Zafarrancho Vilima

Zafarrancho Vilima

Programa de humor sobre tiempos pasados. Donde la nostalgia y la poca vergüenza se dan la mano. Zafarrancho Vilima se emite todos los viernes a las 19h. en SER+ Sevilla, Cadena SER 96.5 FM. También puedes ver los programas en nuestro canal de Youtube.

  1. Episode 413 Trailer

    Carlos Ferrando en Las Grandes Biografías de Zafarrancho Vilima

    Hoy sacaremos del cajón el ventilador de pedrería y la lengua bífida más cotizada de la televisión para recordar a Carlos Ferrando, un hombre con un pico de oro tan afilado, un desparpajo tan canalla y una voz tan ronca que te daba las buenas tardes y te entraban ganas de llamar a tu abogado por si te había desmontado la vida en un segundo. Carlos nació el 2 de agosto de 1948 en Cartagena, un año ideal para venir al mundo si lo que te apetecía era criarte entre Cataluña y Madrid para acabar teniendo más calle que el camión de la basura. Ya de jovencito se le veía que no había nacido para la discreción ni para fichar en una oficina; él prefería la noche, el artisteo de los locales de moda y alternar con lo más granado de la farándula mientras tomaba notas mentales con tinta de veneno. Empezó trabajando de relaciones públicas en la mítica discoteca Bocacho, el templo de la modernidad madrileña donde los famosos iban a pecar y Carlos iba a sujetarles las copas y los secretos. Le cogió tanto el gusto al famoseo que acabó de jefe de prensa de directores como Pedro Almodóvar. La literatura no se perdió a un académico, pero España ganó a un cronista de raza que no necesitaba tener la carrera de periodismo para dar exclusivas que hacían temblar los cimientos de la Zarzuela. En los años 80 y 90 se ganó a pulso el apodo de "La Avispa" escribiendo en revistas de cine y periódicos icónicos. No contento con reventar las exclusivas impresas, decidió dar el salto a la pantalla porque su ironía y sus camisas llamativas no cabían en un simple folio. Formó parte de la aristocracia del chisme en programas míticos como Crónicas marcianas o junto a María Teresa Campos. Si salía Ferrando con su carisma arrollador, el público subía el volumen de la tele y las folclóricas se ponían a temblar detrás de las cortinas. Carlos se tiró décadas destapando romances, rupturas y montajes de esos que alimentaban las tardes de medio país. Era una de las pocas personas que podía presumir de que Rocío Jurado le cruzara la cara en un camerino por un comentario y seguir presumiendo de su amistad al día siguiente. El público lo respetaba tanto por su honestidad salvaje que la gente sabía que, si Carlos decía que un famoso tenía un amante, el implicado ya podía ir haciendo las maletas. Pero el verdadero parque de atracciones de su última etapa llegó en programas como Qué tiempo tan feliz, donde demostró que las canas no le quitaban ni un ápice de maldad sana. Allí recordaba las épocas doradas de Carmen Ordóñez o Esperanza Roy con tanta gracia que hacía parecer que la prensa rosa actual es un patio de colegio de monjas. Presentó sus memorias bajo el glorioso título de La delgada línea rosa, demostrando que se callaba más cosas por elegancia de las que soltaba por la boca. Desgraciadamente, nuestro pionero del chisme más gamberro apagó el micrófono en agosto de 2024 a los 76 años. Dejó dicho que sus cenizas se marcharan a Cuba a tomarse la última copa. Aunque ustedes siempre podrán recordarlo si pillan a alguien soltando un chisme con una sonrisa socarrona o si escuchan una voz ronca en la noche diciendo aquello de que "vale más por lo que calla que por lo que cuenta".

    6 min
  2. Episode 412 Trailer

    Fanzara, Castellón. La España Barbaciada

    ¡NOS DAN COBA EN ESTA LLAMADA! Tras atiborrarnos de sobrasada alicantino-mallorquina, metemos primera, segunda y tercera (porque la cuarta le rasca al Supermirafiori) y ponemos rumbo al norte. Cruzamos a la provincia de Castellón, recorriendo unos 185 kilómetros por la AP-7 y la CV-20, adentrándonos en la comarca del Alto Mijares. Llegamos a un pueblo que ha reventado los esquemas de lo que significa ser barbaciado: Fanzara. Fanzara cuenta con apenas 273 habitantes. Su gentilicio es fanzarino o fanzarina. Hasta hace no mucho, este era el típico pueblo donde la edad media superaba la velocidad máxima de la carretera nacional. Un pueblo que languidecía, conocido si acaso por su agricultura y porque por allí pasa el río Mijares. Pero en 2014 pasó algo histórico. El ayuntamiento de entonces quería montar un vertedero de residuos tóxicos. Los vecinos, que son fanzarinos pero no tontos, dijeron que el vertedero se lo pusieran en el salón de su casa. Hubo una bronca tremenda, el pueblo se dividió, y el ambiente se cortaba con un cuchillo. Para curar las heridas y unir a la gente, a un grupo de vecinos se le ocurrió invitar a grafiteros para pintar las paredes del pueblo. Y así nació el MIAU: Museo Inacabado de Arte Urbano. Hoy en día, Fanzara es una meca mundial del Street Art. Hay más de 150 murales gigantescos pintados en las fachadas de las casas, en los pajares y en los muros. Imaginaos la estampa: señoras de 80 años con bata de boatiné, llevándoles croquetas y mistela a grafiteros japoneses, rusos y brasileños que están subidos en una grúa pintando un robot gigante en la pared del corral. Es la globalización bien entendida. Fanzara recibe miles de turistas al año solo para ver las paredes. Antes de los grafitis, la historia del pueblo era la habitual: íberos, romanos y musulmanes. Tienen el Castillo de Fanzara, que está en estado de ruina progresiva (como mis ahorros), y la Iglesia de la Asunción, del siglo XVII, de estilo barroco desornamentado, o lo que es lo mismo, que se les acabó el presupuesto para adornos. Sus fiestas patronales son en octubre, dedicadas al Santo Sepulcro, a San Roque y a San Juan. Pero el festival gordo es el MIAU, en julio, cuando el pueblo se llena de artistas, música, talleres y gente moderna con barbas muy arregladas y gafas de pasta. En lo gastronómico, la "olla de col" reina en las casas fanzarinas; un guiso denso de verduras, cerdo y legumbres que te prepara el cuerpo para ver tres horas de arte urbano sin desfallecer. Lo verdaderamente mágico del MIAU no es solo que te pinten un mural de cinco metros en la tapia del corral. Lo espectacular es que los vecinos acogen a estos artistas internacionales en sus propias camas y casas. Imaginaos a un grafitero de Brooklyn desayunando magdalenas mojadas en leche con la señora Carmen antes de irse a darle al spray. Un intercambio cultural que ni las becas Erasmus. Además, para bajar la contundente olla de col, el pueblo ofrece unas pozas espectaculares para el baño en el río Mijares y rutas senderistas de primera, como la subida a la Cueva de la Muela. Un entorno natural maravilloso donde el único lienzo es la roca de la montaña y donde los jabalíes, por suerte, todavía no entienden de arte contemporáneo.

    13 min
  3. Episode 412 Trailer

    Eusebio Poncela en Las Grandes Biografías de Zafarrancho Vilima

    Hoy cambiaremos los prismáticos por unas gafas de sol oscuras a media noche para recordar a Eusebio Poncela, un hombre con tanto magnetismo, tanta mirada felina y tanta chulería castiza que te miraba fijamente y, automáticamente, te sentías culpable de tres delitos que ni sabías que habías cometido. Eusebio nació el 15 de septiembre de 1945 en el madrileño barrio de Vallecas, un año ideal para llegar al mundo si lo tuyo era nacer con ganas de llevar la contraria a todo el régimen civil y militar. Ya de chiquillo apuntaba maneras de espíritu indomable porque no era de los que suspendían en silencio; a él directamente lo expulsaban de los colegios con honores por aburrimiento crónico ante la autoridad. En lugar de buscar un trabajo de oficina de esos que te matan el alma a pellizcos, se metió en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD). Debutó en el teatro con Mariana Pineda y Marat-Sade, demostrando que la escena española ganaba a un titán indomable que miraba a la cámara como si supiera exactamente a qué hora te vas a ir a dormir y con quién. En los años 70 y 80 se convirtió en el chico del póster de la Transición y la Movida, pero sin sumarse al rebaño. Mientras el resto del país descubría la libertad destapando botellas, Eusebio se coronaba como el icono definitivo de la vanguardia más turbia y fascinante gracias a Arrebato de Iván Zulueta. Una película de culto tan hipnótica y obsesiva que la gente salía del cine mirando de reojo a los proyectores por si las moscas. Luego llegó Pedro Almodóvar y lo fichó para Matador y La ley del deseo. Allí Poncela perfeccionó el arte de interpretar a tíos intensos, peligrosos y magnéticos; tipos que te preparaban un café y no sabías si llevaba azúcar o un billete de ida hacia el abismo. El público lo adoraba tanto que daba igual si hacía de yonqui, de rey o de policía duro: si salía Eusebio en pantalla, todo el mundo ponía cara de intelectual interesante y encendía un cigarrillo mental. Tras unos años intensos donde decidió que Madrid se le quedaba pequeño y se marchó a Argentina a vivir aventuras entre Buenos Aires y los pingüinos de Ushuaia, regresó para dejarnos otra lección magistral en Martín (Hache). Allí hacía de Dante, un tipo tan cínico, libre y trisexual que te soltaba un monólogo existencialista y te entraban ganas de vender todas tus posesiones para mudarte a vivir debajo de un puente, pero con mucha dignidad artística. Siguió rompiendo moldes en la televisión, metiéndose en la piel de tipos implacables en series como Carlos, Rey Emperador o derrochando carisma en El Ministerio del Tiempo, demostrando que los años no le daban arrugas, le daban galones de peligro público. Desgraciadamente, nuestro "vampiro" favorito del cine patrio decidió apagar la cámara y refugiarse en su rincón misántropo definitivo en agosto de 2025 a los 79 años. Sin embargo, ustedes siempre podrán recordarlo cada vez que vean una película turbia a las tres de la mañana, cuando alguien les sostenga la mirada un segundo más de lo socialmente aceptable o cuando sientan ese irrefrenable "arrebato" de mandar todo a tomar por saco con muchísima clase.

    4 min

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Programa de humor sobre tiempos pasados. Donde la nostalgia y la poca vergüenza se dan la mano. Zafarrancho Vilima se emite todos los viernes a las 19h. en SER+ Sevilla, Cadena SER 96.5 FM. También puedes ver los programas en nuestro canal de Youtube.

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