35 min

Una autora necesaria. Virginia Woolf Desde la orilla

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Bienvenidos a este cuarto episodio, el primero del 2022. 

“Madurar es perder algunas ilusiones para empezar a tener otras”, decía Virginia Woolf en una de sus maravillosas citas. Una mente, la suya, tan frágil como lúcida en periodo de entreguerras. Tan necesaria hoy en día.

En el episodio de hoy hablaremos de El cuarto de Jacob, una de las obras cumbres de la escritora  inglesa, que cumple su centenario en este 2022. La novela es un homenaje a Thoby Stephen, hermano de Virginia, brillante estudiante de Cambridge. Fue él quién fundó e introdujo a Woolf en el conocidísimo grupo de Bloomsbury, el que rescató a la escritora de las rígidas costumbres de Hyde Park Gate, de los ritos victorianos, tales como suspender cualquier tarea para recibir y tomar el té, sin afectación, vestirse de gala a la hora de la cena con los hombros descubiertos hiciera frío o calor, ser cauta a la hora de participar o iniciar cualquier conversación con un hombre, plegarse ante la posibilidad de atraer la atención de un muchacho o futuro prometido. 

Thoby Stephen, desgraciadamente, no pudo ser testigo de ese proceso, murió de fiebres tifoideas en 1907 tras un viaje a Grecia. Su vacío, su ausencia, su personalidad, recorren las páginas de El cuarto de Jacob. 

Bienvenidos a este cuarto episodio, el primero del 2022. 

“Madurar es perder algunas ilusiones para empezar a tener otras”, decía Virginia Woolf en una de sus maravillosas citas. Una mente, la suya, tan frágil como lúcida en periodo de entreguerras. Tan necesaria hoy en día.

En el episodio de hoy hablaremos de El cuarto de Jacob, una de las obras cumbres de la escritora  inglesa, que cumple su centenario en este 2022. La novela es un homenaje a Thoby Stephen, hermano de Virginia, brillante estudiante de Cambridge. Fue él quién fundó e introdujo a Woolf en el conocidísimo grupo de Bloomsbury, el que rescató a la escritora de las rígidas costumbres de Hyde Park Gate, de los ritos victorianos, tales como suspender cualquier tarea para recibir y tomar el té, sin afectación, vestirse de gala a la hora de la cena con los hombros descubiertos hiciera frío o calor, ser cauta a la hora de participar o iniciar cualquier conversación con un hombre, plegarse ante la posibilidad de atraer la atención de un muchacho o futuro prometido. 

Thoby Stephen, desgraciadamente, no pudo ser testigo de ese proceso, murió de fiebres tifoideas en 1907 tras un viaje a Grecia. Su vacío, su ausencia, su personalidad, recorren las páginas de El cuarto de Jacob. 

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