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Primer espacio regional en donde te platicamos lo más interesante sobre derechos humanos en una forma sencilla y accesible.

  1. 27 ago

    Episodio 2. Temporada 7. El giro posmoderno: Cuando la verdad se volvió opinión.

    La semana pasada dejamos algo claro: la vieja Teoría Crítica, la que decía que iba a liberarnos, terminó convirtiéndose en el mismo tipo de poder que juraba combatir. Hoy vamos a ver cómo pasó eso. Cómo la verdad, en algún punto del camino, dejó de ser algo que se descubre y se convirtió en algo que se impone. Y para eso hay que hablar de dos nombres: Michel Foucault y Jacques Derrida. Foucault dijo algo que, la primera vez que lo escuchas, suena hasta profundo: la verdad no es algo que exista por sí sola. La verdad, según él, es un efecto del poder. O sea, no existe “la verdad sobre los derechos humanos”. Lo que existe son “regímenes de verdad”: sistemas que deciden qué se acepta como cierto según quién manda.Tradúcelo al español de la calle: los derechos humanos, para Foucault, no son una conquista de la dignidad. Son una herramienta que Occidente inventó para vigilarte, para controlarte, disfrazada de discurso bonito sobre libertad.Derrida fue todavía más lejos. Su famosa “deconstrucción” dice que ningún concepto —ni siquiera “derecho”— tiene un significado fijo. Todo se escapa, todo se pospone, nada se puede clavar del todo. El derecho, para él, siempre es una huella de algo que no está. ¿Y sabes cuál fue el verdadero golpe? No fue lo que dijeron. Fue la pregunta que cambiaron. Antes la pregunta era: “¿cuál es la verdad sobre los derechos humanos?”. Después de ellos, la pregunta pasó a ser: “¿quién tiene el poder para decidir qué cuenta como verdad?”.Y con ese cambio de pregunta, se abrió un abismo. CUANDO TODO SE VUELVE NEGOCIABLE.Si no hay una verdad objetiva, si solo hay relaciones de poder, entonces los derechos humanos dejan de ser algo firme. Se vuelven “una construcción occidental más”, tan válida —o tan inválida— como cualquier otra. Y aquí es donde se pone feo. Porque bajo esa lógica, frases como estas empiezan a sonar razonables para algunas personas:“Mi cultura tiene su propia idea de derechos, igual de válida que la tuya.”“La ablación genital femenina es una práctica cultural, no se puede juzgar desde fuera.”“La esclavitud hay que entenderla en su contexto histórico.”“La tortura depende del régimen de verdad que se aplique.”¿Te suena exagerado? No lo es. Es la consecuencia lógica de decir que la verdad es puro poder. Si no hay una verdad universal que condene la tortura, entonces solo quedan historias compitiendo entre sí. Y gana la que tenga más fuerza detrás. Y hay otra parte todavía más incómoda. Derrida transformó al “sujeto de derechos”: esa idea de que tú, como persona, tienes dignidad y por eso tienes derechos. Para él, ese “sujeto” tampoco existe de forma sólida. Solo hay “efectos de discurso”.Esto quiere decir que la víctima de una violación, de un despojo, de una explotación laboral, deja de ser una persona real con dolor real. Se convierte en un texto que se puede reinterpretar. Su sufrimiento pasa a ser “una construcción social” que se puede negar, relativizar, discutir en un seminario. Escucha el episodio completo. Comenta y comparte.

    Episodio 2. Temporada 7. El giro posmoderno: Cuando la verdad se volvió opinión.

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