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Un podcast en el que tratamos reflexiones, consejos, técnicas y estrategias para hacer de una empresa un negocio del que poder vivir bien.

Objetivo Negocios Perfectos Rafael Valero

    • Economía y empresa

Un podcast en el que tratamos reflexiones, consejos, técnicas y estrategias para hacer de una empresa un negocio del que poder vivir bien.

    Paneles de control

    Paneles de control

    En esta entrada vamos a analizar la importancia de los paneles de control en una empresa, porque...
    ¿Te imaginas conducir un coche sin poder ver el velocímetro, lo que te queda de gasolina o todo ese montón de lucecitas y relojes?
    Porque aunque no siempre sabemos para lo que sirven, sí que sabemos que si están ahí es por algo



    Se haría raro, ¿verdad?



    Sin embargo, la cuestión es que, si lo pensamos, en realidad no ver toda esa información no nos imposibilita el poder conducir y desplazarnos.
    Que es para lo que, en definitiva, nos sirve un coche.



    Tenemos el volante, tenemos el acelerador, el freno, el asiento, los retrovisores, y todo lo demás necesario para ir de un sitio a otro.



    Ahora bien, no tener esos datos haría que circular fuera poco inteligente.
    Porque aunque muchas veces sólo los miramos de pasada, o directamente no les hacemos ni caso, lo cierto es que los necesitamos.



    Ya que si no, a ver cómo ibas a saber la velocidad a la que vas, o si te queda poca gasolina.



    Menuda angustia, ¿no?, ir por esas carreteras sin saber si con la gasolina que tenemos podremos llegar a nuestro destino.
    O si la velocidad a la que circulamos está por encima de la permitida y que nos pueda multar.



    Y todo esto, sin contar con que al no tener acceso a determinada información, quizá hasta te cargas el motor y te quedas sin coche.
    Simplemente por no haber podido ver a tiempo un pilotito rojo.



     
    Dirigir un negocio sin paneles de control puede llegar a ser angustioso
    Seguramente estarás pensando que si es que ahora me voy a dedicar a la automoción, o algo así. Pero no, no es ese el caso.



    Todo este rollo que te he soltado de los paneles de control del coche, no es más que una analogía de lo que puede que te esté ocurriendo con tu empresa.



    Porque si la pilotas sin tener la información mínima necesaria, es más que probable que esa sensación de angustia que te comentaba, también la padezcas.
    Pero en este caso, de una manera mucho más intensa, pues no podemos comparar la importancia de tu negocio, que es el que da de comer a tu familia.
    Con el de tu coche, que aunque lo utilices para trabajar, si se rompe siempre vas a poder cambiarlo mucho más fácilmente que la empresa.



    Así que lo que voy a hacer a continuación, es contarte más en detalle qué es esto de los paneles de control y cómo y para qué utilizarlos.
    Para que si tú no los tienes puedas empezar a implementarlos desde ya. 



    Y si sí que los tienes, que puedas comprobar si están acordes a lo que de verdad necesitas.



     
    No tener paneles de control en la empresa es la forma más segura de que un negocio se vaya a pique



    Hay empresarios, muchos más de los que debería, que simplemente no viven agobiados por la falta de información de su negocio.
    Y esto es básicamente porque siempre han vivido así y creen que ese es el estado natural de un empresario.



    Sin embargo, al igual que con la comparativa que te hacía antes con los paneles de control del coche.
    Intentar dirigir una empresa sin tener la información mínima necesaria, es el modo más seguro de que un negocio se vaya a pique.



    Porque es que, hay empresarios que no sólo no saben lo que ganan, sino que ni siquiera saben lo que facturan.



    Y no estoy hablando de que no sepan lo que facturan por línea de negocio o por tipo de producto.
    Sino que directamente no tienen ni idea de lo que facturan, ni tampoco de lo que gastan.



    Ellos miran en el banco, y si hay dinero es porque todo funciona y si no lo hay es porque algo va mal.



    Pero creo que no es necesario que te explique que sólo con esa información no basta para determinar si una empresa funciona correctamente o no.



    Y yo me pregunto por qué tantos empresarios, nóveles y no tan nóveles, no se dan cuenta de que si para manejar un coche, un avión, un barco.
    O cosas más pequeñas como una simple lavadora, hace falta disponer de unos paneles de control con los indicadores mínimos para saber si to

    • 11 min
    La Visión personal

    La Visión personal

    Hace un tiempo te conté qué era la Misión personal, y hoy le toca el turno a la Visión personal.
    Porque todo empresario o emprendedor sabe, o debería saber, que para que una empresa pueda asentarse y funcionar realmente bien, esta debe fundamentarse, en una Misión, una Visión y unos Valores. 



    Sin embargo, no todos saben que para que esa Misión, Visión y Valores funcionen correctamente, él también debe tener los suyos a nivel personal.
    Entre otras cosas, porque si no se sabe por qué y para qué se lucha difícilmente se conseguirá.







     



    La necesidad de la Visión personal
    Cualquier persona, sea empresario o no, debería tener un por qué lucha, un para qué lucha, y unos valores con los que regirse en su vida.



    Y, de hecho, la mayoría de las personas los tienen, aunque de una manera muy interna y raramente puestos por escrito.



    Lo que pasa es que, en el caso de los empresarios, esto que en principio podría parecer una chorrada, tiene una importancia altísima.



    Porque es la forma de determinar claramente cuál es el futuro que deseas.
    Y sin ella, da igual lo potente que sea tu misión, o lo motivado que puedas estar, porque difícilmente llegarás a ningún lugar.



    Y no llegarás simplemente porque no lo habrás definido previamente.



    Para que lo entiendas mejor, es como si te montas en un taxi y le pides al chofer que te lleve a un lugar mejor que en el que estás.



    Que seguramente conseguirás que el taxista te mire extrañado y te insista en que si quieres que te lleve allí, tendrás que darle una dirección real.



    Y eso es a grandes rasgos lo mismo ocurre con la visión personal.
    Que para llegar a cualquier sitio antes necesitas saber cuál es ese sitio y visualizarlo, porque sino, no llegarás por mucho que corras.



     
    La Visión personal es la parte materialista de esta historia
    Supongo que ya te has dado cuenta que la visión personal es sobre todo materialista.
    Y que al definir para qué vas a hacer todo lo que vas a hacer, te facilita el determinar qué es lo que necesitas para alcanzarlo.



    Por eso, si no tienes una visión personal, te va a resultar muy complicado, por no decir imposible, marcar una visión comercial a tu empresa.
    Que aunque sí es posible que logres el éxito empresarial sin ella, difícilmente podrás llegar a desarrollar un negocio que de verdad te merezca la pena.



     
    Un ejemplo para que lo entiendas mejor
    Un ejemplo de visión personal podría ser el siguiente:



    “Dentro de 5 años voy a estar viviendo con mi pareja y mis hijos en un chalé de al menos 300m2 con piscina. 



    Nuestra situación económica estará completamente saneada porque los ingresos mensuales que estaré recibiendo de mi empresa superarán los 10.000€. 



    Y, además, saldremos como mínimo una semana de vacaciones cada 3 o 4 meses.



     
    En este ejemplo queda patente que la Visión personal no consiste en aportarle nada a nadie, ni tampoco ser profundo de ninguna manera.



    Simplemente se trata de definir un para qué luchas cada día.



    Aunque eso sí, para que tenga sentido y funcione, esta ha de ir en consonancia con tu Misión personal y ser lo suficientemente motivante para que cuando los baches del camino te zarandeen, no quieras apartarte de él.



    Porque si seguimos con el ejemplo de vivir en el chalé...
    Si para ti vivir en esa casa tan grande y con piscina no es importante, a las primeras de cambio que se te compliquen las cosas, lo abandonarás.
    Y al final tendrás la misma sensación que puede que tengas ahora, en la que por mucho que haces no consigues lo que quieres.



    Y es que a ti quizá te motivan más las cosas menos relacionadas con el dinero, y más con el poder o el estatus social.



    Que entonces deberías crear la visión en esa línea. Algo más del estilo:
    “En 5 años voy a ser el profesional de mi sector más reconocido de España”,
    O, “en un máximo de 10 años voy a estar sentado en la misma mesa que los grandes banqueros del paí

    • 11 min
    Mentalidad empresarial

    Mentalidad empresarial

    Un empleado con mentalidad empresarial, es prácticamente seguro que al final acabará teniendo una empresa, y seguramente, con éxito.



    Sin embargo, un empresario con mentalidad de empleado, da igual cuántas empresas llegue a tener, porque difícilmente tendrá éxito.



    Y ya te digo yo, que no tiene nada que ver con querer tener una empresa.



     
    En qué consiste la mentalidad empresarial



    La mentalidad empresarial, a nivel básico, es un conjunto de actitudes y formas de hacer las cosas, que te permiten desarrollar distintas aptitudes.
    Pero también, conseguir la motivación necesaria para hacer realidad una visión concreta a través del desarrollo de negocios.



    O dicho de otra forma, que es una manera de ver el mundo, en la que el conformismo no forma parte de tu vocabulario y tu idea de alcanzar el éxito es la de que éste dependa de ti mismo.



    Y está claro que, una vez que adquieres la mentalidad de empresario, ya no vuelves a tener la de empleado.
    Porque aunque volvieras a trabajar para otro, tu forma de actuar sería más como la de un empresario, que como la de un asalariado.



     
    ¿Por qué es importante que adquieras una mentalidad empresarial?



    Básicamente, porque ante un proyecto empresarial dependemos completamente de nosotros mismos.
    Y el acierto o el fracaso en la toma de decisiones, dependerá de la capacidad que tengamos para entender cuál es la mejor opción.



    Que, en cualquier caso, no es la forma de pensar de un empleado, que está más basada en trabajar cambiando tiempo por dinero.
    Y aunque se convierta en empresario para no tener jefe, la realidad es que necesita que le digan constantemente qué tiene que hacer. 



    Ahora bien, antes de enumerarte algunas de las condiciones para adquirir esa mentalidad empresarial, es importante que tengas claro qué es ser empresario.
     
    Qué es un empresario



    Muy en contra de lo que creen la mayoría de las personas, incluidas aquellas que trabajan para sí mismas, pero con mentalidad de empleado, un empresario no es sólo el dueño de una sociedad que tiene empleados contratados.



    Entre otras cosas, porque al menos desde el punto de vista legal, se considera empresario a cualquiera que está dado de alta en la Seguridad Social, pero no por cuenta ajena.



    Es decir, que es igual de empresario el dueño de una multinacional, que el típico repartidor de comida que es autónomo.



    Sin embargo, las estadísticas demuestran, que ser empresario sólo por estar dado de alta como tal en la Seguridad Social, no es suficiente para conseguir que un negocio obtenga unos resultados razonablemente buenos.



    Y ahí es donde entra la necesidad de disponer de la adecuada mentalidad empresarial.
    Que es la que, como te he dejado ver ya, te dará la mayor parte de los números que necesitas para tener éxito.



     
    Qué necesitas para adquirir mentalidad empresarial
    Son tantas que podría pasarme horas. Así que voy a listarte las que yo considero más importantes.
     
    Define lo que quieres para ti como persona



    Por la que sí o sí deberías empezar, es por la de definir lo más claramente que puedas, qué es lo que quieres para ti.
    Porque aunque quizá creas que lo tienes claro, la realidad es que la mayoría de las veces no lo está tanto.



    Y eso hace que muchos empresarios se frustren cuando, aunque sus empresas marchen bien y les hagan ganar dinero, ellos no alcancen la felicidad que esperaban.



    Algo que, si lo piensas, tiene toda su lógica.
    Porque ya me dirás tú cómo esperas construir un negocio que te lleve a cualquier lugar, si no sabes qué lugar es ese.



    Así que, lo primero de todo, párate a pensar si eso por lo que estás luchando cada día, es lo que hace que te levantes por las mañanas.
    Y si es así, mira si puedes reforzarlo de algún modo.
    Y si no lo es, páralo todo y no vuelvas a arrancar hasta que descubras por qué te merece la pena el estilo de vida elegido.
     
    Asume que sólo tú eres el responsable de todo lo que te pa

    • 12 min
    Errores de empresario novato

    Errores de empresario novato

    En esta entrada te voy a hablar de errores de empresario novato que cometemos muchos, aunque ya llevemos tiempo como empresarios.
     
    La felicidad del empresario novato
    Cuando uno emprende por primera vez, es habitual vivir en una especie de realidad paralela provocada por no saber que no se sabe.



    Y tienes una especie de sensación de felicidad, por llamarlo de alguna manera, que suele ser independiente de los resultados que se obtengan.



    De manera que si le va bien el negocio se dice a sí mismo que ser empresario no era tan difícil.
    Y si le va mal, pues seguramente se dice cosas como que si los clientes no entienden lo que ofrece, que si la competencia es desleal porque tira los precios, o que si el gobierno es injusto porque le muele a impuestos.



    La cuestión es que raramente le da por pararse a analizar a qué se deben esos resultados.



    Y esa falta de curiosidad es por la que, por un lado, tenga más posibilidad de mantenerse en el lado de los malos resultados.
    Y por otra, que su novatez como empresario se alargue por muchos muchos años.



    Así que he pensado que para el caso en que tú estés viviendo en ese involuntario matrix.
    Y aún a costa de que por culpa de lo que te cuente, tu felicidad empresarial disminuya, o incluso caiga del todo, como me pasó a mí, te voy a exponer unos cuantos errores de empresario novato que se suelen cometer, sobre todo al principio, para que si estás cayendo en ellos dejes de hacerlo. Y si no estás cayendo, para que no caigas.



     
    Error #1 - Creer que las ventas lo son todo



    Uno de los errores más habituales en los que se suele caer, sobre todo cuando se empieza una empresa, tiene que ver con las ventas.
    Y, en concreto, con pensar que para tener éxito, en lo único en lo que hay que centrarse es vender, vender y vender más aún.



    Sin embargo, la realidad es que la gestión de una empresa va mucho más allá que el sólo vender.
    Porque, para empezar, hay que recordar que, aunque tú estés solo al principio, también existe la administración, las finanzas, la estrategia, la planificación, los procesos, y muchas otras cosas.



    Pues aunque es verdad que una empresa que no tenga ventas no va a poder mantenerse en el mercado.
    También es cierto que si sólo te dedicas a atraer facturación, lo más probable que te pase, es que acabes muriendo de éxito.
    Porque aunque has atraído clientes y facturación, como estás centrado en su captación, seguramente no podrás darles el servicio que merecen, o el prometido.



    Así que, en lo que respecta a esto, analiza qué estás haciendo en tu caso, y asume que dirigir tu empresa es más una carrera de fondo, que un sprint.
    Porque en este caso, no llega más lejos el que más corre.
     
    Error #2 - No medir ni controlar los resultados



    Otro error de empresario novato muy común, es el de no controlar y medir los resultados.



    Y es que, uno está tan metido en el día a día, que muchas veces olvida que debe entender por qué pasan las cosas que pasan.



    Que basándonos, por ejemplo, en las ventas.

    ¿Tú sabes a cuántos clientes hay que visitar para que uno acabe comprándote?
    ¿y cuántas visitas has de hacer a ese cliente hasta que te compra?
    ¿O cuántos clientes se pueden visitar por día?
    ¿y cuántas llamadas has de hacer para que un cliente te reciba?




     
    Así podríamos tirarnos horas y horas intentando definir todos los parámetros que deberías controlar para analizar la información en tu favor.



    Que aunque es probable que pienses que para qué quieres saber esas cosas, si estás solo y lo que consigues ya te basta.



    Imagínate que mañana decides contratar a un vendedor…
    ¿Qué le vas a decir en referencia a cuánto tiene que trabajar para conseguir determinados resultados?
    ¿Y cómo pretendes crear un plan de comisiones, si no sabes si los objetivos que le marcas, están acordes al esfuerzo a realizar?



    En fin, este es un tema muy amplio que no me da para explicártelo en un artículo semanal.
    P

    • 14 min
    Las claves del método GTD

    Las claves del método GTD

    En este post te voy a contar cuáles son las claves del método GTD.
    Porque si eres empresario y tu intención es tener éxito con tu empresa, no te queda otra que ser productivo.
    Y para ser productivo, una de las cosas que necesitas sí o sí, es seguir un método de organización que te ayude a conseguirlo.
    Aunque como con casi todo, con los métodos de organización tampoco puedes esperar que todos se adapten a ti.   
    Pues aunque la mayoría de los métodos son muy parecidos entre sí, lo cierto es que cada uno está pensado para un tipo de usuario concreto.
    Y aunque yo no puedo saber qué tipo de método necesitas tú para lograr la máxima efectividad.
    Sí puedo darte las claves de algunos de ellos para que, al menos, sepas si se te podrían adaptar a tu estilo de vida o trabajo.
    Y del que te voy a hablar hoy es del método GTD, que es el que con diferencia más se utiliza a nivel mundial.
    E incluso dicen, que es probablemente el mejor y más completo método de organización que existe.

     
    De dónde sale y en qué se basa el método GTD
    Este método fue desarrollado en los años 80 por un experto en productividad norteamericano llamado David Allen.
    Y lo hizo a través de un libro al que tituló "Getting Things Done", que es de ahí de donde salen las siglas GTD.
    Aunque en España se publicó bajo el título de “Organízate con eficacia”.
    Y se basa en que una persona necesita liberar su mente, para poder enfocarse por completo en lo que esté haciendo.
    Para lo propone que se guarden las tareas y los proyectos que se tengan pendientes, en un lugar específico fuera de ella, y que sea siempre el mismo.
    De manera que no sea necesario recordar nada de lo que se tenga por hacer.
    Porque este hombre afirma que nuestra memoria es del todo ineficiente, basándose en que ésta nos recuerda las cosas cuando mejor le parece, pero generalmente no, cuando realmente las necesitamos.

     
    Típico ejemplo de lo que hace nuestra memoria
    Que si lo piensas tiene toda la razón, porque seguro que te ha pasado alguna vez estar, por ejemplo, trabajando en tu oficina, y de repente acordarte de que tienes que comprar tomates, o lo que sea.
    Que está genial acordarte, pero mientras trabajas, o vas conduciendo, de poco te sirve hacerlo porque no puedes hacer nada por solucionarlo.
    La cuestión es que cuando sales del trabajo, te acuerdas que tenías que comprar algo, pero ahora ya no recuerdas el qué.
    Así que decides dirigirte al supermercado con el absoluto convencimiento de que cuando estés allí te acordarás.
    Cuando llegas, como sigues sin acordarte, piensas, voy a ir recorriendo los pasillos mientras cojo otras cosas, que seguro que cuando lo vea me acuerdo.
    Así que empiezas a caminar por los pasillos y a empezar a meter cosas en el carro.
    Y mientras lo haces, recuerdas que tienes que cambiarle el aceite al coche y, también, que has de llamar a un cliente. Pero de los tomates, nada de nada.
    Al final das la compra por finalizada sin haber cogido los tomates, pagas la cuenta y te marchas a casa.
    ¿Y cuando te acuerdas de los tomates?
    Pues normalmente, cuando ya te has marchado del supermercado y volver supone más molestia que un beneficio.
    Al final, este ejemplo que es a la par absurdo y cotidiano, es por lo que David Allen opina que no podemos depender de nuestra mente para organizarnos.

     
    La necesidad de un sistema externo a la memoria
    El método GTD aboga por que se disponga de un sistema organizativo completamente externo a nuestra memoria.
    En el que podamos confiar plenamente, y que nos permita recordar las cosas que hemos de recordar en el momento preciso y no en otro. 
    Buscando con ello que nuestra mente obtenga la tranquilidad necesaria por saber que no se le va a escapar nada.
    Y que así podamos dedicarnos por completo a trabajar en lo que estemos haciendo en cada momento, de una manera más eficiente y creativa.
    Todo esto, con el fin de que se adopte un estado que en GTD se denomina como de “alerta perfecta”.
    Y qu

    • 19 min
    Cliente objetivo y usuario final

    Cliente objetivo y usuario final

    Si quisiéramos seguir la lógica más inteligente para montar un negocio, lo primero que deberíamos hacer es identificar una necesidad o problema del mercado.
    Y en base a eso, crear una empresa que ofreciera una solución.



    Sin embargo, el mercado está lleno de empresas creadas en base a la profesión o al conocimiento del sector que tenga quien las monta.
    O también porque el emprendedor pensó que ese negocio funcionaría muy bien pues la mayoría de los que conoce están siempre a tope.



    Lo que pasa es que la estadística está harta de demostrar que para tener éxito con una empresa no basta sólo con eso.
    Sino que por el contrario, hace falta que ésta cumpla con otras muchas cosas que van más allá de los conocimientos del propietario.
    O con la simple creencia del supuesto éxito que estén logrando otros.



     
    La necesidad de definir al cliente objetivo
    De entre todo lo que necesita un negocio para tener posibilidad de éxito, nos encontramos, por supuesto, todo lo relacionado con el cliente objetivo.



    Que aunque es un tema que se repite hasta la saciedad, la mayoría se empeñan en pensar que lo que venden puede ser comprado por cualquiera.
    O, con suerte, lo acotan por sexo y edad, aunque de una manera muy amplia.



    Y ya me dirás tú en qué se parece una chica de 20 años a una señora de 60.
    Especialmente si lo que vas a vender, por ejemplo, son vestidos de fiesta.



    Y no es que las mujeres de cualquier edad no vayan a comprar este tipo de artículos, ni mucho menos.
    Pero supongo que no tengo que convencerte de que los gustos de unas y los de las otras difieren bastante entre sí, ¿verdad?



    Además, si esto de definir el cliente objetivo ya es peliagudo de por sí, todavía se complica más en los casos en que el usuario final no es el mismo que el que decide o paga.



     
    Cada cliente objetivo requiere una estrategia



    Supongo que está claro que cualquier estrategia que ejecutes debe ir dirigida, directa o indirectamente, hacia el logro de la satisfacción de tus clientes, ¿verdad?



    Y que para poder ejecutar esas estrategias, antes hay que tener claro a qué cliente te diriges. Porque sino, difícilmente funcionarán.



    Pero obviando la inmensa cantidad de casos en las que no se ha definido un cliente objetivo, muchas veces las estrategias no funcionan porque el cliente está mal definido.
    O como en el caso que nos ocupa hoy, porque además hay que diferenciar el que consume del que paga.



    Por lo tanto, para afinar estrategias y tener mayor posibilidad de que funcionen, es imprescindible reflexionar sobre si tu cliente objetivo es el mismo que va a usar lo que compre.



    Y para que te sea más fácil esta reflexión, lo primero es saber cuáles son las diferencias entre el cliente objetivo y el usuario final.
    Porque aunque así de primeras parecen obvias, no dejan de tener sus peculiaridades.



     
    Qué es un cliente objetivo
    Un cliente objetivo es aquel grupo de personas o empresas que de alguna forma quieren o están necesitados de lo que tú vendes.
    Y, además de tener la capacidad y la disposición para adquirirlos, lo normal es que estén receptivos a que se los ofrezcas.



    Y para definirlo de forma básica, debes centrarte en datos socio demográficos, como por ejemplo el sexo, la edad, la ubicación, el poder adquisitivo, etc.



    Que para que lo entiendas mejor, y aunque parezca exagerado, es como si pretendieras conseguir una pareja sin definir qué tipo de pareja quieres.



    Es decir, como si un día te levantases y pensases que ya está bien de estar soltero y te pusieses tus mejores galas para salir a ligar.
    Pero sin haber pensado antes qué edad aproximada quieres que tenga, dónde te gustaría que viviera, o si quieres que le gusten las mascotas.



    Porque si no lo tienes claro, te da igual ir a una discoteca para adolescentes, que estará llena de críos, que a la de un hotel turístico, que básicamente encontrarías extranjeros.



    E igualmente, al vestirte puede que te p

    • 10 min

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