NOETRA: EL PLAN DE JAPÓN PARA LANZAR 10 MILLONES DE ROBOTS ANTE LA FALTA DE MANO DE OBRA — Japón se está quedando sin trabajadores. — Y su solución no consiste únicamente en atraer inmigración, retrasar las jubilaciones o pedir a la población que tenga más hijos. — Japón ha decidido fabricar trabajadores. — Trabajadores de metal, sensores, cámaras y algoritmos. — Máquinas capaces de caminar, transportar, clasificar, vigilar, cocinar, asistir y aprender. — El objetivo oficial resulta difícil de asimilar. — Desplegar aproximadamente diez millones de robots antes del año 2040. — No es el argumento de una película de ciencia ficción. — Es una estrategia industrial bautizada con un nombre que empieza a resonar en los despachos tecnológicos japoneses. — Noetra. — La iniciativa pretende introducir robots inteligentes en dieciocho sectores económicos. — Fábricas. — Hospitales. — Residencias. — Restaurantes. — Almacenes. — Agricultura. — Producción alimentaria. — Construcción. — Transporte. — Mantenimiento de infraestructuras. — Incluso tareas peligrosas relacionadas con desastres, centrales nucleares o zonas contaminadas. — Pero conviene aclarar algo. — No todos esos diez millones de robots tendrán forma humana. — Algunos serán humanoides. — Otros poseerán ruedas, brazos articulados, pinzas, cámaras térmicas o estructuras diseñadas para ejecutar una única misión. — Japón no necesita necesariamente androides que parezcan personas. — Necesita máquinas capaces de ocupar los puestos que las personas están dejando vacíos. — El problema japonés no es tecnológico. — Es demográfico. — La población envejece con una rapidez extraordinaria. — Cada año mueren muchas más personas de las que nacen. — Los pueblos pierden habitantes. — Las escuelas cierran. — Las empresas encuentran dificultades para contratar. — Y millones de trabajadores se aproximan a la jubilación sin que exista una generación suficientemente numerosa para sustituirlos. — Algunas estimaciones advierten de que Japón podría sufrir una carencia de alrededor de once millones de trabajadores en 2040. — Otros cálculos elevan todavía más el agujero laboral si la productividad no aumenta de manera sustancial. — La pregunta, por tanto, ya no es quién perderá su empleo por culpa de un robot. — En Japón, la pregunta empieza a ser quién realizará el trabajo cuando no quede nadie disponible. — Esa es la verdadera raíz de Noetra. — El proyecto cuenta con el respaldo del Ministerio de Economía, Comercio e Industria japonés. — También se espera la participación de grandes corporaciones como SoftBank, NEC, Sony y Honda. — Empresas acostumbradas a fabricar vehículos, componentes electrónicos, sistemas informáticos y robots industriales. — Pero esta vez el desafío es diferente. — Durante décadas, los robots tradicionales han repetido movimientos dentro de fábricas perfectamente organizadas. — Soldaban una pieza. — Pintaban una carrocería. — Colocaban tornillos. — Ejecutaban la misma tarea miles de veces. — Eran rápidos. — Precisos. — Incansables. — Pero también eran ciegos ante cualquier situación imprevista. — La nueva generación deberá hacer algo mucho más complejo. — Comprender el mundo físico. — Reconocer objetos. — Interpretar órdenes humanas. — Adaptarse a espacios cambiantes. — Aprender observando. — Y decidir cómo actuar cuando algo no se encuentre exactamente donde debería. — Esa combinación recibe el nombre de inteligencia artificial física. — Una inteligencia que no se limita a escribir textos, contestar preguntas o generar imágenes. — Una inteligencia que posee cuerpo. — Que abre una puerta. — Que levanta una caja. — Que sostiene a una persona. — Que detecta una fuga. — Que atraviesa un edificio derrumbado. — O que prepara alimentos sin contaminar una cadena de producción. — Para conseguirlo, Noetra pretende desarrollar modelos de inteligencia artificial capaces de controlar numerosos tipos de robots. — Algo semejante a crear un gran cerebro digital adaptable a diferentes cuerpos mecánicos. — El sistema podría aprender mediante imágenes, grabaciones, movimientos humanos y millones de horas de trabajo registradas. — Japón considera que ahí posee una ventaja. — Sus fábricas, hospitales y empresas llevan décadas acumulando conocimientos especializados. — Movimientos. — Procedimientos. — Protocolos. — Errores. — Soluciones. — Toda esa experiencia humana podría convertirse en datos con los que entrenar a las máquinas. — Un robot de una residencia podría aprender cómo entregar medicamentos, trasladar alimentos o ayudar a levantar a una persona. — Uno agrícola podría distinguir una fruta madura de otra que todavía necesita tiempo. — Uno industrial podría reconocer una pieza defectuosa sin detener toda la producción. — Y uno destinado a emergencias podría entrar donde un ser humano no sobreviviría. — El plan, sin embargo, no está exento de dificultades. — Fabricar diez millones de robots exigiría cantidades colosales de acero, baterías, chips, motores y sensores. — También requeriría técnicos capaces de repararlos. — Ingenieros que los programen. — Redes de comunicación seguras. — Leyes que establezcan responsabilidades. — Y ciudadanos dispuestos a convivir con máquinas en hospitales, comercios y hogares. — Porque una cosa es aceptar un brazo mecánico dentro de una fábrica. — Y otra muy diferente permitir que un robot cuide a tu padre, atienda a tu hijo o manipule tu comida. — También existe el problema de la seguridad informática. — Un robot conectado puede ser útil. — Pero un robot pirateado podría convertirse en una herramienta peligrosa. — Cuanto mayor sea su fuerza y autonomía, mayores serán las consecuencias de un fallo. — Japón tendrá que decidir quién responde cuando una máquina cometa un error. — El fabricante. — El programador. — La empresa propietaria. — El modelo de inteligencia artificial. — O la persona que le dio la orden. — Tampoco está claro si los robots serán realmente más baratos que los trabajadores humanos. — Al menos durante los primeros años. — Comprar una máquina avanzada, mantenerla y actualizarla puede costar una fortuna. — Las pequeñas empresas podrían quedar fuera de esta revolución. — Y las grandes compañías podrían concentrar todavía más poder. — A pesar de todo, Japón siente que no dispone de demasiadas alternativas. — China está produciendo robots humanoides a gran velocidad. — Estados Unidos domina buena parte del desarrollo de la inteligencia artificial. — Corea del Sur también prepara sus propias plataformas robóticas. — Japón, que durante décadas fue sinónimo de futuro tecnológico, teme quedarse rezagado en la carrera que él mismo ayudó a iniciar. — Durante los años ochenta y noventa, el país mostró al mundo fábricas automatizadas, trenes bala y robots que parecían llegados del mañana. — Ahora quiere recuperar aquella posición. — Pero Noetra no representa únicamente una competición tecnológica. — Es un experimento social a escala nacional. — Una prueba para averiguar si una sociedad envejecida puede seguir funcionando aunque disminuya drásticamente el número de seres humanos disponibles. — Quizá los robots no lleguen para arrebatarnos el empleo. — Quizá lleguen porque ya no habrá nadie dispuesto a realizarlo. — En el Japón del futuro, una residencia podría tener más máquinas que enfermeros. — Un almacén podría funcionar durante la noche sin una sola persona. — Un restaurante podría cocinar, servir y limpiar mediante una plantilla mecánica. — Y una fábrica podría continuar produciendo aunque la ciudad que la rodea pierda habitantes cada año. — Durante generaciones imaginamos el futuro como una guerra entre hombres y robots. — Pero la realidad podría resultar mucho más extraña. — No habrá una rebelión. — No habrá ejércitos de androides conquistando ciudades. — Habrá máquinas limpiando habitaciones vacías. — Transportando mercancías por pueblos envejecidos. — Y cuidando a una población humana que ya no cuenta con suficientes manos para cuidarse a sí misma. — Japón no está construyendo diez millones de robots porque le sobren las personas. — Los está construyendo porque empiezan a faltarle. — Y quizá Noetra no sea únicamente el futuro de Japón.