TRÁMITES QUE SALVAN VIDAS. En esta vida, los trámites suelen desgastarnos: filas interminables, sellos que faltan, requisitos imposibles, oficinas que nos devuelven al punto de partida. Un simple documento puede complicar la existencia. Pero Hebreos nos habla de otros trámites, no terrenales sino celestiales. Allí no hay corrupción, ni errores administrativos, ni expedientes extraviados, sino compasión, misericordia y redención de Dios para con los extraviados. La carta a los Hebreos nos habla de dos trámites que sustentan nuestra redención: el pacto y el testamento, y nos presenta a Cristo como “Mediador de un nuevo pacto” (Hebreos 9:15), Aquel que no solo anuncia mejores promesas, sino que las garantiza con Su propia sangre. Como Moisés roció el antiguo pacto con sangre ajena, así nuestro Señor entra al Lugar Santísimo no con sangre de machos cabríos, sino con la Suya propia (Heb. 9:12), asegurando redención eterna. Pero el autor va más lejos: donde hay testamento, es necesaria la muerte del testador (Heb. 9:16-17). Cristo no solo intercede; Él muere para que la herencia sea legalmente nuestra. Es Mediador porque reconcilia a Dios con hombres culpables; es Testador porque, al morir, pone en vigor el testamento de gracia que nos nombra herederos. Como dijo Juan Calvino, “Cristo no obtuvo una salvación posible, sino una salvación efectiva para los suyos”. Así, el evangelio no es oferta incierta, sino herencia sellada con sangre divina: el Crucificado vive, y porque murió, nosotros heredamos vida eterna. No estamos ante metáforas piadosas, sino ante realidades jurídicas del cielo. Como Mediador, Él representa a Dios ante nosotros y nos representa a nosotros ante Dios, satisfaciendo la justicia divina con Su propia sangre (Heb. 9:12). Como Testador, su muerte no fue accidente trágico, sino acto soberano que activa la herencia prometida: perdón, conciencia limpia y acceso al Lugar Santísimo. El antiguo pacto se inauguraba con sangre ajena; el nuevo, con la del Hijo eterno. Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. (Heb 9:15-16)