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El camino más directo hacia el crecimiento profesional requiere re-educarse psicológicamente, aprendiendo determinadas habilidades personales, pedagógicas y comunicativas que, si bien cualquier persona necesita, en el caso de los desarrolladores/as Web (como tú y como yo) se convierten en casi una obligación.

En Maestría encontrarás mis experiencias, conclusiones y reflexiones; lo que he probado y me ha funcionado (o no). Todo ello a través de capítulos en forma de conversación y que no suelen durar muchos minutos.

Maestría Juan Andrés Núñez

    • Self-Improvement

El camino más directo hacia el crecimiento profesional requiere re-educarse psicológicamente, aprendiendo determinadas habilidades personales, pedagógicas y comunicativas que, si bien cualquier persona necesita, en el caso de los desarrolladores/as Web (como tú y como yo) se convierten en casi una obligación.

En Maestría encontrarás mis experiencias, conclusiones y reflexiones; lo que he probado y me ha funcionado (o no). Todo ello a través de capítulos en forma de conversación y que no suelen durar muchos minutos.

    Comenzar lo es todo

    Comenzar lo es todo

    En este episodio improvisado te explico por qué pienso que la acción imperfecta es mejor que la inacción y por qué dar el primer paso es lo más importante.

    • 10 min
    Debes recordar lo importante

    Debes recordar lo importante

    Es importante que planifiques todo lo que quieres hacer durante la semana. Yo lo hago el domingo.
    Cuando lo hagas, debes ser sincero/a contigo mismo/a y saber hasta dónde puedes llegar.
    Muchas veces sobreestimamos nuestra capacidad —o subestimamos el trabajo que tenemos por delante.
    Pero sobre todo nunca olvides lo que realmente es importante para ti, ya que suele quedar relegado a la última posición en tu agenda.
    Sin embargo, no basta con recordarlo. Debes tratar eso que quieres hacer, que te representa y que es importante (pero no urgente) como algo especial, porque lo es.
    También debes tener en cuenta el peligro del cambio de contexto, llamado “coste de activación”.
    Debes recordar lo importante, porque si no lo haces estarás condenado/a repetir una y otra vez el último año de tu vida.

    • 9 min
    La frustración es tu amiga

    La frustración es tu amiga

    Si le preguntaras a diez, cien o mil personas sobre cuál es su idea de la felicidad, la mayoría pensará en la palabra “confort”. En nuestra sociedad el concepto de fácil, sencillo y sin esfuerzo van de la mano, dando a entender que uno es el camino a otro. Es una pena que no se corresponda con la realidad.

    Es complicado culpar a alguien por pensar así. Si toda tu existencia se basa en hacer cosas incómodas (por compromiso, obligación, etc.) es lógico suponer que si eliminas lo incómodo de tu vida, serás feliz. Esta es la razón principal por la que tú y yo tenemos tantas ideas que nunca se pusieron a prueba. Tantos proyectos, cursos, libros y objetivos que nunca entraron en acción.

    Perseguimos los beneficios sin el proceso, el resultado sin pasar por la incomodidad y el tedio. Estamos obsesionados con los “quick wins” (la versión reducida e idealizada del trabajo duro y el esfuerzo), aunque estos no existan. Aún en el raro caso de que entremos en acción, abandonamos ante el primer obstáculo.

    Los seres humanos huimos de la frustración porque nos hace sentir vulnerables, incómodos. Nos recuerda nuestra naturaleza endeble. Nos viene a decir que ni somos tan buenos ni lo sabemos todo.

    Si crees que no eres feliz no es por culpa de la incomodidad, es porque te sientes incómodo/a por los motivos equivocados. Tu trabajo no es incómodo, tú te sientes incómodo/a porque no quieres trabajar en él, ya que tu jefe y/o compañeras son gilipollas. Pero tienes que hacerlo. Esto es extensible a cualquier otro aspecto de la vida (pareja, familia, negocios, etc.).
    Debes entender que nada que merezca la pena está exento de una buena dosis de dificultad, dolor y frustración. Da igual lo que quieras ser o aprender. Como dice Robert Greene en Mastery es así como funciona el cerebro humano. Los primeros pasos en ese nuevo objetivo serán desagradables por la cantidad de información a asimilar (si alguien te lo vende de otra forma, miente). Para soportar el proceso debes de ser tú quién elija. Debes elegir por ti, no por otra persona ni por obligación o conveniencia.

    Entiendo que resulte difícil de entender, pero nunca me he sentido más vivo que en mitad del dolor y la frustración de la lucha por hacer algo que para mí, merece la pena.

    No seas ingenuo/a y no huyas de la frustración. Es tu mejor amiga. La necesitas. La búsqueda hedonista del confort por el confort solo te hará más miserable.

    ¿No lo está haciendo ya?.

    • 5 min
    Ellos no son tus amigos

    Ellos no son tus amigos

    Nunca he sido una persona que tienda a compararse en exceso. De verdad. No me considero por encima de nadie, pero aun así nunca he necesitado prestar atención a otras personas para calcular mi valía.

    Todo esto cambió cuando empecé a utilizar más las redes sociales. Al hacerlo, se manifestaron toda una serie de pensamientos y emociones apenas conocidos para mí.

    La mayoría negativos.

    No creo que el problema esté en las comparaciones en sí, ya que todos/as nos comparamos y es normal. Es un mecanismo interno que los seres humanos compartimos.

    Desde que eres pequeño/a evalúas constantemente la cantidad de atención que recibes. Primero de tus padres (sobre todo si hay hermanos/as de por medio). Luego en el colegio, en busca siempre de la popularidad. Más adelante en el trabajo, donde quieres conseguir ese ascenso o aumento, quizás a costa de pasar por encima de los demás.

    Es un comportamiento lógico y racional. Hasta un niño pequeño se da cuenta de que a la atención le sigue el poder, y todos —absolutamente todos— queremos más poder.

    En mi caso particular el verdadero problema reside en las redes sociales, ya que exageran este fenómeno hasta límites que acaban perjudicándote.

    Sospecho que no soy el único al que le ocurre.

    Solo tienes que prestar atención a tus emociones cuando haces scroll en cualquier red social y te encuentras con esa persona (todos tenemos nuestro/a némesis). Un torrente de pensamientos se desborda. Se inicia un diálogo interno. Buscas desesperadamente racionalizar lo que sientes, pero es imposible por una sencilla razón.

    Nunca encontrarás lógica en la envidia.

    No ayuda que la mayoría de personas exponga la parte de su vida que le interesa, exagerando sus logros y escondiendo las miserias que todos tenemos.

    El análisis superficial te indicará algo muy diferente de lo que puede estar pasando en realidad. Quién sabe, quizás el/ella sienta lo mismo hacia ti.

    La única forma de combatir la situación es —como no— ser consciente. Consciente de tus sentimientos y actuar cuando lo necesites. Silencia/oculta/elimina/bloquea aquello que no te venga bien o no estés preparado para aceptar y sigue tu camino.

    Es posible que tener presencia en los medios sociales sea un requisito actualmente. No te lo discuto. Sin embargo eso no significa que debas caer en las dinámicas de búsqueda de atención, validación social y baja autoestima que todas ellas acaban generando.

    Tienes en tu contra ingenieros y psicólogos del comportamiento, además de inversiones millonarias.

    No te engañes, su único objetivo es tenerte siempre ahí, haciendo lo que ellos quieren para retener tu atención y rentabilizarla.

    A ellos les importa una mierda que estés o no conectado con tus seres queridos o que te mantengas al día con lo que ocurre en el mundo.

    Para ellos solo eres un número.

    Ellos no son tus amigos.

    • 5 min
    Acción imperfecta

    Acción imperfecta

    ¿Por qué cuesta tanto actuar?. ¿Por qué ese primer paso se sigue resistiendo?.

    No es por falta de información: conoces de sobra lo que tienes que hacer, y si no lo, sabes dónde encontrarla.

    Tampoco es por falta de tiempo: todos/as sin excepción podemos dedicar media hora al día a algo nuevo.

    ¿Por qué es entonces?.

    Por la emoción más poderosa. Aquella que lleva contigo desde un día dejaste de soñar y te hiciste adulto/a de repente.

    El miedo.

    Miedo a lo desconocido. A ese camino que, aunque potencialmente mejor para ti, está por explorar.

    Aunque las oportunidades se presenten una y otra vez es necesario aceptar la incomodidad, alzar la mano y hacerte visible.

    Lo estás viendo a tu alrededor. Ya no hay nada seguro (en realidad nunca lo hubo). ¿A qué esperas para comenzar ese curso, iniciar esa conversación, realizar esa llamada, enviar ese correo, grabar ese podcast o editar tu primer vídeo?.

    ¿Cuánto más puedes esperar para ser tu mejor versión?. ¿Cuántos días, semanas y años te quedan para explorar y explotar tu potencial?.

    Esperamos porque realmente tenemos miedo. Es preferible lo conocido —pero mediocre— a lo desconocido. Aunque en este último esté la vida que siempre has soñado.

    Pero, ¿sabes qué?: te he mentido. El problema no es el miedo. De hecho, haces bien teniéndolo.

    Miedo a seguir en ese trabajo de mierda un solo día más. Miedo a dejar morir una relación agonizante. Miedo a continuar rodeado de personas que detestas. Miedo a no reconocer lo que tus valores y a expresar tu punto de vista, a pesar del dogma dominante. Miedo seguir siendo alguien lleno de talento, aristas y cosas que te hacen único/o, pero que nadie ve.

    Miedo seguir malgastando un tiempo que no tienes.

    Miedo a seguir muerto/a en vida.

    Ese es el miedo que debes de tener.

    Deja que te empuje a dar el primer paso, ya que —te lo aseguro— nunca llegará el momento ideal o las circunstancias adecuadas.

    Acción imperfecta, urgente, consistente y en una única dirección.

    Sin mirar atrás.

    • 4 min
    Necesitas estar solo/a

    Necesitas estar solo/a

    Existen dos tipos de soledad: aquella que eliges y la que viene impuesta por las circunstancias. Todos tememos la última, aunque más tarde o más temprano vamos a experimentarla (si no lo estamos haciendo ya).

    Precisamente por eso —quieras o no vas a tener que estar solo/a, saber disfrutar con serenidad de tu propia compañía y dejar fluir los pensamientos es una valiosa habilidad que pasa desapercibida para la mayoría de personas.

    La prueba la tienes a tu alrededor. Observa y comprobarás que la norma es hacer justo lo contrario: huir de la soledad. A este tipo de personas, aunque no les quede más remedio que estar físicamente a solas, no lo estarán mentalmente gracias al teléfono móvil, TV u otros mecanismos para capturar la atención.

    Deja que sea claro: no soportar estar a solas contigo mismo/a es un claro indicador de que algo no va “bien”. No mejorará con el tiempo, solo se hará peor. Si te encuentras en esta situación, debes hacer algo ya.

    Estar sólo de verdad (sin ningún gadget electrónico) puede parecer insoportable, ya que desaparece el ruido mental procedente del mass media, el scroll sin fin en tus feed sociales y otras distracciones de baja calidad que forman la materia prima utilizada para anestesiar tus verdaderos pensamientos.

    Si quieres conectar contigo (con tu verdadero yo) debes, primero, desconectar del mundo y observar el vacío: lo que realmente piensas de ti. ¿No sabes a qué me refiero?. Yo creo que sí. Son esas sombras que en ocasiones se deslizan por tu mente cuando al finalizar el día apagas la luz y desconectas tus sentidos. En la oscuridad te sientes acorralado/a. Es posible que estés a solas con tus pensamientos por primera vez desde que amaneciste.

    Ese vacío es el conjunto de todos los "debería". El coro formado por las incomprensiones, recriminaciones, frustraciones, envidias, ideas inmaterial izadas y proyectos que nunca terminaste.

    Durante el día, mientras te dedicas a consumir información que no te aporta nada acerca de personas que no tienen importancia, apenas puedes sentirlo. Pero por la noche, cuando no tienes más remedio que dejar de lado Facebook, Instagram o Netflix, el vació tiene espacio para manifestarse.

    Si tu soledad no es voluntaria, alégrate —en serio. Hay mucho que aprender de uno mismo cuando se está solo. Lejos de sentir lástima y entrar en una espiral derrotista que te hará aún más insoportable estar solo, abraza de forma voluntaria tu situación. Este cambio de actitud (de víctima a verdugo) es el primer paso para ayudarte a sacar el mayor provecho de tus circunstancias.

    Irónicamente, quizás la puerta a la versión de ti que siempre has soñado y que estás buscando fuera, se encuentra en tu propio interior.

    Siempre ha estado ahí.

    ¿Cuántas de las personas de tu entorno que hoy consideras imprescindibles lo seguirían siendo si aprendieses a estar solo/a?, ¿cuántos de esos “te echo de menos” están basados en el verdadero afecto y no en la conveniencia?.

    Desde hoy y de forma gradual comienza a buscar momentos de verdadera soledad. Pueden ser cinco minutos, cinco horas o cinco días. Da lo mismo. Encuentra un lugar tranquilo donde perderte en tus pensamientos y, en lugar de esconderte tras tu smartphone (como siempre haces), ten el valor de observar, entender y aceptar quién eres.

    • 6 min

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