Por cierto que es imposible imaginar la existencia de Annie Hall sin la figura consular de Diane Keaton, verdadero catalizador de un arquetipo humano tanto del cine como del siglo, pero los orígenes del filme son harto más diversos (y difusos). Es, sin duda, un retrato del propio Woody Allen (quien con esta cinta deja atrás su primer período de humor disparatado para girar hacia un tono de autorreflexión). Es, también, la evocación de una subcultura: el registro vital del judío urbano de Manhattan ( a su manera , una continuación del judío berlinés exterminado por los nazis), su sentido del humor, su sentido del absurdo, del poder (de cómo tenerlo y cómo perderlo), sus miedos, sus fantasmas, y su natural inadaptación a un terreno que, pese a ser suyo, puede expulsarlo a la primera de cambio. Annie Hall es, al mismo tiempo, un di´álogo activo con las propias raíces, con los orígenes familiares, pero también las caretas que sus personajes inventan en orden soportar al prójimo y a ellos mismos, y la forma en que estas máscaras caen, dejando a sus dueños expuestos y vulnerables, presa de las emociones y los apetitos de los otros. Es en esa dimensión que el recuerdo de Louise Lasser —la segunda esposa de Allen y una figura cuya sombra permea muchos de los personajes femeninos del cineasta— emerge, se transfigura y, finalmente, se apodera merecidamente de la película, haciendo de ella un artefacto único, un genuino crisol cultural. De eso y más se habla en este podcast.