Al momento de escribirle estas palabras estamos a 20 de marzo y oficialmente, empezó la primavera. Lo anterior podría ser una de las principales razones por las cuales me he tardado un poco más de lo habitual en volver a escribirle, y es que marzo en particular me pone en una especie de trance contemplativo que solo puedo atribuirle al florecer de las jacarandas. Entre otras cosas, marzo también es el mes de mi cumpleaños... Cumplir años al mismo tiempo que las flores, los árboles y el clima comienzan a dejar el invierno atrás, me hace pensar que yo también debería estar mudando de piel —y hasta cierto punto supongo que todos los años lo intento— por lo cual me ha tomado más tiempo de lo programado retomar proyectos personales. Notará que en el episodio de este mes, el tono en mi conversación es un poco más casual que en los anteriores. Supongo, también, que la primavera me tiene rendida bajo el sol como un libro abierto que alguien ha olvidado en el jardín. Es verdad que puedo ser vulnerable pero también es un hecho que ya llevamos 5 meses correspondiéndonos, usted y yo. ¿Sería mucho atrevimiento pensar en que pronto podríamos empezar a tu-tearnos? Una solo puede imaginar… En esta ocasión me he soltado un poco el cabello y me di más libertad creativa al momento de hacer el guión (lo cuál significa que en realidad no hice ningún guión), el resultado es un intento por encapsular lo que representa la primavera para mí: una tensión sensual que envenena el ambiente con la misma gracia y la sutil elegancia con la que retoñan las flores o reverdecen las hojas de los arboles. La primavera es la invitación a reincorporarse al mundo, y en las palabras de mi amiga Guiselle, a regresar al cuerpo. Pocas cosas me despiertan tanto los sentidos como el polen y el polvo que levanta el renacer de la vida natural. Las canciones en este episodio son un popurrí de melodías que me han acompañado en esta y en primaveras anteriores. Al son de todas ellas es que he logrado regresar a la piel después de pasar inviernos encerrada en la cabeza y espero que alguna de ellas logre inspirarle algo de lo mismo. Me da gusto escribirle de nuevo para reafirmar mi compromiso con este programa y contarle que este mes le corresponde a la estampilla de Libros. La escogí pensando principalmente en aquellos hábitos que me gustaría retomar en este nuevo ciclo que marca la llegada de la primavera pero también, y por ser marzo, aproveché para preguntarle a algunas de las mujeres en mi vida por su cita favorita de algún libro en español/escrito por un autor u autora mexicana y es para mi un placer poder compartirlas con usted en el lanzamiento de este nuevo episodio con el fin de sembrarle la curiosidad por (ojalá) levantar alguno de estos libros. Antes de compartirle sus contribuciones, quisiera agradecerle a las mujeres que participaron por su tiempo y su confianza, tanto en mí como en este proyecto. A cada una de ellas la admiro en una variedad de maneras y me enorgullece poder llamarlas mis amigas: Miramos todos hacia arriba para constatar el fenómeno: una luz potentísima surgía desde el culo de una gigantesca nave interplanetaria. - No puede ser verdad -se apresuró a desengañarnos mi papá. ¿Y por qué no? ¿Por qué no, papá? ¿Acaso no vivíamos en el país en que vivíamos? ¿No se suponía que nos pasaban cosas fantásticas y maravillosas todo el tiempo? ¿No hablábamos con los muertos? ¿No decía todo el mundo que éramos el país más surrealista? - No puede ser verdad. Debe ser una alucinación, un delirio, ¡tenemos dengue!, ¡debe ser la fiebre del dengue! ¡Cállate, papá, cállate! ¿No creíamos que la Virgen de San Juan había curado a miles de personas sin saber nada de medicina? ¿No le habíamos puesto fronteras a un territorio nomás para hacernos pendejos unos a otros? ¿No seguimos teniendo esperanzas de que un día las cosas cambiarían? ¿No puede ser, papá? ¿Estás seguro? Si viviéramos en un lugar normal — Juan Pablo Villalobos / Antonella Parolini La soledad es invisible, se atraviesa sin saberlo, sin darnos cuenta. Al menos esta de la que hablo. Es una especie de conjunto vacío que se instala en el cuerpo, en el habla, y nos vuelve ininteligibles. Aparece inesperadamente al mirar hacia atrás, instalada en un momento en el que no habíamos reparado. Conjunto Vacío — Veronica Gerber / Carolina Ortíz ¿Por qué la pena ante la decadencia del cuerpo? ¿Por qué es ilícito nombrar los dolores, las fallas? Seguramente tiene que ver con la fobia a aceptarnos como animales en una sociedad que idolatra la razón como si estuviera desapegada del cuerpo, solo para darse cuenta un buen día que el razonamiento es cuerpo y que todo se empieza a atrofiar al mismo tiempo. Dios fulmine a la que escriba sobre mí — Aura García-Junco / Claudia Olmos Para curarme de las enfermedades que no tengo, escribí. Un lugar seguro — Olivia Teroba / Cecilia Gamboa Tal vez retornan aquellas imágenes, tal vez aparece lo que quisimos que fuera el amor, la costumbre de acariciarnos desde lejos, las señales de espejo aprovechando cierto rayo de sol, la clave Morse de los ahogados aprovechando la migración de ciertos peces, los días de la convalecencia y el olor de la sal en los buques abandonados.Tal vez sólo fue esa costumbre de acariciarnos así, de imaginarnos así, en secreto, en aire no compartido, en respiración por separado,pasando lentamente la mano por la sospecha de una caricia, como alguien que mira hacia el mar viendo desde su cama la pared de su cuarto. El otoño recorre las islas — José Carlos Becerra / Mirza P. No miramos o, de hacerlo, miramos de lado. Es difícil saber que hacer con los ojos a veces. Ellos acumulan luz, los ojos; ellos transforman esta luz, con la ayuda de diafragmas y lentes en imágenes. Impulsos neurálgicos. Parpadeamos y, luego de inmediato , tratamos de no parpadear. Cada gesto es un riesgo, o una traición. Mirar de reojo — Cristina Rivera Garza / Pamela García De igual manera, quisiera dedicarle este episodio a todas las mujeres en mi vida. Las que me criaron, las que me cuidan, las que me enseñan y de las que aprendo todos los días, las que me escuchan, a las que hablan conmigo y a las que guardan silencio conmigo también cuando lo necesito. A mis amigas, a mi mamá, a mi abuela, a mis tías, a mis colaboradoras, etc., gracias por sostenerme(nos). Y a usted, gracias por la paciencia. ¡Gracias por leerme y por escucharme! Si le interesa recibir actualizaciones cada vez que se renueven las listas mensuales o cuando haya una nueva publicación, considere suscribirse. (づ๑•ᴗ•๑)づ♡. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit behavioralsink.substack.com