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Homilías de san Josemaría, audios sobre el Evangelio y la vida cristiana, etc.
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    • Cristianismo
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Homilías de san Josemaría, audios sobre el Evangelio y la vida cristiana, etc.
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    Evangelio del Domingo XIX del Tiempo Ordinario

    Evangelio del Domingo XIX del Tiempo Ordinario

    Comentario al evangelio: ¡Hombre de poca fe! https://opusdei.org/es-es/gospel/evangelio-decimonoveno-domingo-ordinario-ciclo-a/

    Evangelio (Mt 14,22-33)

    Y enseguida Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la orilla opuesta, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedirla, subió al monte a orar a solas. Cuando se hizo de noche seguía él solo allí. Mientras tanto, la barca ya se había alejado de tierra muchos estadios, sacudida por las olas, porque el viento le era contrario. En la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar. Cuando le vieron los discípulos andando sobre el mar, se asustaron y dijeron:

    —Es un fantasma —y llenos de miedo empezaron a gritar.

    Pero al instante Jesús les habló:
    —Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo.

    Entonces Pedro le respondió:
    —Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

    —Ven, le dijo él.

    Y Pedro se bajó de la barca y comenzó a andar sobre las aguas en dirección a Jesús. Pero al ver que el viento era muy fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, se puso a gritar:

    —¡Señor, sálvame!

    Al instante Jesús alargó la mano, lo sujetó y le dijo:
    —Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?

    Y cuando subieron a la barca se calmó el viento. Los que estaban en la barca le adoraron diciendo:
    —Verdaderamente eres Hijo de Dios.


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    • 7 min
    Meditacion: Instrumentos de Dios (retiro mensual agosto)

    Meditacion: Instrumentos de Dios (retiro mensual agosto)

    Meditación del retiro mensual: con motivo del pasaje del Evangelio de la Multiplicación de los panes y los peces, el sacerdote explica que somos instrumentos en las manos de Dios. El Señor quiere contar con nosotros, como contó con la generosidad de aquel muchacho y la colaboración de sus discípulos, para atender a la muchedumbre de almas que hoy le sigue buscando.

    • 23 min
    Evangelio del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

    Evangelio del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

    ​Comentario al Evangelio: Panes y peces https://opusdei.org/es-es/gospel/evangelio-decimooctavo-domingo-ordinario-ciclo-a/

    Evangelio del 18º domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) y comentario al Evangelio.

    Evangelio (Mt 14,13-21)

    Al oírlo Jesús se alejó de allí en una barca hacia un lugar apartado él solo. Cuando la gente se enteró le siguió a pie desde las ciudades. Al desembarcar vio una gran muchedumbre y se llenó de compasión por ella y curó a los enfermos. Al atardecer se acercaron sus discípulos y le dijeron:

    — Éste es un lugar apartado y ya ha pasado la hora; despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse alimentos.

    Pero Jesús les dijo:
    — No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer.

    Ellos le respondieron:
    — Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.

    Él les dijo:
    — Traédmelos aquí.

    Entonces mandó a la gente que se acomodara en la hierba. Tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta que quedaron satisfechos, y de los trozos que sobraron recogieron doce cestos llenos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

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    • 6 min
    Evangelio del Domingo XVII del Tiempo Ordinario

    Evangelio del Domingo XVII del Tiempo Ordinario

    Comentario al Evangelio: el tesoro escondido https://opusdei.org/es-es/gospel/evangelio-decimoseptimo-domingo-ordinario-ciclo-a/

    Evangelio del 17º domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) y comentario al Evangelio.

    Evangelio (Mt 13,44-52)

    El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, en su alegría, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.

    Asimismo el Reino de los Cielos es como un comerciante que busca perlas finas y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra.

    Asimismo el Reino de los Cielos es como una red barredera que, se echa en el mar y recoge todo clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y se sientan para echar lo bueno en cestos, y lo malo tirarlo fuera. Así será el fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

    ¿Habéis entendido todo esto?

    —Sí —le respondieron.
    Él les dijo:

    —Por eso, todo escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un hombre, amo de una casa, que saca de su almacén cosas nuevas y cosas antiguas.

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    • 6 min
    Evangelio del Domingo XVI del Tiempo Ordinario

    Evangelio del Domingo XVI del Tiempo Ordinario

    Comentario al Evangelio: la parábola de la cizaña https://opusdei.org/es-es/gospel/evangelio-decimosexto-domingo-ordinario-ciclo-a/

    Evangelio del 16º domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) y comentario al Evangelio.

    Evangelio (Mt 13,24-43)

    Jesús les propuso otra parábola:
    — El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña. Los siervos del amo de la casa fueron a decirle: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?» Él les dijo: «Algún enemigo lo habrá hecho». Le respondieron los siervos: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» Pero él les respondió: «No, no vaya a ser que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad que crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega les diré a los segadores: “Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero”».

    Les propuso otra parábola:
    — El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo; es, sin duda, la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y llega a hacerse como un árbol, hasta el punto de que los pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas.

    Les dijo otra parábola:
    — El Reino de los Cielos es como la levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.

    Todas estas cosas habló Jesús a las multitudes con parábolas y no les solía hablar nada sin parábolas, para que se cumpliese lo dicho por medio del Profeta:

    Abriré mi boca con parábolas,
    proclamaré las cosas que estaban ocultas
    desde la creación del mundo.

    Entonces, después de despedir a las multitudes, entró en la casa. Y se acercaron sus discípulos y le dijeron:

    — Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

    Él les respondió:
    — El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles. Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán en el horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que oiga.

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    • 7 min
    Evangelio del Domingo XV del Tiempo Ordinario

    Evangelio del Domingo XV del Tiempo Ordinario

    Comentario al Evangelio: Parábola del sembrador https://opusdei.org/es-es/gospel/evangelio-decimoquinto-domingo-ordinario-ciclo-a/
    Evangelio del 15º domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) y comentario al evangelio.

    Evangelio (Mt 13,1-23)

    Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno a él una multitud tan grande, que tuvo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas con parábolas:

    —Salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y comenzó a dar fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga.

    Los discípulos se acercaron a decirle:
    —¿Por qué les hablas con parábolas?

    Él les respondió:
    —A vosotros se os ha concedido el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido. Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo con parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:

    Con el oído oiréis, pero no entenderéis;
    con la vista miraréis, pero no veréis.
    Porque se ha embotado el corazón de este pueblo,
    han hecho duros sus oídos,
    y han cerrado sus ojos;
    no sea que vean con los ojos,
    y oigan con los oídos,
    y entiendan con el corazón y se conviertan,
    y yo los sane.

    Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que estáis oyendo y no lo oyeron.

    Escuchad, pues, vosotros la parábola del sembrador. A todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno pedregoso es el que oye la palabra, y al momento la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y queda estéril. Y lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.

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    • 8 min

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