Construye tu Físico

construyetufisico.com

Entrenamientos simples para vidas complejas. No hay que vivir para entrenar, sino entrenar para vivir. Yo soy Patricio en este podcast y en la web construyetufisico.com tienes rutinas de entrenamiento y todo lo que necesites para ser una tía cañón o un tío petado. Y todo eso porque tengo la sana intención de dominar el mundo con mi ejército de tíos petadísimos y tías to cañón.

  1. Aug 26

    ¿Agua o bebida deportiva? Cuándo necesitas carbohidratos y electrolitos en el entreno (y cuándo tiras el dinero)

    https://construyetufisico.com/body-wellness-club/ ¿Cuántas veces has agitado ese bote de polvo de colores entre series sin saber si de verdad sirve para algo? En este episodio desmontamos uno de los mitos más caros del fitness: que necesitas carbohidratos y electrolitos en cada entrenamiento. Sin humo y con datos, vas a entender cuándo el agua basta de sobra y cuándo se queda corta. Hablamos de: — Por qué tu depósito de glucógeno es mucho más grande de lo que crees, y por qué no lo vacías en una hora de pesas. — El límite real de tu intestino: qué son el SGLT1 y el GLUT5, y por qué no puedes absorber azúcar por encima de cierto techo. — El truco de mezclar glucosa y fructosa para pasar de 60 a 90 gramos por hora. — Por qué las bebidas ultraconcentradas te sientan mal (y qué tiene que ver un embudo con tu estómago). — Cuándo los polvos caros de ciclodextrina merecen la pena… y cuándo son dinero tirado. — El truco del enjuague bucal que engaña a tu cerebro sin llenarte el estómago. — La verdad sobre los electrolitos y el riesgo real que casi nadie menciona: la hiponatremia. Al final te doy un mapa mental clarísimo para que sepas exactamente qué llevar en la botella según cuánto dura y cuánto aprieta tu sesión: desde una sesión de fuerza de 45 minutos hasta un rodaje de tres horas. Si alguna vez has comprado un suplemento "por si acaso", este episodio te va a ahorrar dinero y molestias de estómago. Si quieres entrenar y cuidarte con cabeza a partir de los 45, tienes todo el sistema en construyetufisico.com.

    ¿Agua o bebida deportiva? Cuándo necesitas carbohidratos y electrolitos en el entreno (y cuándo tiras el dinero)
  2. Aug 12

    A los 50 NO es tarde para ganar músculo (lo dice la ciencia)

    https://construyetufisico.com/body-wellness-club/ Tienes más de 50, entrenas como siempre y aun así el espejo cuenta otra historia. No es tu imaginación: a partir de los 50 se pierde entre un 1% y un 2% de masa muscular al año, y la fuerza cae todavía más rápido. Se llama sarcopenia. Y la buena noticia es que no estás luchando contra tu voluntad, sino contra un reloj biológico que SÍ se puede frenar. En este episodio desmontamos el mito más caro del vestuario —ese de "a nuestra edad ya solo toca mantener"— y te doy un plan concreto para empezar el lunes. QUÉ VAS A ESCUCHAR: - Por qué pierdes primero las fibras rápidas (las que dan fuerza y volumen) - Qué es la resistencia anabólica y por qué tu músculo se ha vuelto "sordo" a la proteína - El umbral de leucina que necesitas superar en CADA comida pasados los 50 - Por qué el peso ligero te está robando resultados - Cuánta proteína necesitas de verdad (y por qué el desayuno es tu punto débil) - Los 2 únicos suplementos con evidencia sólida a esta edad - El plan completo: intensidad, frecuencia, volumen y descanso Estudios con personas de 70, 80 y hasta 90 años muestran ganancias reales de músculo con pesas. Si crecen a los 80, tú a los 52 vas sobrado. La edad frena, no cancela. Empieza el lunes, con la libreta en la mano. --- Soy Patricio Granero, de Construye Tu Físico. Ayudo a personas de más de 45 años a recuperar fuerza, músculo y autonomía con entrenamiento basado en evidencia. Más recursos: https://construyetufisico.com

  3. Jul 29

    Dieta cetogénica después de los 40: qué pasa de verdad en tu cuerpo

    https://construyetufisico.com/body-wellness-club/ La dieta cetogénica funciona. Pero no por lo que te han contado, y casi nadie te explica cómo aplicarla si tienes más de 40 años, trabajo, familia y una vida social que no gira alrededor de tu tupper. En este episodio te explico la fisiología real de la cetosis (sin adornos y sin humo de gurú de Instagram), por qué la mayoría abandona entre el día 7 y el 14, y el protocolo concreto para aplicarla sin perder músculo. Lo que vas a escuchar: - Por qué la keto flu es un problema de electrolitos, no de cetosis, y cómo evitarla desde el día 1. - La verdad sobre los 2-3 kilos de la primera semana (spoiler: es agua). - Qué pasa de verdad en tu cuerpo: cetogénesis, beta-hidroxibutirato, lipólisis y por qué el cerebro puede funcionar al 70% con cetonas. - Grelina: por qué en cetosis dejas de pensar en comida. - El error que destruye tu músculo después de los 40: la proteína. Cuánta necesitas de verdad (pista: más de la que crees). - Keto cíclica: el protocolo para los que tienen vida social y entrenan fuerte. - Cuándo la keto NO es para ti. Sin rodeos. - El protocolo semana a semana y las 4 únicas métricas que importan. La adaptación completa tarda entre 3 y 8 semanas. Si esperas resultados en dos, no es la keto lo que falla. --- Puedes hacer el seguimiento de tu peso, cintura y rendimiento con gráficas en el Body Wellness Club, gratis, en construyetufisico.com Artículo completo con las referencias científicas: [URL del post] Método EMA: Entrenamiento Metabólico Adaptativo.

  4. Jul 15

    Por qué estás siempre cansado a los 50 (y cómo recuperar tu energía)

    https://construyetufisico.com/body-wellness-club/ ¿Duermes ocho horas y te levantas cansado? La falta de energía después de los 50 rara vez es cuestión de edad. Es tu cuerpo apagando motores que llevas años sin encender. En este episodio te explico, con la pizarra delante, qué se apaga de verdad dentro de ti y cómo volver a encenderlo. Sin batidos milagrosos ni suplementos. Lo que vas a escuchar: - Por qué el consejo de "a tu edad, tómatelo con calma" te hunde más en el bucle de la fatiga. - Las tres piezas que caen a la vez a partir de los 50: mitocondrias, masa muscular (sarcopenia) y capacidad de transportar oxígeno (VO2 máx). - El interruptor maestro de la energía (PGC-1 alfa) y qué lo enciende. - Por qué hasta el 70% de la pérdida de capacidad aeróbica con la edad es evitable: no es destino, es desuso. - La paradoja de la energía: para tener más, tienes que gastar un poco. - El plan concreto para empezar el lunes: fuerza 2-3 días, caminata rápida (zona 2), una pizca de intensidad, 1,2 g de proteína por kilo, vitamina D y sueño. - Los atajos falsos (café, bebidas energéticas, azúcar) y por qué te dejan más plano que antes. Aviso: las dos primeras semanas estarás MÁS cansado, no menos. Es la obra en marcha. A partir de la tercera, notas el cambio. Hablo del cansancio sin causa médica, el del 90% de la gente. Si sospechas de tiroides, anemia o similar, eso lo mira tu médico con un análisis. --- Construye Tu Físico: entrenamiento, nutrición y energía real para mayores de 45. Método EMA. Más artículos y recursos: construyetufisico.com

  5. 09/29/2025

    Caso de éxito de Carlos o como perder 3 kilos en 3 meses entrenando menos días por semana

    Caso de éxito de Carlos https://construyetufisico.com/casos-de-exito/caso-de-exito-de-carlos/ https://forms.gle/HQ2k9gxH7Qfh39ci9 Carlos se puso en contacto conmigo porque estaba cansado. Cansado de no reconocerse en el espejo, cansado de prometerse que iba a cambiar y cansado de no encontrar nunca el momento. Trabajo, familia, poco tiempo… y una media maratón que parecía más un castigo que un reto. Hoy te voy a hablar del cambio de Carlos en los primeros tres meses que estuvimos trabajando juntos, cómo se resolvieron los problemas iniciales y por qué a veces, menos es más aunque sea en realidad lo mismo. 1. Introducción: ¿Por qué este caso es interesante? Te presento a Carlos. Cuarenta tacos, ingeniero informático, padre de un peque de cinco años y con la típica agenda que parece diseñada por alguien que te odia: trabajo sentado diez horas al día, carreras al cole, reuniones, y al llegar a casa lo que menos le apetece es ponerse a hacer sentadillas. Para colmo, la rodilla ya le había dado guerra hace tiempo con una tendinitis. Vamos, que lo de entrenar le sonaba más a riesgo de lesión que a pasatiempo. El caso de Carlos es interesante porque es la vida real. Ni influencers del fitness que se pasan el día en el gimnasio, ni milagros de “pierde 10 kilos en un mes con este batido mágico”. No. Carlos es un tipo normal con barriga de oficina, con ganas de mejorar pero también con el tiempo contado. Quería perder grasa, ponerse en forma y, ojo, no quedar el último cuando corriera la media maratón con sus amigos. El problema: ni tenía tiempo para entrenar cinco días a la semana, ni motivación para seguir rutinas que le exigieran más disciplina que un monje tibetano. Y aquí es donde entra lo interesante: cómo convertir a alguien con todas las excusas del mundo (familia, trabajo, poco tiempo, rodilla delicada) en una persona que no solo adelgaza, sino que además se siente fuerte, corre más rápido y sobrevive tres meses de entrenamiento sin morir en el intento. Porque lo de perder peso puede hacerlo cualquiera… pero hacerlo sin amargarte la vida, esa ya es otra historia. 2. El punto de partida de Carlos Carlos llegó a mí con un currículum físico bastante claro: 86 kilos en la báscula, un 23% de grasa corporal (lo suficiente para que los vaqueros apretaran más de la cuenta) y una cintura de 97 centímetros que no mentía. Vamos, que si la tripa tuviera un botón de “reset”, él lo habría pulsado sin dudar. Su estado físico lo definía como “normal tirando a malo”, que es básicamente la forma educada de decir “me canso subiendo las escaleras, pero tampoco estoy para pedir oxígeno”. Tenía algo de experiencia corriendo —llevaba un par de años saliendo a trotar—, pero el gimnasio era otra historia: lo había probado, sí, pero lo había dejado porque se aburría y porque su rodilla derecha, con antecedentes de tendinitis, le recordaba que ya no tenía veinte años. El gran problema de Carlos no era que no quisiera entrenar, sino que no podía mantener la constancia. Semana que entrenaba, semana que se saltaba. Alguna vez iba al gimnasio, otra lo dejaba porque el trabajo lo absorbía, y en las semanas malas lo único que levantaba era el mando de la tele. Para colmo, cuando intentaba seguir un plan demasiado ambicioso, se frustraba rápido: sentía que fallaba, que no cumplía, y eso le generaba aún más estrés. Un bucle de manual. ¿Y qué quería conseguir? Pues lo que mucha gente: perder peso y grasa, recuperar un cuerpo con el que se sintiera a gusto en el espejo y, ya puestos, prepararse para la media maratón de diciembre. Su miedo: ser el amigo que se queda el último, ese que todos esperan en la meta con la cerveza caliente. Su objetivo: bajar hasta un 15% de grasa corporal, perder entre 8 y 10 kilos, y ser capaz de correr 10 kilómetros en menos de 55 minutos como paso previo a los 21. En resumen, un tipo ocupado, con barriga de oficina, una rodilla un poco puñetera y el tiempo justo. No es el perfil del “superhéroe de Instagram”, pero precisamente por eso es interesante: porque es el perfil de la mayoría de los que quieren entrenar de verdad. 3. La estrategia que seguimos juntos Con Carlos no hacía falta inventar la pólvora, sino pensar con cabeza. Su objetivo era triple: perder grasa, ganar fuerza y preparar una media maratón. Si hubiéramos atacado solo uno de esos frentes, habría salido mal: ¿qué sentido tiene correr 21 kilómetros con un cuerpo débil? ¿O ganar músculo pero seguir con la barriga y sin aguante para trotar más de media hora? Teníamos que hacerlo todo… pero sin volverlo loco. La estrategia fue sencilla en su planteamiento y realista en su ejecución: Entrenar fuerza para darle a su cuerpo lo que le faltaba: músculo. Ese músculo no solo mejora la forma física, también es la herramienta secreta para quemar más grasa incluso en reposo. Y de paso mejorar su fuerza que tampoco es que fuera nada espectacular. Meter sesiones metabólicas para que esos músculos aprendieran a trabajar en movimiento real, de forma rápida, funcional y con gasto calórico extra. Este paso era poner en práctica todo lo que se gana con el entreno más clásico de gimnasio y de paso mejora su VO2 máximo (que ya te hable en el episodio anterior) y su condición cardiovascular general. Mantener la carrera porque su meta no era solo estética. Tenía un reto concreto, la media maratón, y no podíamos dejarla de lado. Si vas a correr una media maratón vas a tener que meterle algunos kilómetros a las piernas. Eso es inevitable. Balance y equilibrio porque el papel lo aguanta todo pero nuestro cuerpo no siempre. Aquí lo j****o es balancear estas tres patas del entreno para sacar lo máximo sin que una fastidie la otra. Y todo esto bajo un paraguas: el EMA, Entrenamiento Metabólico Adaptativo. Lo que hace este método es unir fuerza y metabólico de forma progresiva, ajustando el plan a la persona. Carlos no necesitaba un programa militar ni tablas imposibles; necesitaba un sistema flexible, que se fundiera con sus semanas de curro y familia, pero que no se quemara. Y eso fue exactamente lo que hicimos: un plan adaptado a su vida, no su vida adaptada a un plan. La magia no estuvo en los ejercicios concretos, sino en el enfoque. Le dimos lo necesario para progresar, lo suficiente para no lesionarse y lo justo para que pudiera cumplir semana tras semana. Ni castigos, ni promesas irreales, ni obsesión. Solo constancia, adaptación y lógica. 4. Fase 1: Construir la base La primera fase con Carlos fue como construir los cimientos de una casa: nada de decorar la terraza con luces LED si antes no tienes paredes sólidas. Así que trabajamos lo básico: fuerza general y un poco de metabólico al final de cada sesión para que sudara lo justo y empezara a recordar que el cuerpo está hecho para moverse, no solo para sentarse en una silla diez horas seguidas. Le metimos lo clásico pero bien hecho: sentadillas, peso muerto, press de banca, jalones, presses militares… movimientos grandes, de los que reclutan músculo a lo bestia y hacen que el cuerpo empiece a despertar. Al principio los hacía con cara de “esto me va a matar”, pero en cuanto pilló la técnica, las barras dejaron de parecer instrumentos de tortura medieval y empezaron a ser un reto divertido. Como hacía tiempo que no entrenaba, y menos tan seguido, se compró unos guantes para el gimnasio en Amazon. Recuerdo cuando me lo dijo y me envió una foto para ver que me parecían. Me parecían feos, se lo tuve que decir. Eran negros con unas líneas azules que… Que a mi no me gustaban. No se lo dije el primer día, él estaba ilusionado y eso le dio motivación extra y no era plan de quitarsela por que a mi no me guste el color de los guantes. A ver, se lo comenté ya casi al final del trimestre cuando ya había confianza después de tanto hablar. A su mujer creo que tampoco le gustaban mucho. En fín… Desde el principio ya le dije que tuviera especial cuidado con las sentadillas y ejercicios de pierna en general y de flexión de rodilla en particular. Era preferible subir de peso más despacio que tener una lesión, que por pequeña que fuera, lo retrasaría todo muchos días, o incluso semanas. El bloque metabólico fue la guinda. Nada de estar una hora en la cinta mirando el móvil. Hablo de circuitos cortos: burpees, snatches, saltos. Intensos, rápidos, de esos que en diez minutos te hacen sentir que te han pasado por encima un camión… pero luego te dejan con una sonrisa rara, mezcla de dolor y orgullo. Para no aburrir recitando una retahíla de ejercicios, series, repeticiones, tempos y descansos te diré que se programó un entrenamiento semanal de 4 días. Que al principio la prioridad fueron los entrenos clásicos para tener base con un enfoque de tirón/empujón a días alternos (tirón, empujón, tirón, empujón). Con metabólicos simples a modo de complemento al final los días que no iba a correr y el salir a correr que era el objetivo. Así ya sabía que quitar si iba corto de tiempo o algo pasaba en su semana. ¿Resultados a las 6 semanas? Bajó un par de kilos, de 86 a 84. Redujo la cintura unos tres centímetros. Sumó 10 kilos a la banca y 15 a la sentadilla. Y lo mejor: pudo entrenar sin que la rodilla se quejara demasiado. Pero más allá de los números, lo importante fueron sus aprendizajes: Constancia: descubrió que podía entrenar 4 días… aunque algunas semanas fueran un Tetris imposible. Te comento esto más adelante. Técnica: dejó de mover las pesas como si fueran maletas en el aeropuerto y empezó a levantar con control y seguridad. Confianza: se vio progresando y que iba mucho mejor a nivel de energía, de movilidad y de fuerza. Si bien pasar a mover 10 kilos en más en banca en 6 semanas en Instagram es una mierda, el mundo real, en el mundo de Carlos es una barbaridad. Es ver que se puede, que merece la

  6. 09/18/2025

    Dieta de arroz y pollo para culturismo: ¿funciona de verdad?

    https://construyetufisico.com/nutricion-deportiva/dieta-de-arroz-y-pollo-para-culturismo/ Dieta de arroz y pollo para culturismo Si alguna vez te has preguntado por qué los culturistas de los 80 y 90 vivían atrapados entre un tupper de arroz blanco y una pechuga de pollo reseca, este podcast es para ti. Te voy a contar por qué esa dieta se hizo famosa, qué buscaban realmente con ella y, sobre todo, qué funcionaba… y qué no. Si quieres entender de verdad si esa dieta merece tu tiempo —o si es solo un mito que ha sobrevivido porque suena hardcore— quédate aquí para que decidas por ti mismo si seguir el camino del pollo con arroz o buscar algo más inteligente. ¿Qué es la dieta de arroz y pollo? Si te digo que la dieta de arroz y pollo viene de los años 80 y 90, puede que te imagines a tipos en mallas fluorescentes, pelo engominado hacia atrás y un walkman colgado del cinturón. Y no irías tan desencaminado. Por aquel entonces, el culturismo era casi religión: había que ser grande, muy grande, y cuanto más simple y duro fuera el método, mejor. Los culturistas de la época no tenían tantas apps de seguimiento, ni tantas tablas de macros colgando en la nevera. Tenían algo mucho más “efectivo”: arroz blanco a paladas y pechuga de pollo seca que ni el perro quería. ¿Por qué? Porque buscaban controlar las calorías sin volverse locos, obtener proteína magra y carbohidratos rápidos para entrenar y recuperarse, y, de paso, no pensar demasiado en qué comer. Comer era gasolina, no placer. Y la gasolina barata siempre gana. Además, en esa época todavía había cierta veneración por la dieta “limpia”. Cuanto más aburrido, más puro. Si no sabías a cartón húmedo, era sospechoso. ¿En qué consiste la dieta de pollo y arroz? La receta maestra era tan sencilla como desesperante: arroz blanco (normalmente hervido sin más) y pechuga de pollo a la plancha o cocida. ¿Cantidades? Las que cupieran en un tupper que luego podías recalentar en el microondas hasta que la tapa explotara. Desayuno, comida, cena… y entre medias, si te sentías rebelde, lo mismo pero con menos arroz. Sin salsas, sin aceite apenas, sin sal en exceso porque “retiene líquidos” (ya sabes, ese mantra que parece tatuado en la frente de medio gimnasio). Ni rastro de verduras, frutas o grasas saludables. Porque en la mente culturista de entonces, esas cosas eran “ruido”: calorías inútiles que te alejaban de la definición máxima. ¿Era cómodo? Depende de lo que llames cómodo. ¿Era efectivo? Para lo que buscaban, más o menos sí: una dieta hipercalórica para volumen o hipocalórica para definición, simplemente cambiando la cantidad de arroz. ¿Era sostenible? Solo si tu idea de vida social es cenar solo mientras tus amigos se zampaban una pizza. Beneficios de la dieta arroz y pollo para ganar músculo Proteínas magras y carbohidratos simples Aquí viene la parte bonita del asunto, porque no todo era sufrimiento digno de cárcel turca. Si algo tenía el arroz con pollo es que cumplía con la lista de la compra del músculo: proteína magra y carbohidratos fáciles de digerir. La pechuga de pollo es básicamente proteína con patas. Apenas tiene grasa, y la poca que lleva ni se mete contigo, es como ese vecino que nunca hace ruido. Esto era perfecto para los culturistas, porque cada gramo de proteína contaba, y aquí podían meter unos cuantos sin que el cuerpo se distrajera almacenando grasa. Luego está el arroz blanco, ese primo soso del mundo de los cereales. ¿Es el más sabroso? No. ¿Es el más nutritivo? Tampoco. Pero es rápido de digerir, no da problemas de estómago y, sobre todo, permite cargar los depósitos de glucógeno como si fueran un camión cisterna. Y si entrenas duro, necesitas ese glucógeno para levantar la barra, hacer repeticiones imposibles y seguir sonriendo como si no te dolieran hasta las pestañas. Juntos hacían un dúo que no molestaba a nadie. Sin salsas, sin condimentos exóticos, sin dramas. El cuerpo lo asimilaba rápido, y eso, para la mentalidad de la época, era oro molido. Facilidad para controlar calorías Aquí es donde la dieta se convertía en la calculadora Casio de los culturistas: fácil, directa y sin margen para hacer el tonto. No tenías que andar sumando calorías de mil alimentos, ni descifrando etiquetas que parecen contratos hipotecarios. Solo tenías que ajustar las cantidades: más arroz si querías subir de peso, menos si ibas a definir. El pollo, ese sí que casi nunca se tocaba, porque era la base sólida, la roca. Esto tenía una ventaja colateral: te quitaba la excusa de “no sé qué comer”. Sabías lo que había, lo cocinabas de golpe para tres días y a tirar millas. Y, claro, eso ayudaba a mantener la adherencia, aunque fuera a base de aburrimiento crónico. No era una dieta para ser feliz, era una dieta para tener el control. Y en el culturismo, controlar es casi un fetiche: control del peso, del espejo, de la báscula, del centímetro que rodea tu brazo. Pollo y arroz, El arma precompetición Junta todo lo que te acabo de decir, proteínas limpias hidratos simples Fácil de contar calorías Barato Cocinas una vez para varios día Te lo pones en un tupper y puedes hasta comerlo frío en cualquier lado No da problemas intestinales Y esto último es la gran clave de porque los culturistas lo usaban en precompetición. Llevas todo el año preparando una competición, entrenando como un mulo arando un campo, pasando más hambre que un perro atado en una isla desierta y todo se va a la mierda porque a 5 días de competir comes algo que te sienta mal. Simplemente no se lo podían permitir. De hecho algo parecido le ha pasado a Joan Pradell en una competición que tuvo en china este verano. Incluso viajó con su propia comida para varias semanas porque no se fiaba de lo que pudiera encontrar por ahí. Y no es porque fuera a China, da igual donde vayas, cuando tienes que controlar tanto lo que comes, cuando lo comes y cómo lo comes, llevar tu propia comida es una opción muy buena. Pues algo le pasó con la comida envasada que llevaba, algo le sentó mal y adiós competición. Desventajas y riesgos de comer solo arroz y pollo Carencias de vitaminas, fibra y grasas saludables Aquí viene la letra pequeña que nadie te lee cuando decides vivir a base de tupper de pollo y arroz: tu cuerpo no funciona solo con proteína y carbohidratos, por mucho que lo repitan los foros del 2003. Si reduces tu mundo culinario a pollo y arroz, básicamente estás invitando a que te falten vitaminas, minerales y fibra como quien deja la puerta abierta de casa y se va de vacaciones. ¿Vitamina C? Ni la hueles. ¿Hierro de verdad, del que se absorbe bien? Tampoco. ¿Ácidos grasos esenciales, esos que mantienen tus hormonas funcionando y tus articulaciones engrasadas? Ni en pintura. Y la fibra… pobre fibra, relegada al banquillo mientras tu intestino se pregunta por qué lo has condenado a una vida de estreñimiento épico. Esto a corto plazo puede parecer una molestia menor: “Bah, ya me comeré una naranja la semana que viene”. Pero dale tiempo y empiezas a notar cansancio tonto, piel más seca que el primer chiste de política de tu cuñado en nochebuena y digestiones que se ralentizan como internet en los noventa. Y no, no es magia negra: es déficit nutricional de manual. Es más. En una charla que fuí del gran Paco Mula, un famoso culturista español le pregunté cómo lo hacía con las grasas, y me dijo que todo eso iba en forma de suplementación. Por la mañana el multivitamínico, en cada comida 1 o 2 cápsulas de omega-3 y la fibra según necesitara. En el artículo puedes ver una foto mía con Paco Mula allá por el 2009, ya ha llovido desde entonces. Por si quieres cotillear un poco. A lo que íbamos que me lío Luego está el tema de la adherencia, que suena técnico pero significa básicamente: ¿cuánto vas a durar comiendo lo mismo día tras día sin mandar la dieta a la mierda? La respuesta suele estar entre “hasta el viernes” y “cuando mi pareja me eche de casa por oler a pollo hervido”. Porque comer no es solo meter gasolina, también es socializar, disfrutar, sentarte a cenar sin sentir que estás protagonizando un documental sobre la supervivencia en prisión. Intenta ir a una barbacoa con tu tupper de arroz blanco y pechuga reseca. Serás el alma de la fiesta, sí, pero en la misma categoría que el tío que habla de hacer burpees a las 5 de la mañana mientras se ducha con agua helada. La dieta puede que funcione un tiempo, pero a costa de aislarte, de convertir la comida en castigo y de recordarte cada día que la vida es más que ese cuerpo soñado. Porque, sorpresa: la fuerza de voluntad no se regenera mágicamente mientras comes arroz. Se gasta. Y cuando se gasta, vuelves a comer normal, pero con una relación con la comida más retorcida que antes. ¿Sirve para perder grasa o definir músculos? Mitos sobre la “comida limpia” Aquí es donde la cosa se pone interesante, porque durante años nos han vendido la moto de que comer “limpio” era sinónimo de estar definido como una estatua griega. Y limpio, en ese diccionario de gimnasio, significaba básicamente: pollo que parece haber pasado por la plancha sin saludar al aceite y arroz blanco tan insípido que podías usarlo de relleno para un cojín. La idea era que, si comías solo esos alimentos “puros”, mágicamente tu grasa se derretiría como un helado en agosto. Como si el cuerpo tuviera un detector moral de alimentos: “¿Pizza? Al michelín. ¿Arroz y pollo? Directo al bíceps”. Pues no. El cuerpo no tiene un policía de la pureza rondando tu estómago, tiene un balance energético: lo que entra frente a lo que gastas. Si comes arroz y pollo, pero en exceso, engordarás igual. Y encima estarás mal nutrido. Si comes pizza pero en déficit calórico, pierdes peso. Y también estarás mal nutrido. No es brujería, es la ley de la termodiná

About

Entrenamientos simples para vidas complejas. No hay que vivir para entrenar, sino entrenar para vivir. Yo soy Patricio en este podcast y en la web construyetufisico.com tienes rutinas de entrenamiento y todo lo que necesites para ser una tía cañón o un tío petado. Y todo eso porque tengo la sana intención de dominar el mundo con mi ejército de tíos petadísimos y tías to cañón.

You Might Also Like