Me gusta, porque los conozco a los tres y siento que los veo sentados en una tertulia tomando mezcal. A distancia, veo al invitado más que un cocinero famoso. Logré percibir su lado más humano, la tierra en la que creció y se crió, dónde incursionó antes de caer en el mundo culinario, y eso es lo que llama mi atención, yo no conocía esa parte de Álvaro. Por otro lado, la preguntas fueron más profundas, por ejemplo, cuestionarlo con qué ingredientes ha re valorado en su estancia en México, lo hacen analizar su estadía en el país que ahora vive y cómo ha sido su inclusión.
Se escuchan a lo lejos como trastes, no sé si lo percibo correctamente, (si fue así), siento que fue un acierto, porque se crea una atmósfera que nos lleva a los terrenos del invitado.
Me gusta que Álvaro aborda el arte de la gastronomía con tal sencillez, que me lleva a pensar en lo verdaderamente importante del tema y no en una moda y competencia que se ha convertido ese mundo. Él cocina y ya.
Siento, qué hay una mejor estructura en la conducción, aunque luego me pierdo, pienso que el hilo conductor a veces lo sueltan.
Esto es como una historia, como una estructura aristotélica, inicio, medio y fin. Qué hace que nos atrape la entrevista, cuál sería la pregunta detonante, cuál sería la pregunta clave que genere el clímax y desenlace…