Poesía a domicilio

Yéiber Román

Lectura de poemas de autores de todo el mundo. (2020)

  1. 18. «Los daños colaterales», de Harry Almela

    05/06/2020

    18. «Los daños colaterales», de Harry Almela

    Buenas tardes. Buenas tardes, señoras y señores pasajeros. Sé que esto es molesto y aburrido, e incluso sabemos que en el Metro estas cosas no se permiten. Pero son escasas mis alternativas. No soy un delincuente aunque mis harapos confiesen lo contrario. He venido desde mi pago hasta esta ciudad de hachas y cuchillos en el aire, a entregarles lo único que ya puedo ofrecer. Soy sobreviviente de la última guerra y aún conservo en mi cuerpo los fragmentos de misiles que me abatieron desde el cielo. Por respeto a sus incendios cotidianos no les haré mirar mi tierna herida en el costado. Quiero ofrecerles un mendrugo de lo que aún poseo. Soy su guardián mientras pasa esta tormenta. En cada uno de estos legajos encontrarán unas palabras. Son unos breves poemas que ustedes leerán sin costo alguno. Los he escrito con la emoción de que ya nada podrá protegernos. Sólo espero una limosna desde su corazón. Desde su corazón, repito. No aspiro a ninguna recompensa material. Si no los leen, en verdad no importa. Este es mi trabajo, mi blanca cosecha de maíz, mi hambre y mi alimento. Me ha sido dado recoger estas botellas en el mar y lanzarlas de nuevo para que encuentren otra playa. Llevo la cruz de mis heridas hasta donde me alcance una dignidad que no aspira a recompensas. En la próxima estación me bajaré y terminará esta molestia. Cambiaré de vagón y así el resto del día. Gracias a todos por sus atenciones, y hasta luego.

    2 min
  2. 15. «Anatema», de Raymond Carver

    11/05/2020

    15. «Anatema», de Raymond Carver

    La familia entera sufría. Mi mujer, yo mismo, los dos niños, y la perra cuyos cachorros nacieron muertos. Nuestros asuntos, como siempre, iban mal. A mi mujer la dejó su amante, el profesor de música manco que era su único contacto con el mundo exterior. Mi propia novia dijo que no podía aguantar más, y volvió con su marido. El agua estaba cortada. Todo aquel verano la casa se cocía. Los ciruelos se habían secado. Nuestro arriate de flores estaba pisoteado. Al coche se le estropearon los frenos, y la batería fallaba. Los vecinos dejaron de hablarnos y nos cerraron la puerta en las narices. Los de las tiendas nos devolvían los cheques y luego dejaron de traernos el correo. Sólo el sheriff pasaba de vez en cuando- con uno u otro de nuestros hijos en el asiento de atrás, rogando que no los dejásemos solos. Y luego a la casa entraron ratones a miles. Seguidos por una serpiente cornuda. Mi mujer se la encontró tomando el sol en el cuarto de estar junto al televisor estropeado. Lo que hizo con ella es otra cuestión. Le cortó la cabeza allí mismo en el suelo. Y luego la cortó en dos cuando siguió retorciéndose. Vimos que no podríamos resistir más. Estábamos hundidos. Queríamos ponernos de rodillas y decir perdónanos nuestros pecados, perdónanos la vida. Pero era demasiado tarde. Demasiado tarde. Nadie querría escuchar. Tuvimos que ver cómo se venía abajo la casa, el suelo se abría en dos, y luego nos dispersamos en las cuatro direcciones.

    2 min

À propos

Lectura de poemas de autores de todo el mundo. (2020)