Andrés Arconada tiene un encuentro con Charo López y recuerda con ella su larga trayectoria. En una edición especial del programa Una Hora Contigo, el presentador Andrés Arconada rinde un caluroso homenaje a la emblemática actriz Charo López. El encuentro tiene lugar en el marco de la Semana de Cine Español de Carabanchel, un evento que celebra la trayectoria de mujeres fundamentales en la industria cinematográfica. La entrevista comienza con una profunda carga emocional, ya que la actriz se muestra visiblemente conmovida tras visionar un vídeo resumen de su extensa carrera, confesando que normalmente siente rechazo a verse o escucharse a sí misma, pero que este repaso le ha servido para valorar todo el trabajo realizado durante décadas. Durante la conversación, Charo López rememora sus inicios de la mano del director Gonzalo Suárez, quien le ofreció su primer papel protagonista en la película Ditirambo. La actriz relata con humor cómo se gestó aquel proyecto durante una cena y destaca la importancia de su entonces marido, Jesús, quien le dio lo que ella denomina su primera lección de feminismo. En un momento en el que ella dudaba entre seguir con su labor docente o lanzarse al cine, él le recordó que la decisión debía ser exclusivamente suya, empoderándola para abrazar su verdadera vocación artística. La relación profesional con Suárez fue prolífica, sumando un total de nueve películas. Charo define al cineasta como un hombre meticuloso y complejo, cuya forma de trabajar exigía una conexión profunda y una interpretación constante del guion y de su propia personalidad. A pesar de los desafíos, reconoce que el cine de Gonzalo Suárez marcó el inicio de una vida profesional vibrante que la llevaría a explorar diversos géneros y formatos, desde el drama más crudo hasta la televisión y el teatro. Uno de los temas centrales del resumen es la lucha de la actriz contra la tiranía de la belleza. Charo López explica cómo, durante años, se sintió presionada por directores y directores de fotografía que se obsesionaban con su aspecto físico, llegando a sentirse torturada por la exigencia de salir siempre perfecta en pantalla. Menciona anécdotas sobre los apodos que recibía, como La Maizena, y cómo esa etiqueta de mujer bella a menudo eclipsaba su talento interpretativo, algo que solo pudo sacudirse con el paso de los años y la llegada de personajes con mayor calado. La actriz también repasa su etapa en los Spaghetti Western rodados en Almería y Roma. Recuerda con especial nitidez las tensiones en los estudios de Cinecittà, donde los productores italianos intentaban incluir desnudos no pactados en el guion, a lo que ella siempre se opuso con firmeza. Asimismo, menciona su paso por la televisión en los míticos Estudio 1, describiendo la complejidad técnica de trabajar con tres cámaras simultáneas y la sensación de mareo que le producía no acertar siempre con el encuadre correcto en aquel aprendizaje televisivo. El punto de inflexión definitivo en su carrera llegó con la serie Los gozos y las sombras, donde interpretó al inolvidable personaje de Clara Aldán. Charo recuerda la repercusión social de la obra y, en particular, la filmación de la famosa escena de la masturbación, que supuso un hito en la televisión de la época por su valentía y elegancia. A pesar de la incomodidad inicial por la presencia de numeroso público en el plató, la actriz logró sumergirse en la piel de su personaje, regalando una de las secuencias más recordadas del audiovisual español. Finalmente, el resumen destaca su éxito con Montxo Armendáriz en la película Secretos del corazón, trabajo que le valió el Premio Goya. Charo agradece al director que le permitiera actuar con la cara lavada, aceptando su madurez sin artificios. Su carrera continuó brillando en el teatro con obras como Tengamos el sexo en paz de Dario Fo, con la que recorrió España durante un lustro. A modo de conclusión, reflexiona sobre el proceso de envejecer, admitiendo que, aunque es difícil, se siente afortunada por haber vivido una vida plena, llena de éxitos y reconocimiento profesional.