Zafarrancho Vilima

Zafarrancho Vilima

Programa de humor sobre tiempos pasados. Donde la nostalgia y la poca vergüenza se dan la mano. Zafarrancho Vilima se emite todos los viernes a las 19h. en SER+ Sevilla, Cadena SER 96.5 FM. También puedes ver los programas en nuestro canal de Youtube.

  1. TRÁILER DEL EPISODIO 401

    Jeffrey Epstein en Las Grandes Biografías de Zafarrancho Vilima

    Hoy descubriremos el lado más desconocido de un hombre que tenía una caja con más papeles que Bárcenas y una agenda que parecía la lista de asistentes a una cumbre del G20. Hoy hablaremos de Jeffrey Edward Epstein, “Esa persona de la que usted me habla”. Jeffrey nació en Brooklyn el 20 de enero de 1953. Su familia era judía askenazí, que son los judíos que se asentaron en Europa, bueno, los que quedaron. Su madre, Pauline, era ama de casa y su padre, Seymour, era jardinero del Ayuntamiento, que el hombre intentó meter a Jeffrey y a su hermano de ordenanzas, pero Jeffrey dejó de escuchar en el “meté”. Cuando cumplió 5 años, el niño le pidió a la madre una pelota en forma de teta que le había visto a un amiguito, pero la madre lo apuntó mejó a piano pa que tocara algo. Asistió a los colegios públicos de allí, que tienen menos nivel que la Juan Carlos I, porque los judíos son muy buenos haciendo dinero pero dicen que gastan menos que Perluigi Collina en Champú. Epstein terminó COU en 1969, con 16 años, saltándose 2 cursos, porque eso sí, era más listo que el primero que cobró “gastos de gestión”. Se matriculó en 1970 en la Cooper Unión hasta que el padre se dio cuenta que era una universidad privada y lo mandó en el 71 a la facultad de matemáticas de Puerto Real. De allí se fue en 1974, con 21 años pero sin terminar, sin título y sin ponerse ni un día una camiseta blanca de mangas largas debajo de una oscura de mangas cortas. Esa misma tarde, antes de que se dieran cuenta en la facultad que no iba a volver a pisarla ni pa ir a la cafetería a jugar al mus, Jeffrey echó el currículum en un Instituto de Manhattan donde pa trabajar el único título que pedían era el de una canción, así que antes de acabar el curso estaba de profesor de física y matemáticas rodeado de adolescentes y más contento que Garamendi dando de comer a una familia. Pero viendo que cobraba poco y que el instituto tenía cámaras de vigilancia, Epstein decidió meterse en la banca y abrir su propia asesoría. Eso sí, él no asesoraba a “Carpas Quitasol”, él asesoraba a Leslie Wexner, el fundador de Victoria´s Secret, que tenía todo lo que a él le gustaba, mucho dinero y abridores de botellines en forma de totete. A Epstein le fue tan bien que se compró el Lolita Express, un avión en el que se montó hasta Stephen Hawking pero por el catering y porque se estaba fresquito. También se compró una isla en las “Islas Vírgenes” donde siempre había más gente que delante de la Gioconda. Vamos, que Epstein iba dejando más pistas que Hansel y Gretel. En 1992 se echó de novia a Ghislaine Maxwell, que es como la Infanta Cristina de ellos. En esta época Epstein ya tenía el pelo blanco, la cara alargaita como un suso de crema y amistad con Trump, Clinton, la princesa Mete Mary y Anita Obregón, que es como un mueble de IKEA, está en tós laos. Además, Epstein era tan buen anfitrión que les hacía foto-recuerdos a sus invitados como cuando tú te montas en la montaña rusa de Isla Mágica y sale con la cara que parece que te acaba de llegá la factura de la luz. En 2008 le pillaron por primera vez mirando raro un dibujo de Candy, Candy. Pero como tenía mejores abogados que un malo de James Bond, le cayó una condena que parecía un campamento de verano: salía de la cárcel 12 horas al día para ir a la oficina. El 6 de julio de 2019 ya le pillaron por segunda vez, pero con el dibujo de Candy, Candy de los que si tú le dabas con salivita y desaparecía la ropa. Lo metieron en una cárcel de Nueva York mientras llegaba el juicio, en una celda sin ventanas, sin compañero, sin guardas, sin cámaras de seguridad, con una viga, una silla y una sábana muy larga. Así que el 10 de agosto de 2019, con 66 años, Epstein se fue al patio los callaos sin ser juizgado, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cuando vean a alguien con muchos papeles o le saquen una foto inesperada en una montaña rusa.

    5 min
  2. TRÁILER DEL EPISODIO 400

    Santo Adriano, Asturias en la España Barbaciada

    Después de sacudirnos las escamas del salmón en San Tirso de Abres y comprobar que no nos hemos dejado ningún dedo probando el filo de las navajas locales, ponemos rumbo al este. Enfilamos la N-634 y luego la A-63, recorriendo unos 138 kilómetros de curvas asturianas que harían palidecer a un piloto de rallies, hasta que nuestro Seat 131 SuperMirafiori pide un respiro en el concejo de Santo Adriano. Este rincón es la definición gráfica de "pequeño pero matón", con apenas 286 habitantes según el último censo. Su capital es Villanueva, un nombre que tiene mucha guasa porque aquí lo más "nuevo" se construyó probablemente antes de que se inventara el concepto de tiempo. Su gentilicio es adrianense, y hay que decir que el adrianense nace con un máster en paciencia y pulmones de acero. Viven en un desfiladero tan estrecho que, si quieres cambiar de opinión, tienes que salirte al concejo de al lado para poder dar la vuelta con el coche. Pero no se dejen engañar por su tamaño; históricamente, Santo Adriano es un titán. La joya de la corona es la Iglesia de San Adriano de Tuñón, consagrada en el año 891. ¡Escuchen bien, vilimeros! Mil cien años antes de que llegara el primer módem a España, aquí ya tenían una fundación real de Alfonso III el Magno y la reina Jimena. Estamos hablando de un prerrománico de pata negra, con una planta basilical de tres naves que ha aguantado invasiones, guerras, humedades y el paso de los siglos sin despeinarse. Entrar allí es como meterse en una cápsula del tiempo donde el aire todavía huele a cera de abeja del siglo IX y a una historia que no cabe en un libro de texto convencional. Sus frescos originales son de los pocos que se conservan de la época, mostrando un colorido que desafía a la física tras más de un milenio de inviernos astures. Pero si por algo es famoso hoy Santo Adriano es por ser la puerta de la Senda del Oso. Lo que antaño fue un trazado de ferrocarril minero para sacar el carbón de los valles, hoy es una pista donde los turistas se cansan mientras los adrianenses los miran con curiosidad desde sus huertos. Lo mejor es el cercado osero: aquí viven Paca y Tola (y ahora la joven Molina), las osas más famosas del país. Los paisanos custodian este tesoro natural en un entorno de desfiladeros calizos que te quitan el hipo. Además, el municipio cuenta con el Abrigo de Tuñón, con pinturas rupestres que demuestran que aquí ya se hacía arte cuando el concepto de "pintura" era una idea revolucionaria del paleolítico. Es un lugar donde el río Trubia marca el compás de la siesta y donde los puentes medievales, como el de Villanueva, parecen puestos ahí por un decorador de cine con muy buen gusto. La arquitectura civil también destaca con sus hórreos y paneras que parecen flotar sobre pegoyos de piedra, recordándonos que aquí el grano se guarda a salvo de la humedad y de los roedores con una ingeniería que ya quisieran en la NASA.

    15 min
  3. TRÁILER DEL EPISODIO 400

    Fernando Sánchez Dragó en las Grandes Biografías de Zafarrancho Vilima

    Hoy os relataremos la crónica de un hombre que se creía la reencarnación de un gato, un samurái y un satisfayer espiritual. Un buscador de la iluminación a través del Gin Tonic y de la eyaculación retrógrada; Hoy recordaremos al Gran Chamán de Soria, Fernando Sánchez Dragó. El pequeño Fernando nació en el Barrio de Salamanca de Madrid el 2 de octubre de 1936, que estaba España que parecía una mascletá. Fue el único hijo de un importante periodista al que solo le dio tiempo de ir al registro a inscribir al niño porque poquito después los sublevados del bando nacional lo mandaron a hacer un recao. En casa lo llamaban Nano y de chico se pasaba las tardes hablando con su ángel de la guarda, llamado Jai, pero la madre no lo llevó al pediatra niná porque pensó que se le pasaría y de mayor sería una persona normal. En 1942, cuando tenía 6 años, su madre lo llevó a ver El Mago de Oz, quedando totalmente fascinado por los Munchkins, los hombrecillos que acosaban a la joven Dorothy. Como buena familia de bien, a Fernando le hicieron creer que a su padre lo habían matao los republicanos, pero aún así él, hombre de valores férreos, se metió en su época universitaria en el Partido Comunista porque en las celdas de Carabanchel se ligaba mucho más que en las bibliotecas de la Complutense. Luego en 1956, estando detenido por unas protestas universitarias, un comisario le dijo sin darle un abrazo ni ná, que a su padre lo habían matao los de Franco y en ese momento las únicas neuronas sanas que tenía colapsaron y se volvió anarcoindividualista de los que recomiendan votar a José María Aznar, Mire usté, y que escriben libros para partidos de ultraderecha contra la memoria histórica. En 1958, estando preso en Carabanchel, se casó con Elvira, su 1ª novia y con quien tuvo su primer hijo, pero el matrimonio duró menos que el mío. En 1959 se licenció en Filología Románica, en el 62 en Lenguas modernas y obtuvo su doctorado con una tesis de Valle-Inclán. Tó lo que los profesores de los institutos públicos recomiendan que no estudies si quieres trabajar en el futuro. En 1964, cuando tenía 28 años, estando de arresto domiciliario, cogió una mochila Kelme y una cantimplora verde y se fue a descubrir el mundo. En Italia conoció a su segunda mujer y tuvo su segunda hija y así sucesivamente. En 1967 estuvo en Japón y aprendió la disciplina y el sigilo de los samuráis. También aprendió que si con 31 años haces cosas feas con dos niñas, no se pueden contar hasta que prescriba el delito en 2010. En 1970 volvió a España de su exilio, diciendo “perdón, no volverá a ocurrir” En la década de los 80 y los 90 se dedicó a presentar programas de televisión rodeado de libros que nadie había leído y de señores con barba que hablaban de la Atlántida como si hubieran veraneado allí con una sombrilla de Mahou. Ya en esta época tenía la cara como el cachorro de un Shapei, un fular que tenía que oler a taquilla de futbolista y se metía 70 pastillas diarias de antioxidantes, magnesio, polen de abeja ninja y semen de toro de lidia para que a los 80 su palo mayor siguiera más firme que el de El Cano. En 2003 le mordió en Etiopía un perro rabioso pero consiguió, después de hablar con el embajador de España, que le administraran una de las 4 vacunas que había en el país y que estaban en la nevera de la embajada de Estados Unidos. Y menos mal que estaba en Etiopía, porque si llega a estar aquí y tiene que pedir una cita a su médico de cabecera, lo mismo ni lo cuenta. Sus últimos años los pasó en Castilfrío de la Sierra, un pueblo con 35 habitantes y donde hace tanto frío que se ponen chaquetón hasta los 2 chavales que hay pa ir al instituto. Allí vivía con su última conquista, 57 años más joven, su gato Nanuk y un ejemplar de Gárgoris y Habidis calzando un sofá. Pero el 10 de abril de 2023, con 86 años y después de comerse una gomita de omega-3 para la salud cardiovascular, a Sánchez Dragó le dio una punsaíta en el corazón, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cuando algún parao les diga que ha estudiado una Filología o tengan que pedir una cita a su médico de cabecera.

    5 min
  4. TRÁILER DEL EPISODIO 394

    San Tirso de Abres, Asturias en La España Barbaciada

    Seguimos en Asturias, y para nuestra última etapa de hoy le vamos a meter un poco de alegría al 131 Supermirafiori. Cogemos la carretera AS-12 hacia el norte, bajando suavemente hacia la costa pero sin llegar a tocar el mar, atravesando valles verdes que parecen pintados con el filtro "saturación" de Instagram. Tras unos 45 kilómetros de disfrute visual, llegamos al concejo de San Tirso de Abres. Este municipio tiene 408 habitantes y su gentilicio es santirseño o santirseña. Geográficamente, San Tirso es una rareza, una anomalía, un "bicho raro". Es el municipio más occidental de Asturias, pero está tan metido en la provincia de Lugo que es casi una península asturiana rodeada de Galicia por tres lados. Aquí la frontera es difusa: se habla gallego-asturiano (o eonaviego), se come pulpo y se bebe sidra. Tienen lo mejor de los dos mundos, o una crisis de identidad galopante, según se mire. En el año 2011 les tocó la lotería moral: les dieron el premio al Pueblo Ejemplar de Asturias. Ya sabéis, ese premio que otorga la Fundación Princesa de Asturias, donde los Reyes van al pueblo, se pasean bajo la lluvia, comen bollos preñados y saludan a señoras mayores que lloran de emoción. Desde entonces, el pueblo está impoluto. Tienen las calles más limpias que el salón de mi casa. No se os ocurra tirar un papel al suelo porque os miran mal tres generaciones de santirseños. El pueblo vive totalmente de cara al río Eo, que es su arteria vital. El río Eo es famoso mundialmente (bueno, en el mundo de la pesca) por la pesca del Salmón. Aquí, pescar un salmón es como ganar la Champions League. El "Campanu" (el primer salmón de la temporada en los ríos asturianos) se paga a precio de oro, y a veces a precio de riñón. Los pescadores se pasan horas, días, quietos en el río, esperando a que pique el rey del río. Paciencia asturiana en estado puro. En cuanto al patrimonio, destacan varias cosas curiosas. Tienen el Palacio del Condado de Altamira, que suena muy rimbombante y nobiliario, pero en realidad es una casona rural con torreón defensivo del siglo XVI, muy bonita. También veréis por el paisaje los llamados "cortinos", que son construcciones circulares de piedra seca en el monte. ¿Para qué sirven? Pues para proteger las colmenas de miel. ¿De quién? De los osos. Sí, amigos, aquí hay osos, y como a Winnie the Pooh, les encanta la miel. Así que los paisanos tuvieron que inventar fortificaciones para las abejas. También tienen una industria artesana tradicional muy potente: las navajas. No las de Albacete, ojo, sino navajas de Taramundi y de San Tirso. Son navajas hechas a mano, con mango de madera y hoja de acero que corta el aire. Tener una en el bolsillo es casi obligatorio si quieres ser un paisano de provecho. Y para los amantes del senderismo, por aquí pasaba un antiguo tren minero que iba desde las minas hasta el puerto de Ribadeo. Hoy día es una Vía Verde preciosa para caminar llano y sin cansarse mucho.

    19 min

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Programa de humor sobre tiempos pasados. Donde la nostalgia y la poca vergüenza se dan la mano. Zafarrancho Vilima se emite todos los viernes a las 19h. en SER+ Sevilla, Cadena SER 96.5 FM. También puedes ver los programas en nuestro canal de Youtube.

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