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  1. 11/28/2016

    No te enamores de una chica que corre

    No te enamores de una chica que corre. No sabrás cuántos kilómetros lleva recorridos o si le gusta la larga distancia. En el mejor de los casos apenas estará empezando y si no, entenderás demasiado tarde que esta experiencia va para largo. Será una chica incansable. Sabrás al conocerla que a pesar del cansancio en sus piernas, seguirá adelante sin importar nada más que cumplir su meta. Así en un maratón como en su vida diaria. No se conformará con un cumplido al día y un "qué hermosa te ves hoy" nunca le será suficiente. Tu amor se lo demostrarás de todas las formas posibles. Sí, porque una chica que corre no se conforma con poco. Así como hoy corre media hora, en unos meses estará corriendo todo el día. Y no estoy exagerando. Deberás sacrificar horas de sueño para acompañarla a correr a las 5 de la mañana, aguantar su ritmo sin quejarte y tener una charla entretenida. No te olvides de ser empático, pues una chica que corre busca compaginar en cada aspecto de su ser con la persona que elija por pareja. Si te elige a ti, por afortunada coincidencia, más te vale estar preparado para este viaje. Y si ha aprendido a hacer trail, cuidado, no pasará mucho tiempo antes de que necesites zapatos todoterreno. Te llevará con ella, tenlo por seguro. La vida tendrá un sabor como nunca lo habrías imaginado. Y te repito que no estoy exagerando. No te enamores de una chica que corre. Ella nunca quedará satisfecha y siempre va a querer correr más: una nueva ruta, una distancia mayor, subir otra montaña, correr en la playa descalza o amarte un poco más. No te enamores de una chica que corre, te lo suplico, porque si cometes el error de hacerlo, de enamorarte de ella, tu vida cambiará definitivamente. Comenzarás a hablar un nuevo idioma. Tu reloj biológico te exigirá levantarte antes de que amanezca. Tus piernas te llevarán a ver el amanecer en primera fila. Y tu estómago, con las mariposas revueltas, te pedirá más comida, toda la que necesites para seguir corriendo una hora más. No te enamores de una chica que corre. No lo hagas. Porque, sin importar cuántos kilómetros huyas de ella o de su recuerdo, la llevarás contigo. Sentirás su respiración y entenderás su loca manera de vivir. E inevitablemente, ella te acompañará en cada paso que des, ya sea que decidas irte corriendo o no.

  2. 10/29/2015

    Joaquín

    Son las 6:15pm, igual que ayer, y Joaquín se sienta en la misma banca que ayer, de la misma estación que viene frecuentando desde hace un año, que fue cuando recobró la memoria. Se ubica junto al area de comida aunque comió hace un par de horas, abre un libro de título insignificante, repasa algunas páginas y levanta la mirada antes de seguir leyendo. Su mirada se clava en el mismo lugar, una y otra vez, como buscando algo, como si estuviera perdido o como si esperara a alguien. Su mirada no vacila, sabe hacia dónde mirar y parece reconocer a alguien. Le busca el cabello y las manos pero sabe que ella ya no trabaja ahí. Su ilusión se desvanece muy deprisa porque no encuentra la misma sonrisa enmarcada por su cabello rizado y sus ojos como estrellas. Aparta el libro y se pone a escribir. Joaquín es algo tímido y silencioso, aun así le escribe una canción que nunca le podrá cantar. Quiere guardarla para el futuro. En ella le confiesa que no hay nadie que se pueda comparar, que es única y que es imposible imaginarla, que no la puede recrear en su imaginación con la fuerza que tiene su ser. Es que ella desbordaba sus sentimientos y le hacía creer que todo era posible, a veces no le decía nada, otras veces le confesaba que él le daba paz, y con eso él se sentía tranquilo, contento y amado. Eso bastaba. A Joaquín, esto le hace derramar una lágrima, luego una sonrisa, luego le duele haber recordado todo lo que sucedió, porque hoy es tarde, y hace un año ya era tarde. Escucha una risa alegre y voltea, quizá sea ella tomando helado o bebiendo café, o acercándose a tomarle de la mano y llevarle a caminar por la ciudad, de noche, para contarle cuentos y platicar de libros, del trabajo, o de comida, porque Joaquín y ella eran muy tragones, aunque lo intentaran disimular. Joaquín intenta sonreír, cierra el libro y camina. Se acerca a donde trabajaba ella y pide un sándwich, de carne, como el que ella le invitaba. Una mordida, cierra los ojos y llora desconsoladamente. Dos mordidas, y de recuerdos le quema el pecho. Tres, y vuelve a casa. Hasta mañana, piensa, por si te vuelvo a ver.

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