Arrancamos de nuevo el Seat 131 Supermirafiori que dejamos aparcado en Ayna, en Albacete. Gonzalo, el técnico, nos ha puesto una nota en el parabrisas que dice: "Prohibido pisar Andalucía". Se ve que le deben dinero en Despeñaperros o algo. Así que, con el volante bloqueado para no girar hacia el sur, tiramos hacia el sureste. Recorremos unos 90 kilómetros por la CM-3203 y luego la A-30, para adentrarnos en la Región de Murcia, concretamente en el precioso Valle de Ricote. Y tras sortear limoneros y palmeras, llegamos al municipio de Ojós. Ojós, que no "Ojos" sin tilde, ni "Ho-Ho-Hos" como Papá Noel. Ojós. Este municipio cuenta con 522 habitantes según el INE, y su gentilicio es ojeño u ojeña. Un gentilicio que te obliga a estar siempre atento. "Ahí viene un ojeño", y tú te pones a buscar. La etimología de Ojós viene del árabe Oxox, que no es un beso y un abrazo en el Messenger, sino que significa "huertos". Y es que este valle es un vergel. Los romanos estuvieron por aquí, por supuesto, porque donde hay agua y se puede plantar algo, un romano ponía una villa. Pero la verdadera salsa de la historia de Ojós la pusieron los moriscos. El Valle de Ricote fue el último reducto de los moriscos en España. Cuando en 1609 Felipe III (el de la plaza mayor de Madrid) ordenó su expulsión, los moriscos de Ojós y alrededores se hicieron los locos. Aguantaron hasta 1613, siendo literalmente los últimos moriscos de España en ser expulsados. Y muchos volvieron de extranjis porque se habían dejado el huerto a medias. En cuanto a su patrimonio, destaca la Iglesia de San Agustín, que es una iglesia del siglo XVI, construida, cómo no, sobre la antigua mezquita. Tiene un estilo que podríamos definir como "murciano adaptativo". Pero lo verdaderamente flipante de Ojós, el plot twist que nadie se espera en un pueblo de 500 habitantes, es que tienen el Museo de Belenes del Mundo. Sí, amigos. Una colección de más de 700 belenes traídos de los cinco continentes. Belenes peruanos, belenes africanos, belenes de cristal... Si te gusta la Navidad, en Ojós vives en un bucle temporal infinito de villancicos. También hay que ver el Lavadero Público, que era el Twitter de la época, donde las ojeñas iban a lavar la ropa y a actualizar el timeline del pueblo. Sus fiestas patronales son a finales de agosto, en honor a San Agustín y a la Virgen de la Cabeza. Aquí las tradiciones incluyen lanzar pólvora y hacer procesiones donde se suda la gota gorda. Y para reponer fuerzas, la gastronomía de Ojós es canela fina. Literalmente. Tienen un dulce típico llamado "bizcochos borrachos", que son unos bizcochos que han pillado una cogorza de campeonato a base de almíbar y licor. Te comes dos y das positivo en el control de la Guardia Civil.