1302 – Mt 4:18-19 – Primeros discípulos del Rey. Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Dios envió a su Hijo a la tierra a predicar, morir y resucitar, con el mismo propósito de salvar a seres humanos del pecado. El Padre amó tanto “al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn 3:16-17). El mismo Hijo “vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc 19:10). A quienes creen, El Espíritu Santo ofrece “el lavamiento de la regeneración y… la renovación” (Tit 3:5). Toda la Trinidad está en acción en el ministerio de salvar del pecado a la humanidad. La evangelización es la gran preocupación del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Evangelizar fue la gran preocupación de la iglesia del NT. Inmediatamente después de Pentecostés, los nuevos creyentes se dedicaron por completo a Dios y a ganar a otros para Él. Al estudiar al pie de los apóstoles, hablar unos con otros, y alabar a Dios, llegaron a tener “favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hch. 2:42-47). La evangelización y el discipulado son el sentido principal de la Gran Comisión: “Id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mt 28:19). En los evangelios encontramos que hubo al menos cinco llamados diferentes de Jesús para conformar el grupo de los doce discípulos. Cada escritor del evangelio enfatizó los llamados que se ajustaban mejor a su propósito particular. El primer llamado de Jesús fue a la salvación, a la fe en el Mesías en Jn 1:35-41; 2:11. El segundo llamado de Jesús es acá en Mt 4:18-22. Los dos primeros llamados no hicieron que dejaran sus ocupaciones de manera permanente. Al momento del tercer llamado en la pesca milagrosa en Lc 5:1-11, Pedro, Andrés, Jacobo y Juan estaban de nuevo pescando. Jesús repitió el llamado a ser pescadores de hombres, y los discípulos se dieron cuenta entonces que el llamado era permanente y “dejándolo todo, le siguieron” (Lc 5:11). Marcos menciona un cuarto llamado. “Después subió al monte, y llamó a sí a los que Él quiso; y vinieron a Él. Y estableció a doce, para que estuviesen con Él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Mr 3:13-15). El quinto llamado, anticipado en el anterior, está en Mateo 10:1: “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia”. En Mt 4:18-21 Cristo llama a Pedro y Andrés, y a Santiago y Juan, para que estén con Él. Los cuatro eran dos pares de hermanos. Estos pescadores ya habían tenido previo contacto y conversación con Cristo: En el bautismo de Juan (Jn 1:40-42); en Caná de Galilea (Jn 2:2); y en Judea (Jn 4:3). Pero aún no habían decidido seguir a Cristo de manera permanente. El llamado a Pedro y Andrés (Mt 4:18-20). “Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.” Mateo y Marcos dan versiones muy abreviadas de lo que ocurrió aquí en el mar de Galilea (Mt 4:18-22; Mr 1:16-20). Mateo registra que Cristo dijo a Pedro y a Andrés: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. Marcos incluye un prerrequisito: “haré que seáis [os convertiré en] pescadores de hombres”. Lucas da más detalles del episodio en Lc 5:1-11. El llamado a Jacobo y Juan (Mt 4:21-22). “Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo,