Medio Ambiente

Calentamiento global, especies en extinción, destrucción de bosques, contaminación: la Tierra es un planeta con muchas amenazas. Pero también lleno de ideas innovadoras y soluciones sostenibles que María Clara Calle Aguirre le presentará todos los martes a las 18:45 (hora Bogotá - Lima - Quito). 

Episodios

  1. HACE 2 D

    Lluvias sin fin: Portugal, España y varios países de África encaran emergencias

    España y Portugal, los dos Estados ibéricos, han enfrentado siete tormentas en lo que va de 2026, incluidas Marta, Kristin y Leonardo. Mientras, algunas naciones africanas como Mozambique y Túnez padecen estragos por las precipitaciones desde hace más de tres meses. Abordamos las causas y las perspectivas de unos fenómenos cada vez más extremos.  Un inicio de año con precipitaciones más fuertes de lo habitual. Eso ocurre en la Península Ibérica en lo que va de 2026. En Portugal, por ejemplo, la tormenta Marta provocó las peores inundaciones en décadas y desde diciembre se vive una de las temporadas más lluviosas desde que se tiene registro, con un 137% más de precipitaciones respecto al promedio, según la autoridad meteorológica portuguesa, el Instituto Português do Mar e da Atmosfera (IPMA). De hecho, en lo que va de este año, el país ha sido golpeado por siete tormentas. Francis, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin; y más recientemente, Leonardo y Marta. Los temporales han traído ráfagas de viento que superan los 120 kilómetros por hora y ha habido daños estructurales por el valor de más de 4.000 millones de euros, según el Gobierno portugués.  Luego de Kristin, Ejecutivo declaró estado de emergencia en los municipios afectados, que luego prorrogó hasta el 15 de febrero. A esto se suma la alerta naranja por la borrasca Marta. La situación es tal que tres ayuntamientos del sur y centro del país tuvieron que posponer su votación en la segunda vuelta presidencial, que estaba programada para el 8 de febrero. En España, alertan por las condiciones de seguridad de las hidroeléctricas Las mismas siete tormentas también han dejado estragos en España. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) afirmó que el pasado mes fue el enero más lluvioso en el último cuarto de siglo en el país. Excluyendo a las islas, en la España peninsular cayeron 119 milímetros de agua, lo que representa un 185 % por encima del promedio de los meses de enero. Las cifras ratifican lo que ya han vivido los ciudadanos, especialmente en Andalucía, la región más afectada. Este récord de lluvias pone de nuevo sobre la mesa la discusión de la seguridad de los embalses. Desde 2025, una organización precisó que muchas de las presas no se encuentran en buen estado. En todo el país, hay casi 2.500 y puntualmente, 1.300 se consideran grandes. De ellas, 375 son estatales. La Asociación de Ingenieros de Caminos, Puertos y Canales estudió los datos oficiales y, desde octubre de 2025, advirtió que una de cada tres de las grandes presas estatales necesitan refuerzos estructurales urgentes. Además, el 75% necesita estudios complementarios de seguridad y la mitad debe rehabilitar los desagües de fondo. Aunque la organización explica que no significa que las presas se vayan a romper, sí consideran necesario un refuerzo. Por esta razón, le enviaron una carta a la ministra para la Transición Ecológica de España, Sara Aagesen, pidiéndole medidas urgentes. El Gobierno no ha dado una respuesta concreta a esta misiva, mientras que el líder Pedro Sánchez recalca lo importante de adaptarse a los climas más extremos. “Eso exige recursos, pero también exige una adaptación a una realidad climática completamente nueva, que supera muchas veces las previsiones científicas y que nos debe poner a todas las administraciones en un trabajo conjunto en un diseño de políticas públicas común ante una realidad completamente nueva, desgraciadamente, como es la realidad climática”, señaló el 9 de febrero desde Huétor Tájar, en Granada, una de las zonas afectadas.   Tormentas y lluvias también golpean a África Los efectos de las tormentas no solo se sintieron en la Península Ibérica. El ciclón Leonardo afectó a Marruecos, mientras que otros países africanos como Túnez y Mozambique sufren por temporadas de precipitaciones que llevan más de tres meses. En Túnez, por ejemplo, estas son las peores lluvias a las que se han enfrentado en más de 70 años, según el Instituto Nacional de Meteorología. El turístico pueblo de Sidi Bou Said está padeciendo con los deslizamientos de tierra y las inundaciones, un golpe para el lugar que aspira a ser declarado Patrimonio de la Humanidad con sus icónicas casas blancas y sus puertas azules. Un escenario peor se ve en Marruecos. En el norte, la ciudad de Alcazarquivir está sumergida. Llovió tanto que el río Loukkos se desbordó y la presa más cercana ha tenido que hacer liberaciones controladas de agua para evitar un desastre mayor. Más de 150.000 personas han sido evacuadas en diferentes provincias del país. Las inundaciones también afectan al sur del continente, aunque no por tormentas sino por las lluvias intensas del fenómeno de La Niña. Desde mediados de diciembre, casi un millón de personas se han visto afectadas, especialmente en Mozambique. Allí, tan solo para recuperar la infraestructura dañada, se necesitaría más de 650 millones de dólares, según el gobierno. Además, tanto en Mozambique como en otros países como Malawi, Tanzania y Zambia se propagaron brotes de cólera.  Esta enfermedad ya es endémica en algunos países africanos, según la Organización Mundial de la Salud. Eso significa que los brotes ocurren a lo largo del año y, en parte, se debe a fenómenos climáticos como estos. Un recordatorio de que las lluvias generan problemáticas que van más allá de la destrucción de infraestructura.

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  2. 4 FEB

    ¿Por qué cada temporada de incendios es peor en Argentina y Chile?

    Las conflagraciones de 2026 en el lado chileno han quemado tres veces más de hectáreas que el periodo anterior, mientras que la provincia argentina de Chubut está viviendo las peores quemas en por lo menos los últimos cinco años. Las razones combinan un cambio en el uso de los suelos, la deforestación de los bosques nativos que son más resistentes al fuego y las sequías prolongadas relacionadas con el cambio climático. Los incendios forestales son una realidad de cada año en países como Argentina y Chile. La particularidad es que cada temporada están siendo más agresivos. Del lado chileno, la cantidad de hectáreas quemadas casi triplica las del periodo anterior, según las cifras del CONAF. La Corporación Nacional Forestal señala que en el lapso de julio de 2025 al 4 de febrero de 2026, se han quemado alrededor de 66.000 hectáreas; en contraste con las más de 25.000 del periodo de 2024 a 2025.  Las regiones chilenas más afectadas de esta temporada se ubican en el centro del país y son Ñuble, La Araucanía y Biobío. En esta última, la comuna de Penco fue uno de los epicentros de los incendios. Desde allí, la bióloga y activista Valeria Sepúlveda, cree que el aumento se debe a que reemplazan árboles nativos por pinos y eucaliptos.  “Año a año, los incendios son más fuertes y más seguidos, y nos damos cuenta de que se originan en las plantaciones forestales, donde siembran árboles que dependen del fuego como eucalipto y el pino. Mientras que nuestros bosques nativos no tienden a quemarse, pues son selvas húmedas”, indica Sepúlveda, quien es presidenta de la Corporación Parque para Penco, un proyecto alternativo que se opone a la explotación de tierras raras en la comuna, un plan liderado por la compañía Aclara Resources.  “Justo este año estamos en la sexta tramitación ambiental. Se había terminado de hacer la consulta indígena y ahora estábamos a la espera de unos informes técnicos para votar este proyecto. Justo en este momento surgen estos incendios. Lamentablemente, se quemó toda una zona de bosque nativo con especies que están protegidas. Es el último relicto de bosque nativo que nosotros tenemos en Penco. Desafortunadamente esa fue la zona en conflicto también con estos proyectos y se quemó”, indicó Sepúlveda.  Por su parte, la empresa negó los señalamientos. En un comunicado, indicó que “las informaciones y rumores difundidos en redes sociales” son “afirmaciones falsas, irresponsables y malintencionadas”. La compañía añadió que ellos también fueron afectados por los incendios. Mientras que el Ministerio de Seguridad ha detenido a 23 personas sospechosas de estar vinculados a las conflagraciones que se desataron en Ñuble y Biobío. Más allá de cómo se originaron estos fuegos, Valeria Sepúlveda enfatiza en que las causas estructurales de los incendios en Penco no se deben a la crisis del clima sino a lo que denomina una “industria forestal depredadora”. “La sequía de mi territorio no es por el cambio climático, sino por los proyectos extractivos que se instalan y que no les importa la mantención de la biodiversidad. El suelo ya no existe prácticamente en las plantaciones forestales y, por lo tanto, la recarga de los acuíferos y de los ríos y de las vertientes cada vez es menor”, indicó.  Leer tambiénChile lucha contra mortíferos incendios que avanzan hacia el sur de Chile Cambio climático, combustibles y zonas de interfase: causas de incendios en Argentina Aunque las plantaciones de pino también le dan un combustible extra a los incendios en Argentina, no es esta la principal razón de las conflagraciones. Mariano Amoroso es un experto en este tema. Él es investigador independiente del CONICET y vicedirector del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD). Le explicó a France 24 que hay múltiples causas, comenzando por el cambio climático, ya que las temperaturas promedio se han incrementado en las últimas décadas y las lluvias se han reducido, por lo que ha habido condiciones casi que de sequía muy acentuadas en los últimos cinco años.  Amoroso explica que a esto se suma la acumulación de residuos de incendios anteriores y de árboles como pinos sirven de combustible al fuego y hacen que cada temporada sea peor que la anterior. “La acumulación de combustibles en algunos casos tiene que ver con los cambios en el uso de la tierra, principalmente la entrada de las plantaciones de pino, pero que del lado argentino no ha llegado a tener el grado de desarrollo y magnitud que sí tiene del lado chileno”, indicó.  Otro de los factores que señala el experto son las zonas de interfase, provocadas por el desplazamiento de las personas de las ciudades a construcciones en lugares boscosos. “En los últimos 25 o 30 años, el norte de la Patagonia argentina ha crecido exponencialmente. Datos no oficiales hablan de un crecimiento mayor al 100%, entonces esto ha hecho que los ejidos urbanos estén expandiendo sobre zonas naturales, sobre áreas boscosas, generando esta zona de interfase, y es ahí donde se han originado algunos de los incendios”, explica Amoroso. Todo esto contribuye a que existan las condiciones de base para que en cada temporada, los incendios sean peores. Sin dejar de lado que, en Argentina, el 95% de las conflagraciones comienzan por la acción humana, según la Agencia Federal de Emergencias. A todo ello se suma la reducción de la financiación. Al Servicio Nacional de Manejo del Fuego le recortaron un 53,6% respecto a 2025 y a la protección de bosques nativos se le dedica 28 veces menos de lo que por ley debería financiarse, según la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN). “Lamentablemente, y por una cuestión paradigmática que creo que pasa en todo el mundo, hay un mayor presupuesto destinado justamente al combate que lo que tenga que ver con la prevención y la educación. Y, cuando estos incendios ocurren, la capacidad operativa de las fuerzas de combate no están dando abasto por estas características”, concluye Amoroso. Leer tambiénArgentina declara emergencia por incendios que azotan la Patagonia

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  3. 21 ENE

    Una buena noticia para el planeta: la capa de ozono se está recuperando progresivamente

    Cada año se abre un agujero en el ozono sobre la Antártida, pero en 2025,esa abertura fue la quinta más pequeña registrada desde 1992. Además, se cerró mucho más temprano de lo habitual, según la OMM. Parte del avance es gracias a las políticas implementadas en el marco del Protocolo de Montreal. Lo ampliamos en esta edición de Medio Ambiente.  Aunque las noticias ambientales suelen ser negativas, también hay avances sobre la protección del planeta. Uno de los mayores éxitos de las últimas décadas es la protección de la capa de ozono. Desde finales de los ochenta, los científicos advirtieron que algunas sustancias químicas estaban destruyendo el delgado escudo que protegía a la Tierra de los rayos ultravioleta del Sol. Evidenciaron que cada año, durante la primavera austral, se abría un agujero en el ozono sobre la Antártida.  Ahora, esa abertura está disminuyendo. La Organización Meteorológica Mundial reportó que el agujero que se presentó en 2025 fue el quinto más pequeño registrado desde 1992. Además, se cerró por completo el 1 de diciembre, lo que implica el cierre más temprano que ha habido en los últimos seis años y “casi tres semanas antes de lo habitual durante la última década”, como lo señaló el organismo.  ¿Por qué se abre un agujero en la capa de ozono? Para entender el éxito de lo que ocurre con el ozono, es necesario entender primero las razones por las que tiene una abertura anualmente. Lo particular es que solo sucede en el Polo Sur, cuando los incipientes rayos de sol de la primavera hacen que se deshielen las nubes que están en la estratosfera y se liberan las sustancias químicas que deterioran la capa de ozono. Las condiciones de temperatura y de viento para que esto pase solo se dan en la Antártida. Sin embargo, ese agujero ha disminuido por los pactos que se han realizado para controlar los gases que agotan el ozono, según señala la Organización Meteorológica Mundial. “Somos conscientes de que existe una variabilidad interanual en el agujero de ozono asociada a la dinámica atmosférica. Sin embargo, nuestro seguimiento científico confirma nuestras predicciones de que la capa de ozono se está recuperando satisfactoriamente gracias al Protocolo de Montreal y a la eliminación gradual de la gran mayoría de las sustancias químicas que agotan esta capa, utilizadas anteriormente en refrigeración, aires acondicionados, espumas extintoras de incendios e incluso lacas para el cabello”, indica Paolo Laj, jefe de la Sección de Investigación Atmosférica y Ambiental de la OMM. "Es fundamental continuar con el monitoreo científico" El Protocolo de Montreal que menciona el organismo fue el primer acuerdo internacional ambiental respaldado por todos los países del mundo. Se firmó el 16 de septiembre de 1987 y entró en vigor el 1 de enero de 1989.  Su objetivo es eliminar progresivamente las sustancias que agotan la capa de ozono como los clorofluorocarbonos, que antes hacían parte de los gases para refrigerar las neveras, las espumas para aislar la temperatura exterior o que estaban en los aires acondicionados y en solventes para limpiar piezas mecánicas. Esa sustancia, conocida por sus siglas CFC, luego fue reemplazada por los hidroclorofluorocarbonos que, aunque destruían menos la capa de ozono, son mucho más potentes como gases de efecto invernadero. Por esta razón, también fueron incluidos dentro de las regulaciones del Protocolo de Montreal. Otra de las sustancias a limitar son los halones, que se usaban principalmente en los extintores de fuego. Aunque la lista es aún más larga, la novedad es que dichas sustancias alcanzaron su punto pico de producción cerca del año 2000 y, desde entonces, se han reducido casi un tercio. El avance es tal que los científicos prevén que, con las políticas actuales, la capa de ozono podría recuperarse para 2040 en casi todo el mundo, al 2045 en el Ártico y al 2066 en la Antártida. “Confiamos en que la capa de ozono pueda recuperarse a mediados de este siglo hasta alcanzar los niveles de la década de 1980, reduciendo significativamente los riesgos de cáncer de piel, cataratas y daños a los ecosistemas debido a la exposición excesiva a los rayos UV. Pero no debemos confiarnos y es fundamental continuar con el monitoreo científico”, agrega Laj. Además, la eliminación progresiva de las sustancias químicas que deterioran el ozono ha contribuido a evitar un calentamiento global de 0,5ºC, según el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus de la Unión Europea. Con todo esto, la regulación implementada desde el Protocolo de Montreal ha permitido la recuperación paulatina de la capa de ozono y prueba cómo el trabajo en conjunto de todos los países puede llevar a grandes éxitos ambientales.

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  4. 26/11/2025

    La COP30 y la sonora ausencia de los combustibles fósiles

    El acuerdo final del encuentro climático que se realizó en la ciudad brasileña de Belém no se refirió a cómo abandonar el petróleo, el gas y el carbón; a pesar de que en un inicio se planteaba la posibilidad de pactar una hoja de ruta al respecto. ¿Qué pasó? En esta edición de Medio Ambiente repasamos lo más destacado.  Sin una hoja de ruta sobre cómo abandonar los combustibles fósiles y acabar con la deforestación. Ese fue el final de la COP30, la cumbre climática de la ONU que se realizó en Brasil del 10 al 22 de noviembre. Aunque figuraban en el primer borrador, en el texto final aprobado se eliminó por completo cualquier referencia a los combustibles fósiles, en gran medida por la presión de los países árabes liderados por Arabia Saudita. La falta de referencia se dio a pesar de que hace dos años, en la COP28 de Dubái, todas las partes de la COP se comprometieron a eliminar progresivamente el petróleo, el gas y el carbón. Ante este silencio, Colombia expresó su rechazo y denunció falta de transparencia en el procedimiento, pues Brasil impulsó parte de las discusiones a puerta cerrada y con grupos específicos. “La COP de la verdad no puede respaldar un resultado que ignora la ciencia. Según el IPCC, cerca del 75% de las emisiones globales de CO2 vienen de los combustibles fósiles. No hay mitigación si no podemos discutir el abandono de combustibles fósiles con medios de implementación en una manera justa, ordenada y equitativa”, señaló en la plenaria final Daniela Durán, delegada de Colombia en la COP30. A pesar de la ausencia de los fósiles en el acuerdo, la presión se mantiene. Brasil, que tiene la presidencia de la COP durante un año más, se comprometió a crear las hojas de ruta de fósiles y de deforestación y ya está trabajando para llevarlas fortalecidas a la COP31, que se realizará en Turquía en el 2026. Por su parte, Colombia y Países Bajos organizarán en abril del próximo año la primera conferencia internacional para discutir cómo abandonar el petróleo, el gas y el carbón. Adicionalmente, el Gobierno colombiano lideró la llamada Declaración de Belém para incentivar acciones en ese mismo camino y ya cuenta con el respaldo de poco más de 20 países. Este liderazgo se resalta especialmente por ser un país petrolero que intenta hacer la transición, como explicó a France 24 la exministra de Ambiente de Colombia, Susana Muhamad. “Colombia ha logrado mostrar que es posible. La exportación de carbón y café juntos este año ha generado menos ingresos que el turismo por naturaleza. Empezar a  generar valor agregado en nuestro país es la salida y se muestra que sí se puede. Tenemos obstáculos con el Fondo Monetario Internacional y el problema de la deuda porque cada vez aumenta más la deuda y hay menos espacio fiscal para las inversiones que se necesitan en diversificación. Porque apenas decimos que dejaremos de explorar, el Fondo Monetario empieza a preguntar con qué se va a pagar esa deuda. Por eso hemos exigido un cambio de ese marco macroeconómico que incluya las necesidades de la transición climática”, indicó Muhamad. Sobre esa transición justa que menciona la exministra, en la COP acordaron crear un mecanismo para mejorar la cooperación internacional, la asistencia técnica y el intercambio de conocimientos. Un punto neurálgico, por ejemplo, es que se liberen las patentes para acceder a tecnologías de energías verdes, dominadas por China que tiene cerca de la mitad de las patentes del mundo. Esa liberación de la propiedad intelectual se asemeja a lo que ocurrió con las patentes de la vacuna contra el Covid-19 durante la pandemia.  “Y eso mismo pasa ahora con la tecnología para la transición energética. Hay unas tecnologías de baterías, de eficiencia energética, de paneles solares en donde a todos nos toca hacer una fila y gran parte de esta tecnología está concentrada en China. Ahora el mundo está haciendo fila para ir paso a paso. Y recordemos la desigualdad que se vio en la pandemia de Covid-19: cuáles son los países que van a entrar primero, qué dinero vale un poco más y qué dinero vale menos. A cuál le va a tomar más tiempo, a cuál le llegará una tecnología más rezagada. Y aquí entran estas tensiones geopolítica”, explicó Laura Montaño, coordinadora regional para América Latina y el Caribe en Resource Justice Network. En la COP30 se comprometieron a triplicar la financiación de adaptación para 2035 Otro de los temas centrales de la COP30 era la adaptación. Aunque se acordó triplicar la financiación para 2035, el texto no obliga a los países a aportar dinero, sino que simplemente los invita a hacer un esfuerzo. Además, la fecha límite se extendió cinco años más frente a la propuesta inicial de 2030.  Por otro lado, esta cumbre comenzó con una propuesta de 100 criterios sobre cómo medir los avances para que los países se adapten a la crisis climática. Pero los indicadores generaron tensión entre África y América Latina. Los africanos quieren que se definan en Etiopía, durante la COP32, y continúan presionando para que se reconozca que ellos tienen “circunstancias especiales” por ser más vulnerables a climas extremos. Esto, de paso, les permitiría recibir más dinero. Mientras que los latinos se oponen a esa denominación especial para África. “Nos pareció importante hacer oír la voz de Latinoamérica, planteando la necesidad de financiamiento para la adaptación, de tener además un tratamiento igualitario y equitativo entre los distintos países en desarrollo. Todos los que tenemos circunstancias especiales de afectación y vulnerabilidad frente al cambio climático, y ponemos como ejemplo la reciente sequía que ha vivido Uruguay”, explicó a France 24 Edgardo Ortuño, ministro de Ambiente de Uruguay. Otra de las grandes expectativas era que la COP30 integrara las Convenciones creadas en Río de Janeiro hace más de 30 años: la del clima, la de biodiversidad y la de desertificación de las tierras. Pero eso no se logró, en parte, por el rechazo de Arabia Saudita, aunque sí se abrió un espacio para que los países puedan debatir esa sinergia el próximo año.  “Desafortunadamente, a pesar de la abrumadora mayoría de gobiernos de países desarrollados y en desarrollo que reconocen la urgencia de actuar; vimos al sospechoso de siempre y a sus amigos bloquear esto, no de buena fe... hicieron una docena de intervenciones en un solo periodo de negociación y no estuvieron dispuestos a comprometerse ni a apoyar a la mayoría que sí reconoce que los retos de clima, naturaleza y tierra están vinculados, y su implementación y políticas también necesitan estarlo”, dijo Cathy Yitong Li, Gerente sénior de Políticas de Clima y Energía en BirdLife. Panamá ha sido uno de los países que más ha presionado para lograr la sinergia de las Convenciones. Juan Carlos Monterrey, representante especial para Clima de Panamá y jefe de la delegación de negociación de su país en la COP30 explicó a France 24 que si se vincularan estas convenciones, en la práctica todo sería más ágil. “Necesitamos que estas convenciones se hablen entre sí porque nos estamos ahogando en el papel y en la burocracia. Hablamos siempre de las tres convenciones de Río pero hay más de 15 convenciones ambientales y de salud que le exigen a países como Panamá al menos tres reportes en un periodo de cinco años. Tres por 15, son 45 reportes. Nos estamos convirtiendo en casas editoriales, que publican reportes y  no autoridades de acción en terreno porque pasamos demasiado tiempo en este proceso”, concluyó.  Tanto la sinergia como la posibilidad de discutir dos hojas de ruta sobre cómo abandonar los combustibles fósiles y frenar la deforestación pueden llegar de nuevo a la mesa de la negociación climática el próximo año. Todo dependerá de los avances que se logren de aquí a la COP31 y del liderazgo que ejerzan los negociadores y las organizaciones sociales.

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