir hacia el lugar donde sabemos brillar y donde el placer de experimentarse, viviendo desde la coherencia, es un gran objetivo de por sí. En ese punto, no nos importarán tanto los resultados, como la importancia del camino recorrido, desde un lugar de autoresponsabilidad, donde no somos más víctimas porque ahora podemos escoger.

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    Episodio 8: Distorsiones Cognitivas

    Episodio 8: Distorsiones Cognitivas

    En nuestro día a día muchas veces estamos accionando a partir de lo que se conoce como: maximizar o minimizar. Por ejemplo, cometemos algún fallo y lo podemos ver como una catástrofe. Ahí estamos viendo mucho más grande lo que nos está pasando de lo que realmente sucede porque nuestra percepción está distorsionada. Esto afecta a nuestro mundo emocional y a nuestras relaciones, pudiendo llegar a situaciones extremas de adicción o de drama. Por el contrario, podemos minimizar una situación creyendo que aunque haya ido bien, cualquiera lo podría hacer mejor. Estas interpretaciones sobre lo que sucede a nuestro alrededor se denominan distorsiones cognitivas. Estas formas son maneras erróneas de procesar nuestra información, generando consecuencias negativas. Podemos comprender este comportamiento si observamos a personas con depresión donde tienen una percepción de la realidad muy oscura. En algún momento todos podemos tener una distorsión porque estamos pasando una mala época, pero es importante reconocerlo para poder ser más objetivos y no centrarnos en las barreras sino en lo que se puede hacer para mejorar.

    Otra forma de reaccionar ante ciertas situaciones es la sobre generalizar, por ejemplo, en circunstancias que han sido dolorosas o adversas se teme que eso pueda volver a ocurrir. Así se obstruye el volver a pasar por ciertas situaciones creyendo que nuevas experiencias nos pueden volver a generar todo ese malestar que sentimos anteriormente. Cada experiencia es distinta, si generalizamos nos condicionamos a repetir. En psicología se llama pensamiento polarizado cuando una persona sólo ve negro o blanco, aquí no se ven los aspectos intermedios, no hay grises. Por ejemplo, si mandamos dos curriculum y no contestan comienzas a pensar que todo es inútil, que no merece la pena lo que estás haciendo y que es mejor abandonar. Quizás todavía no hayas encontrado el lugar correcto, o quizás solamente es cuestión de tiempo, pero hay que recordar que las cosas no tienen que ser negras o blancas. El razonamiento emocional, por otra parte, es identificarse con una emoción y sacar una conclusión errónea. Por ejemplo, si te sientes mal haciendo algo y no te sientes con la sensación de seguridad y eso te llevó a un malestar, de golpe te sientes incompetente y consideras que eso es cierto. Debemos poder distanciarnos de esta primera idea para ver qué es realmente lo que nos sucede.

    Otros términos que utilizamos muchas veces es el “tengo que” o “debo”, esas exigencias centradas en uno mismo que crean autocrítica pueden generar situaciones de ira o agresividad. Eso hace que nuestro lenguaje, sin ser conscientes, afecte a nuestra vida y a nuestro entorno. Por ejemplo, muchas personas intentan gustar a todo el mundo y cuando sienten que algo no salió como querían entran en lo que “deberían de haber hecho”. Son personas muy exigentes que creen que no deberían cometer ningún error o que si lo han hecho pueden tener grandes consecuencias.

    Otro término importante es lo que en psicología se llama: inferencia arbitraria. Ahí se observa la adivinación del pensamiento y del futuro. La adivinación del pensamiento se debe a que creemos saber lo que los demás piensan e interpretamos a partir de eso. Por ejemplo, esta persona siente pena o tristeza por mí. Allí estamos poniendo nuestras creencias en lo que suponemos que el otro emocionalmente debe sentir sobre nosotros, sin haber contrastado o preguntado. Por otro lado, está la adivinación al futuro cuando antecedemos que las cosas van a ir mal, no nos damos cuenta que pueden ir de muchas maneras y que nosotros no debemos esperar nada. Por último, está lo que conocemos como la tendencia a poner etiquetas. A veces podemos darnos cuenta que hablamos mal de nosotros mismos o nos ponemos etiquetas y nos describimos a partir de ellas. No describimos los hechos y tampoco tenemos la exactitud de ver las cosas desde un prisma que no sea nuest

    • 10 min
    Episodio 7: La Negación

    Episodio 7: La Negación

    La negación es un mecanismo, una respuesta, que se puede desatar ante situaciones difíciles. A veces ante estas situaciones la única forma que encontramos de accionar es primero negándola. Ahora bien, si nuestra actitud es negar las circunstancias constantemente por no poder asumir o gestionar lo que sucede, ahí será muy difícil afrontar nuestros desafíos sin que este mecanismo no nos dañe a corto o largo plazo. La negación nos ayuda a protegernos cuando no podemos aceptar los hechos o la verdad de lo que está sucediendo. Por eso, ante un posible desajuste el primer paso es negarlo. Luego a partir del paso del tiempo podemos ir adaptándonos a esa situación dolorosas o que nos suponen un gran estrés. Es necesario comprender que todo lo que negamos puede quedar en sombra y muchas veces puede hacer que las circunstancias empeoren o nos salgan imprevistos a partir de ello. Todos tenemos situaciones de shock, como podría ser la muerte de un familiar o una noticia impactante. Hay una parte de ti que niega circunstancias porque no le está cuadrando lo que ve sobre lo que quiere creer de la realidad que construyó.

    Cuando debemos afrontar emocionalmente situaciones que nos afectan nos damos cuenta que el simple hecho de pensarlo ya lo hace muy doloroso. La información que se nos da ante lo sucedido lo vemos como una amenaza y nos genera desequilibrios como ansiedad o estrés. Eso hace que queramos negarlo en vez que reconocer que aquello está siendo así. Otras veces nos puede amenazar nuestra vulnerabilidad o la sensación de que estamos perdiendo el control de una situación o de nuestra vida: temas de adicción, maltratos, problemas financieros, despidos laborales, etc. Esas situaciones hacen que a veces nos neguemos a nosotros mismos o a los demás. Lo primero que se hace es no querer asumir que la situación es difícil y se niega la importancia que tiene. Comenzamos a minimizar también las consecuencias que puede tener el hecho de no prestar atención a algo que nos duele. En estos casos es importante el reajuste porque la realidad terminara imponiéndose y eso nos aleja de la salud física, mental y emocional. Sin embargo, en algunos casos la negación es útil, por ejemplo, si te dan una información chocante que no puedes digerir se requiere que tengas tu propio ritmo para que no te desbordes. Ante situaciones límite o eventos traumáticos muchas personas no pueden procesar lo que sucedió, ni tampoco pueden llevar el desafío de ese cambio. El miedo, el estrés, la ansiedad o el exceso de adrenalina podría afectar nuestras vidas. A medida que se va viviendo, día a día, se empieza a ver la posibilidad de darle lugar a esa posible amenaza que nos afectó para empezar a abordar el problema buscando una resolución más adaptativa. En estos casos la negación es un mecanismo sano que nos ayuda a adaptarnos y a sobrevivir y también a no enfermar. Es una forma de no generar un impacto que nos desborde para darnos el tiempo de digerirlo. Pero, si esta negación se alarga mucho sí nos puede afectar. Por ejemplo, te dan un diagnóstico de tu pareja donde te informan que tiene una enfermedad terminal y tú te rehúsas a querer verlo, querer escucharlo. Al principio puede que necesites esa reacción, pero si se alarga y no estás ahí para afrontar el proceso y el duelo, eso luego pasa factura. Otro ejemplo podría ser si tienes tendencia a beber de más y eso alguna vez afecta tu relación. Es muy común que la persona intente negarlo creyendo que puede controlarlo todo. O si notas algo extraño en tu cuerpo y decides no chequearlo porque crees que no pasa nada y pasado un tiempo empieza a dolerte y te dan un diagnóstico que requiere algún tipo de intervención que podrías haber obviado. Aquí el no tomar acción y no pedir ayuda a tiempo perjudica nuestra salud. En ese sentido, la negación es aceptable como algo temporal, pero es importante tener consciencia, pues la realidad permanece igual. Muchas v

    • 12 min
    Episodio 6: La Culpa

    Episodio 6: La Culpa

    La proyección de la culpa es un término que se utiliza cuando atribuimos a los demás nuestras propias carencias afectando nuestra libertad. Los padres y las madres, a partir de sus consejos y guías, nos enseñan a manejar nuestro mundo interior y a darnos la capacidad de interiorizar la autorregulación emocional para poder tener una base sana. Así se desarrolla lo que se conoce como apego seguro. Al ponernos límites sanos, nos enseñan a poder manejar pequeñas dosis de frustración para poder devenir adultos sanos, capaces de vivir sin manipular a otros. En este sentido primero aprendemos a co-regularnos. Necesitamos a un otro significativo para después poder fluir más en el resto de etapas y poder ser seres maduros y relacionales. A partir de aquí aprendemos a tener herramientas que nos permitirán auto-regularnos con nuestros propios recursos.

    A modo de resumen, hay dos aspectos vitales, uno sería la co-regulación, es decir la capacidad de que otras personas nos puedan ayudar a calmarnos ante diferentes situaciones. Esto nos hace sentir bien porque nos recuerda que tenemos un buen sentido del apego. El otro aspecto sería la autorregulación, cuando se tiene la capacidad de, a partir de los propios recursos, calmarse y sentirse bien. Si estas relaciones primarias no se te permitieron de una forma sana y no has podido co-regularte puede ser que después te desconectes de tus emociones y de las sensaciones corporales o que te cueste intimar, ya que, no contarás con esa herramienta sino que tendrás que buscar cómo desarrollarla. Cuando no somos responsables y autónomos porque no hemos podido conectar con nuestros conflictos, ni los hemos podido sanar, porque no sabemos cómo reconocerlos utilizamos mecanismos de defensa. Así volcamos en los demás todo lo que nos abruma o agobia. Responsabilizamos al otro o la otra de nuestro malestar en lugar de ver de dónde viene y para qué está ahí esa situación o ese sentir. Buscas evadir tus responsabilidades colocando en otras personas tus propios defectos, probando que el que está equivocado es el otro y no tú. A partir de nuestras carencias proyectamos lo que queremos ver en las relaciones, aquello que no tenemos y que queremos compensar. Así se llegan a idealizar esos vínculos donde reflejamos todas nuestras creencias. Esto no nos invita a madurar y crecer, sino que nos puede llevar a la dependencia y la co-dependencia. Cuando el otro te abastece y se acopla sin que puedas darte lo que realmente necesitas, pueda dar lugar a diferentes formas de manipulación: sacrificio, victimismo, sufrimiento. Al idealizar es fácil que luego la decepción aparezca cuando te toque asumir la realidad. Puede pasar que niegues y que te mantengas adicta a tu propio sufrimiento por no saber cuestionarte y asumir lo que sucede. Si son personas muy allegadas y nos hacen sentir culpa podemos no darnos cuenta dado que cuesta asumir que la persona que supuestamente te quiere también te daña, y a largo plazo puede llegar a interferir en tu esencia.

    Debemos comprender que es importante salir de la adicción al sufrimiento. Hay personas que no soportan la vulnerabilidad del otro, o no saben cómo gestionar el mundo emocional, por eso es más fácil que proyecten o hagan sentir mal a la otra persona.

    • 10 min

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