El primer testimonio de la regente de la pensión, la señora Milagros, domina la primera parte del film, y nos presenta a la curiosa pareja formada por Camilo Canegato – Juan Verdaguer- y Rosaura. Él, pintor, no solo restaura cuadros, también restaura la realidad porque tal como dice más de una vez, sueña despierto, necesita dar color a una vida demasiado gris, desapercibida bajó una apariencia insignificante. Ella, la mujer del cuadro, Rosaura -Susana Campos. Una mujer de ojos grandes y expresión asustada. Y de pronto el cartero deja una carta con un detestable olor a violetas. El efecto Rashomon hace de “Rosaura a las diez” una historia atractiva cada uno cuenta lo que le conviene y según le encaja. No sabemos si es real lo que vemos, o lo que cuentan al inspector, quizá ni una cosa ni otra. El resto de las perspectivas proceden de otros residentes de la posada, del estudiante de derecho, de la señora Eufrasia, del propio pintor, cada uno sesgado a través de la psicología de cada uno. El tono costumbrista del film inspirado en la novela de Marco Denevi, se tiñe de tonos oscuros, intrigantes, con un elemento de misterio. Ya lo avisa en los primeros créditos la unas notas inquietantes. compuestas por Tito Ribero. Llaman a la puerta de la casa de huéspedes, y vemos de espaldas una mujer ataviada con pañuelo…”Vive aquí Camilo Canegato?---La vitalidad, el ritmo no decae y te atrapa desde el primer momento esa galería de personajes encerrados bajo un mismo techo. En esta deliciosa historia el azar es importante, los giros aturden y la resolución te deja con la boca abierta. Como Anne Baxter en Eva al desnudo -Mankiewicz- Rosaura no es una persona real, es un invento, aunque en este caso no es producto de su imaginación, sino de las ensoñaciones de otra persona a que conoció años atrás. Camilo irá menguando a medida que la película avanza hasta el plano surrealista, el coche que les lleva a un hotel en la noche de boda, con Rosaura y su menudo marido en el asiento de atrás, ella alta y dominante, él escuchimizado más que nunca. Esta noche nos sentamos a la mesa para tomarnos la sopa… Rosario Medina Zacarías Cotán, Raúl Gallego y Salvador Limón