Reflejos de su gloria

David y Maribel

Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.

  1. Evangelios-036 El siervo humilde

    HACE 12 H

    Evangelios-036 El siervo humilde

    En ocasiones comento la bendición que es ser usada por Dios, y cada vez que lo hago, me pregunto si alguien pensará en el concepto de ser “usada” como algo negativo. Vemos con indignación cómo algunas personas con influencia usan a otros para que hagan el trabajo que ellos no quieren hacer, o para llegar a brillar ellos a expensas de otros. Estos abusos reflejan la manera en la que Satanás usa a muchos. El maligno usa a quien se ponga a su disposición para sus propios beneficios y luego los deja tirados. Muchos jóvenes que flirteaban con vicios y placeres prohibidos acaban siendo esclavos a los vicios que al principio venían camuflados en placer. Muchos se encuentran con sus vidas destrozadas después de haber abandonado el buen camino y haber servido a los deleites de este mundo. Esos placeres que tanto prometían resultan ser cepos que aprisionan. Pero esto no se asemeja en absoluto a la forma en que Dios obra. Cuando Dios invita a alguien a seguir en sus caminos, es siempre para el beneficio de la persona que lo sigue. Digamos que Dios no necesita siervos ni seguidores. Dios es autosuficiente. Sin embargo, en su bondad, nos permite ser parte de su precioso ministerio, usando nuestras vidas para hacer Su perfecta y agradable voluntad, como nos dice Romanos 12:2. En Mateo 12:15-21 leemos que tras sanar Jesús a un hombre en el día de reposo, los fariseos querían destruirlo. “Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos.” Curiosamente, los que lo seguían buscando sanación, la recibieron; sin embargo, esto no lo hizo Jesús para ganar fama. Nos dice el texto que Él “les encargaba rigurosamente que no le descubriesen.” No necesitaba que fueran por ahí proclamando que Jesús los había sanado. Jesús no había venido para comenzar un movimiento de sanación. Esto lo hacía para proclamar su deidad. En su bondad sanó al que se le acercaba, y en humildad, les pidió que no lo fueran anunciando por ahí. Nos explica Mateo que Jesús hizo esto “para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: “He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre él, Y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará, Ni nadie oirá en las calles su voz.” Esta poesía de Isaías nos presenta al Mesías. Jesús vino en humildad, como un siervo. Dios lo enviaba como el Escogido, su Amado. Vino a anunciar juicio, y vino a dar su vida por nosotros, los pecadores. Filipenses 2 nos explica que Cristo, siendo Dios, vino en forma de hombre para vivir con las limitaciones de un ser humano durante su tiempo aquí. Pagó con su propia vida el precio del perdón para aquellos que ni siquiera lo habían buscado. Nos dice Juan que Cristo nos amó primero, antes de que nosotros lo amáramos a Él. Mas a todos los que creen en Su nombre, nos ha dado vida que dura para siempre. Aquellos que le sirven, siguen su ejemplo, porque Cristo es el siervo Amado, el siervo por excelencia. Mas cuando ponemos nuestra vida a Su servicio, lo podemos hacer en confianza, porque Él no es un Señor que se aproveche de los que le sirven. Cuando Jesús anduvo en la tierra, lavó los pies de sus seguidores. No hay mejor jefe que aquel que se presta a suplir las necesidades de sus trabajadores. Y no hay mejor Señor que aquel que da de sí por el bienestar de sus siervos. Con ganas quiero servir al que se ha dado por mí, porque además sé que sirviéndolo a Él saldré mil veces mejor que sirviendo mis propios deseos. Es un honor ser sierva de Dios, útil a Su servicio. Gracias, Dios por permitirme ser uno de tus utensilios. Gracias por usarme en amor para proclamar tu gloria.

    6 min
  2. Evangelios-035 El día de reposo

    HACE 1 D

    Evangelios-035 El día de reposo

    En el capítulo 12 de Mateo encontramos el relato de dos incidentes en los que se acusó a Jesús de realizar trabajo en el día de reposo de los judíos. El cuarto mandamiento de los 10 que Dios dio a su pueblo era que guardaran el día de reposo. En la explicación de la ley, se especificaba que debían tener todo preparado al anochecer del viernes para que el sábado, en el día de reposo observado por los judíos no se tuviera que realizar ningún trabajo, ni siquiera cocinar. Pudimos experimentar esta práctica cuando al estar visitando Israel, nos fuimos a ver el anochecer al Monte del Precipicio, en Nazaret sobre las 5 de la tarde. Cuando terminamos de contemplar la bella puesta de sol, descendimos del monte para descubrir que todos los comercios habían cerrado y no teníamos un lugar donde comer o comprar comida. En los días de Jesús, especialmente los fariseos, tomaban muy en serio el día de reposo. Sin embargo, Jesús, que decía ser el Mesías, parecía estar desafiando la ley de Moisés. Nos dice el texto que... “En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer. Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.” Jesús tomó esta oportunidad para enseñarles la esencia de la ordenanza sobre este día que debían guardar relatándoles cómo David, mientras huía del rey Saúl, cuando tuvo hambre, había comido de los panes sacrificados a Dios en el altar. También aludió Jesús al hecho de que en el día de reposo, los sacerdotes del templo trabajaban para cumplir los ritos establecidos, y esto se podría considerar como una profanación del día de reposo según ellos. Mas Jesús concluye su defensa con una rotunda afirmación sobre sí mismo y el día de reposo (12:6-8): “Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí.” Aquí Jesús declara su deidad, y continúa diciéndoles: “Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.” ¿Qué quería decir Jesús con esto? Este principio de “misericordia quiero y no sacrificio” venía del Antiguo Testamento. La encontramos tal cual en Oseas 6:6, una de las ocasiones en las que Dios recuerda a su pueblo que lo que quiere de ellos no son sacrificios y holocaustos, sino que lo conozcan a Él y hagan lo que le agrada. Dios había afirmado esto a Saúl en 1 de Samuel 15, cuando este lo había desobedecido para ofrecerle sacrificios que a él no le correspondía hacer. Una vez más Jesús enseña que el secreto no está en guardar ritos y tradiciones, sino en vivir una vida de obediencia a Dios. El mismo día de reposo, y llegando a la sinagoga, nos narra Mateo que ocurrió otro incidente: “He aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?” Y Jesús “les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante?” Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.” Estos estaban intentando encontrar algo de qué acusar a Jesús según sus leyes, pero Jesús usó la ley para mostrarles que así como se podía sacar a un animal de un hoyo en el día de reposo si este caía, mucho más justo sería sacar a un ser humano de una aflicción como la que este hombre sufría. La idea no era ser completamente inactivo o inútil en el día de reposo, sino mostrar por sus actividades durante el día de reposo que respetaban al Creador del día. Dios creó el mundo en seis días, y el séptimo, nos dice que descansó. Dios no estaba cansado, pero tomó un día para contemplar la belleza de lo que había creado. Desde el principio, el Creador ha querido que paremos sistemáticamente a contemplar lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Ante este mandamiento, podemos seguir rituales de forma dogmática, causando más tensión que reposo, y juzgando a otros por sus acciones, o podemos, como Jesús hizo, disfrutar de un día de descanso atendiendo a aquellas cosas que agradan a Dios y disfrutando de la compañía de otros creyentes. Debemos hacer el bien todos los días, pero debemos buscar sistemáticamente el tiempo para contemplar aquellas cosas que Dios está haciendo, y darle gracias por el descanso que podemos disfrutar en Él.

    7 min
  3. Evangelios-034 Perdón proporcional

    HACE 2 D

    Evangelios-034 Perdón proporcional

    (Lucas 7:36-50) Nos cuenta Lucas un encuentro de Jesús con un fariseo llamado Simón. Recordemos que los fariseos eran religiosos judíos muy dedicados al estudio y cumplimiento de la ley y las tradiciones del pueblo judío. Estos se creían mejores que el resto de los judíos, y la mayoría de ellos estaban en contra de Jesús, porque este se estaba presentando a sí mismo como el Mesías, el enviado que los judíos esperaban durante siglos. Simón invitó a Jesús a comer en su casa, y Jesús aceptó la invitación. Nos dice el texto que “Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.” El texto continúa diciendo: “Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.” Este Simón fariseo sabía quién era la mujer, probablemente una prostituta ¿Cómo conocía Simón a esta mujer? ¿Por qué pudo esta entrar en su casa?, me pregunto. Simón estaba juzgando a Jesús por dejarle que esta le ungiera los pies con perfume y con las lágrimas de su corazón compungido. Este pensaba que si Jesús era Dios como Él proclamaba, debería saber que esta mujer que estaba ahí no era, según los de alrededor, digna de acercarse a Jesús. Pero por supuesto que Jesús sabía quien era ella y lo que habría hecho. Recordemos que Jesús es el que conoce los corazones. Por ese motivo, porque sabía lo que él estaba pensando, se volvió a Simón y le dijo: le dijo: “Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.” La pregunta era sencilla. Dos personas tenían una deuda y el cobrador había venido a hablar con ellos. Cuando este perdonó las deudas porque ellos no podían pagar, perdonó más a aquel que más debía, y ambos llegaron a estar en paz, sin deber nada. Ambos deberían estar agradecidos por haber sido librados de la deuda, pero el más agradecido era aquel que debía más, porque se le había perdonado más. Jesús dijo a Simón: “¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.” Jesús enseñó a Simón, que esta mujer estaba mostrando gratitud por el perdón de Dios a un nivel que él no había estado dispuesto a demostrar. Esta mujer sabía que era pecadora, y que Jesús podía perdonarla y librarla de sus ataduras. Simón sin embargo se creía más justo que ella, y por lo tanto no parecía darse cuenta de su necesidad de Dios. Así que no había mostrado el mismo amor hacia Cristo. Pero Dios ve a cada ser humano como pecador, ya que ninguno es libre de falta. Sin embargo, a diferencia de como nosotros juzgamos los pecados según nos parecen más o menos respetables o aceptables, Dios ve todo pecado como inaceptable, aquellos que nosotros clasificamos como pequeños y los que vemos como aberrantes. Y Él ofrece perdón y liberación de todos ellos. Aquel que reconoce su pecado y es perdonado, amará mucho, y mostrará agradecimiento por esta liberación. Y aquel que no lo reconoce, no tendrá la oportunidad de disfrutar el perdón, y la paz y el gozo que vienen de haberlo experimentado. Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, ve en paz.” No la habían salvado sus lágrimas, ni el perfume, sino la fe con la que había llegado a los pies de Jesús. Había pecado mucho, y Jesús había perdonado todo, porque su perdón es proporcional a nuestro pecado, dejando siempre saldada la deuda. Y a la que mucho se le había perdonado, mucho amó.

    7 min
  4. Evangelios-033 El verdadero descanso

    HACE 5 D

    Evangelios-033 El verdadero descanso

    Mateo 11:25-30 El descanso viene definido en el diccionario de la Real Academia Española como “Quietud, reposo o pausa en el trabajo o fatiga. Y también como: “causa de alivio en la fatiga y en las dificultades físicas o morales.” Cuando hablamos de descanso, podemos referirnos a una pausa en actividad física o a un alivio emocional. Quizás estás pensando en este momento que podrías beneficiarte de un descanso que incluyera ambos ámbitos, el físico y el emocional. El Señor Jesús dice en Mateo 11:28 “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” ¿En qué consiste este descanso que Jesús estaba ofreciendo? ¿Podemos beneficiarnos nosotras de este descanso? La invitación de Jesús es para aquellos que están trabajados y cargados. Alguien que está trabajado estará experimentando un cansancio físico. Quizás ha ido demasiado tiempo sin dormir bien, o sin tomar descansos para reponer fuerzas, puede que no esté alimentándose bien, o por un motivo u otro, su cuerpo está agotado. Nuestro cuerpo tiene maneras de dejarnos saber que está cansado, pero muchas veces hacemos oídos sordos y continuamos con la faena. Jesús también llama a los cargados. El concepto de cargados parece comunicar el cansancio emocional, mental o espiritual. Nos podemos cargar con preocupaciones, pecados, problemas personales, o incluso cuestiones ajenas, situaciones que nos parecen injustas o complicadas, o quizás un cúmulo de diferentes causas de ansiedad. Cuando nos cargamos emocionalmente, es muy probable que lo veamos manifestarse en nuestro cuerpo físico, llegando a estar cargadas, y trabajadas a la vez. Jesús, dice “venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. El Salmo 55:22 exhorta: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará” Y 1 Pedro nos dice que echemos nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros. Para echar nuestras cargas y ansiedades sobre Dios, debemos primero llegar a aceptar que no somos todopoderosas, que tenemos límites, y por lo tanto necesitamos ayuda externa. Cuando hacemos esto, reconocemos nuestra debilidad, y podemos parar y pedirle a Dios que nos renueve las fuerzas. Isaías 40:29 nos dice que “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Eso es un milagro que solo Dios puede hacer. El señor completa su invitación en el texto de Mateo diciendo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Jesús nos ofrece entrar en el yugo con él. Un yugo es lo que se coloca sobre dos bueyes para poder llevar el arado. Cuando aceptamos el yugo del Señor, nos dice este que la carga se hace ligera. Hace fácil el trabajo. Cuando somos mansos y humildes, y buscamos la ayuda de Dios en lugar de intentar llevar las cargas en nuestras propias fuerzas, entonces podemos descansar en sus fuerzas. Nuestra alma puede descansar en Dios cuando hemos dejado nuestras cargas a sus pies y las hemos sustituido por la vida que Él quiere compartir con nosotros. Es entonces cuando podemos experimentar el verdadero descanso. ¿Te atreves a dejarle llevar tus cargas y unirte con Él en su yugo? Verás que merece la pena.

    6 min
  5. Evangelios-032 ¿Temor a qué?

    HACE 6 D

    Evangelios-032 ¿Temor a qué?

    (Mateo 10:26-33; Lucas 12:2-9) No se habla muy abiertamente del temor, pero lo cierto es que muchas sufrimos de esto. Miedo a lo desconocido, temores a aquello que no podamos controlar, temor del qué dirán, qué pensarán de nosotras o cómo se resolverá una situación concreta. Jesús, después de avisar a sus discípulos de la persecución que se les acercaba a causa de su fe, les dijo claramente en Mateo 10:26: “no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.” Aquello que ocurre en lo secreto, será manifestado un día. Lo que aún desconoces, se resolverá un día. Jesús está diciendo en este texto, aquel mal que te puedan hacer sin que parezca recibir justa retribución, saldrá a la vista un día. Y todo el bien que hagas sin experimentar los resultados de tus actos será conocido en su momento. Los tiempos de Dios no son los nuestros, pero podemos descansar en su perfecta justicia. Por este motivo podemos vivir una vida tranquila, en confianza, sin experimentar el temor a lo que nos rodea o lo que no sabemos si vendrá. Mas Jesús les dice en el versículo 28: “no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” Una fuerte afirmación se esconde en este texto. Hay muchas circunstancias que nos podrían hacer sentir que nuestro cuerpo físico peligra, mas Dios dice que así como Él cuida de las aves y las plantas, no hay nada de nuestra vida que se escape de su cuidado. Nos dice incluso que sabe el número de cabellos en nuestra cabeza, y eso que varía diariamente. Mas Jesús advierte que hay alguien que merece nuestro temor; este tiene poder de salvar y de destruir. Nos puede parecer fuerte notar que está hablando de Dios. Dios da vida y la quita. Muchos pueden destruir el cuerpo, mas solo uno tiene la última palabra sobre nuestra alma. Dios es el único que puede destruir el alma. ¿Pero cómo puede ser? Mi idea de Dios no puede concebir un Dios que destruye! En Mateo 10:32-33 Jesús dice: “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” Y Juan 3:36 nos avisa: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” Recordemos que Dios es Santo. A través de la historia bíblica hemos visto que Dios odia el pecado. Dios no puede coexistir con el pecado, y no hay mayor pecado que rechazar la gracia de Dios. Solo el alma de aquellos que rechazan a Dios será destruída en el lago de fuego, como menciona el texto en Mateo. Dios puede perdonar el pecado del que viene a Él arrepentido, pero si alguien rechaza ese perdón, ¿cómo puede reconciliarse con Dios? La Biblia habla mucho del temor de Dios, y este temor es el principio de la sabiduría. Salomón el sabio concluyó su libro de sabiduría con estas palabras: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.” Y el señor Jesús siglos más tarde repite este mensaje, recordándonos que si tememos a Dios y elegimos caminar de su lado, no hay nada a lo que debamos temer, porque nuestro cuerpo y alma están seguros en Él. Salmo 62:5-8 “Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.”

    6 min
  6. Evangelios-031 Como serpientes, como palomas

    18 FEB

    Evangelios-031 Como serpientes, como palomas

    El Señor Jesús sabía que venían tiempos revueltos para sus seguidores. Sabía que lo matarían a Él, y que tras su resurrección y ascensión al Padre, perseguirían a los cristianos por su fe. Ha ocurrido otras veces en la historia. Por desgracia, los cristianos verdaderos han tenido que sufrir a través de la historia a manos de ambos polos, aquellos que se denominan ateos y aquellos que se creen muy religiosos. En muchos lugares incluso hoy en día, aquellos que se declaran enemigos de Dios afligen a los que abiertamente lo siguen. Y por otro lado, la religión, que erróneamente conectamos a Dios muchas veces, no ha ido de la mano de la enseñanza Bíblica, sino que ha sido usada como pretexto para extorsionar y dominar a otros. Lo hemos visto en la historia, y lo seguiremos viendo. Tanto en los tiempos de Cristo como ahora, habrá situaciones difíciles para aquellos que deciden seguir al Señor fiel y abiertamente. Puede que te preguntes: ¿pero aquí y ahora también? Puede ser. Y la Biblia dice que llegarán peores tiempos. No debemos esperar aceptación de parte de todos. ¿Habrá personas que te odien por ser cristiana? Tal vez. ¿Habrá quien se ría de ti? Puede ser, pero Jesús dijo que eso era normal. Si tanto los que se llamaban religiosos como los ateos lo trataron mal a Él, ¿por qué esperaríamos nosotros mejor trato? Nos dice Mateo 10:24-25. Jesús quería que sus seguidores supieran que no sería fácil llevar el nombre de Cristo, y por eso los equipó con su divino consejo. Jesús les dijo que no se preocuparan por lo que deberían decir, porque el Espíritu Santo mismo hablaría por ellos. Mas les dijo también cómo debían conducirse dondequiera que fueran: “Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas.” Tomó dos animales muy distintos y los puso como ejemplo para sus discípulos. La serpiente, desde el principio ha sido identificada como un animal astuto. En el jardín del Edén, cuando se le acercó a Eva para tentarla, nos dice Génesis 3:1 que “la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho.” La astucia no tiene que ser una característica negativa. La astucia puede ser usada maléficamente para engañar, como hizo la serpiente en el huerto, o puede usarse para ver el engaño y evitarlo. Es ese el significado que Jesús quiere comunicar a sus discípulos. La persona astuta será prudente, sabia y perspicaz, para poder discernir aquello que es dañino y evitarlo. Y a modo de equilibrio, el Señor también les dijo que debían ser similares a una paloma. No sé qué es lo primero que te viene a la mente cuando piensas en una paloma. Pensamos en una paloma blanca como símbolo de la paz. No son animales que atacan; más bien, pensamos en ellas como inocentes, dóciles y sencillas. No muestran la astucia de la serpiente, sino que tienen una cierta ingenuidad. Ahora bien, con un sentido de astucia muy elevado, uno puede llegar a desconfiar de las personas y no ser capaz de disfrutar las relaciones personales que Dios nos pone en nuestro camino. Con un sentido demasiado elevado de sencillez, uno puede ser susceptible al abuso, dejando que otros se aprovechen de su inocencia; esto tampoco lleva a relaciones sanas. Por eso nuestro sabio Dios nos pide que busquemos un buen equilibrio entre la astucia y la sencillez de corazón. Sé sabia, pero sencilla a la vez; sé prudente y precavida, pero dócil y humilde; sé astuta, pero inocente. De este modo podrás discernir entre lo malo y lo bueno, evitando uno y disfrutando el otro. Y ante todo, recordando que el Señor está con los que somos suyos para protegernos y guardarnos hasta que estemos con Él en gloria.

    6 min
  7. Evangelios-030 La mies es mucha

    17 FEB

    Evangelios-030 La mies es mucha

    Leemos en Mateo 9:35-37 que “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” Vemos a través de este texto la actitud que Jesús tenía hacia aquellas multitudes que encontraba en ciudades y aldeas. La mayoría no eran personas interesadas en el evangelio que Jesús ofrecía. Venían a Jesús a ver si este les daría pan para comer o les sanaría sus dolencias. Y muchos otros, ni para eso. No querían saber nada de Jesús ni su mensaje. Mas Jesús jamás muestra desprecio hacia ellos, ni lo vemos con una actitud negativa. Nos dice claramente el versículo 36 que “tuvo compasión de ellas.” No tuvo compasión porque estuvieran enfermos, que algunos lo estaban. No tuvo compasión porque no tuvieran qué comer; algunos no tendrían. Dice que tuvo compasión de ellos “porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.” Sin duda, entre las multitudes en esas ciudades y aldeas había muchos que aparentemente no necesitaban nada de lo que parecía que Jesús podía ofrecer. Muchos estarían bien, contentos con las cosas materiales que poseían y disfrutando de buena salud. Mas Jesús, el que ve más allá de lo que ve el ojo, que ve el corazón de las personas, sabía que todos estos, los sanos, los enfermos, los ricos y los pobres, tenían algo en común: andaban por su cuenta, dispersos y desamparados, como las ovejas que no tienen pastor. El Buen Pastor caminaba entre ellos, y ahora tenían la oportunidad de formar parte de su rebaño. Jesús se dirigió a sus discípulos, porque quería que ellos también vieran a la gente a su alrededor del mismo modo compasivo con que Él las veía. Les dijo “la mies es mucha,” haciendo ahora alusión a los campos llenos de cultivo, “mas los obreros pocos; Rogad pues al Señor de la mies que envíe obreros a Su mies.” Jesucristo era Señor de la mies. Él podía recogerla toda él mismo o enviar a quien quisiera a segar todo ese fruto listo para ser recogido. Pero creo que quería que los discípulos vieran a las multitudes de manera positiva. Quería que los vieran con compasión y ellos también sintieran la urgencia de presentarles al Señor de la mies, de guiarles al Buen Pastor que podía darles el amor y la dirección que estos necesitaban, aún si estos aún no se habían dado cuenta. Es fácil mirar a nuestro alrededor; observar cómo la gente va de aquí para allá, envueltos en los quehaceres de la vida, liados en los afanes diarios, y desanimarnos al ver que no hay interés en la eternidad. Pero debemos ver a la gente como Jesús nos vio a nosotros, y sentir lo que Jesús sintió, compasión por las almas desamparadas y dispersas. Los seres humanos somos propensos a ir a menudo como ovejas que no tienen pastor, sin una dirección fija, sin un propósito de vida. Cristo invita a cada uno a fijarlo a Él como nuestro propósito de vida. El apóstol Pablo dijo en Filipenses 1:21 “para mí el vivir es Cristo.” No es que no hiciera otra cosa en esta vida. Vivía, trabajaba, tenía una vida social, metas que alcanzar, pero el enfoque de su vida era el Buen Pastor, y eso era lo que daba dirección y sentido a su vida. Yo no entiendo mucho de ganado, pero imagino que cuando una oveja pertenece a un redil, está confiada en que tiene un pastor que vela por ella y tiene buenos planes para ella. Entiendo más de seres humanos, y cuando por ejemplo una niña sabe que tiene a alguien que vela por ella, desea lo mejor para ella y daría lo que fuera por protegerla y cuidarla, puede vivir la vida confiadamente y realizar sus sueños con una seguridad que le da las fuerzas necesarias para enfrentarse a lo que venga. Cuando sabemos que el omnipotente y amoroso Dios es nuestro Pastor, que ha dado su vida para salvarnos, y vive para guardarnos, que se interesa por nuestro bienestar presente y eterno, podemos vivir esta vida con dirección y confiadamente. Y podemos ver a otros con el deseo de que ellos también tengan a Jesús como su Pastor. Ten compasión y ruega al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

    7 min
  8. Evangelios-029 El evangelio es para todos

    16 FEB

    Evangelios-029 El evangelio es para todos

    Al acabar el gran sermón del monte, donde Jesús había estado compartiendo toda esta enseñanza que hemos estado viendo, Jesús se encontró con diversas personas que necesitaban atención. Los que no habían subido al monte para escuchar la Palabra, venían a buscarle. Recordemos que Jesús no había venido para sanar al mundo de sus dolencias, pero leemos en Isaías 53:8 que el Mesías llevaría nuestras enfermedades, y sufriría nuestros dolores. A través de las sanaciones, Jesús mostró su identidad divina y su amor por la humanidad en términos que la gente podía entender. En el capítulo 8 de Mateo leemos que Jesús sanó a muchos enfermos y endemoniados que eran atormentados por espíritus malignos, para que esta profecía se cumpliera. Nos cuenta con más detalle su encuentro con un leproso, un centurión romano que vino a pedir ayuda para su siervo y la suegra de Pedro que se había enfermado y estaba en cama. Con estas historias podemos observar que Jesús no vino a alcanzar a una parte de la sociedad, sino a todas. Del leproso no sabemos mucho. En las sociedad judía, la inmundicia se evitaba, y un leproso representaba lo más inmundo. La ley establecía que si un leproso sanaba de su enfermedad, debía ir a ofrecer sacrificio al templo. Jesús se acercó a él, lo tocó, aun siendo inmundo, y después de sanarlo lo envió al sacerdote, pidiéndole que no dijera nada del encuentro con Jesús. Pero aún así, la voz se extendería, y muchos vinieron a Jesús a ser sanados. Al entrar en Capernaum, ciudad donde vivían Pedro y Andrés, se le acercó un centurión. Este romano junto con otros centuriones que vemos aparecer en los evangelios, había oído de Jesús y sabía de su poder. Su siervo, el cual sería judío, había sufrido alguna desgracia, ya que se encontraba en la casa paralizado y gravemente atormentado de dolor. Jesús se ofreció a ir a la casa y sanarlo, mas el centurión, mostrando su fe y respeto hacia el Señor Jesús, le dijo que no era necesario que fuera hasta allá. “Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.” Mateo 8:8-10 Este centurión entendía bien la autoridad de Jesús, y por eso le sobraba con que este diera la orden de sanación. Jesús lo puso de ejemplo de fe, mucho mayor que la fe que había visto en el pueblo judío. El tercer caso que encontramos en el capítulo 8 es la suegra de Pedro. Jesús se iba a hospedar ahí, y la pobre mujer, en lugar de poder atender a Jesús, estaba en cama, enferma. Me encanta la imagen, porque cuando ella quería hacer algo por Jesús, Jesús le mostró que Él estaba ahí para hacer algo por ella. Esta se sanó, y pudo atender a los invitados como ella había deseado. Jesús estuvo ahí para atender a judíos, a gentiles, a hombres y a mujeres. Lo vemos más adelante en la tierra de los gadarenos, sanando a un extranjero (Mateo 8, Marcos 5, Lucas 8), dando vida a la hija de un principal de la sinagoga, y una mujer afligida por flujo de sangre durante años. Estos, más importante que ver la mano sanadora de Jesús, tuvieron la oportunidad de conocer al Mesías salvador de pecados. Y es que el evangelio no es solo para algunos; el evangelio es para todos, y todos tenemos necesidad de Cristo. Estas personas sanadas, tiempo después de esta experiencia, todavía tuvieron que llegar al momento de la muerte, pero la salvación del alma por la fe depositada en Cristo es eterna. El evangelio aún es eficaz, y funciona para todo aquel que se acerque a Dios por fe. ¿Vendrás a Cristo para salvación?

    6 min

Valoraciones y reseñas

5
de 5
4 valoraciones

Información

Reflejos de su gloria es un programa que tiene como objetivo compartir las enseñanzas de las Escrituras, celebrando la gloria de Dios, con el deseo de reflejar su carácter con cada enseñanza.