De un pueblo poco conocido en Granada a una ciudad fuera del circuito turístico en Flandes, El Placer de Viajar descubre dos destinos perfectos. En este nuevo episodio de El Placer de Viajar, el podcast viajero de Libertad Digital y esRadio, los presentadores Carmelo Jordá y Kelu Robles nos proponen un sugerente viaje doble. Por un lado, nos invitan a descubrir los secretos de Otívar, un recóndito y maravilloso pueblo de la provincia de Granada; por el otro, cruzamos las fronteras para adentrarnos en la rica historia de Malinas, una de las ciudades con más encanto y autenticidad de la región de Flandes, en Bélgica. El recorrido comienza en Otívar, una pequeña localidad de apenas mil habitantes situada en la Sierra de Almijara. Aunque geográficamente se encuentra muy cerca de la Costa Tropical, el municipio destaca por un relieve sumamente abrupto, repleto de barrancos y valles. Esta singularidad climática y geográfica propicia un microclima de transición idóneo para el cultivo de deliciosas frutas subtropicales, tales como el aguacate, el mango, la chirimoya y sobre todo el níspero, que es uno de los símbolos de la localidad. La naturaleza es, sin duda, el mayor reclamo de este pueblo granadino, especialmente gracias al paso del río Verde. Este cauce fluvial, que discurre encajonado entre montañas, forma cascadas, rápidos y pozas de aguas cristalinas de tonos esmeralda, ideales para la práctica de deportes de aventura como el barranquismo. El núcleo urbano de Otívar regala una preciosa postal de calles blancas y empinadas de origen árabe con miradores espectaculares. La historia local de Otívar está indisolublemente ligada a la figura de Juan Fernández Cañas, apodado el Alcalde Caridad. Este célebre personaje lideró la resistencia guerrillera de la zona contra las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia. A pesar de que los franceses incendiaron el pueblo como represalia, su valentía se recuerda hoy con una escultura en la plaza del Ayuntamiento, donde se le rinde homenaje cada año. En lo que respecta a la gastronomía de Otívar, predomina una contundente cocina de montaña donde las brasas son las grandes protagonistas. El plato estrella de la localidad es el choto a la brasa, acompañado de especialidades tradicionales como las migas, los chicharrones y la longaniza. Además, su cercanía a otros bellos enclaves como Almuñécar, Salobreña o Frigiliana convierte a Otívar en una base de operaciones perfecta para explorar la zona. La segunda parada del viaje nos traslada a Malinas, en Bélgica, una ciudad estrechamente conectada con la historia de España. Fue allí donde el futuro emperador Carlos I pasó gran parte de su infancia y juventud bajo el cuidado de su tía Margarita de Austria, tras el fallecimiento de Felipe el Hermoso y el cautiverio de su madre, Juana la Loca, en Tordesillas. Malinas se ubica en la siempre atractiva región de Flandes, a muy corta distancia de ciudades más grandes como Bruselas o Amberes. A diferencia de otros destinos flamencos sumamente concurridos por el turismo de masas, Malinas destaca por conservar una atmósfera apacible y una vibrante vida cotidiana local, lo que permite al visitante sumergirse en la verdadera esencia del día a día de sus habitantes. La Plaza del Mercado es el punto de partida ideal para explorar su bellísimo centro histórico medieval. En mitad de esta plaza de forma irregular se erige la imponente Catedral de San Rumoldo, una joya del gótico que llama la atención por la gran luminosidad de su interior y por su monumental torre de noventa y siete metros de altura, que alberga un famoso carillón histórico. Otro de los grandes atractivos de la localidad son los beguinarios, antiguos barrios declarados Patrimonio Mundial por la Unesco. En estas pequeñas comunidades cerradas residían las beguinas, mujeres que decidían consagrar su vida a la religión y a la asistencia social sin necesidad de tomar los votos monásticos tradicionales, conformando una de las instituciones más singulares de la Europa medieval. Malinas también confronta al viajero con su pasado más sombrío a través del memorial de la Kazerne Dossin, una antigua caserna militar utilizada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial como campo de tránsito. Desde este trágico lugar, más de 25.000 judíos y cientos de gitanos belgas fueron deportados hacia el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, una barbarie que hoy se documenta con rigor en su museo. Para concluir la visita con un espíritu festivo, Kelu y Carmelo recomiendan degustar la cerveza local Gouden Carolus, una de las joyas de la reputada tradición cervecera belga. Esta bebida, cuyo nombre rinde tributo al emperador Carlos V, se sigue elaborando en la histórica fábrica Het Anker, poniendo el broche de oro gastronómico a un viaje inolvidable por tierras flamencas.