Con la tensión arterial por las nubes después de visitar las salinas, le pedimos al Supermirafiori que nos lleve a un sitio donde relajarnos. Ponemos rumbo oeste, abandonando el País Vasco para adentrarnos en el norte de la provincia de Burgos, en la espectacular comarca de Las Merindades. Tras unos 90 kilómetros de carreteras secundarias serpenteantes que marean a un astronauta, llegamos a Puentedey. Puentedey es en realidad una pedanía que pertenece al municipio de la Merindad de Valdeporres, pero como Puentedey por sí solo apenas roza los 50 habitantes, entra de sobra en nuestra categoría de España Barbaciada VIP. Su gentilicio es puentedeyense. El nombre del pueblo no deja mucho a la imaginación: "Puente de Dios". Y cuando llegas y ves el pueblo, entiendes perfectamente que a los antiguos habitantes se les pusiera mística la cosa. Puentedey está construido, literalmente, encima de un puente natural de piedra de 15 metros de altura. El río Nela, que debía tener mucha prisa, en lugar de rodear la montaña, decidió taladrarla durante millones de años hasta crear un arco gigante. Y los vecinos, que son gente práctica, en vez de construir al lado, decidieron construir sus casas justo encima del arco. El resultado es uno de los pueblos más espectaculares y fotografiados de España. Históricamente, aquí no hay grandes batallas de romanos ni moriscos expulsados. Aquí la historia la escribieron familias nobles que se dieron cuenta del valor estratégico de vivir encima de un puente. Destaca la familia de los Brizuela, que en el siglo XV y XVI levantaron el Palacio de los Brizuela (o Palacio de los Porras), un edificio fortificado que está justo en lo más alto del arco natural. Desde allí controlaban quién pasaba y, suponemos, le echaban las migas de pan a los peces del río Nela directamente desde la ventana del salón. El patrimonio se completa con la Iglesia de San Pelayo, de origen románico, donde destaca un relieve en la puerta que muestra a un caballero luchando contra un dragón, que podría ser San Jorge, San Pelayo, o un vecino de Puentedey que bajó a quejarse del ruido. Las fiestas grandes se celebran a finales de agosto por San Pelayo. Y aquí la tradición no es soltar una vaquilla, sino la "Cucaña". Cogen un tronco larguísimo, lo embadurnan bien de grasa de cerdo para que resbale como una pista de hielo, y lo colocan suspendido sobre el río Nela. En la punta ponen un banderín. Los mozos del pueblo tienen que caminar por el tronco grasiento para coger la bandera, y el 99% de las veces acaban dándose un panzazo monumental en las aguas heladas del río. La gastronomía en Las Merindades es religión. Aquí se viene a comer lechazo asado en horno de leña, morcilla de Burgos (la que repite y te recuerda lo feliz que fuiste comiéndola), y a coger setas si es temporada, que los bosques de alrededor están llenos de boletus y de domingueros buscando boletus.