Lecturas del Bosque

Camilo Vadillo

Comentarios e ideas sobre literatura y lectura de fragmentos para quien está buscando algo bueno para leer, o para quien aprende español como lengua extranjera y ya tiene un nivel de intermedio a avanzado.

  1. #32 Dune - Frank Herbert

    13 JAN

    #32 Dune - Frank Herbert

    Dune Los libros son como pequeños artefactos mágicos. Hay libros que nos hechizan con lo bellas que son sus palabras, otros, con la ternura que despiertan o con el tormento que provocan.  Están los libros que nos atrapan con el suspenso y esa ansiedad incontrolable que nos hace querer descubrir uno a uno los velos del misterio. Están también los  que nos fascinan. Nós encantan  con la promesa de los secretos de este mundo: de la sociedad, de la naturaleza, del espíritu. Nos cuentan las fatídicas historias de las raíces de la historia. Nos hablan de orígenes, de cosas perdidas, del bien y del mal. Son los que nos maravillan con la ilusión del saber. Hay otros, cuyos personajes nos ayudan a vivir, nos acompañan; sus conflictos son nuestra fuente de inspiración y valentía, sus aventuras y desventuras son parte del material fundamental con el que tratamos de construirnos. Los usamos de espejo y de mapa, y volvemos a ellos, una y otra vez, intentando encontrar ese nosequé, que  a veces nos falta. Y hay otros, que a pesar del tiempo, generación tras generación, siguen atrapando lectores, y siguen siendo parte de ese material fundamental que la gente usa para dudar, y temer, y soñar, a la hora de imaginarse a sí mismos y su relación con el mundo, como si en  sus páginas se escondieran los enigmas de la conciencia o inconciencia colectiva, los secretos mismos del ser. Hoy quisiera hablar de Dune, un libro que creo que es, y será, de esos que superan la prueba del tiempo. Se publicó hace ya 60 años, y desde entonces se ha convertido en un clásico con tremenda influencia en la cultura popular contemporánea.  Como todos los libros que perduran, es un libro de temas atemporales: es sobre el poder, y sobre cómo  la ecología, la economía, la tecnología, el conocimiento, la religión, lo individual y lo colectivo, todo,  se enlaza y entrelaza en ese complejísimo juego de la política y el control.   Además, en estos días en los que la inteligencia artificial controla información cada vez más sensible y se vuelve parte de nuestra vida cotidiana, Dune se siente hoy más vigente que nunca. La saga de Dune es larga, son varios libros. Frank Herbert escribió 6, y se sabe que estaba trabajando en un séptimo cuando murió. Hace unos días comencé a leer el quinto, y  lo que me atrapó desde el principio, no fueron los conflictos internos de sus personajes, ni ningún vendaval de  pasión desmesurada que los envuelve y derrumba, ni frases de una belleza que no  deje respirar. El lenguaje del libro no se siente hermoso, en el sentido que no es poético o elegante, pero su tono, entre místico y formal,  funciona porque encaja perfectamente  con ese ambiente  retrofuturista del imperio feudal intergaláctico en el que sucede la historia, y con las interrogantes filosóficas que despierta también. Y claro que los personajes tienen conflictos y pasiones complejas. No se sienten vacíos. Pero la historia no los explora de cerca, no se detiene mucho en ellos. Los individuos  son importantes, pero su historia parece estar en función de lo colectivo. Las emociones más fuertes de la historia, las dudas e inquietudes que provoca, al menos para mí, no vienen de  sus personajes y problemas individuales, sino de los colectivos.  En ese sentido, creo que la fuerza del libro viene  principalmente del tremendo poder de seducción del mundo que  habitan estos individuos. Y conforme van avanzando los libros, este mundo se va sintiendo, más y más, como el gran protagonista de la historia. Ese mundo, es  en parte  Arrakis, el planeta desértico en el que sucede mucho de la historia, cuyo fascinante ecosistema produce la sustancia más valiosa del universo, y la extrema escasez de agua que ha moldeado la resiliente sociedad que lo habita: los Fremen. Arrakis y los Fremen son dos ejemplos de estos cautivantes  protagonistas colectivos. Arrakis es mucho más que el lugar en el que suceden los hechos. Su ecosistema es uno de los principales atractivos de la historia, y cuando este cambia, cambian también los fremen, sus tradiciones, su cultura, su forma de ver el mundo. Incluso su apariencia física. Aunque esto es algo que se va haciendo más evidente conforme uno avanza en el los libros, desde el primer momento, los misterios y valores, tanto los de Arrakis, como los de los Fremen, se sienten como algo esencial. El destino de todos está vinculado de una forma u otra al ecosistema de Arrakis y a la sustancia que produce. Y de entrada nos vienen flashbacks de nuestra propia realidad. Sobre la dependencia que tiene una civilización respecto a una materia prima, sobre cómo los acuerdos internacionales son apenas un maquillaje ante  los esfuerzos de ejercer control sobre la misma. Sobre cómo los cambios en la producción, en la distribución, en el medio ambiente del que depende esta matéria vital, tienen tremendas consecuencias macroeconómicas, geopolíticas, y claro que también en las vidas individuales. Principalmente en las de las masas que son usadas como carne de cañón en el gran tablero del juego mundial.   Pero ese mundo seductor no solo es Arrakis, sino también  los otros planetas, las grandes casas que los gobiernan,  y los demás conglomerados y asociaciones de poder que pactan y luchan entre sí por mayor control e influencia dentro del inmenso imperio feudal del que todos forman parte. Entre todos esos actores colectivos, vemos que el gran juego no se juega solo con el poder duro, que en el caso de Arrakis sería  garantizar militarmente el control de la producción y distribución de especia. También es de suma importancia el control de las narrativas, de las opiniones y creencias, principalmente con el uso de la religión. Y recordemos  que sistemas religiosos no son solamente los que intentan explicar cosas divinas como la creación y los pecados, sino que hay ideologías que  también funcionan como religiones, creando sistemas de mitos comunes que unen a grandes grupos de personas, ofreciendo un propósito común, un código de conducta y  ritos  que expresen y propaguen su visión del mundo. De hecho, uno de los conflictos que me parecieron más interesantes en Dune, es el constante enfrentamiento del individuo, junto a su libre albedrío, contra sistemas y estructuras - económicas, políticas, históricas, genéticas, ecológicas -  que lo preceden y sobreviven. Incluso los más poderosos de los individuos, como el propio Paul Atreides, son producto de estas estructuras y su rango de acción se ve limitado por ellas. Pero volviendo al universo de Dune, ¿Qué es lo que tiene de seductor?, ¿cuál es el secreto de su encanto? Creo que principalmente es su autosuficiencia, su poder de persuasión. Comenzando por los milenios de historia distante que dan forma al escenario en el que empieza a narrarse la historia, pasando por los minuciosos detalles de cómo funciona el medio ambiente de Dune, hasta en cómo todo eso se enlaza  y se mezcla para  formar las sociedades que poco a poco vamos conociendo y esa estética entre futurista y arcaica  que nos conquista y nos ata. El primer libro comienza en un futuro lejano, en el que la humanidad se ha expandido y ha poblado innumerables galaxias. Su pasado terrestre ha quedado perdido en los anales del tiempo y se ha convertido en un mito que pocos conocen y del que casi nadie se acuerda. Sin embargo, miles de años antes, en algún momento de su imparable expansión, la humanidad pierde el control sobre la inteligencia artificial y es subyugada por las máquinas durante siglos. Eventualmente la humanidad se revela en lo que se llamó la Yihad Butleriana,  que fue una gran guerra entre la humanidad y las máquinas pensantes. Cuando la humanidad finalmente ganó la cruzada contra la inteligencia artificial, la desconfianza contra cualquier tipo de máquina que simule el pensamiento humano era tal, que quedaron extremadamente prohibidas hasta las más simples calculadoras.  En este nuevo universo analógico, la humanidad se ve forzada a evolucionar de diferentes formas. Con años de entrenamiento intensivo y selección genética, algunas personas son capaces de funcionar como computadoras biológicas. Otras aprenden a controlar su cuerpo de tal forma que ganan impresionantes  habilidades psíquicas y motoras, y otras desarrollan ciertas capacidades prescientes que hacen posible nuevamente los viajes intergalácticos, que sin computadores eran prácticamente imposibles y extremadamente peligrosos. Estas personas se agrupan en cofradías que funcionan como grupos de poder e influencia con intereses propios dentro del nuevo sistema feudal naciente. Otro detalle importante es que casi todas esas nuevas habilidades dependían en gran medida de los  efectos psicoactivos de una sustancia llamada melange, que solamente se puede encontrar en el desierto de Arrakis, ya que es producida por el complejo ciclo de vida de los enormes gusanos que ahí viven. Y cómo no no hay forma de replicarla artificialmente, se convierte en la sustancia más valiosa del universo, y producto central de la economía y la geopolítica imperial. Hablando de la geopolítica, además de estas cofradías existen otros actores que ejercen poder político de manera más directa. El emperador, por ejemplo. Pero el emperador no puede hacer lo que le dé la gana. El emperador domina porque tiene la mayor fuerza militar del universo, pero el resto de las casas juntas pueden equiparar su poder militar y entre ellas forman un consejo llamado Landsraad, cuya función es poner en jaque el poder imperial para evitar lo que sería considerado una tiranía total. Entonces, entre el emperador, las  grandes casas, y los diferentes tipos de cofradías, sectas y conglomerados, es que se mueve y descansa el delicado equilibrio de poder. Pero las grandes casas no son una sola unidad política, también hay conflicto y competencia

    18 min
  2. #31 Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes

    27/10/2025

    #31 Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes

    Don Quijote de la Mancha Incluso sin haberla leído todo mundo sabe más o menos de qué se trata la historia del valeroso Don Quijote de la Mancha: la de un señor ya entrado en años que después de leer tantos y tantos libros de caballería, termina convencido de que la realidad imaginada es la verdadera, y que la que se percibe con los sentidos, a veces no llega a ser más que una simple ilusión. Alonso Quijano  mira a su alrededor y ve un mundo vulgar, materialista y cínico; entonces decide convertirse en Don Quijote de la Mancha, y lanzarse en busca de aventuras para salvar un mundo, que al parecer,  solo existe en su imaginación: un mundo en el que la justicia existe y  el valor  importa. Un mundo en el que el amor es puro y en el que los sueños se hacen realidad. Pero no puede hacerlo solo. Para comenzar necesita un corcel legendario. Ni que Pegaso, Bucéfalo, o Marengo: Don Quijote tiene al sin igual Rocinante, tan desgarbado como su dueño, la montura ideal para la flor de la  caballería andante. Además necesita una dama de quién enamorarse y a quien encomendarse: la sin par Dulcinea del Toboso, inspiración máxima de la virtud, y razón de ser de su existencia caballeresca. Y por último, necesita un escudero que sea testigo del poder de su brazo al enderezar entuertos, desfacer agravios, amparar doncellas, socorrer huérfanos, y acudir a los menesterosos. En una granja de puercos de un pueblo, de cuyo nombre el narrador no quiere acordarse, Don Quijote encuentra a un humilde campesino que se termina conviertiendo en el más leal escudero que caballero andante tuvo en el mundo. Pero Sancho Panza es más que un simple escudero. Es su compañero. Y en muchos sentidos su opuesto, como lo suelen ser los mejores amigos.  Mientras a Don Quijote lo mueven  ideales supremos; Sancho es sensible  a apetitos más terrenales. Es pragmático, le gusta comer bien, es un tipo de este mundo. Le brillan los ojos pensando en fortunas, riquezas y la posibilidad de vivir sin hacer absolutamente nada.  Para Don Quijote, lo que imagina es más real que lo que ve: los molinos son gigantes y las ventas son castillos. Para Sancho en cambio, sólo es real lo que puede ver, y tocar y sentir.   Esa tensión -  algunas veces cómica, y otras  dramática - entre lo ideal  y lo real es el motor de la novela, y Cervantes la usa para explorar de manera brillante, la compleja relación entre fantasía, realidad y la búsqueda de la verdad. Mientras uno va leyendo, es imposible no pensar en lo complejas que son las relaciones entre la realidad y la ficción. En cómo la una vive de la otra, como en una existencia simbiótica, pero también; en cómo se oponen, se enfrentan, y se transforman mutuamente, en una especie de ciclo dialéctico sin fin.    A lo largo de la historia, la realidad castiga y desmiente a Don Quijote, una y otra vez, pero para  él nada de eso es verdadero, sino la obra  de celosos encantadores que lo persiguen y trastornan lo verdaderamente real. Con el tiempo vemos que la realidad no es inmune al poder de convicción de Don Quijote, a la belleza del mundo que imagina, a la  infinita posibilidad que representa. En él, la vida se agranda, se ennoblece, y todos somos héroes y heroínas con  historias  increíbles y dignas de vivir y ser vividas. Entonces, poco a poco el mundo mágico de la caballería andante se va apoderando de la  realidad, pues todos los que entran en contacto con Don Quijote se van contagiando y adaptando a la realidad imaginada que se va convirtiendo en la realidad real. Como si Cervantes ya hubiese  intuido  siglos atrás temas que serían clave en  teorías  posmodernas, o hasta en la física cuántica, mostrando que la forma en la que uno percibe el mundo tiene el poder de transformarlo. Además, en una movida excepcional, y profetizando el metaverso digital de nuestros días, en la Segunda Parte del Quijote, Cervantes hace que sus personajes sepan que se ha escrito y leído su historia. Y aparecen otros  personajes  que la han leído también, y que por haberla leído quieren hacer las cosas que hacen. En un momento conviven la ficción, la conciencia de los personajes de que esta existe, y los comentarios del narrador sobre la ficción que supuestamente ha sido escrita anteriormente, en árabe,  por  otro narrador -que de hecho a veces toma la palabra también-.  Incluso aparece un personaje que cuando se encuentra con Don Quijote,  dice haber visto a otro Quijote y a otro Sancho,  que resultan ser los personajes del Quijote  falso de Avellaneda, que se publicó un año antes que la segunda parte del Quijote, y que tuvo cierta influencia en el recorrido del Quijote original. Cervantes parece decirnos que toda realidad es un relato, y que todo relato puede hacerse realidad si alguien lo cree. Sin embargo, si bien la realidad  no es inmune al valeroso corazón de Don Quijote, Don Quijote tampoco es inmune a la realidad. Gradualmente se va haciendo más cuerdo conforme avanza la historia, al punto de ver una venta donde había una venta, en lugar de imaginar un castillo.  Siempre que la realidad ataca y vence, Don Quijote la rechaza y la esquiva con excusas mágicas. Pero la realidad, siendo implacable, como de hecho lo es, contraataca envuelta en fantasía, teniendo como clímax el desgraciado duelo en Barcelona entre Don Quijote y el Caballero de la Blanca Luna, que no era otro que su vecino disfrazado una vez más. Derrotado dentro de su misma fantasía, y despojado el sueño de su razón de ser, la locura de Don Quijote entra como en corte circuito y parece como si este se viera obligado a verla desde fuera, desde el mundo real. Al no poder vivir como caballero andante, por unos instantes Alonso Quijano intenta inventar una nueva y maravillosa existencia, en la que está vez serán pastores enamorados. Él se convertiría en el pastor Quijotíz, y Sancho sería su gran amigo el pastor Pancino. Vivirían en el campo, tranquilos y suspirando por sus Dulcineas, cuidando cabras y componiendo versos de amor.  Infelizmente, esta nueva aventura no puede realizarse porque al llegar a su pueblo, cansado de cuerpo y alma, Don Alonso Quijano cae enfermo, y recupera la razón.  Hace ya unos meses que leí esta historia, que nos deja pensando: qué es lo real, dónde está la verdad. El otro día miraba una entrevista en la que Borges, ya viejo, decía que él, al contrario de Alonso Quijano, que había salido de su biblioteca y que había intentado ser Don Quijote, y que, de hecho, algunas veces lo fué; él, se había quededo en su biblioteca leyendo y releyendo sus libros. Tal vez  sea por eso  que escribió un cuento en que la realidad imaginada se apodera de la realidad real tan solo con del poder del pensamiento compartido en libros, sin necesidad de salir a combatir gigantes o a pastorear cabras. Parece que Broges era aún más idealista. ¿Y para mi?¿ Qué es lo real? ¿Dónde está la verdad?   Después de derrotar a un barbero apavorado y arrebatarle el mágico yelmo de Mambrino, Sancho Panza, pregunta una vez más por su la ínsula que le tienen prometida. Para explicarle que antes de  ganar ínsulas y reinos tienen que conquistar  la gloria y la fama, Don Quijote, le narra un episodio, que es mi favorito entre sus tantos disparates. Mientras Don Quijote  narraba como la hija de un hipotético rey ponía los ojos en los de un famoso caballero, y él en los de ella, y cada uno le parecía al otro cosa más divina que humana; y, sin saber cómo ni como no, quedaban presos y enlazados en la intricable red amorosa, y con gran pena en sus corazones por no saber como se han de hablar para descubrir sus ansias y sentimientos.  Mientras tanto, decía, me guiñaban un ojo Bastian Baltasar Bux, perdido en el laberinto de sus deseos, o la reprochable Señora Bovary, subiendo con su amante a un coche en Ruan, y hasta el mentirosillo  Vasco Moscoso, con su gorro de Capitán y su vieja su pipa de espuma de mar.  Y recordaba, una y otra vez, la frase con la que Jorge Amado termina su historia: “ (...)Díganme, al fin y al cabo, los señores, con sus luces y su experiencia: ¿dónde está la verdad, la absoluta verdad?(...) ¿Está la verdad en eso que sucede todos los días, en los acontecimientos cotidianos, en la mezquindad de la vida de la inmensa mayoría de los hombres, o reside la verdad en el sueño que nos es dado para huir de nuestra triste condición? ¿Cómo se elevó el hombre en su caminata por el mundo: a través del día a día de miserias y vulgaridades, o por el libre sueño sin fronteras ni limitaciones? ¿Quién llevó a Vasco da Gama y a Colón al puente de sus carabelas? ¿Quién dirige las manos de los sabios que mueven las palancas de ese juego de los sputniks, creando nuevas estrellas y una nueva luna en el cielo de este suburbio del universo? ¿Dónde está la verdad? Díganmelo, por favor.”

    12 min
  3. #30 La Carretera - Cormac McCarthy

    01/09/2025

    #30 La Carretera - Cormac McCarthy

    La carretera  Acabo de leer la Carretera, de Cormac McCarthy, y me impactó. Tal vez porque tengo un hijo de 6 años y ser padre es uno de los aspectos fundamentales de ser la persona que ahora mismo soy, o intento ser.  El libro cuenta la historia del camino de un padre con su hijo hacia el sur, a través de un mundo que ya ha muerto.  Todos los días son nublados porque ya no brilla el sol, y las noches sin estrellas son más oscuras que la oscuridad. Siempre hace frío, y no hay comida, todo ha muerto. Los sobreviventes vagabundean buscando refugio, latas de conserva y cuidándose de las barbaridades que pueden hacerse los unos a los otros. Pero el autor no gasta palabras en describir este mundo post apocalíptico, sino es brevemente a través del día a día entre padre e hijo. Es a través de ellos dos que vemos lo que pasó, lo que pasa, y lo que podría pasar.  La historia te hace sentir varias cosas, pero hay algunas que son constantes de principio a fin.  La primera es el terror.  Justamente el otro día hablaba con un amigo sobre el terror en la literatura y de cómo normalmente me parece difícil asustarse leyendo libros, que normalmente las historias narradas oralmente asustan más que las escritas, por la entonación de la voz, por las pausas, los silencios, porque el narrador puede sentir a los que lo escuchan y los que lo escuchan pueden sentirlo a él. Pero este libro me mantuvo asustado todo el tiempo. No porque pasen cosas terroríficas todo el tiempo, sino porque uno sabe que en cualquier momento podrían pasar, incluso sin que el narrador lo mencione.  Cada vez que el niño tiene que esperar a su padre mientras entra a alguna casa abandonada a buscar algo para comer, y el narrador va describiendo lo que el tipo hace en la casa, como revuelve la basura, como mira si hay algo que pueda arder, como trata de encontrar algún par de zapatos… uno se queda con el corazón en la boca pensando en el niño que lo espera afuera, flaquísimo y asustado, sin tiempo de jugar. La segunda, y en contraste con la primera, es la belleza. El libro está bellamente escrito. Escenas cortas, frases cortas, como si las palabras fueran tan valiosas como la comida. Una prosa cargada con destellos de poesía, que tanto en lo que dice, como en lo que esconde, nos maravilla nuevamente del hecho de estar vivos en este mundo encantado en el que todavía se escuchan los pájaros cantar.  Tal vez sea por la presencia de esta belleza que nos aterroriza tanto pensar que al niño le pase algo. McCarthy tuvo la capacidad de hacernos ver en él a todos los niños del mundo, y queremos, desesperadamente, que se salve. Y que con él se salven simbólicamente todos los niños que no hemos podido y los que nunca podremos salvar.  Pero, en semejante contexto, ¿qué significaría que se salve? Esta es otra cuestión que se siente presente durante toda la historia.  Están yendo hacia el sur escapando del frío, pero no hay ninguna esperanza de que las plantas revivan, o de que el sol reaparezca. En el sur tampoco hay comida y en cualquier lugar encontrar otras personas puede ser un peligro mortal. Me imagino que esta tercera cuestión es sobre el sentido de la vida.  En semejantes condiciones no sería mejor morir?  Tal vez.   De hecho, varios años atrás, cuando el viejo revolver que llevaban para casos de emergencia todavía tenía 3 balas en vez de 2, la madre del niño se había decidido por el suicidio. Y se habría llevado también al niño de haber podido. Para ella era la mejor forma de cuidarse y de cuidarlo, para ella era un acto de autopreservación, incluso de amor.  No la juzga el padre, ni el hijo, ni el narrador. Por otro lado están los que deciden seguir viviendo, o sobreviviendo. Pero por qué, o para qué. O acaso tiene que haber una razón más allá de la vida misma insistiendo en existir? Son preguntas que van y vienen mientras acompañamos a padre e hijo por los restos desolados de un mundo erigido sobre las crueldades del nuestro. Recuerdo que cuando tenía unos 11 o 12 años preguntaba en casa para qué vivir si de todas formas algún día nos vamos a morir y se acabó.  En las familias religiosas sería fácil responder hablando sobre el paraíso, sobre la vida después de la muerte, o sobre la reencarnación y algún acercamiento paulatino a alguna perfección. Pero en un mundo lleno de masacres y barbaries como el nuestro, a veces es difícil hablar de un dios que se esconde en el libre albedrío que nos dió, o sobre cualquier otra esperanza divina.  Una de las frases que se me quedó de la novela dice: “no hay Dios y nosotros somos sus profetas”.  Pero a pesar de que el mundo parece estar desprovisto de cualquier tipo de sentido, y de propósito, ya sea humano, o divino, el padre decide resistir, continuar. Un día el niño le pregunta qué fue lo más valiente que ha hecho en la vida. Y el padre le responde: levantarme esta mañana. Luego el niño le pregunta si lo dice de verdad, y el padre le responde que no. Ve al niño como su responsabilidad sagrada y la resiliencia que le da ese su amor desesperado, es el más grande acto de fé. Esa contradicción entre un mundo devastado y la fé en el bien que eñ niño representa, marcan la historia.Y esa sería otra constante del libro. La cuestión del bien y el mal. Porque el cómo viven los que deciden seguir haciéndolo, debe estar intrínsecamente ligado al por qué lo hacen. De hecho, a mi me parecer, el sueño más grande que a estas alturas tiene el padre, es que su hijo, que ha tenido que vivir entre brutalidad y muerte, pueda algún día conocer la bondad. El niño ya nace en ese mudo destruido, y en medio de la devastación, el padre se preocupa de conseguir alimento y asegurar su supervivencia física. Pero también, y no menos importante, se ha preocupado de alimentar su mundo interior. Se preocupa de qué historias contarle, sobre el pasado, sobre el presente y sobre el porvenir. De explicarle por qué hacen lo que hacen. Y otra vez las palabras se sienten tan valiosas como la comida. Saber qué decir puede ser tan difícil como encontrar qué comer. Una de las cosas que le dice, es que ellos tienen que llevar o cargar el fuego. Dentro de ellos, como una especie de antorcha olímpica que de alguna forma simboliza todo lo que es bueno: la compasión, la esperanza, el amor. Conforme va pasando la historia, poco a poco al principio y precipitadamente al final, los papeles se invierten, y es el niño quien va cuidando al padre. Cargar el fuego se vuelve de sus preocupaciones principales y una y otra vez le pregunta al padre si es que ellos siguen siendo los buenos. Esta mezcla de terror, belleza, y laberintos existenciales, hacen de La Carretera un clásico moderno y un libro que no se puede dejar de leer. Es un recordatorio de que incluso en la más profunda oscuridad el fuego de la bondad puede seguir ardiendo, y de que tal vez eso sea suficiente elegir vivir, y seguir viviendo.

    13 min
  4. #29  Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Marquez

    19/06/2025

    #29 Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Marquez

    Como buscando un juguete de infancia, ayer busqué Crónica de una muerte anunciada. Fue uno de los libros que leímos en la escuela cuando era adolescente.  No me acuerdo como se llamaba nuestra profesora de literatura, pero era bajita, de pelo corto, y le gustaba usar micrófono para dar su clase. No había ninguna necesidad. Nuestro salón era una miniatura y los parlantes de la radio a la que enchufaba su micrófono de alasitas, parecían de mentira; pero cuando agarraba el micrófono, se engalanaba toda, erguía su cuerpecito altiplánico hasta parecer más alta, y pronunciaba con tanto cuidado y autoridad cada letra de cada palabra, que desaparecía su acento occidental y nadie se animaba a interrumpirla. Esto fue hace más de 20 años, yo tendría unos 13, y me acuerdo que cuando leímos Crónica de una muerte anunciada, le gustaba hablarnos sobre no sé qué técnicas narrativas, y le gustaba mucho el hecho de que comience en el final, y cómo se generaba tensión aunque uno ya sepa en qué termina la historia. Nos hablaba de tradiciones antiguas, del conservadurismo, y de cuidar virginidades. Y yo creo que nosotros no entendíamos mucho de lo que nos estaba diciendo, ni qué nos quería decir. Al menos yo no.  Todo parecía tan lejano, tan ajeno. Sábanas manchadas de sangre, tipos destripados en la puerta, y uno pensando qué comer en el recreo. Es complicada la pubertad. Estábamos aprendiendo a conocer las cosas de este mundo. Entonces ayer volví a leerlo, como desempolvándome a mi mismo, casi como volviendo a desconocer el mundo conocido. “ El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana…” García Marquez tiene las mejores frases de apertura. Y sí. Comienza por el final. Y aunque no sea una historia de misterio, a partir de ahí uno quiere saber por qué lo van a matar. Que no lo sabemos al final, sino a la mitad del libro, y después uno quiere saber si de verdad hizo lo que dicen que hizo, y después uno quiere saber qué pasó después de que lo matan.   El hecho de estar escrito como una crónica periodística, y de que el mismo García Márquez sea narrador y personaje, que mencione y aparezcan sus hermanos, su madre y sus amigos, le da un gran fuerza de persuasión y realidad. Desde esa primera frase, el dramatismo y el sentimiento de fatalidad van en aumento. Por ejemplo, cada vez que alguien se despide de Santiago Nasar, el narrador no se olvida de mencionar que esa fue la última vez que lo vieron. La certeza que tenemos de que a este tipo lo van a matar, convierte en graves y solemnes los más triviales detalles de su vida cotidiana, y en trivial y hasta absurda cualquier consideración solemne que pudiera llegar a tener.  Pero más allá de las técnicas narrativas y de la historia en sí, como tantas otras veces con García Márquez, lo que más me maravilla, es esa sensación que nos deja sobre la inevitabilidad de la vida que nos toca vivir.  Sus personajes muchas veces no toman las decisiones más importantes, sino que son tomados por ellas. Hay decenas de ejemplos: José Arcadio Buendía matando a su vecino, Fermina Daza cuando se encuentra a Florentino Ariza en el mercado y de la nada se esfuma su encanto de amor, o aquí mismo, en Crónica de una muerte anunciada, Bayardo San Román estaba durmiendo en su hamaca cuando vió pasar a Ángela Vicario y de pronto supo que se casaría con ella.  Los personajes creen que son libres y deciden. Pero el espacio del libre albedrío se ve drásticamente atacado y reducido por la Historia y la cultura, por el entorno que los rodea, por los genes y la sangre, por el nombre con el que les toca cargar, y hasta por el lenguaje que usan para hablar y pensar. Y cuando sí deciden, sus decisiones están marcadas por fuerzas invisibles, que tienen su propias lógicas, algunas más indescifrables que otras, pero todas completamente ajenas a la razón. Uno podría pensar que se parecen a nosotros. Pero aunque esté dirigida por los caprichos de la fortuna , la vida nunca es monótona ni aburrida, al contrario, sin dejar de ser cíclica, nos presenta una infinitud de posibilidades. Y aunque a veces pueda ser terrible y cruel, jamás es triste y melancólica. Siempre es una fiesta espectacular, de que al final nadie saldrá vivo.  En fin, podrían haber habido tantas maneras de contar la historia de esa muerte anunciada; pero él la cuenta de tal manera, que no nos queda más remedio que aceptar el mandato ineludible del destino: que a Santiago Nassar le había llegado la hora y que tenía que morir, que aunque todo el pueblo sabía que lo iban a matar, nadie podía impedirlo, y que a pesar de intentar evitarlo contándoselo a medio mundo, a los gemelos Vicario no les quedó otra opción que tener que matarlo. Ahora entiendo por qué lo daban en el colegio. García Márquez era un ídolo continental, el libro es corto, fácil de leer, y con temas interesantes para debatir en clase. Lo que no entiendo y nunca entenderé son las fuerzas invisibles que mezclan y barajan los inescrutables designios del destino y la fortuna. Las fuerzas que me trajeron a vivir por estos rumbos, las que llevaron a ese viejo marinero noruego com alas de angel a naufragar en el Caribe, las que hacían a mi profesora pavonearse por el curso, o las que más de 20 años después me hacen pavonearme a mi, micrófono en mano también, en internet.

    9 min
  5. #28 Gracias a la vida - Violeta Parra

    26/05/2025

    #28 Gracias a la vida - Violeta Parra

    Hoy desperté lleno de dicha. Con una alegría tranquila y plena. Tan tranquila que se podría confundir con cierto tipo de tristeza. Me imagino que algo parecido  deben sentir los profetas cuando saben lo que tienen que saber. El algoritmo que anda sugiriendo qué música escuchar debe estar mejorando, porque en el desayuno me puso esta canción de Violeta Parra, que tradujo  la emoción con la que desperté. Hay canciones que son grandes obras literarias, y   Gracias a la vida es una de ellas. Una canción preciosa, como un encanto que conjura en un par de minutos lo bello que es vivir. Irónicamente, un año después de escribir esta canción, Violeta Parra se mató. Yo no la juzgo. Solo lo menciono porque no  se puede hablar sobre la vida, y evitar la presencia de la muerte. Siempre está ahí, aunque no se la nombre. Cuando hablamos sobre cómo queremos vivir y enfrentar la vida, nuestras palabras  son como un reflejo de cómo esperamos recibir la muerte. Si pensamos que en el momento  en que nacemos comenzamos a morir; vivir y morir se vuelven casi sinónimos.  Ya Séneca hablaba sobre que aprender a morir es aprender a vivir. Decía: “quien aprende a morir desaprende a ser esclavo”.  La idea de la muerte como algo negativo no nos deja vivir bien.  No podemos vivir como si fuésemos inmortales, sin tener presente nuestra finitud. Pero tampoco podemos vivir apresurados, pensando que la vida es corta. “Los ocupados no tienen tiempo para nada, pero no viven.”  La vida  no es corta, dura lo que tiene que durar. Séneca diría que 10 mil años no serían suficientes  para quien no ha aprendido a vivir. O a morir. Que a veces parece que es lo mismo, aunque no sea igual.  Si algún día los nietos de mis nietos llegan a escuchar este mensaje, que sepan que su ancestro intentó vivir en paz con la muerte, y que si alguna vez  me hizo llorar, fue solo porque no pudo evitarlo. Ahora la canción, leída, para que resuene una vez más. Gracias a la vida que me ha dado tanto Me dio dos luceros que, cuando los abro Perfecto distingo, lo negro del blanco Y en el alto cielo su fondo estrellado Y en las multitudes, el hombre que yo amo Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado el oído que en todo su ancho Graba noche y días, grillos y canarios Martillos, turbinas, ladridos, chubascos Y la voz tan tierna de mi bien amado Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado el sonido y el abecedario Con él, las palabras que pienso y declaro Madre, amigo, hermano y luz alumbrando La ruta del alma del que estoy amando Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado la marcha de mis pies cansados Con ellos anduve, ciudades y charcos Playas y desiertos, montañas y llanos Y la casa tuya, tu calle y tu patio Gracias a la vida que me ha dado tanto Me dio el corazón que agita su marco Cuando miro el fruto del cerebro humano Cuando miro el bueno, tan lejos del malo Cuando miro el fondo de tus ojos claros Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado la risa y me ha dado el llanto Así yo distingo, dicha de quebranto Los dos materiales que forman mi canto Y el canto de ustedes, que es el mismo canto Y el canto de todos que es mi propio canto Gracias a la vida

    6 min
  6. #27 El viejo y el mar - Ernest Hemingway

    27/04/2025

    #27 El viejo y el mar - Ernest Hemingway

    El viejo y el mar es una historia sobre cómo encarar la vida. Confieso que la primera vez que la leí - cuando tenía unos 20 años- me aburrió un poco. No veía nada de glorioso, o entretenido, en la historia de un pescador que ya no podía pescar. La volví a leer hace unas semanas porque me la regaló Stephi para mi cumpleaños. Y aunque ya sabía cómo acababa la historia, esta vez acompañé el viaje del pescador con entusiasmo, y disfruté mucho más de la narración y del lenguaje; especialmente cuando Hemingway cuenta cómo el pescador siempre pensaba en el mar como la mar. “Que es como la llaman en español, cuando la aman”. Y nos explica cómo los más jóvenes, con lancha a motor, o los que se referían al mar como un lugar específico o hasta como un enemigo, le decían el mar, a diferencia del viejo y los que la aman, que la ven como una entidad encantadora y misteriosa que esconde tesoros, y que si hace cosas terribles, es solo porque no puede evitarlo.  ¿Qué lindo no? En una cosa tan simple expresa ese hechizo que desde siempre ejerce el mar en algunos hombres.  Sin embargo, mientras avanzaba la historia y los tiburones iban haciendo pedazos a su maravilloso pez espada, me encontré otra vez decepcionado. Y aunque racionalmente entendía el estoicismo y la dignidad de su batalla, de alguna forma yo seguía sintiendo la historia incompleta, por lo menos en mi interior. Algo no cuajaba. El viejo y el mar es una historia sobre cómo encarar la vida y racionalmente yo entendía que sí, que en cualquier cosa que uno haga, no podemos juzgarnos por el resultado, sino por haber dado lo mejor que uno tiene para dar. Pero en mi interior un sentimiento me seguía diciendo, ¿para qué tanto alboroto?  Yo quería que el viejo gane, como un triunfo simbólico del hombre frente a la vida, frente al mundo. Y me desesperaba verlo pelear y perder. No podía entender - emocionalmente - que es justamente eso lo que hace grande a la historia. Otra posibilidad de por qué me sentía decepcionado, o aburrido con el libro, puede ser porque siempre me gustaron las historias en las que suceden muchas cosas, ya sea en la realidad ficticia o en el mundo interior de los personajes. Solo hace falta ver algunas de las que he comentado aquí en el podcast: tenemos la espectacular extravagancia de García Márquez, o el color apasionado en los personajes de Jorge Amado, o el duelo a cuchilladas de Saramago con Dios y con la muerte. De alguna manera la historia de este pescador, sólo en el mar, con pocas palabras y sin ninguna explicación, no clasificaba. Al llegar al final no sentía esa catarsis de la que hablaba en el episodio de Madame Bovary y que uno siente con la muerte de Emma, o cuando Saramago le hace decir a Jesús en la cruz: “hombres, perdonadle porque no sabe lo que hace”, o cuando nuestro queridísimo capitán de ultramar se salva de la vergüenza y el escarnio, o cuando descubrimos que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían otra oportunidad sobre la tierra. Ahora que pienso en eso, creo que la culpa no es del pescador. Sino de esa forma que tiene Hemingway de esconder la historia dentro de la historia. De su famoso iceberg. Yo no sentía el poder de lo que no se dice. En mi caso parece que tomó bastante tiempo de reflexión inconsciente para que la historia haga efecto en mí.  Pero entonces pasaron dos cosas. La primera y la más importante, es que unas dos semanas después de leer el libro, un día desperté pensando en la historia del viejo y el mar. Como si la hubiese soñado. Y en ese estado de trance en que nos tiene la vigilia, sentí como una revelación o una epifanía. Esas cosas pasan. No sé cómo, pero de repente sentí de verdad la lucha de Santiago. Nada había cambiado racionalmente en mi entendimiento de su historia; sin embargo, Santiago ya no era para mí un pobre pescador, sino un héroe atemporal. De repente entendí que el mismo Hemingway, que había sido el mito personificado de esa forma de vivir apasionada y llena de todo tipo de aventuras; que había sido héroe de guerra, que cazaba leones en África, que salvaba toreros, que ganaría un premio Nobel, etc. Él mismo, probablemente habría preferido ser ese nuestro viejo de manos partidas y voluntad de hierro. Entonces, todavía dormido sentí el coro de voces que hoy critican lo que Hemingway y Santiago representan. Hasta que apareció el ser original sobre el que mi madre me cuenta, y con su voz de trueno preguntó: ¿cómo querés encarar la vida? Y de pronto me sentí en paz con el final, y se fue la decepción que sentía con los tiburones y con el pez perdido; a veces no se puede contra el mundo, a veces no da. Pero el alboroto vale la pena, porque está cargado de significado y de sentido.  Lo segundo que pasó para que El viejo y el mar tenga un efecto total en mí, fue que leí Las nieves del Kilimanjaro, para un programa que estamos queriendo hacer con mi amigo Ángel Careaga en el que pensamos conversar sobre cuentos cortos. Las nieves del Kilimanjaro me encantó a la primera, y funcionó como un espejo que refleja lo opuesto que el viejo el mar. El cuento comienza con la siguiente nota:  “El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5.895 metros de altura, y se dice que es la más alta de África. Su cima occidental se llama, en masai, Ngàje Ngài, la Casa de Dios. Cerca de la cima occidental hay el cadáver seco y congelado de un leopardo. Nadie ha explicado qué buscaba el leopardo a tal altura.” Ese detalle me pareció absolutamente genial. Tan simple. Sin ninguna otra explicación. Nunca más se menciona al leopardo. Pero su presencia queda y se siente en todo el cuento.  La historia trata de un escritor que se está muriendo de gangrena en algún lugar entre Kenia y Tanzania. Mientras la gangrena avanza, el tipo va recordando su vida llena de experiencias, desde su infancia en Estados Unidos, hasta las guerras de Europa, pasando por burdeles en Constantinopla, pesca en la selva negra, y clásicos enredos de amor y soledad. El tipo ha vivido mucho, pero mira hacia atrás con cierto arrepentimiento. Siente que perdió su esencia al quedarse con una mujer a la que realmente no ama y con la que comparte el aletargado mundo de los ricos. Recuerda una vida que parece alucinante, envidiable; pero que se siente vacía, carente de significado y de sentido.  Recuerda su vida y se arrepiente de no haber escrito sobre lo que vivió. Tal vez sea eso lo que le roba el sentido. Él, que había vivido tanto, pero siendo escritor no lo había escrito. Y ahora ya no hay tiempo. ¿Cómo queremos encarar la vida? Yo creo he intentado pasar por esta vida absorbiendo apasionadamente lo que este mundo tiene para ofrecer, siempre con hambre de aprender y de vivir; y siempre vi de una forma más o menos peyorativa ese estilo de vida de los Hobbits, que temen la aventura, que viven en la comodidad de sus acogedoras cuevas bajo el suelo, atentos a la hora comer torta y de tomar té. Siempre imaginé, que cuando cuando sea viejo y esté cerca del final, podré mirar para atrás y decirme que he visto los paisajes de este mundo, que aprendido la historia de su gente; que he vivido en diferentes lugares, conociendo sus idiomas y sus culturas, disfrutando - o sufriendo- de su humor y sus comidas, y ganándome su amor.  Y todo eso es muy bonito, pero a la hora de la verdad puede quedar en una nadería si carece de significado y de sentido. Frente al cinismo y a la posibilidad de semejante vacío, el leopardo sigue allá arriba, invencible, igual que nuestro pescador en el mar.  Y nosotros, ¿cómo queremos encarar la vida?  Solo hay una respuesta posible: con coraje. ¿Y qué es el coraje?  Es gracia bajo presión.

    11 min
  7. #26 Cumbres Borrascosas - Emily Brontë

    12/04/2025

    #26 Cumbres Borrascosas - Emily Brontë

    Lo primero que me impresionó fue la historia misma de las hermanas Brontë. Cómo es posible que, desde una sola casa en un pueblo relativamente aislado, tres hermanas autodidactas, con recursos limitados y en una época en la que era muchísimo más difícil escribir siendo mujer, ellas escribieran - casi al mismo tiempo -, libros que hoy son considerados clásicos indiscutibles de la literatura. El fenómeno de las hermanas Brontë no tiene paralelos en la historia. Y como todo lo que es único, no dejan de maravillar y seducir. Infelizmente, las tres tuvieron una muerte prematura. Uno solo puede imaginar lo que habrían continuado escribiendo si hubieran tenido  más tiempo y más salud.  Me decidí por leer primero Cumbres Borrascosas simplemente porque me encantó el título. Ya me daba la impresión de algo aislado, sombrío, medio mitológico. Casi como un sortilegio. Sobre todo en inglés. Wuthering Heights. Como decir abracadabra, o Hocus Pocus. De entrada vale la pena decir que Cumbres Borrascosas es mucho más que una simple historia de amor. También es una historia de crueldades, de venganza, de obsesión. El libro comienza cuando el nuevo inquilino de una mansión alejada de todo, el señor Lockwood, va a visitar al dueño que se la alquila. El dueño vive en la finca vecina, a unos 4 kilómetros, al otro lado del páramo, en unas cumbres donde siempre da el viento. En esa casa todo aparece medio oscuro y misterioso, casi como un cuento de terror. El dueño de casa es el señor Heathcliff, y además de él en la casa de las cumbres hay una joven que a los ojos del señor Lockwood es increíblemente linda, y enigmática. Él piensa que es la esposa del señor Heathcliff, pero luego le corrigen que es su nuera. También hay otro joven que al principio el señor Lockwood no sabía si era familiar o sirviente, por su postura orgullosa, y sus ropas campesinas. Cuando el joven también se sienta a la mesa con ellos, el inquilino piensa que es el hijo del señor Heathcliff, pero de nuevo le dicen que no. Resulta que el hijo del Sr. Heathcliff ha muerto. Y no le dan ninguna otra explicación. El inquilino es el que comienza narrando la historia en primera persona, y de entrada uno quiere saber quién es la gente de esa casa y qué fue lo que pasó ahí, porque no parecen una familia normal. El inquilino vuelve a su casa recién alquilada, y una de las sirvientas, Nelly, le comienza a contar toda la historia. Dentro del relato de Nelly, hay momentos en que otros personajes comienzan a contar algunas partes de la historia, y más adelante el inquilino retoma la palabra también. Por ejemplo hay partes en las que escuchamos como Nelly le cuenta al inquilino, lo que le contaron a ella. Esta estructura con diferentes perspectivas no solo crea una atmósfera de misterio y complejidad, sino que también añade capas de subjetividad y distorsión. Al final, estamos escuchando lo que alguien dijo que le dijeron que pasó. Y digo escuchar , y no ver o leer porque justamente nos da la sensación -por lo menos a mí-  de que estamos escuchando un chisme, o un cuento oral, más que leyendo una novela. Le da un toque íntimo, que nos mete en la historia y no nos suelta hasta el final. Nelly comienza a contar la historia cuando ella trabajaba en la casa de Cumbres Borrascosas, aproximadamente unos 30 años antes de que el señor Lockwood se siente a escucharla. En esa época la casa pertenecía a la familia Earnshaw. La pareja tenía dos hijos, Hindley de unos 13 años, y Catherine de unos 6. La propia Nelly tendría alrededor de los 18 años en ese entonces.  Un día, el padre  tenía que ir a la gran ciudad, e iba a traer regalos para sus hijos y para Nelly. Pero en vez de volver a la hora que había dicho que volvería, se retrasó horas de horas. Y cuando por fin volvió, algunos de los regalos se habían roto o no había podido traer exactamente lo prometido, porque resulta que bajo su abrigo, además de los regalos, también traía a un huerfanito con rasgos de gitano que había encontrado abandonado en la calle, y con el que, por alguna razón, se encariñó hasta el fin de sus días. Y así es como empieza el drama de Cumbres Borrascosas. El niño se queda a vivir con ellos y le ponen de nombre y apellido simplemente Heathcliff. El hijo mayor, Hindley, crece envidiando y maltratándolo. Mientras más lo adulaba el padre, más lo maltrataba. Heathcliff aguantaba los abusos sin quejarse ni decir nada, y tratando de sacar provecho como podía. Por otro lado, él y Catherine tenían la misma naturaleza orgullosa e indomable. Viven haciendo travesuras, se vuelven inseparables, y con el tiempo terminan construyendo esa unión de almas casi etérea, épica y sublime, típica del Romanticismo. No es amor - o por lo menos no es solo amor-, es como si los dos fueran, de alguna forma, un solo ser. Es una unión que va más allá de lo físico, de lo moral, e incluso de la vida y la muerte. Después que fallecen los padres, la mansión de Cumbres Borrascosas poco a poco se va volviendo un lugar más tétrico, más cruel, y menos habitable. Mientras tanto, al otro lado del páramo está la otra finca, La Granja de los Tordos, en la que ahora el señor Lockwood está escuchando a Nelly. En esa época, en esa casa vivía la familia Linton, que tenían un hijo y una hija -Edgar e Isabella-, de edades no muy distintas a las de Heathcliff y Catherine. Estas dos casas y el páramo entre ellas son el escenario de la historia. Frente a Cumbres Borrascosas que se vuelve un lugar cada vez más inhóspito y terrible -lleno de gritos, de rencores y maltratos -, La Granja de los Tordos representa la civilización, la calma, la paz y estabilidad. Un refugio, pero sin que por eso pueda siempre contener las pasiones que atormentan el alma humana. Cuando el hermano de Catherine se hace cargo de Cumbres Borrascosas, por fin tiene el poder de quitarle a Heathcliff ese lugar de privilegio que  había tenido mientras vivía su padre. Lo convierte en un sirviente, le quita la educación que tenía, lo margina, lo humilla y lo denigra; pero a Heathcliff nada de esto parece importarle, porque lo único que realmente le importa es estar con Catherine, con la que a pesar de todo, seguían siendo inseparables. Y entonces entran en escena los Linton. Hasta aquí la novela se lee de forma voraz, no porque uno quiera saber como termina la historia, ya que desde el principio sabemos que Catherine muere, que la nuera de Heathcliff es la hija que ella tuvo con Edgar, que también ha fallecido. Y que el hijo muerto de Heathcliff también es hijo de Isabella, la hermana de Edgar. O sea, desde el principio sabemos que estos dos seres de Cumbres Borrascosas - pasionales e irracionales - se terminan casando con los dos Linton, que por lo general son más racionales y cautos. Lo que no sabemos y queremos saber es cómo, o más importante todavía, por qué. Y como con toda buena historia, puede ser que después de terminar de leer, sigamos queriendo saber esas respuestas. El otro día estaba conversando con mi tío Quico sobre Cumbres Borrascosas, y él me pasó un video super interesante en el que una señora analiza y compara tres novelas de las hermanas Brontë. En una parte del video dice que tanto la desgracia de Heathcliff como la de Catherine, suceden porque ella, este ser libre y pasional, decide casarse con Edgar Linton, que es un tipo muy parecido al buen Charles Bovary, solo que mucho más rico y un poco menos manso.  En el video ella ve esto como una traición, tanto hacia Heathcliff, o a su amor por él, como una traición hacia ella misma. Lo ve como una traición, porque en esa decisión ella ve un intento de Catherine de ser un ser racional y no lo que ella es: desbordante pasión. Ella ve que en esa decisión Catherine cede su libertad individual y acepta la esclavitud de las convicciones sociales. Esta decisión de Catherine  es el punto neurálgico de la historia y el libro aquí me pareció tremendo, encantador. Nelly le sigue contando la historia al señor Lockwood. En ese momento Nelly  está narrando como Catherine le cuenta lo que siente y lo que piensa y que ha decidido casarse con Linton, sin saber que Heathcliff estaba descansando al otro lado. En una de las frases más lindas de la novela, Catherine le explica a Nelly: "Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: sé muy bien que el tiempo lo cambiará, como el invierno cambia los árboles. En cambio mi amor por Heathcliff se parece a las rocas eternas bajo el suelo: una fuente de escaso deleite visible, pero necesaria. ¡Nelly, yo soy Heathcliff! Está siempre, siempre en mi mente; no como un placer —del mismo modo que yo no soy un placer para mí misma—, sino como mi propio ser." Ahora volvamos al centro del conflicto. En un primer momento también vi en la decisión de Catherine un tipo de conveniencia racional. Sí parecía como si ella estuviese intentando ser algo que no es, y de ahí viene esa idea de traición a sí misma. Pero después cambié de opinión. No creo que su decisión haya sido ni racional, ni una traición a sí misma, creo que ella estaba siendo exactamente como ella era y quería ser. No veo la decisión de Catherine como una traición, en primer lugar porque este su amor por Heathcliff era tan profundo, que no necesitaba de ningún matrimonio, ni de nada terrenal para existir, o para que ella lo viva plenamente. Además ella en ningún momento renuncia, ni renunciaría a que Heathcliff deje de ser una parte central en su vida. Y en segundo lugar, porque a pesar de lo importante que es Heathcliff, como ella misma lo explica: yo soy Heathcliff. Eso no es todo lo que ella es. Ella es más que simplemente ese amor y esa pasión por Heathcliff. Catherine no es un ser unidimensional. Teme vivir en la miseria, se avergüenza de ser la esposa de un criado. Y por otro lado, también quiere a Linton, no lo ama de esa forma desaforada y trasc

    21 min
  8. #25 Madame Bovary - Gustave Flaubert

    14/03/2025

    #25 Madame Bovary - Gustave Flaubert

    Hoy quería hablar sobre Madame Bovary, novela en la que Gustave Flaubert nos cuenta la vida, en apariencia banal y fútil, de una señora burguesa, en una pequeña ciudad de la  Francia del siglo XIX. Sin embargo, lejos de ser una historia trivial, la historia de Emma Bovary es una obra maestra universal que invita a la reflexión y al debate sobre muchos temas. Después de todo, Emma es un personaje complejo y fascinante. Pero ¿Cuál es, en realidad, la tragedia de Emma? ¿Es el eterno conflicto entre libertad y responsabilidad, que la convierte en una egoísta guiada por sus caprichos y deseos, mientras su marido trabaja y una empleada cría a su hija? ¿O es, más bien, la de una víctima de un sistema patriarcal y opresivo, que la educó para ser un objeto de deseo y le negó oportunidades de independencia, haciéndole creer que el amor romántico y total era el único camino de la felicidad? ¿O acaso su verdadera tragedia es estar atrapada en su propia ilusión, incapaz de renunciar a sus sueños, aunque estos sean imposibles? Antes de profundizar sobre su tragedia, vamos a hablar un poco sobre la historia de la Señora Bovary, para no perderse  en el camino.  En resumen,  el drama de Emma,  es que influenciada por todas las novelas románticas que ha leído, termina idealizando el amor y la vida, como algo lleno de intensidad y de emoción. Y así como Don Quijote después de leer todas sus novelas de caballería, termina creyendo que es un caballero andante, Emma acaba creyendo que la vida debería ser una historia de amor desbordante de pasión, y de grandeza en cada instante; y  que vivir sin toda esa intensidad, no es solo una injusticia, sino también una insufrible miseria.  Cuando Emma se casa con Charles Bovary, ella ya tenía todas esas expectativas sobre la vida, y de alguna forma pensaba que junto él, el mundo le daría todas esas felicidades sobre las que ya  había leído en tantas historias de amor. El problema era que Charles, a pesar de ser amable, y de quererla con toda el alma, era un tipo sencillo, aburrido,  mediocre. No sabía decir frases interesantes, no sabía bailar vals, ni podía expresar pasiones imposibles. No tenía ambiciones que le quiten el sueño, ni lo carcomía la envidia, ni se moría de celos, ni guardaba rencor.  La vida al lado del buen Charles era para Emma una ofensa y una traición. Vivía entre el tedio y la depresión. A veces encontraba algún interés o pasatiempo, pero la triste realidad se terminaba imponiendo y  haciéndola  infeliz.  Emma intenta escapar del tedio con lujos y aventuras románticas, aveces platónicas, y a veces… totales,  pero siendo la realidad como es, nunca está a la altura de sus sueños, y la búsqueda de una vida intensa  se vuelve un desesperado camino de autodestrucción. Ahora sí. Volvamos a su tragedia. Primero que nada, ¿qué es una tragedia?  Si bien la tragedia, como expresión dramática, nace en la antigua Grecia y se utilizaba en festivales religiosos para purificar las emociones del público, seguramente existen historias trágicas desde el principio de los tiempos. La historia de Gilgamesh, por ejemplo, nos muestra su inútil búsqueda de la inmortalidad y su inevitable enfrentamiento con la muerte. Y desde entonces nos han servido para hacer catarsis, haciéndonos reflexionar sobre la existencia y el sufrimiento humano. Catarsis significa precisamente  purificación emocional. Y ya Aristóteles hablaba sobre cómo la tragedia nos sirve para purgar o liberar emociones, y con suerte, también para reflexionar y entender mejor nuestras propias vidas. Según él, la tragedia logra esto a través de la compasión y el terror: sentimos empatía, o compasión por el protagonista que sufre y, al mismo tiempo, sentimos terror, al pensar que podríamos estar en su lugar, o de que algo parecido nos puede pasar. Sin embargo, una tragedia no es simplemente  una historia en la que a un personaje le pasan desgracias e injusticias. Si a pesar de lo terrible  que puede ser su camino, el  protagonista aprende,  cambia, o se adapta, su historia no sería una tragedia. Por ejemplo, la historia de Teseo, a pesar de tener desgracias e infortunios, no es una tragedia, ya que lo vemos cambiar, evolucionar. Comienza siendo un niño sin padre, y se termina convirtiendo en  uno de los más grandes héroes de Atenas. En cambio, por ejemplo el último cuento que comentamos, Cuánta tierra necesita un hombre, de Tolstoi, es una tragedia. En esa historia Pajón es incapaz de reconocer, y mucho menos de cambiar su ambición desmedida, lo que lo termina llevando,  también, a un camino de autodestrucción. Otra cosa importante, es que para que nosotros como público podamos tener esa conexión  significativa con la historia, para que nos lleve a esa limpieza emocional, la tragedia, en su aspecto más profundo, tiene que ser universal, tiene que poder resonar con cualquier audiencia, trascendiendo las limitaciones de género, clase, o contexto histórico. Por eso  las grandes historias siguen estando a pesar del tiempo. Además de la compasión y el terror hay un tercer elemento que me parece muy interesante: la causa secreta. En el episodio que hice sobre La ciudad y los perros ya hablé sobre la causa secreta, pero ahora vale la pena mencionarla de nuevo. La causa secreta es lo que realmente mueve al personaje, más allá de lo que el personaje mismo cree estar buscando. Es la verdad esencial y aterradora sobre la condición humana que nos revela la tragedia. En el caso de Emma,  y volviendo a mi pregunta inicial,  su tragedia no es que ella esté atrapada entre la responsabilidad y la libertad, sino que sufre porque ninguna de las dos opciones la satisface: el deber la asfixia, y la libertad que persigue nunca está a la altura de sus expectativas. Y aunque es evidente que Emma vive en una sociedad en la que las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres, esta tampoco es su tragedia, en el sentido universal del que estamos hablando.Su tragedia es no poder reconciliar la fantasía con la realidad. Ella cree que busca el amor absoluto y la felicidad apasionada, pero en realidad su causa secreta, lo que ella de verdad quiere, no es un hombre, ni una relación, ni todos los lujos del mundo, sino poder llenar un vacío existencial. Su causa secreta es su incapacidad de encontrar plenitud en la realidad, lo que la lleva a un ciclo de deseo, insatisfacción y desesperación.  Si  Emma hubiese sido hombre, un príncipe, incluso, con todos los lujos y ventajas que el mundo tiene para ofrecer, seguiría siendo infeliz. Porque ella lo que quiere es una vida más bella, vibrante e intensa de lo que la realidad puede ofrecer. Ella quería vivir una historia romántica, quizás como la de Romeo y Julieta,  la de Tristán e Isolda, o la de Lancelot y Ginebra; pero en la vida real hay pocos caballeros como Lancelot, y son menos las veces en que las personas viven historias así. Y para bien o para mal, Flaubert le quiso escribir una novela realista, en la que los amantes no son heroicos, sino egoístas y cobardes, en la que no hay muertes instantáneas y gloriosas, sino dolorosas, y terribles. Un mundo  muy parecido al que vemos todos los días, cuando salimos a tomar un café.  Por eso es que todos nos podemos identificar con Emma, porque nadie sueña con una vida mediocre y aburrida, porque  todos nos sentimos alguna vez decepcionados con la realidad y su mezquindad. Por eso Emma es una heroina, o una anti-heorína, si se prefiere, que trasciende los límites de su contexto y de su tiempo. Cuando terminé de leer  Madame Bovary, continué leyendo  sobre el libro, porque una de las cosas que más me apasiona sobre la literatura es ver cómo algunos personajes trascienden su propia historia,  viven otras, narradas por otras personas, tal vez. O se los encuentra en  metáforas, poemas y canciones, a veces cientos, o hasta miles de años después. Fue así que leyendo el ensayo que Vargas LLosa escribe sobre Madame Bovary, me topé con el perfecto ejemplo de cómo funciona la tragedia en el contexto que estábamos hablando. Él cuenta  un episodio en el que él estaba atravesaba una  profunda crisis personal, e incluso estaba contemplando la idea del suicidio.  Y cuenta cómo al leer y releer la tragedia de Emma, en especial su último día, él lograba hacer catarsis, a través  de la angustia y el dolor de Emma, que de alguna forma lo absolvian de su propio desencanto  con la realidad. Emma moría, para que él pueda vivir.  Es increíble ver como algunos personajes y sus historias se vuelven  tan importantes en las vidas de quienes los leen y los cometan. Nunca me deja de  impresionar lo mucho que necesitamos historias y el impulso de vida que nos dan. Hay una frase que se le atribuye a Oscar Wilde, sobre uno de los personajes de Balzac: “El gran drama de mi vida es la muerte de Lucien Rubempré. Me persigue en mis momentos de placer. Lo recuerdo cuando río.”   Hay historias que nos marcan así.  Mario Vargas Llosa, en ese ensayo, comienza usando esa frase sobre Lucien para explicar que existen personajes de ficción que pueden ser igual o más importantes en nuestras vidas que personas de carne y hueso.   Para Vargas Llosa, Emma Bovary es uno de esos personajes clave en su vida. Y como él tiene a Emma,  todos tenemos historias que nos ayudan a navegar las aguas de la incerteza y nos ayudan a encarar las obligatorias transiciones de vida y de muerte que conlleva el estar aquí. Pero como vemos en la historia de Emma, la fantasía, aun con todas sus maravillas,no está libre de peligros. Porque así como la lectura y las historias en general, ya sea en libros,  películas, videojuegos, nos permiten viajar y en cierta forma vivir otras realidades, que nos ayudan a ver desde diferentes perspectivas nuestro interior y nuestra  vida. También puede pasar, com

    17 min

About

Comentarios e ideas sobre literatura y lectura de fragmentos para quien está buscando algo bueno para leer, o para quien aprende español como lengua extranjera y ya tiene un nivel de intermedio a avanzado.