Entre Humanos

Edgar Ochandorena

¿Te cuesta conectar con los demás? Aquí puedes aprender a hacerlo sin forzar. Nuevo episodio cada sábado. www.edgarochandorena.com

  1. 25 ABR

    El problema de tener la razón

    ¿No estáis como muy cansados de que se os obligue a estar siempre posicionado en uno de los extremos ideológicos en cualquier situación de la vida? ¿Por qué no se nos permite la duda existencial? Realmente decir que no sabemos lo que creemos sobre alguna cosa, no sabemos cómo plantearnos una situación, donde posicionarnos y quedarnos en un punto medio, en un punto de inflexión que puede resultar incómodo, pero también válido. Al final yo, como más me planteo mi propia forma de pensar y mis creencias, y digamos que después de haber pasado por diferentes filosofías y haber estudiado o vivido ciertas prácticas religiosas dogmáticas, puedo decir que al final lo que más me encaja, lo que ha acabado cerrando el círculo de mi propia filosofía, es lo que yo llamo la integración, que no es para nada un concepto nuevo, es algo... que se ha utilizado muchísimo desde las diferentes filosofías de la New Age y la parte más espiritual, pero la integración, al final, es un concepto muy práctico, muy realista. La integración básicamente es aceptar que cualquier cosa (cualquier extremo de una situación) tiene su validez su razón de ser y, por lo tanto, su importancia y aquello que aportar. Sería intentar sacar lo bueno de ambos mundos. Voy a poner algunos ejemplos de cómo se ha ido dando esta situación en la historia e incluso ahora en la actualidad o cómo se ha reflejado esto que estoy diciendo. Por poner un ejemplo, empecemos con las religiones. Inicialmente el ser humano tuvo conciencia de sí mismo y empezó a ponerle características divinas a aquellas cosas que se escapaban de su comprensión. Aquello que no podía él entender, pues decía que era un dios. Y a medida que hemos ido entendiendo más cosas, le hemos ido quitando esa... característica divina. Por eso al principio cosas como el sol, el río, la lluvia, hasta el jabalí, eran dioses. Eso eran las religiones politeístas y con el tiempo se llegó a la idea de que solo había un dios que era aquello general como algo más grande que nosotros, que esos elementos de la naturaleza, que estaba fuera de este mundo físico, entonces eso era el Dios Uno. Y ahí aparecieron las religiones monoteístas. Primero empieza el judaísmo, senta las bases, luego viene, un tiempo después, el cristianismo, como rebeldemente para romper esas normas tan estrictas y esas formas de pensar del judaísmo e instaura el cristianismo. Pero luego, 500 años después, llega el Islam y hace lo propio con el cristianismo, como reformando y modernizando y actualizando esas ideas que tenían en cada una de esas religiones. Pero el caso es que para ellos son polos completamente opuestos. Y todos sabemos que en realidad lo que piensan simplemente tiene ciertos matices, ciertos detalles un poco diferentes, pero al final todos son hermanos de la misma idea, de creer que existe algo superior a ellos, que es un ente único, omnipotente, omnipresente, y al que, según una persona religiosa, pues hay que rendirle pleitesía. Digamos que la idea general es la misma. Son hijos de lo mismo, pero se pelean por los detalles, por el cómo hacer las cosas, por las formas. Vamos con otro ejemplo, un poco más actual, que yo incluso podría decir que es la nueva religión. La psicología, todo el tema del estudio de la mente. Inicialmente en la antigüedad, aquel que se dedicaba a estudiar la mente, a intentar entender qué pasaba en nuestro cerebro, era tratado más de brujo que de otra cosa. Era totalmente denostado por la sociedad, un “magufo”. Eso no era ciencia en ningún momento. Pero luego, con el tiempo se ha ido, digamos, haciendo mainstream, y se ha aceptado que la psiquiatría, ya era una parte más científica y más enfocada en la medicina, pues sí que tenía su validez. Y entonces todo el mundo estaba de acuerdo en que si había un enfermo mental, pues había que medicarlo. Y parecía lo más sensato, lo más lógico, lo que ayudaba a seguir manteniendo el estatus. Pero más tarde llegan nuestros amigos Freud, Jung y traen la psicología. Y claro, la psicología también es reformista en cuanto a la psiquiatría, te está diciendo, hombre, no hace falta que les enchuféis drogas a todos para calmarlos. Y eso lo único que hace es detener los brotes, etc... Pero el problema sigue estando ahí porque no estás actuando en el origen. Entonces proponen analizar la mente, analizar los traumas, el pasado, todo esto a través de la conversación y el análisis. Y más tarde incluso llegan cosas como el coaching o el acompañamiento, la PNL, todas estas nuevas técnicas que proponen más un acto de presencia, de escucha activa y de devolución del discurso de la persona para poder tener ciertas revelaciones, algo incluso menos invasivo, menos directivo. Y claro, reformando y denostando a la psicología. Y las peleas que tenemos y que hay entre todos, que al final somos, otra vez, hijos de lo mismo, son increíbles. O sea, no hay posibilidad de entendimiento entre las personas que, al fin y al cabo, están intentando entender y tratar los problemas de la mente. Y al final, pues, todos tienen parte razón, porque hay casos en los que un problema mental necesita de una medicación para poder hacer una vida normal y también es cierto que a base de conversación, análisis, escucha activa se pueden solucionar muchas cosas, se puede llegar al origen. Lo interesante de todo esto es que tenemos un hecho en concreto, una situación y hay una riqueza en el hecho de observarla desde diferentes puntos de vista. Pero no solo desde diferentes puntos de vista, sino con marcos conceptuales diferentes. Entonces, claro, parecen cosas contradictorias cuando en realidad son compatibles. Pero si os fijáis, aunque estoy diciendo todo esto, no hay que irse al punto medio absoluto. Porque en realidad lo que sería el punto medio entre dos extremos, el equilibrio perfecto, no tiene movimiento. Y si no tiene movimiento, quiere decir que se asemeja un poco a la muerte, por decirlo de alguna manera. El corazón tiene sístole, diástole, ¿no? Y eso es lo que hace que estés vivo. Tienes que vivir, de alguna manera, apasionándote, defendiendo situaciones, defendiendo unos ideales, unos puntos de vista. Pero, eso tampoco te tiene que llevar a vivir al extremo de la negación del otro polo. Lo que sucede es que cuando vives en ese punto, que para mí es el punto ideal, entre el equilibrio puro y cualquiera de ambos extremos que puedas encontrar, es un punto bastante incómodo de llevar porque cuando uno cree tener una razón absoluta, una creencia firme, vive tranquilo, no tiene que preguntarse nada, no tiene que ponerse en duda. Vivir en esos puntos intermedios es una presión constante de poner en duda y aceptar. Hay que hacer un esfuerzo muy grande para integrar esa otra parte en nuestro pensamiento. Es el pensamiento crítico, por decirlo de alguna manera. Al final es innegable que no todo el mundo es capaz de estar en esa incertidumbre, en esa duda. Pero lo que está claro es que cuando escuchas a personas que tienen gran sabiduría, por lo menos desde mi punto de vista, aquel que ha llegado a un punto más elevado de conciencia, vive en la duda. Llega a la humildad de no saber. Cuanto más sé, menos sé. Entonces, yo personalmente huyo de aquellas personas que aseguran tener la razón al 100%. Y esto, si os metéis en redes sociales, veréis cómo estás ahí constantemente escuchando personas que hablan con una seguridad absoluta. Y de hecho, yo mismo estoy utilizando la pasión para hablar en este momento, pero reconozco en mí la incapacidad de asegurar nada a ciencia cierta, porque entonces estaría siendo deshonesto con la verdad en la que yo creo y conmigo mismo. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com

    11 min
  2. Quiero a un autista como presidente

    18 ABR

    Quiero a un autista como presidente

    Hoy no quiero andarme con rodeos: quiero hacer una reivindicación y romper una lanza por nuestra minoría, la de los neurodivergentes. Quiero proponer un cambio de paradigma en el que las personas con autismo, con TDAH o con altas capacidades sean quienes asuman la responsabilidad de gobernar. No es una idea lanzada al aire; es una respuesta a un límite que considero ya insostenible. El escenario político actual se ha convertido en una representación de máscaras, un teatro emocional y populista que oculta un trasfondo puramente pragmático y económico. Frente a estas estructuras jerarquizadas del pasado, creo que estamos preparados para abandonar el paternalismo y buscar una horizontalidad donde cada uno se haga responsable de su parte. La neurodivergencia nos obliga, a menudo, a pensar y crear fuera del molde gracias al pensamiento lateral. En el caso concreto del autismo, existe una resistencia natural a fingir aquello que no se siente. Para una mente así, la hipocresía colectiva no tiene sentido dentro de su lógica interna. Imaginad por un momento a un presidente autista: * Prioridad informativa: Antepondría la precisión del detalle y la realidad de los datos por encima de su propia imagen o ego. * La lógica del “nosotros”: En muchas mentes divergentes, no existe una frontera rígida entre el beneficio propio y el ajeno. No es una cuestión de “bondad” idílica, sino de racionalidad: beneficiar al otro crea un círculo virtuoso que ayuda al conjunto, mientras que el individualismo extremo nos deja vendidos. * Justicia innegociable: El sentido de la justicia es un rasgo fascinante y protector. Un líder así no podría estar satisfecho sabiendo que existe pobreza o malestar social. Incluso sería capaz de contradecir a su propio partido para mantenerse fiel a la verdad de los datos. A menudo se nos habla del pensamiento arborescente o de la complejidad de pensar en forma de red. Esta capacidad permite encontrar patrones donde otros solo ven hechos aislados. Un líder con esta estructura mental no se quedaría en la superficie de lo que es popular o ideológicamente conveniente. Usaría su hiperfoco para entender el origen real de los problemas (ya sea una crisis económica o un conflicto social) y buscaría soluciones de raíz en lugar de limitarse a las relaciones públicas. Por otro lado, hay que desmontar un mito: el autista no carece de empatía, suele ser todo lo contrario; es hiperempatíco. Lo que sucede es que, a veces, la intensidad de sentir tanto es tan abrumadora que la persona se cierra o intelectualiza para poder sobrevivir. Prefiero mil veces a un líder que no sepa qué cara poner o cómo gesticular ante una cámara, pero que se obsesione con que nadie pase hambre o frío. Esa es una empatía que se vive en silencio, sin necesidad de grabarse dándole caridad a alguien para publicarlo en redes. Es una integridad que nos mantendría a salvo de la corrupción que nos rodea. Eso sí, quiero ser muy claro con un matiz: ser neurodivergente no es un cheque en blanco. Para tener capacidad de liderazgo, esa persona tiene que estar trabajada internamente. Si no hay consciencia, un autista puede caer en el enmascaramiento (como yo mismo he hecho gran parte de mi vida) y acabar desconectado de su esencia. Necesitamos líderes que sean observadores y comprometidos, menos “machos alfa” defendiendo causas y más personas capaces de ver la realidad sin adornos. Si eres de los que siente que no encaja por estas características, quiero decirte que no es algo negativo; es un potencial impresionante. Mi trabajo diario es precisamente ese: encontrar el oro que hay detrás de las dificultades comunicativas de quienes se sienten “parias”. Se trata de transformar esos supuestos defectos en nuestras mayores fortalezas para lograr cosas por encima de la media. Estamos reescribiendo nuestra historia y necesitamos mentes brillantes que alcancen hitos reales, más allá de la elocuencia y el saber quedar bien. P.D. Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido. [ Formulario de contacto ] Hablamos la semana que viene, Un abrazo. Edgar. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com

    19 min
  3. 11 ABR

    Nuestro cerebro es como un PC

    Hoy quiero que nos metamos literalmente dentro de nuestra cabeza. Pero no vamos a dar una clase teórica de neuropsicología, sino que vamos a usar un símil que a mí me ayuda mucho a entender cómo funcionamos: comparar nuestro cerebro con un ordenador. Al final, los ordenadores son hijos nuestros y los hemos diseñado a nuestra imagen y semejanza. Igual que un software puede colgarse o ir lento si la tarjeta gráfica no da para más, a nosotros nos pasa lo mismo. Vamos a analizar las 9 funciones ejecutivas de nuestro cerebro como si fueran componentes de hardware y software de nuestra propia arquitectura interna. Entender esto es clave, no para etiquetarnos, sino para conocernos mejor, dejar de machacarnos y entender por qué a veces nuestro “GPS” interno necesita recalcular. 1. Velocidad de procesamiento: El procesador Es lo rápido que viajan los datos en tu cabeza. Hay personas con un procesador de última generación que pillan las bromas al vuelo o hacen cálculos mentales increíbles. Pero ojo, que alguien responda despacio no significa que su procesador sea peor; a veces es que prioriza la calidad de la información sobre la rapidez. Es como pasar un archivo de texto ligero (que vuela) frente a un vídeo en 4K (que tarda más). Muchas personas con TEA, por ejemplo, prefieren asegurar bien cada paso antes de hablar. 2. Memoria de trabajo: La memoria RAM Es ese espacio limitado donde guardas la información que estás usando justo ahora. Imagina que intentas recordar un número de teléfono y, de camino, alguien te avisa de una reunión. Tu RAM se llena y, de repente, el número desaparece. Esto explica por qué las personas con TDAH a veces van a la cocina, miran un mensaje en el móvil y, al abrir la nevera, ya no saben qué buscaban. Aceptar los límites de tu propia RAM te ayuda a dejar de castigarte por ser “despistado”. 3. La inhibición: El Firewall Es el cortafuegos que detiene los impulsos automáticos. Si alguien te insulta por la calle, tu instinto puede ser soltar un puñetazo, pero la inhibición pone la razón delante y frena la conducta. Es la base de la civilización. Un firewall muy permeable te hace impulsivo (común en el TDAH), mientras que uno muy rígido puede hacer que parezcas frío o te bloquees por miedo a salir de tu zona de confort. 4. Acceso a la memoria: El disco duro Aquí guardamos terabytes de vivencias de toda una vida. El problema no suele ser que la información no esté, sino que el “bibliotecario” encargado de buscarla no es muy ágil. Es lo que pasa cuando tienes un nombre en la punta de la lengua: el archivo está en el disco duro, pero el sistema de búsqueda se ha quedado en blanco. 5. Ejecución dual: La doble pantalla Es la capacidad de hacer dos cosas a la vez sin que una pise a la otra. Un ejemplo muy claro en las neurodivergencias es la dificultad con el contacto visual. Escuchar y, a la vez, procesar toda la información no verbal de la cara de otra persona consume tanta energía que, a veces, el sistema tiene que elegir: o te miro o te escucho bien, pero las dos pantallas a la vez nos cuelgan el sistema. 6. Flexibilidad cognitiva: La actualización del software Es como el GPS que recalcula la ruta cuando te saltas una salida. Hay mentes con sistemas muy rígidos donde, si cambias el plan inicial, se produce un bloqueo total. La flexibilidad es lo que nos permite encontrar rutas alternativas y está íntimamente ligada a la creatividad: ser capaz de salir del molde establecido. 7. Planificación: La vista previa Es el diagrama de flujo que creas antes de actuar. Te permite visualizar en el futuro los pasos necesarios para algo complejo. Es esa capacidad de “ver” cómo va a quedar la web antes de terminar de programarla. 8. Multitarea (Branching): El administrador de tareas Parecido a la ejecución dual, pero con muchas más ventanas abiertas. Como bien sabemos, cuanto más le metas al administrador de tareas, más posibilidades hay de que el sistema se ralentice o acabe crasheando. En nuestro día a día, si no vamos “guardando el estado” de cada tarea, acabamos perdiendo información por el camino. 9. Toma de decisiones: El algoritmo Aquí es donde procesamos todo lo anterior para elegir un camino. A veces este algoritmo funciona de forma muy intuitiva. Me pasa a menudo, y seguro que a vosotros también, que hay personas que “no trago” de entrada sin saber por qué. Mi cerebro ha detectado un patrón, una sutil falta de coherencia o una microexpresión que no me encaja, y el algoritmo me lanza un aviso antes de que yo pueda explicarlo racionalmente. ¿Para qué sirve todo este análisis? No es para que te sientas como un ordenador defectuoso, sino para que entiendas las instrucciones de tu propio sistema operativo. Si hoy tu RAM está saturada o tu firewall está demasiado rígido, no es porque seas “raro”, es porque tu arquitectura funciona así por una razón. Con este autoconocimiento evitas machacarte o sentir culpa por no llegar a todo. Eres capaz de dejar que ese GPS recalcule sin entrar en pánico. Entender estas funciones te ayuda, en definitiva, a conectar con tu autenticidad y a relacionarte con los demás de una forma mucho más honesta y centrada. P.D. Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido. [ Formulario de contacto ] Hablamos la semana que viene, Un abrazo. Edgar. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com

    30 min
  4. 4 ABR

    Ir al cine tu solo

    Hoy quiero hablar de un tema en el que me he visto involucrado muchas veces y que afecta a muchísimas personas en este momento donde la soledad parece una epidemia que lo arrasa todo. Hablo del hecho de hacer actividades de ocio (esas que normalmente haríamos en pareja o con amigos) totalmente solo. No es nada nuevo decir que, si te vas a comer a un restaurante en solitario, es muy probable que percibas que el resto te mira con lástima, pensando: “Pobre, no tiene a nadie con quien venir”. Pero hay otra realidad paralela: a veces, aunque tengas un círculo amplio de amistades, quieres hacer algo y nadie está disponible. En ese momento, solemos ceder y nos quedamos en casa. Lo que estamos haciendo, en el fondo, es dejar que la agenda de los demás dirija nuestra propia vida. Mi propuesta es forzar ese ir solo a voluntad, incluso teniendo gente a disposición. Es un entrenamiento para eliminar la dependencia de terceros y cambiar ese lenguaje interno de “víctima” por una actitud de aventura y exploración. No podemos negar que existe un miedo biológico, casi un pánico, a entrar solo en un sitio. Como animales sociales, nuestro instinto nos dice que estar fuera de la manada es peligroso. Sin embargo, ese miedo puede ser reacondicionado. Al igual que vas al gimnasio a fortalecer el bíceps, puedes “poner fuerte” tu vergüenza. Al principio cualquier peso pesa mucho y te sientes ridículo por novato, pero la clave es plantearse objetivos a corto plazo. Tu único objetivo ese día debe ser el acto físico de salir de casa. Olvídate de conocer al amor de tu vida o de ser el alma de la fiesta. Si sales por la puerta, ya es un micro-éxito. Si entras al sitio y a los cinco minutos te agobias y te vas, está bien; ya has cumplido con tu entrenamiento. El gran problema son las expectativas. Están en el futuro y no tenemos control sobre ellas. Si vas con la idea fija de conocer a alguien y no sucede porque los demás están cerrados en sus grupos, sentirás frustración y te machacarás a ti mismo. Estarías poniendo tu bienestar, otra vez, en manos de desconocidos. Yo he aprendido a transformar la expectativa en una sensación del momento presente. En lugar de pensar qué quiero que pase, pienso en cómo quiero sentirme. Por ejemplo: * “Hoy solo quiero explorar y descubrir el lugar”. * “Hoy quiero disfrutar del techno, bailar y entrar en trance”. Paradójicamente, cuando disfrutas de tu propia compañía sin la ansiedad de necesitar conectar, te vuelves mucho más magnético porque se te ve menos desesperado. Las relaciones humanas tienen un componente de azar que debemos aceptar. Pero si te quedas en el sofá, las probabilidades de que algo te sorprenda son cero. Es como en el mundo de las ventas: de 50 personas a las que hablas, quizá solo conectas con una, pero tienes que estar ahí fuera para que esa probabilidad exista. Incluso si te aburres o pasas algo de vergüenza, siempre aprendes algo sobre cómo reacciona tu mente ante la incomodidad. Eso sí, siempre con autocuidado. Para los que somos neurodivergentes, es vital medir nuestra energía social. Forzar la socialización más de la cuenta puede ser perjudicial. Cuando vas solo es cuando ocurren las cosas más alucinantes. Siempre cuento que, viviendo en Ibiza, fui un dia solo a la playa a tomar una cerveza. Alguien me tiró sin querer una cerveza en la espalda y, unas horas después, terminé en el reservado de la discoteca más grande de la isla, invitado a todo y viviendo una fiesta increíble. Si hubiera ido acompañado, esa aventura jamás habría sucedido. El premio final de todo este trabajo es la independencia emocional. Dejas de acudir a planes que no te gustan solo por no estar solo. Ahora, cuando quedas con alguien, es porque realmente quieres estar con esa persona, no por miedo al vacío. Esa tranquilidad interna se nota en tu postura, en tu mirada y en tu asertividad. La próxima vez que veas un plan que te apetece, tómalo como una cita contigo mismo. Quédate contigo y descubre la riqueza interna que tienes. No te exijas nada más que estar ahí fuera. Al final, el viaje más importante no es hacia los demás, sino el que haces para sentirte cómodo en tu propia piel. Hablo de esto porque me ha pasado. He sido una persona muy tímida a la que le costaba horrores relacionarse, y aunque sigo sin ser el primero en dar el paso, he aprendido a vivirlo así. Si esto os sirve de algo, me doy por satisfecho. P.D. Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido. [ Formulario de contacto ] Hablamos la semana que viene, Un abrazo. Edgar. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com

    15 min
  5. 28 MAR

    P.O.V. Identificación ASCI

    Hoy quiero que hagamos un viaje. Un viaje de exploración por el proceso de identificación de las Altas Capacidades, pero visto desde los ojos de un adulto. A menudo, cuando hablamos de altas capacidades, pensamos en niños, en el colegio, en las notas o en la precocidad. Pero, ¿qué pasa con ese adulto que lleva 30, 40 o 50 años sintiéndose un bicho raro? ¿Qué pasa con esa persona que siempre ha sentido que su cabeza va a una velocidad distinta, que se emociona de forma “intensa” o que no termina de encajar en las conversaciones de ascensor? La semilla de la sospecha Todo suele empezar de forma casual. Quizás viste un vídeo en YouTube, leíste un artículo o escuchaste a alguien hablar de neurodivergencia y, de repente, algo hizo clic. Sentiste un escalofrío. Esa descripción de “pensamiento arborescente”, de intensidad emocional, de saltar de un tema a otro sin aparente conexión... te describía a ti. En ese momento se abre una brecha. Por un lado, sientes un alivio inmenso: “No estoy roto, no soy un bicho raro, quizás hay una explicación”. Por otro, aparece el miedo. El miedo a estar inventándotelo, a querer sentirte “especial” para justificar tus fracasos o tus dificultades relacionales. El “trámite” de la identificación Entonces llega la gran pregunta: ¿Me hago las pruebas? ¿Paso por el proceso de diagnóstico oficial? Para un adulto, esto no es solo un test de inteligencia; es ponerle nombre a toda una vida de incomprensión. Imagina la escena: estás ahí, frente a un profesional, enfrentándote a un test (normalmente el WAIS). Sientes una presión absurda. De repente, te ves a ti mismo con 40 años haciendo rompecabezas de cubos o buscando patrones en dibujos, con el corazón a mil. Aparece el síndrome del impostor: “¿Y si saco una puntuación normal? ¿Y si resulta que no tengo nada y simplemente soy así de complicado porque sí?”. Es un momento de vulnerabilidad máxima. Estás permitiendo que alguien “mida” tu mente. Pero lo que realmente estamos buscando no es un número de CI alto para colgarlo en la pared. Lo que buscamos es una confirmación para poder expresar lo que somos sin ser juzgados. Un mapa para tu mente La identificación en adultos tiene una función terapéutica y reconstructiva. Te permite mirar hacia atrás, a ese niño que se sentía solo en el patio, a ese adolescente que no entendía las jerarquías sociales o a ese profesional que se aburre soberanamente en reuniones interminables, y decirles: “Está bien. Tu cerebro funciona así. No hay nada malo en ti”. A veces, el resultado del test nos sorprende. Quizás esperabas ser “un genio en matemáticas” y resulta que tu fuerte es la comprensión verbal o la velocidad de procesamiento. O quizás descubres que tienes una “disincronía”: que eres brillante en unas áreas pero te colapsas con la gestión emocional o con tareas ejecutivas simples. Y ahí es donde entra la verdadera aceptación del autoconocimiento. La paz del autoconcepto Al final, la idea no es colgarte una etiqueta. Es encontrar esa ansiada paz mental que te da la autoaceptación. Se trata de entender que tu “intensidad” no es un defecto, sino una característica de tu sistema operativo. Cuando dejas de intentar encajar en esa “masa uniforme” que a veces parecen las redes sociales o la sociedad, y empiezas a comunicarte desde tu verdadera esencia (desde tu neurodivergencia), es cuando ocurre la magia. Dejas de pedir perdón por ser como eres. Si estás en ese proceso, si tienes dudas, o si ya has pasado por ahí y te sientes abrumado por el resultado, recuerda que esto solo es una herramienta para conocerte mejor. El objetivo final es lograr una conexión más auténtica contigo mismo y, por extensión, con los humanos que te rodean. Gracias por acompañarme en este viaje. Al final, se trata de entender que todos somos personas interactuando con otras personas, cada uno con su propio cableado, intentando demostrar aquello que nos hace humanos. P.D. Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conocerte y a mejorar en mi creación de contenido. [ Formulario de contacto ] Hablamos la semana que viene, Un abrazo. Edgar. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com

    25 min
  6. 21 MAR

    Como hablar con las masas en las RRSS

    Hoy quiero que hablemos de cómo nos comunicamos con esos seres humanos que están al otro lado de las pantallas. A veces parece que la gente de las redes sociales son una masa uniforme e indisoluble, pero en realidad son seres individuales y únicos, mucho más reales de lo que parece a simple vista. Meta-inciso: Antes de entrar en materia, os habréis fijado en un cambio: he decidido pasarme al audio puro. He dejado de grabar vídeo para el podcast por una cuestión de gestión de energía ND. Estar frente a la cámara desgasta; te obliga a estar pendiente de la imagen, de los gestos, de si vas despeinado o sin afeitar. Al eliminar el vídeo, me quito un peso de encima y me centro en lo que de verdad importa: la voz y el mensaje. No sabéis como tengo el pelo hoy; lo que busco aquí es la conexión pura, sin el filtro del autoconcepto estético. Lo primero que quiero aclarar es que esto no es una guía para tener éxito o ganar miles de seguidores. Hay muchos creadores que van en esa linea, mejores que yo. Lo que propongo es una óptica personal: la satisfacción de expresar lo que uno lleva dentro y de conectar con otros desde el lado más humano. Todos tenemos la necesidad de ser escuchados, de encontrar una “otredad” para nuestras ideas. El problema surge cuando nuestro entorno físico inmediato no comparte nuestros intereses o cuando nuestra propia dificultad para socializar nos impide tener un círculo de intereses variados. Ahí es donde internet es, sencillamente, la hostia. Te permite encontrar a personas interesadas en lo mismo que tú, por muy “nicho de cola larga” que sea. Para mí, la vida virtual debe ser un espacio de expresión y construcción propia. Es como tener una casa digital: un lugar donde tú decides quién entra, cómo lo decoras y qué sucede dentro. El Qué A la hora de crear contenido, el error más común es intentar imitar lo que está de moda (sea el estoicismo, el fitness o cualquier tendencia del momento) solo porque esta funcionando. Mi propuesta es diferente: haz un ejercicio de introspección y busca tu propio idioma. Cuando hables a la cámara o al micro, no le hables a una masa indefinida. Ponle cara. En marketing lo llaman “público objetivo”, pero yo prefiero pensar en alguien que es exactamente igual que tú. Háblale a esa persona que tiene tu misma edad, tus mismos intereses y tu misma forma de ver el mundo. Si no hablas de algo que te apasione, de algo de lo que podrías estar “pegando la chapa” durante horas con tus amigos, te vas a quemar. La obligación racional de hablar de lo que “toca” solo trae frustración y no se sostiene en el tiempo. El Cómo Estamos en un momento extraño. La IA está generando contenido masivo de calidad estándar y mediocre. Muchos se asustan, pero yo lo veo como una oportunidad. Si la máquina puede hacer lo estándar, los humanos estamos obligados a redescubrir lo que nos hace únicos. Nuestra ventaja competitiva no es la eficiencia, sino la creatividad y la conexión emocional profunda que una máquina nunca podrá replicar. Debemos potenciar nuestra capacidad artística, filosófica y espiritual. Mientras las redes se vuelven cada vez más neutras y políticamente correctas (para no espantar a los anunciantes), nuestra oportunidad reside en la honestidad y la falta de control. No hace falta ser perfecto. De hecho, mostrar que te equivocas es mucho más potente. Yo mismo estoy en constante transformación, cambiando cosas que antes creía ciertas pero que ya no me funcionan. Compartir tus fallos te hace ser de carne y hueso. También hay que decidir desde dónde cuentas las cosas. Puedes hacerlo desde la divulgación, compartiendo lo que aprendes en libros o documentales, sirviendo como red de información para otros. O puedes hacerlo desde lo personal, compartiendo tu propia vida. Ambas son válidas, siempre que mantengas una “higiene informativa”. Es nuestra responsabilidad verificar lo que compartimos y evitar el “clickbait” emocional o el “rage bait” (generar rabia para obtener atención). Buscar atención de forma infantil no construye nada. El Dónde No tienes que estar en todos lados todo el tiempo. Busca los lugares donde tú mismo te sientas cómodo consumiendo contenido. Por ejemplo, yo publico en TikTok por que sí, pero si soy honesto, no conecto con esa red; me agota el entretenimiento sin sentido. Yo prefiero los podcasts y los videoensayos de horas donde se analiza la psicología y la filosofía a fondo. Busca tu sitio, donde hablen tu idioma. Para terminar, recordad que detrás de cada avatar de anime o de cada perfil extraño hay una persona real. No perdamos la empatía. En este mundo digital, podemos ser un servicio y una ayuda para los demás, pero también para nosotros mismos: como terapia, como desahogo y como motor de transformación. Si recibes críticas, recuerda que no son una masa contra ti. Si juntas todos los comentarios y los ves como una sola persona, verás que el 95% son positivos y el 5% restante es alguien que simplemente no está entendiendo nada. Si tu hablas desde el respeto, no hay nada que se pueda reprochar. Al final, se trata de demostrar aquello que nos hace humanos. De eso trata este podcast, aunque a veces nos sintamos un poco extraterrestres. P.D. Te dejo un formulario para que me escribas y me cuentes un poco como estás viviendo toda esta experiencia de sentirte ajeno a los humanos que te rodean. Me ayuda a conoceros y a mejorar en mi creación de contenido. [ Formulario de contacto ] Hablamos la semana que viene, Un abrazo. Edgar. This is a public episode. 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    28 min
  7. 14 MAR

    Confesiones de un autista

    Hoy quiero tratar un tema de manera muy personal: el autismo. Lo explicaré desde mi propia óptica y lo que me ha pasado. Aunque no tengo un diagnóstico oficial todavía y sigo un proceso de autoevaluación (con todos los retos que eso y el diagnóstico clínico suponen), los test más fiables me dan niveles bastante altos. De ser así, soy un autista de alto funcionamiento que ha vivido con un gran enmascaramiento y una profunda negación de sí mismo. Al investigar y escuchar experiencias de otros, he ido desbloqueando recuerdos. Es un "click" habitual: situaciones que te avergonzaban porque creías que "no eras suficiente" o que tenías "problemas mentales", ahora encuentran su explicación en la neurodivergencia. De pequeño era extremadamente tímido y casi no hablé hasta los 18 años. Mi madre siempre recuerda que, con solo cinco o seis años, le dije: "Mamá, la vida es muy pesada". Yo era un niño melancólico, un "viejoven" que sentía la realidad con una intensidad y profundidad inusuales. En el colegio estaba totalmente en mi mundo, dibujando, escribiendo historias e imaginando cosas. Era tan inadaptado que me llevaron a una psicóloga. Curiosamente, sacaba aprobados raspados hasta que empecé a estudiar algo que de verdad me interesaba; ahí todo fueron nueves y dieces. No me adaptaba a un sistema sin interés para mí, así que funcionaba bajo otros paradigmas. Socialmente, el autismo afectaba mi comprensión del cortejo y la seducción. Recuerdo con pánico a una niña en unas colonias que me "acorraló" porque le gustaba; mi única reacción fue esquivarla y evitarla a toda costa. A los 18, en un momento de intimidad con una chica, un amigo empezó a presionarnos para que nos liáramos; me puse tan tenso que hice un movimiento brusco, ella se asustó y no me volvió a hablar. Hoy entiendo que era una reacción física real a la presión y al contacto cercano. En lo laboral, descubrí una capacidad operativa brutal. En mi primer trabajo en Telepizza, durante las noches de fútbol, gestionaba cinco telefonos a la vez con una velocidad de infarto. Siempre he sido un trabajador muy rápido y eficiente. Sin embargo, a los 23 años me fui a Ibiza buscando un "reset". Era una oportunidad para que nadie conociera mi pasado y poder perfeccionar mi masking (enmascaramiento). Ejercer ese personaje público me daba grandes resultados sociales, pero a un coste interno alto. También me di cuenta de que soy un eterno iniciador de proyectos: organizo ideas con hojas de Excel detalladísimas, pero en cuanto aparece algo nuevo, abandono lo anterior. Hoy entiendo que todo eso se integra en un solo interés: la conducta humana y la comunicación. Mi proceso de autoconocimiento estalló tras mi divorcio. En los momentos de conflicto de aquella relación, yo solía encerrarme en una habitación, ponerme las manos en la cabeza y balancearme. Me culpé y creí que estaba loco, pero ahora entiendo que era un meltdown en toda regla. Entender el espectro me ha hecho ser más compasivo conmigo mismo y con ella. Después vino el burnout laboral. Trabajaba como comercial, un esfuerzo emocional agotador para alguien que lo absorbe todo. Tenía que parar 15 minutos en un banco después de cada visita para que la intensidad bajara. Acabé en cama con pánico, sufriendo ataques de ansiedad donde me temblaban las manos. Hoy estoy en una etapa de escuchar a mi cuerpo y mis necesidades. Todo esto se vuelca en crear contenido y en este viaje de aprendizaje espectacular. No sé si volveré a trabajar como antes, pero tengo claro que mi energía ahora pertenece a este propósito. Me encantaría saber si tú también has tenido estos momentos eureka en tu vida. He preparado un formulario muy sencillo para conocer mejor vuestras historias y saber qué temas os preocupan más. Prometo leerte con la escucha de quien ha estado ahí. [Formulario de contacto] Nos vemos la semana que viene, Edgar This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com

    27 min
  8. 7 MAR

    Todos sufrimos de personalidad múltiple

    A veces vemos a alguien murmurando por la calle y pensamos: “Pobre, ha perdido la cabeza”. Nos han enseñado que la cordura es ser una pieza de metal sólida, inamovible y con una sola voz. Pero, si somos honestos… ¿quién de nosotros no tiene una conversación constante en su cabeza? No hablamos solos. Hablamos con nosotros mismos. Y ese “nosotros” es, en realidad, un grupo de personas. Kevin (Split/Múltiple) En la película Split, el protagonista convive con 23 personalidades. Aunque es ficción, muestra una idea psicológica real: nuestras partes más “oscuras” o difíciles suelen nacer como mecanismos de protección. * Dennis (el frío/obsesivo): No es “malo”, es necesario para sobrevivir al caos. * Patricia (la educada): Pone orden al caos de los demás. * Hedwig: El niño caprichoso que quiere ser visto y sentirse capaz. Tu “lado oscuro” es un escudo que apareció cuando el mundo a tu alrededor se complicaba. Tu mente es un teatro Olvida la idea de ser una sola identidad. Imagina que eres un teatro con butacas de terciopelo y una obra en sesión continua. En ese escenario, hay muchos actores: * El Dramático: Que cree que el mundo se acaba hoy. * El Cómico: Que hace chistes inapropiados para que no duela la tensión. * El Crítico: Que nunca está satisfecho con la función. El error común es Identificarnos con el actor que está en escena y decir “Yo soy así”. La realidad es que tú no eres el actor que se encuentra en función; tú eres el teatro entero. Los “indeseables” del sótano En todo teatro hay una Administración (las normas sociales) que decide qué actores salen al foco y a quiénes encerramos en el sótano. Solemos encerrar a la rabia, la envidia o la vulnerabilidad. Pero aquí está el problema: lo que se reprime, explota. Si encierras a un actor en un camerino durante diez años, el día que tire la puerta abajo saldrá gritando y romperá el decorado. Eso es un ataque de ira o una crisis de ansiedad: un personaje silenciado tomando el escenario por la fuerza. ¿Cómo dirigir tu propia obra? No se trata de echar a los actores que no te gustan, sino de aprender a gestionarlos. Te propongo tres pasos: * Cambia el lenguaje: En lugar de decir “Estoy enfadado”, di: “Uno de ellos está enfadado”. Esto te devuelve la silla de director. * Haz un casting de tus sombras: Pregúntate: ¿A quién tengo encerrado en el sótano? ¿Hace cuánto que no dejo salir a mi “Bufón” o a mi “Rebelde”? * Dales 10 minutos de escenario: No necesitas quemarlo todo, pero tu “Guerrero” necesita expresarse. Haz deporte intenso, escribe una carta incendiaria que no enviarás o busca una conversación honesta. La autenticidad no es ser siempre el mismo. Es tener la libertad de dejar que cada parte de ti tenga su momento bajo el foco de forma consciente. Eres una sinfonía (a veces una banda de jazz un poco caótica). Y eso está bien. Me encantaría saber qué “actores” suelen tomar tu escenario y cuáles tienes más olvidados. Si tienes dos minutos, [rellena este formulario] para que pueda crear contenido que te sea realmente útil. Prometo leerte con escucha absoluta y sin juicio. Un abrazo, Edgar. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit www.edgarochandorena.com

    19 min

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¿Te cuesta conectar con los demás? Aquí puedes aprender a hacerlo sin forzar. Nuevo episodio cada sábado. www.edgarochandorena.com