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Historias exclusivas de misterio, true crime y más

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La ContraHistoria

La historia como no te la contaron en la escuela. Presentado y dirigido por Fernando Díaz Villanueva.

  1. 23h ago • Subscribers Only

    La independencia de Estados Unidos

    A mediados del siglo XVIII las trece colonias de Norteamérica eran una dependencia británica de ultramar en plena expansión. El número de colonos no hacía más que aumentar y sus ciudades y puertos prosperaban. Sus habitantes se sentían británicos, hablaban inglés, eran mayoritariamente protestantes y se enorgullecían de pertenecer al país que había frenado el absolutismo con la revolución gloriosa de 1688. Cada colonia se gobernaba a sí misma mediante una asamblea local que era una réplica en miniatura del parlamento de Westminster. Las relaciones con la metrópoli eran fluidas y todo marchaba bien. Ese equilibrio cómodo, sostenido durante generaciones por la desidia administrativa de los británicos y el contrabando que suavizaba las políticas mercantilistas que salían de Londres, saltó por los aires tras la guerra de los Siete Años, que se libró en parte en Norteamérica. Los británicos ganaron, pero esa victoria salió cara. El gobierno decidió entonces que las colonias debían sufragar su propia defensa. La Proclamación de 1763, la ley del Azúcar de 1764 y, sobre todo, la ley del Timbre de 1765 provocaron una agria reacción entre los colonos, que se negaban a pagar impuestos si no tenían antes representación en el parlamento. Las Leyes de Townshend de 1767 avivaron el conflicto con nuevos aranceles destinados a pagar los salarios de los funcionarios reales destinados en las colonias, que dejarían además de estar controlados por las asambleas locales. Los colonos empezaron entonces a declarar boicots y Boston, una importante ciudad portuaria, se convirtió en el foco de la resistencia. La tensión fue escalando hasta que el 5 de marzo de 1770 se produjo la llamada masacre de Boston, que encendió los ánimos entre los colonos. Tres años más tarde la ley del Té de 1773 hizo estallar el motín del Té. Un grupo de agitadores arrojó 342 cofres cargados de té por la borda de tres navíos de la Compañía de las Indias Orientales. La respuesta fueron las conocidas como “leyes intolerables”, que, en lugar de aislar a Boston, suscitaron la solidaridad de las demás colonias. En septiembre de 1774 se reunió en Filadelfia el Primer Congreso Continental, que coordinó un boicot pero manteniendo abierta la puerta al diálogo con la Corona. La distancia y la lentitud de las comunicaciones alimentaron la desconfianza mutua y ambos bandos se prepararon para la guerra. La chispa saltó en abril de 1775 en Lexington y Concord, dos pequeñas localidades cercanas a Boston. El Segundo Congreso Continental nombró a George Washington comandante del Ejército Continental, y tras la batalla de Bunker Hill y el rechazo por parte del rey de la Petición de la Rama de Olivo, la ruptura se hizo inevitable. En enero de 1776 Thomas Paine publicó “Sentido Común”, un panfleto que abogaba directamente por la independencia. Poco después el Congreso nombró a un comité de cinco miembros para que redactasen la declaración de independencia. El encargado de hacerlo fue Thomas Jefferson, luego el congreso dio forma final al documento, lo aprobó el el 2 de julio y dos días después anunció formalmente que las colonias se independizaban. La guerra, que ya había dado comienzo, se prolongó unos años hasta que la paz de París de 1783 consagró la independencia de una confederación que adoptó el nombre de Estados Unidos de América. En El ContraSello: 0:00 Introducción 3:53 La independencia de Estados Unidos 1:17:12 Historia del español Bibliografía: “The glorious cause” de Robert Middlekauff - https://amzn.to/4xJHCiV “1776: el nacimiento de una nación” de David McCullough - https://amzn.to/4uUBTUI “La Declaración de la Independencia de Estados Unidos” de Thomas Jefferson - https://amzn.to/3SN0Rbn “Sentido común y Ocho cartas a los ciudadanos de los Estados Unidos de Thomas Paine - https://amzn.to/4xUGPfo “La construcción de Estados Unidos” de Jordi Figuerola - https://amzn.to/4ewTFZC #FernandoDiazVillanueva #1776 #independencia ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices

    1h 24m
  2. Jun 18 • Subscribers Only

    El sultanato de las mujeres

    Entre 1533 y 1656, el imperio otomano vivió un periodo un tanto singular que la historiografía turca bautizó como “Kadınlar Saltanatı”, el sultanato de las mujeres. No fue propiamente un matriarcado ni una sucesión de sultanas que ocuparon el trono por herencia, sino algo mucho más sutil. Un grupo de mujeres, nacidas casi todas como esclavas, concentró un poder político inmenso que rivalizaba con el de los propios sultanes y que en ocasiones lo superaba. Dos títulos se convirtieron en auténticas instituciones de Estado, el de “Haseki Sultan”, consorte favorita del soberano, y el de “Valide Sultan”, madre del sultán reinante y cima absoluta de la jerarquía femenina en la corte, una posición desde la que se controlaban las finanzas, los nombramientos y la diplomacia. El momento en el que este peculiar periodo de la historia otomana comenzó tiene nombre propio, el de Hürrem Sultan, conocida en Europa occidental como Roxelana. Capturada en 1520 en Rutenia, la actual Ucrania, Hürrem Sultan llegó al harén como una concubina más, pero su inteligencia cautivó a Solimán el Magnífico. El sultán tuvo con ella al menos seis hijos, la liberó de la esclavitud y la convirtió en su esposa legal en 1533, un gesto muy poco habitual en aquel imperio. Hürrem se trasladó al palacio de Topkapi y colocó el harén en el centro del aparato de gobierno. Una vez allí tejió una tupida red de influencias que iba desde la correspondencia diplomática hasta los conflictos sucesorios. El fenómeno obedecía a causas estructurales. El abandono del fratricidio tras la matanza de sus 19 hermanos ordenada por Mehmed III en 1595, dio paso al “kafes”, la jaula en la que se aislaba a los los príncipes. Los sultanes llegaban al trono sin experiencia, frágiles o perturbados, como el niño Mehmed IV, el inestable Mustafá I, Ibrahim el Loco o Selim II el Beodo. Ante ese vacío de autoridad gobernó una y otra vez la Valide Sultan, aliada con el cuerpo de eunucos negros, que actuaban como brazo ejecutor y enlace con el exterior. Varias figuras femeninas destacaron en esta época. Mihrimah Sultan, hija de Solimán y Hürrem, ejerció de puente entre el harén y gobierno, y dio su nombre dos grandes mezquitas en la capital. Nurbanu y su nuera Safiye convirtieron el sultanato en una potencia diplomática desarrollando unas relaciones privilegiadas con la República de Venecia y con la Inglaterra de Isabel I. Pero, por encima de todas ellas, estuvo Kösem Sultan, de origen griego, que gobernó durante varias regencias a lo largo de casi medio siglo como Valide de Murad IV e Ibrahim I, y abuela regente de Mehmed IV. El periodo concluyó a mediados del siglo XVII de muy mala manera. La rivalidad entre Kösem y su nuera Turhan Hatice por el control del niño Mehmed IV culminó en 1651 con el estrangulamiento de la anciana. Turhan se convirtió en la dueña de la regencia, pero heredó un imperio al borde del colapso. En 1656 tomó una lúcida decisión, cedió el poder al visir albanés Köprülü Mehmed Pasha, al que le dio plenos poderes para que enderezase la situación. Mehmed Pasha lo consiguió y eso posibilitó, entre otras cosas, el segundo sitio de Viena. Para tratar este tema tan interesante como desconocido hoy nos visita Marta Caniego, que presenta el podcast Relatos de la historia y que ya pasó por La ContraHistoria hace unos meses. Bibliografía: “Otomanos” de Marc David Baer - https://amzn.to/4ePMiwi “Empress of the East” de Leslie Peirce - https://amzn.to/4vjHpBo Filmografía: “El Sultán” - https://www.youtube.com/playlist?list=PLbCDZnipE9mEvzv4z102MGq8JvWMkOTmk “Kosem, la sultana” - https://www.youtube.com/channel/UCV3gMstfU3lnR_aPDClMAYA

    1h 17m
  3. Jun 18 • Subscribers Only

    IRA: matar por Irlanda

    El conflicto de Irlanda del Norte, conocido con el eufemismo de “The Troubles”, se cobró cerca de 3.500 vidas entre 1968 y 1998 y marcó a fuego la política británica durante el último tercio del siglo XX. Sus orígenes hay que ir a buscarlos mucho más lejos, a la invasión inglesa del siglo XII y, sobre todo, a las plantaciones del Úlster del siglo XVII, que convirtieron al norte en la única región irlandesa de mayoría protestante. La fractura religiosa se superpuso a la nacional hasta volverse indistinguible con el tiempo. El IRA fue una sucesión de distintos grupos que se sucedieron y que, en ocasiones, se enfrentaron entre sí. Tras la guerra de la independencia y el tratado anglo-irlandés de 1921 que partió la isla, el republicanismo armado quedó relegado a la clandestinidad durante décadas. Los “Troubles” no surgieron de aquel viejo IRA, sino de la discriminación que el régimen unionista del Úlster ejercía contra los católicos en vivienda, empleo y reparto electoral. El movimiento por los derechos civiles de finales de los 60 se encontró con represión policial, algo que agravó el despliegue del Ejército en 1969, los internamientos sin juicio de 1971 y algunos episodios como el Domingo Sangriento de 1972. De todo ello se aprovechó una escisión del IRA que se autodenominó IRA Provisional. Sus miembros abogaban por una guerra larga de desgaste mediante atentados y asesinatos selectivos, simple terrorismo no muy distinto al que los extremistas de aquella época practicaban en otras partes de Europa. Pero el caso de Irlanda del Norte fue peculiar. Allí los partidarios de mantenerse en el Reino Unido formaron organizaciones “lealistas” que eran muy violentas y que, en ocasiones, colaboraban con el Estado. Las huelgas de hambre de 1981 regalaron al IRA una generación de mártires y dieron paso a la estrategia del fusil y la urna, mediante la cual, mientras una parte del movimiento, el Partido Sinn Féin, mantenía la lucha armada, otra participaba en política. Fue ya en los años 90 cuando se empezó a negociar, un proceso que consumió mucho tiempo y que culminó con el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 que reconocía una amplia autonomía política para Irlanda del Norte y abría la puerta a la reunificación con la República de Irlanda . El IRA se desarmó años después y el Sinn Féin hoy gobierna el Úlster. Bibliografía: “No digas nada” de Patrick Radden Keefe - https://amzn.to/4oIhZLw “Matar por Irlanda” de Rogelio Alonso - https://amzn.to/43NwGDj “Guerra y paz en Irlanda del Norte” de Jacobo Celnik - https://amzn.to/4xDagSH “The Troubles” de Leon Maher - https://amzn.to/4elfP0N “Irlanda del Norte: historia del conflicto” de Luis Antonio Sierra - https://amzn.to/3QwZcWz ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    57 min
  4. Jun 12 • Subscribers Only

    ¿Por qué ha tardado tanto en construirse la Sagrada Familia?

    La Sagrada Familia se ha convertido en la iglesia más alta del mundo tras coronarse su Torre de Jesucristo (de 172,5 metros) con una gran cruz de 4 brazos. El Papa León XIV bendijo hace unos días esta torre en presencia de los reyes coincidiendo con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Pero el templo aún no está terminado, los trabajos interiores se prolongarán hasta 2028 y la fachada de la Gloria no concluirá hasta 2034 como mínimo. Cabe preguntarse por qué una obra así sigue inacabada casi siglo y medio después de que comenzase su construcción en 1882 cuando hoy existe tecnología para levantar edificios mayores en muy pocos años. La respuesta reside en la conjunción de varios factores. El proyecto nació como una modesta iglesia neogótica diseñada por Francisco de Paula del Villar, pero en 1883 el proyecto pasó a Antoni Gaudí, que con 31 años lo transformó en su obra más audaz y personal. Inspirándose en la naturaleza, desterró la línea recta y la sustituyó por complejas superficies regladas que calculaba mediante modelos funiculares. Proyectó 18 torres y 3 fachadas concebidas como un relato monumental de la vida de Cristo. Cuando murió tras ser arrollado por un tranvía en 1926, apenas había concluido la cripta, el ábside y parte de la fachada del Nacimiento, menos de una cuarta parte del conjunto. El segundo golpe llegó en 1936, cuando un grupo de milicianos incendiaron el taller y destruyeron las maquetas de yeso que constituían la guía de la obra. Reconstruir aquel método de creación, tan ligado al genio de Gaudí, resultó una labor titánica y solo se reanudó con lentitud a partir de los años 50. Un tercer condicionante fue la financiación. Concebido como templo expiatorio, debía sufragarse únicamente con donativos voluntarios, sin recurrir nunca a dinero público. Durante décadas eso impuso un ritmo penosamente lento, hasta que el turismo de los últimos 30 años permitió que los ingresos se disparasen y eso permitió vislumbrar el final, aunque crisis como la de 2008 o la pandemia de 2020 demostraron que la Sagrada Familia sigue sometida a las vicisitudes de cada época. A todo ello se suma la dificultad técnica del proyecto. Se resolvió después de muchos años gracias a la incorporación de programas de diseño paramétrico procedentes de la industria aeronáutica. También se han producido infinidad de disputas entre entre los arquitectos que sucedieron a Gaudí, todas en torno a la fidelidad al proyecto original de Gaudí. Todo se junto, una idea revolucionaria, la muerte temprana de su creador, la guerra, la financiación popular y la difícil interpretación de su obra han resultado en la obra más lenta de la arquitectura contemporánea. Gaudí ya lo imaginaba, pero eso no le quitaba el sueño ya que, según decía, su cliente nunca tuvo prisa. ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    40 min
  5. Jun 11 • Subscribers Only

    Alfonso X el Sabio

    Cuando Fernando III el Santo murió en Sevilla en 1252, dejó a su hijo Alfonso X una Corona recrecida por la mayor expansión territorial de la Reconquista. El valle del Guadalquivir con grandes ciudades como Córdoba y Sevilla acababa de ser incorporado y el islam peninsular quedaba reducido al reino nazarí de Granada, convertido ya en un simple vasallo. Nacido en Toledo en 1221, hijo de Fernando III y de Beatriz de Suabia, Alfonso reunía la herencia castellana, la leonesa y la imperial de los Hohenstaufen. Subió al trono con 30 años y concibió un proyecto de monarquía fuerte, ordenada por leyes uniformes y revestida de dignidad casi sagrada. Su sobrenombre no responde tanto a su erudición personal, sino a haber convertido la corte en el mayor taller intelectual de Europa, un lugar en el que juristas, cronistas, poetas y astrónomos trabajaban de forma coordinada y en lengua romance. El monumento jurídico de ese esfuerzo son las Siete Partidas, redactadas en torno a 1260, organizadas en siete libros cuyas iniciales forman el nombre del rey y se nutren del derecho romano, el canónico y la tradición peninsular. Su aplicación fue limitada por el recelo nobiliario y no adquirieron pleno vigor hasta un siglo más tarde, pero influyeron durante siglos y llegaron a la América hispana. Antes de eso promovió el Fuero Real y el Espéculo para racionalizar la ordenación de sus reinos. En lo literario y musical destacan las Cantigas de Santa María, más de 420 composiciones marianas escritas en galaicoportugués y conservadas en códices iluminados con notación musical. La historia se confió a la “Estoria de España” o “Primera Crónica General”, que armonizó crónicas latinas, fuentes árabes y cantares de gesta, a la que se sumó la inconclusa “General Estoria”. El reinado elevó el castellano a lengua de cultura y administración, y alumbró logros científicos como las Tablas alfonsíes, difundidas por Europa durante más de dos siglos. De fondo, la Escuela de Traductores de Toledo en la que eruditos cristianos, judíos y musulmanes trabajando bajo el mecenazgo del rey rescataron textos clásicos de astronomía, medicina y filosofía para volcarlos al latín y al romance castellano. Su política exterior estuvo dominada por el fecho del imperio. A la muerte de Guillermo de Holanda en 1256, Alfonso reclamó la corona imperial ya que, por parte de madre, era un Hohenstaufen. Tras un largo pleito diplomático aquello terminó en fracaso por la oposición del Papa. La empresa imperial vació las arcas y soliviantó a la nobleza. Los gastos imperiales y militares generaron un déficit que el rey trató de cubrir devaluando el maravedí, lo que desató un brote inflacionario, disparó los precios y perjudicó a su imagen. La crisis final comenzó en 1275 con la muerte del heredero Fernando de la Cerda, que abrió un conflicto sucesorio entre sus nietos y el infante don Sancho. La indecisión de Alfonso agravó el problema. En las Cortes de Valladolid de 1282 una coalición encabezada por Sancho le despojó del poder. Desheredado su hijo y desatada la guerra civil, Alfonso murió en Sevilla el 4 de abril de 1284, pero fue Sancho IV quien le sucedió. Para hablar de este reinado tan importante nos acompaña hoy en La ContraHistoria José Soto Chica, que acaba de publicar “Muerte en Toledo”, una novela ambientada en el Toledo de Alfonso X, un thriller histórico en el que el siglo XIII vuelve a la vida.

    1h 10m
  6. Jun 4 • Subscribers Only

    La Comintern

    En agosto de 1914 los diputados socialdemócratas alemanes votaron en el Reichstag a favor de los créditos de guerra para financiar la entrada del imperio alemán en la primera guerra mundial. Aquel gesto acabó con la idea que tenían los marxistas de la época de que el proletariado, hermanado por encima de las fronteras nacionales, jamás se mataría en una guerra imperialista. La solidaridad de clase se evaporó en pocos días y los obreros se decantaron por su propio país. Esa traición enfureció a Lenin, exiliado en Suiza, que concluyó que la socialdemocracia se había aburguesado y que había que demoler el viejo edificio socialista para crear una organización de auténticos revolucionarios. En una serie de conferencias minoritarias que dio en Suiza defendió que era el momento de transformar la guerra en una revolución. Eso mismo fue lo que sucedió en Rusia en octubre de 1917 y Lenin se sintió reivindicado. Pero sabía que con Rusia no bastaría para consolidar esa revolución porque era un país agrario y pobre. Tenían que exportar la revolución a Europa occidental, especialmente a Alemania, para que sobreviviese. Eso dio lugar en marzo de 1919 a la Tercera Internacional o Comintern, concebida desde el principio como el estado mayor de la revolución mundial. Su modelo era el partido bolchevique, una máquina centralizada en la que cada partido nacional sería una sección sometida a una disciplina única. El segundo congreso de 1920 fijó 21 condiciones de admisión que partieron al movimiento obrero en dos familias enfrentadas, la de los socialdemócratas y la de los comunistas. Pero la revolución mundial no llegaba. El Ejército Rojo fue derrotado en Varsovia, los comunistas alemanes fracasaron y el capitalismo se estabilizó gracias, entre otras cosas, a que los partidos socialdemócratas llegaron al poder en Alemania, Francia y el Reino Unido. Tras la muerte de Lenin en 1924, Stalin fue eliminando a sus rivales e impuso a la Comintern su teoría del socialismo en un solo país. El ascenso de los nazis al poder obligó a Stalin a hacer algo. En el séptimo congreso, celebrado en 1935, adoptaron la estrategia del Frente Popular, una alianza amplia antifascista que ganó las elecciones en Francia y España en 1936. España pasó entonces a ocupar un lugar central a causa de su guerra civil. La Comintern se encargó de reclutar soldados de 50 países a los que encuadró en las Brigadas Internacionales. Los soviéticos, entretanto, enviaron consejeros y material militar, este último pagado con las reservas del Banco de España. Pero la Comintern ya estaba en crisis, sus principales líderes cayeron durante la gran purga de 1938 y Stalin no le encontraba mucho sentido a aquel organismo. El pacto germano-soviético de 1939 supuso una humillación para los comunistas europeos, forzados a predicar la neutralidad hasta que la invasión alemana de la URSS en 1941 reactivó la cruzada antifascista. En mayo de 1943 Stalin decidió disolver la Comintern como gesto diplomático hacia sus aliados occidentales. Años después la sustituiría por una agencia mucho más pequeña, la Cominform, que tuvo muy poca actividad y desapareció tras su muerte. No hicieron falta más organizaciones para coordinar la actividad de los partidos comunistas. La URSS era ya una potencia mundial y podía llegar sin problemas a donde quisiese, cuando quisiese. En El ContraSello 0:00 Introducción 3:55 La Comintern 1:13:58 Los agentes dobles (y triples) Bibliografía: - “Breve historia de la Unión Soviética” de Sheila Fitzpatrick - https://amzn.to/4enhrXA - “The Comintern” de Jeremy Agnew - https://amzn.to/49HVEav “The Comintern. A history of the Third International” de Duncan Dallas - https://amzn.to/3SmNzSA - “Comrades” de Robert Service - https://amzn.to/4ogZnly

    1h 21m
  7. Jun 4 • Subscribers Only

    ¿Cómo renació Japón tras la guerra?

    Japón se rindió el 15 de agosto de 1945, pero el país estaba en la más absoluta ruina. Las grandes ciudades habían quedado arrasadas por los bombardeos, Hiroshima y Nagasaki estaban totalmente destruidas y la flota mercante yacía en el fondo del mar. La producción industrial apenas alcanzaba el 30% de los niveles previos a la guerra. Para colmo de males, la cosecha de arroz de ese año fue muy mala. La ración oficial rondaba las mil calorías diarias en muchas ciudades y 6 millones de repatriados regresaban a un país incapaz de absorberlos. A ese cuadro se sumaba una inflación galopante que había pulverizado el yen. Sobre ese país acabado se estableció la administración de ocupación dirigida por el general Douglas MacArthur, que al principio buscó desmilitarizar, democratizar y castigar al antiguo enemigo. La llegada de la guerra fría y el triunfo comunista en China en 1949 cambiaron las prioridades porque en Washington temían que si los japoneses seguían en la miseria habría revueltas y la Unión Soviética no tardaría en apoderarse del archipiélago. La recuperación se apoyó en tres pilares. El programa GARIOA canalizó hacia el país unos 1.700 millones de dólares en alimentos, fertilizantes, combustible y medicinas, lo que evitó la hambruna que se esperaba para 1946 y 1947. A partir de 1948 se puso en marcha el programa EROA que se encargó de poner en marcha la industria enviando materias primas industriales como el algodón, el mineral de hierro y el carbón. La apuesta fue clara desde el principio: Japón tenía que volver a ser una economía exportadora. En paralelo, el banquero Joseph Dodge llevó a término un plan de ajuste que estabilizó el yen y cuadró las cuentas públicas. Al plan de Dodge le siguió una breve recesión, luego la actividad económica se disparó. En ello tuvo mucho que ver el estallido de la guerra en la cercana Corea. Japón se convirtió en la retaguardia logística de Estados Unidos y sus aliados. Las compras especiales o "tokuju" hicieron crecer los pedidos a las fábricas japonesas, en total unos 2.300 millones de dólares durante el conflicto que aportaron entre el 60% y el 70% de la entrada de divisas. La industria japonesa renació. En 1951 ya había recuperado sus niveles de preguerra y siguió creciendo. El primer ministro Shigeru Yoshida llegó a calificar la guerra de Corea como un regalo caído del cielo. El Tratado de San Francisco de 1951 devolvió la soberanía plena al imperio japonés. La ayuda exterior aportó los recursos en los momentos más difíciles, y la guerra en Corea fue muy oportuna, pero fue la disciplina y el talento de los japoneses el que terminó convirtiendo a un país en la ruina en la segunda economía mundial en cuestión de un par de décadas. ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    55 min
  8. May 30 • Subscribers Only

    Inventores olvidados

    La historia de la técnica está sembrada de inventores olvidados cuyas creaciones seguimos usando, aunque nadie los recuerde con calles, placas ni estatuas. El caso más conocido es el del teléfono. Todos atribuyen su paternidad a Alexander Graham Bell, que patentó el aparato el 7 de marzo de 1876, pero Antonio Meucci ya había registrado un aviso previo en 1871 para su «telégrafo parlante», un prototipo que puso a funcionar con éxito en su casa de Staten Island y con el que se comunicaba con su esposa inválida. Meucci perdió la prioridad por una nimiedad, los 10 dólares que no pudo pagar para renovar el aviso y convertirlo en una patente. Algo parecido ocurrió con el alambre de espino. Dabb, Smith y Hunt patentaron una serie de diseños en 1867, pero fue Joseph Glidden quien, en 1874, logró fabricarlo en masa adaptando un molinillo de café, fundó la Barb Fence Co. y amasó una fortuna. Su ejemplo demuestra que no basta con tener la idea, también hace falta capital y capacidad industrial para triunfar. La máquina de coser repite el mismo patrón. Walter Hunt la concibió en 1833, pero no la patentó, en parte porque su hija, una ludita, temía por su empleo de costurera. Años después, Elias Howe patentó su propia versión que intentó vender en Inglaterra. No lo consiguió, pero al regresar a EEUU comprobó como le habían robado la patente. Ganó en los tribunales la llamada «Guerra de las máquinas de coser» contra Isaac Singer y el propio Hunt. Howe se hizo rico y le terminaron dedicando un estatua, sellos con su efigie y hasta calles con su nombre. El destornillador de estrella es otro de esos casos en los que el verdadero inventor se ha olvidado. John Thompson lo patentó en 1933, pero cedió los derechos a Henry Phillips, que se enriqueció con los royalties y prestó su nombre al invento. De Thompson apenas sabemos que era mecánico y que murió en 1940, condenado al anonimato pese a haber ideado algo que todos tenemos en casa. ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    15 min

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La historia como no te la contaron en la escuela. Presentado y dirigido por Fernando Díaz Villanueva.

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