unaVidaReformada

samuel hernández clemente

mirando la vida desde la perspectiva de Dios

  1. Ni cuento, ni invento; CREO en el Unigénito

    4 gg fa

    Ni cuento, ni invento; CREO en el Unigénito

    A veces tratamos la historia de Jesús como si fuera el guion de una película de fantasía o un mito reconfortante para pasar el invierno. Pero si abrimos los libros de historia —incluso los escritos por autores romanos o judíos del siglo I que no tenían ningún interés en promover el cristianismo, como Tácito o Flavio Josefo—, nos topamos con una realidad ineludible: Jesús de Nazaret existió, caminó sobre nuestra tierra y dividió la historia humana en dos. Como teólogos reformados, nos apasiona recordar que nuestra fe no flota en el vacío de la imaginación; está firmemente anclada en el suelo de la historia. Dios no nos salvó enviando un concepto abstracto ni una bonita moraleja. Se salvó metiendo las manos en el barro de nuestra realidad a través de la Encarnación: el Creador eterno se vistió de criatura en un momento específico del Imperio Romano. Esta intervención divina no es un evento aislado, sino un drama histórico perfecto que se despliega en cuatro escenas centrales. 1) La cuna humilde: El Nacimiento El drama no empieza en un palacio de mármol, sino en un establo prestado, oliendo a animales y a tierra. Aquí vemos la paradoja más grande del universo: el Dios que sostiene las galaxias con el poder de su palabra, ahora es un bebé que necesita que le limpien la cara y lo envuelvan en pañales. Esto no fue un accidente logístico por falta de espacio en el mesón; fue un acto deliberado de condescendencia divina. El Rey del universo se despojó de su gloria visible para identificarse con nuestra debilidad y rescatar a los suyos desde lo más bajo. 2) La cruz maldita: La Muerte Expiatoria La cruz no fue un trágico malentendido político ni el fracaso de los planes de Jesús. Fue el altar histórico donde se pagó nuestra deuda. En la teología reformada entendemos esto como la sustitución penal: nosotros merecíamos el castigo por nuestra rebelión contra un Dios santo, pero Cristo se puso voluntariamente en nuestro lugar. Al exclamar "Consumado es", absorbió hasta la última gota de la ira divina que nos correspondía, clavando nuestra culpa en esa madera real, tosca y ensangrentada fuera de las murallas de Jerusalén. 3) La cripta vacía: La Resurrección Si la historia terminara en la tumba, el cristianismo sería una tragedia griega más. Pero el domingo por la mañana el suelo tembló. La cripta vacía es el pilar de nuestra fe. Jesús no resucitó espiritualmente en los "corazones de sus discípulos"; su cuerpo físico, glorificado pero real, salió de esa tumba dejando los lienzos ordenados. Esta es la declaración oficial de Dios de que el pago de la cruz fue aceptado, la muerte fue vencida y la nueva creación ha comenzado en la historia humana. 4) La corona celestial: La Ascensión y el Reino Supremo Jesús no se desvaneció ni se retiró. Cuarenta días después de resucitar, ascendió visiblemente al cielo ante los ojos de sus testigos para ocupar el lugar que le corresponde por derecho: el trono del universo. Hoy, ese mismo Jesús histórico gobierna con soberanía absoluta sobre la política, las crisis mundiales y cada detalle de nuestras vidas. No estamos esperando a ver si Dios gana la batalla final; el Rey ya está coronado a la diestra del Padre, intercediendo por nosotros y dirigiendo la historia hacia su glorioso desenlace. La fe cristiana no te pide que apagues el cerebro ni que creas en cuentos de hadas. Te invita a mirar los hechos, evaluar la evidencia y rendirte ante el Rey que dividió el tiempo en dos para buscarte.

    43 min
  2. Ponte águila, ponte trucha

    12 mag

    Ponte águila, ponte trucha

    En el argot popular, esta expresión es un llamado a la alerta. Para el creyente, una actitud y virtud necesaria es la cautela. Definimos la cautela como el ejercicio donde, con estricto examen y en alerta permanente, cuidamos nuestra conducta y nuestra mente. La vida cristiana no es un paseo pasivo; es una milicia. La cautela debe sumarse a la perseverancia para no desmayar, a la sobriedad para juzgar rectamente, y a la diligencia para actuar con prontitud. Nuestro Señor Jesús utilizó frecuentemente el imperativo "Mirad", una señal de alarma que nos obliga a mantener la guardia alta para no ser desviados del Reino de los Cielos. He aquí cuatro frentes donde debemos ponernos en actitud "águila" y en modo "trucha": 1. Cautela con la incongruencia - "MIRAD, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará." (Lucas 8:18) - No basta con estar expuestos a la Palabra; debemos examinar cómo la recibimos. La incongruencia nace cuando oímos con ligereza, sin permitir que la verdad penetre el corazón. El juicio de Dios es severo: quien desprecia la luz que tiene, acabará en tinieblas, perdiendo incluso la apariencia de espiritualidad que creía poseer. 2. Cautela con la avaricia - "MIRAD, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee." (Lucas 12:15) - Debemos estar "truchas" ante la sutil mentira de que nuestra dicha, seguridad o valor dependen de nuestras posesiones. La cautela aquí actúa como un centinela que nos recuerda nuestra total dependencia de la providencia divina, cortando de raíz el deseo insaciable de acumular lo que es temporal. 3. Cautela con los engañadores - "MIRAD que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre... Mas no vayáis en pos de ellos." (Lucas 21:8) - En un mundo de relativismo y falsos maestros, la cautela es vital. Debemos filtrar todo mensaje a través de la Sola Scriptura. El engañador no siempre viene con cuernos, a veces viene con Biblia en mano pero sin Cristo en el centro. Estar alerta significa discernir los tiempos y las voces, rehusando seguir cualquier camino que se aparte de la sana doctrina. 4. Cautela con la mundanalidad - "MIRAD también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida..." (Lucas 21:34) - La mundanalidad no es solo el pecado abierto, sino el entorpecimiento del alma por las ansiedades y placeres de este siglo. La cautela nos advierte que un corazón "cargado" es un corazón que no puede vigilar. Si estamos demasiado absortos en lo terrenal, el día del Señor nos sorprenderá como un lazo. VELANDO EN SOBRIEDAD La cautela es, en última instancia, el antídoto contra el sueño espiritual. Como hijos de la luz, nuestra postura debe ser de expectativa activa y autocontrol constante. No podemos permitirnos el lujo de la negligencia espiritual mientras el mundo duerme en su ignorancia. "Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios." (1 Tesalonicenses 5:6) - Ponte águila, ponte trucha. Que tu examen sea estricto, tu alerta sea permanente y tu vida sea un testimonio de que el Rey está a las puertas.

    36 min

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mirando la vida desde la perspectiva de Dios