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  1. Evangélio Diario 3 de Julio Mons Enrique Diaz Diaz

    hace 2 días

    Evangélio Diario 3 de Julio Mons Enrique Diaz Diaz

    3 Julio Santo Tomás, Apóstol Efesios 2, 19-22: “Ustedes han sido edificados sobre el cimiento de los apóstoles” Salmo 116: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio” San Juan 20, 24-29: “¡Señor mío y Dios mío!” Célebre sea hecho el dicho que brota de la actitud de Santo Tomás: “Yo hasta no ver, no creer”. Pero quizás la más grande enseñanza sería precisamente lo contrario: “Después de haber visto, creer firmemente y con compromiso”. La señal que exige Tomás de meter sus dedos en “la llaga de los clavos y su mano en el costado” tiene una respuesta en Jesús que está dispuesto a ofrecer las pruebas con tal de que Tomás pueda estar seguro de que Cristo está vivo y resucitado. Una vez visto, Tomás se compromete en serio y con humildad reconoce a Jesús como su Dios y Señor. Se hace fiel servidor del Evangelio y, como apóstol verdadero, lleva su mensaje por todas las partes. Esa es la misma misión del discípulo de Jesús: experimentar la resurrección del Señor y llevar el evangelio a todos los rincones. La resurrección tiene el presupuesto de la cruz. Las llagas, que pide tocar Tomás, nos hacen comprender que el que está vivo, es el mismo que fue crucificado. Hoy en un mundo escéptico y pragmático, se necesitan también las pruebas de que Cristo está resucitado y nosotros podemos ofrecerlas. Nosotros tenemos que ser los hombres de fe que se atrevan a desafiar las dudas de una sociedad que no quiere creer en nada y que sin embargo en su interior necesita seguridades que la sostengan. Nosotros hemos creído pero nuestra fe se hará creíble si logramos meter nuestra mano y nuestros dedos en las llagas del Cristo que ahora está sufriendo, en los dolores que brotan de la pobreza y de la miseria, en el compromiso serio de quien tiene la certeza de que Jesús ha resucitado. Nuestra sociedad necesita fe para salir del bache de crisis en que ha caído por confiar demasiado en sus fuerzas y en los bienes materiales; nuestra sociedad necesita fe para superar las graves consecuencias de las luchas fratricidas que la tienen al borde de la desesperación. Y esa fe la podemos ofrecer quienes confiamos en Cristo resucitado, pero no será escudándonos en ella y aislándonos para no comprometernos, será metiendo las manos en las llagas de dolor que hoy atenazan a los más pequeños. Que también hoy sean nuestras las palabras de Tomas: “¡Señor mío y Dios mío!” Y que lo reconozcamos en los dolores de nuestra sociedad.

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  2. Evangélio Diario 30 de Junio Mons Enrique Diaz Diaz

    hace 4 días

    Evangélio Diario 30 de Junio Mons Enrique Diaz Diaz

    30 Junio Los Primeros Santos Mártires de la Iglesia Romana Amós 3, 1-8; 4, 11-12: “El Señor ha hablado, ¿quién no profetizará? Salmo 5: “Enséñame, Señor, tu santidad” San Mateo 8, 23-27: “Dio una orden terminante a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma” ¿Nos ha acontecido alguna vez que le hemos gritado al Señor y le hemos preguntado dónde se esconde pues solamente vemos tempestades y oscuridad? ¿Hemos tenido la tentación de pensar que el Señor está dormido y no hace caso a los graves peligros que amenazan a sus seguidores? Es curioso. Apenas ha manifestado a quienes pretenden seguirlo todos los riesgos que implica el ir tras sus pasos, cuando aparecen las tempestades. Y lo más triste es que Jesús estaba dormido. La tranquilidad que manifiesta Jesús en la narración contrasta con los azotes que recibe la barca y con los temores que agobian a sus discípulos. Me parece que la tempestad del evangelio tiene un simbolismo muy cercano en nuestros días por las situaciones que amenazan a los discípulos de Jesús, a tal grado que muchos se preguntan si todavía sigue en la barca Jesús, si está dormido o si será mejor abandonar también la empresa. Dos actitudes muy bellas se nos ofrecen como respuesta. Primeramente, la oración angustiosa, elevada, gritada, por sus discípulos. Parecería inútil gritar a quien está junto a ellos en el mismo peligro, sin embargo, es la señal de ponerse en sus manos: “Sálvanos, que perecemos”. Es reconocer la impotencia y la debilidad frente a las tormentas y confiarse al poder y al amor de Jesús. El pesimismo, la negatividad y el fatalismo son tentaciones de quien no se ha dado cuenta de que Jesús camina a su lado. Sólo cuando se reconoce la propia inutilidad se está en posibilidades de abandonarse en manos de Dios. La respuesta por parte de Jesús es también una respuesta a las angustias y a las dificultades presentes: ¿por qué tienen miedo, hombres de poca fe? Son las dos características del hombre actual: el miedo y la falta de fe. ¿Una, consecuencia de la otra? ¿Una primero que la otra? Son las realidades que, al hombre moderno que tanto se ufana de sus seguridades, más le atormentan. Miedo al futuro, miedo a los peligros, miedo a los otros, miedo al sufrimiento. Y quizás en la raíz de todos estos miedos esté la falta de fe. De una verdadera fe que es entrega y compromiso, que es donación plena de la vida, y seguridad en quien hemos confiado. Que este día también nosotros estemos dispuestos a afrontar las tempestades no confiados en nuestras propias fuerzas ni con nuestros propios métodos, sino confiando en el amor y la cercanía de Jesús.

    5 min
  3. Evangélio Diario 29 de Junio Mons Enrique Diaz Diaz

    hace 6 días

    Evangélio Diario 29 de Junio Mons Enrique Diaz Diaz

    29 Junio Santos Pedro y Pablo, apóstoles. Hechos 12, 1-11: “Ahora sí estoy seguro de que el Señor envío a su ángel, para librarme de las manos de Herodes” Salmo 33: “El Señor me libró de todos mis temores” II Timoteo 4, 6-8. 17-18: “Ahora sólo espero la corona merecida” San Mateo 16, 13-19: “Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos” San Pedro y San Pablo: dos santos, dos discípulos, dos columnas de la Iglesia. También son dos formas de vivir a plenitud el amor y el seguimiento de Jesús. Pedro en muchos momentos aparece como el modelo del discípulo, con su atrevimiento y su ímpetu, con sus posturas erradas y sus ambiciones, con su entrega generosa y desinteresada. Pablo, incansable, abre nuevas fronteras al camino del Evangelio y lo lleva por caminos insospechados. Ambos se tuvieron que enfrentar en su misión apostólica a dificultades de toda clase, pero lejos de abandonar su actividad, las dificultades reforzaron su celo por la nueva Iglesia y la salvación de todos los hombres. Fueron capaces de superar cada obstáculo porque la verdad no está basada en aspiraciones humanas sino en la gracia de Dios, que libera a sus amigos de cada peligro y que los salva para su reino. Hoy nosotros podremos sentirnos seguidores y continuadores de estos dos grandes apóstoles, no basados en nuestras propias fuerzas, sino en la gracia del Señor. ¿Serán más graves las dificultades que ahora padecemos que las de su tiempo? ¿No tenemos el ímpetu y las fuerzas necesarias para afrontar las dificultades actuales? Pedro se enfrentó a las caducas interpretaciones de la ley del pueblo judío, él mismo tuvo que cambiar su pensamiento sobre el Mesías y conformar su pensamiento con el de Jesús. ¡Cómo sufrió en esta transformación! Pablo, tuvo que dejar todas las seguridades que le daba la doctrina farisea y abrirse a un mundo nuevo: la nueva religión, el nuevo camino, “el paganismo”. Ambos hicieron un camino nuevo, diferente, despojándose de lo que eran y tenían para transformarse en Jesús, a tal grado que Pablo se llega a identificar plenamente con Cristo y Pedro asume su lugar en la dirección de la Iglesia. Conversión, dejar seguridades atrás, abrirse a la gracia del Señor, permanecer fieles a pesar de los obstáculos y una apertura a un mundo nuevo, son también las enseñanzas para cada uno de nosotros. ¿Seremos capaces de renovarnos y vivir al estilo de estos dos grandes apóstoles

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  4. Evangélio Diario 27 de Junio Mons Enrique Diaz Diaz

    27 jun

    Evangélio Diario 27 de Junio Mons Enrique Diaz Diaz

    27 Junio Nuestra Señora del Perpetuo Socorro San Cirilo de Alejandría Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19: “Jerusalén, clama al Señor con toda el alma” Salmo 73: “No te olvides, Señor, de nosotros” San Mateo 8, 5-17: “Muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos” Cuando todo parece está oscuro y se presentan signos de tormentas, ¿Qué nos podrá sostener en medio de la tempestad? Seguramente será el espíritu de fe, una plena confianza en Dios. Debemos ponernos plenamente en sus manos, no volver a confiar en nuestras propias fuerzas, no caminar sin su guía, a pesar del aparente precio que tengamos que pagar. Es la fe que hoy nos muestra el oficial romano frente a la enfermedad de su criado. Ya es una gran señal que un oficial se ocupe de sus subordinados, además se necesitará una fe muy firme para “rebajarse” a suplicar que un nazareno cualquiera vaya a curarlo, pero además la narración de San Mateo, nos hace admirar más esta fe porque no sólo confía en sus poderes curativos, sino tiene una gran seguridad en la Palabra que Él diga. Las palabras que dice el oficial, se han convertido en las palabras que en la Eucaristía presentamos para que Cristo venga a nuestro corazón. No somos dignos de que entre en la casa, pero con su palabra quedaremos sanos. Con mucha insistencia el Papa León pide, a los sacerdotes y a todos los fieles, la conversión de cada uno en el misterio que se celebra: “sean lo que celebran”. Es decir, sean Eucarística, sean presencia, sean sanación, sean vida. Pero esto será posible solamente si tenemos esa fe como la del oficial romano. Retomemos hoy estas palabras y permitamos que se aniden en nuestro interior: pedir que venga el Señor y que todo será sano, no porque seamos dignos, sino porque Él nos ama tanto que es capaz de hacernos morada suya. Tenemos que redescubrir este sentido y acercarnos cada día a la Eucaristía con estos sentimientos, con la certeza de que Él podrá sanarnos y con la firme convicción que nos convertiremos en su morada. Después, la Eucaristía no termina con la bendición del sacerdote, inicia su cumplimiento para llevar salvación a todos los que se encuentran con nosotros. Nuestras manos, nuestros ojos, nuestros pies, deberán reflejar que somos presencia, morada, de Jesús hecho pan. Debemos nosotros mismos transformarnos en pan vivo que alimenta, que comparte, que une. ¿Cómo vivimos nosotros la Eucaristía

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