En el verano de 1944, con el frente occidental derrumbándose tras el desembarco de Normandía, la Alemania nazi presentó al mundo sus llamadas Armas de Venganza, las Vergeltungswaffen. Se trataba de dos ingenios revolucionarios, la V1 y la V2, concebidos para castigar a las ciudades británicas y devolver al Reich una iniciativa que ya había perdido en los campos de batalla. Más allá de su valor militar, Hitler y su ministro de propaganda Joseph Goebbels vieron en ellas un instrumento formidable para sostener la moral interna y alimentar la ilusión de un arma capaz de cambiar el curso de la guerra. La V1, denominada oficialmente Fieseler Fi 103, fue la primera bomba volante operativa de la historia. La impulsaba un motor pulsorreactor Argus cuyo característico zumbido intermitente le valió el apodo londinense de buzz bomb. Alcanzaba unos 640 kilómetros por hora, tenía un radio de acción cercano a los 250 kilómetros y transportaba una carga explosiva de unos 850 kilogramos. Su sistema de guía era rudimentario, un piloto automático giroscópico combinado con una pequeña hélice que medía la distancia recorrida y ordenaba el picado final sobre el objetivo. Desarrollada en el complejo de Peenemünde, en la costa báltica, la V1 empezó a lanzarse contra Londres el 13 de junio de 1944, apenas una semana después del Día D. Más adelante, los alemanes dirigieron miles de proyectiles contra Amberes, puerto vital para el abastecimiento aliado. Se lanzaron alrededor de 10.000 unidades contra Inglaterra, de las que poco más de 2.400 alcanzaron la capital y causaron unos 6.000 muertos. La respuesta aliada fue rápida y eficaz. Cazas como el Hawker Tempest, la artillería antiaérea dotada de espoletas de proximidad y los globos de barrera llegaron a derribar la mayoría de las bombas en las últimas semanas de la ofensiva. Muy distinta era la V2, conocida técnicamente como Aggregat 4 o A4, el primer misil balístico de largo alcance de la historia. Su desarrollo estuvo dirigido por el joven ingeniero Wernher von Braun, que encabezaba el equipo de cohetes de Peenemünde con el respaldo del ejército alemán. A diferencia de la V1, la V2 era un cohete propulsado por combustible líquido, una mezcla de alcohol etílico y oxígeno líquido que le proporcionaba un empuje extraordinario. Tras un breve ascenso vertical, el misil describía una trayectoria balística que lo elevaba hasta unos 80 kilómetros de altura antes de precipitarse sobre el objetivo a velocidad supersónica, superando los 5.000 kilómetros por hora. Esa velocidad lo volvía imposible de interceptar, pues impactaba antes de que se oyera su llegada. Transportaba una ojiva de aproximadamente una tonelada de explosivos. La producción en serie se concentró en la fábrica subterránea de Mittelwerk, cerca de Nordhausen, donde miles de prisioneros del campo de concentración de Mittelbau-Dora trabajaron en condiciones atroces. Se calcula que murieron más trabajadores forzados fabricando el arma que víctimas causó su empleo. Las primeras V2 cayeron sobre París y Londres el 8 de septiembre de 1944. Hasta el final de la contienda se dispararon más de 3.000 unidades contra objetivos británicos y belgas, con un balance cercano a los 9.000 muertos. Comparadas entre sí, la V1 y la V2 respondían a filosofías opuestas, la primera barata y sencilla pero vulnerable, la segunda sofisticada, cara e imparable. Ninguna de las dos alteró el rumbo del conflicto. Su impacto material resultó modesto frente a los bombardeos aliados, y su verdadera fuerza fue psicológica, el terror de un ataque imposible de prever. El legado técnico, en cambio, fue inmenso. La V2 se convirtió en la antepasada directa de los misiles balísticos modernos y de los cohetes espaciales, y el propio Von Braun terminaría diseñando el Saturno V que llevó al hombre a la Luna.