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  1. 24/01/2021

    Cuba, la caída del Imperio Español

    Hasta 1898 España mantenía tres grandes y valiosas colonias: Cuba y Puerto Rico en el Caribe y el archipiélago de Filipinas en el Pacífico. El total de islas de este último superaba en número las 3.000. Su control era muy complejo para el gobierno español, ya que la piratería ejercía total hegemonía en esas aguas y su erradicación entrañaba serias dificultades. España se veía obligada a dedicar casi la totalidad de su precaria armada, pequeños cañoneros y cruceros ligeros a combatirla. Mientras tanto, la metrópoli se hallaba sumida en una grave crisis política desde el final del reinado de Isabel II. Alfonso XIII era aún un infante por lo que se encontraba al frente del país la regente, su madre, la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, viuda del rey Alfonso XII, que ejercía su función junto a Mateo Sagasta, presidente del gobierno. La inestabilidad política hacía del país una presa fácil. Las grandes potencias mundiales, ávidas de poder, se disputaban por razones económicas las colonias. El poder de un país era directamente proporcional a la cantidad y extensión territorial de cuantas de ellas poseía, imponiendo así su influencia y moneda. Tras la Conferencia de Berlín de 1884-85 , en la que las potencias europeas se habían repartido sus áreas de expansión en África a fin de evitar una confrontación bélica entre ellas, teóricamente los ánimos debieran haber quedado calmados. Acuerdos similares habían delimitado territorios estratégicos en Asia y China, país cuya inminente desmembración solo impediría más tarde la I Guerra Mundial. España se hallaba pues indefensa a merced del ansia colonizadora no solo de las potencias europeas sino también de EE.UU. que, en concreto, pugnaba por hacerse con Cuba , un apetitoso bocado por cuya adquisición suspiraban varios presidentes estadounidenses. John Quincy Adams, James Polk, James Buchanan y Ulisses Grant habían pujado sin éxito hasta la fecha. España rechazaba sistemáticamente las ofertas de compra. La posesión de Cuba no se limitaba a una cuestión de prestigio, ya que era una de sus colonias más fructíferas. La isla poseía un fuerte valor económico, a la par que una estratégica ubicación geográfica. Pero el pueblo cubano había desarrollado un fuerte sentimiento nacional: España ahogaba sus expectativas políticas y comerciales, y le coaccionaba comercialmente al prohibirle el intercambio de sus materias primas, fundamentalmente el azúcar de caña con EE.UU. y otras potencias. La legislación española cercenaba el poder de la burguesía industrial y comercial cubanas. El pueblo cubano inició entonces una cruzada en pro de conseguir su independencia. EE.UU., siempre al acecho, aprovechó para tomar la alternativa y con la excusa de acudir en defensa de los intereses de los residentes estadounidenses en la isla, envió a La Habana el Maine , un acorazado de segunda clase. La intención inicial del vicesecretario de marina, al frente del Departamento de la Armada, Theodore Roosevelt era amedrentar a España, harto de los reiterados rechazos de sus propuestas para hacerse no solo con esta isla sino también con Puerto Rico. El 25 de enero de 1898 el Maine franquea el puerto de La Habana sin previo aviso, vulnerando premeditadamente los acuerdos diplomáticos en curso. La respuesta del gobierno español es inmediata, procediendo al envío del crucero Vizcaya al puerto de Nueva York. El 15 de febrero de 1898 el Maine salta por los aires y fallecen 256 de sus 355 tripulantes. Sobrevive solo una parte de la tripulación que, irónicamente, asistía a un baile que las autoridades españolas celebraban en su honor. La prensa estadounidense, con William Randolph Hearst al frente, condena a España. El hábil magnate de la industria mediática no duda en predisponer a la opinión pública estadounidense en contra del enemigo español. La autoridad del suceso jamás pudo ser demostrada pero España, en el ojo del huracán, se ve abocada a un conflicto tan previsible como inevitable. El presidente William McKinley, al frente de EE.UU., declara la guerra a España. George Dewey, su comodoro, recibe órdenes claras: su escuadra asiática debe destruir a la armada española en Filipinas, congregada en la bahía de Manila, en el puerto de Cavite. Las fuerzas navales españolas se reducían a dos cruceros de más de 3.000 toneladas, el Castilla (de casco de madera) y el Reina Cristina, cinco embarcaciones de mil toneladas y tres cañoneros de 500. Uno de ellos inservible y otro destacado en el sur del archipiélago. La marina americana, equipada con buques y armamento moderno, cañones de gran calibre y piezas de tiro rápido, derrotó en Cavite ala paupérrima flota española sin apenas dificultad el 1 de mayo , y en Santiago de Cuba el 3 de julio de ese mismo año. Ese mes el gobierno español pidió negociar la paz. El tratado de París, del 10 de diciembre de 1898 , obligó a España a conceder la independencia a Cuba y a ceder Puerto Rico, Filipinas y Guam a Estados Unidos, que se convirtió en una potencia colonial. La derrota de España frente a EE.UU. y la pérdida de sus posesiones coloniales supusieron un duro golpe para un país en crisis. El 1898 pasó así a formar parte de la crónica negra de la historia contemporánea española. Los intelectuales de la denominada Generación del 98 bautizarían a los hechos acaecidos como ‘desastre del 98’ e intentarían hallar respuesta al denominado ‘problema de España’: (subdesarrollo, injusticia social, pobreza…). Un siglo después, no está claro si dieron con las respuestas.

    Cuba, la caída del Imperio Español
  2. 30/01/2021

    El Patronato

    El Patronato de Protección a la Mujer, dependiente del Ministerio de Justicia se creó mediante Decreto de 6 de noviembre de 1941 por el que se organiza el Patronato de Protección a la Mujer, publicado en el Boletín Oficial del Estado el 20 de noviembre de 1941. Inspirado en las casas de corrección anteriores a las reformas realizadas en 1931 por Victoria Kent y tomando como referencia el Patronato Real para la trata de blancas de 1902, el nuevo Patronato iniciaría una a priori, labor social de protección del menor y la mujer en un intento de reducir la lacra sobre explotación sexual, pero escondía por otro lado una serie de funciones represivas, moralizantes y adoctrinadoras más allá del simple castigo, que pueden comprobarse en el Artículo 5º del Decreto anteriormente citado: Artículo quinto.—Para obtener la finalidad expresada en el artículo anterior, el Patronato de Protección a la Mujer tendrá las facultades siguientes, delegadas del Gobierno: ·Primera. Adoptar medidas protectoras en favor de las mujeres que se desenvuelvan en medios nocivos o peligrosos y estimular el interés social en favor de las mujeres moralmente abandonadas, especialmente de las menores de edad. ·Segunda. Instar el descubrimiento de los hechos delictivos relacionados con la corrupción y tráfico de las menores, conocido con el nombre de «Trata de Blancas». ·Tercera. Denunciar a los Tribunales los referidos hechos, requiriendo la intervención del Ministerio Fiscal en los procedimientos que se incoen, e interesar a las Autoridades en general la adopción de medidas protectoras de la juventud femenina. ·Cuarta. Ejercer las funciones tutelares de vigilancia, recogida, tratamiento e internamiento sobre aquellas menores que los Tribunales, Autoridades y particulares le confíen, especialmente las menores de dieciocho años. ·Quinta. Velar por la persecución de los delitos o faltas cometidos mediante publicaciones obscenas o formas plásticas, ya descarada o disimuladamente bajo apariencias científicas o artísticas, y proponer medidas que impidan la circulación, exportación e importación de objetos y publicaciones pornográficas. ·Sexta. Procurar el cumplimiento de cuantas disposiciones nacionales relacionadas con los fines del Patronato estén inspiradas en la moral católica, así como los acuerdos internacionales de igual clase ratificados por España. ·Séptima. Proponer al Gobierno las reformas legislativas que estime necesarias y la adopción de las de carácter judicial o gubernativo que entienda adecuadas, así como aquellas obras precisas al cumplimiento de los acuerdos internacionales ratificados por España. ·Octava. Proponer al Gobierno fuentes de ingreso para el sostenimiento de las atenciones del Patronato e interesar a la acción privada a fin de que contribuya al sostenimiento económico del mismo. ·Novena. Organizar la formación del personal de ambos sexos, perfectamente especializado en los problemas de protección moral de la mujer. ·Décima. Fomentar la creación y desarrollo de instituciones dedicadas a los mismos fines, impulsando y coordinando las actividades de cuanto organismos trabajan esta material singularmente atendiendo a la preservación de las mujeres recluidas en Establecimientos penitenciarios, a cuyo fin mantendrá relación con las Direcciones Generales de Seguridad! y Prisiones; igualmente prestará atención especial a la labor circuncarcélaria y postcarcelaria que con relación a las mismas realiza el Patronato Central para la Redención de las Penas por el Trabajo.

    El Patronato

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