NOTAS DE ELENA Material complementario de la escuela Sabática para adultos Narrado por: Patty Cuyan Desde: California, USA Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist ChurchJUEVES, 20 DE AGOSTO LA VICTORIA FINAL SOBRE LA MUERTE. El Hijo de Dios llama a la vida a los santos dormidos... De la prisión de la muerte sale revestida de gloria inmortal clamando: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? dónde, oh sepulcro, tu victoria?» 1 Corintios 15:55... Los justos vivos son mudados "en un momento, en un abrir de ojo". A la voz de Dios fueron glorificados; ahora son hechos inmortales, y juntamente con los santos resucitados son arrebatados para recibir. a Cristo, su Señor, en los aires... Antes de entrar en la ciudad de Dios, el Salvador confiere a sus discípulos los emblemas de la victoria, y los cubre con las insignias de su dignidad real... Sobre la cabeza de los vencedores Jesús coloca con su propia diestra la corona de gloria. Cada cual recibe una corona que lleva su propio "nombre nuevo» (Apocalipsis 2:17), y la inscripción: "Santidad a Jehová». A todos se les pone en la mano la palma de la victoria y el arpa brillante. Luego que los ángeles que mandan dan la nota, todas las manos tocan con maestría las cuerdas de las arpas, produciendo dulce música en ricos y melodiosos acordes. Dicha indecible estremece todos los corazones, y cada voz se eleva en alabanzas de agradecimiento... Delante de la multitud de los redimidos se encuentra la ciudad santa. Jesús abre ampliamente las puertas de perla, y entran por ellas las naciones que guardaron la verdad... Luego se oye aquella voz, más armoniosa que cualquier música que haya acariciado jamás el oído de los hombres, y que dice: "Vuestro conflicto ha terminado». "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo". Mateo 25:34. Entonces se cumple la oración del Salvador por sus discípulos: "Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también con-migo". Juan 17:24. Cristo los presenta al Padre "delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría» ( Judas 24)... ¡Oh maravillas del amor redentor! ¡Qué dicha aquella cuando el Padre eterno, al ver a los redimidos verá su imagen...! (God's Amazing Grace, p. 357; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, p. 357). Jesús va a venir, pero no será, como en su primer advenimiento, un niño en Belén; no como cabalgó al entrar en Jerusalén, cuando los discípulos alabaron a Dios con fuerte voz y clamaron: "¡Hosanna!", sino que vendrá en la gloria del Padre y con todo el séquito de santos ángeles para escoltarlo en su traslado a la tierra. Todo el cielo se vaciará de ángeles, mientras los santos lo estén esperando, mirando hacia el cielo, como lo hicieron los galileos cuando ascendió desde el Monte de las Olivas. Entonces únicamente los que sean santos, los que hayan seguido plenamente al manso Dechado, se sentirán arrobados de gozo y exclamarán al contemplarle: "He aquí, este es nuestro Dios; le hemos esperado, y nos salvará". Y serán transformados "en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta", aquella trompeta que despierta a los santos que duermen, y los invita a salir de sus camas de polvo, revestidos de gloriosa inmortalidad, y clamando: "¡Victoria! ¡Victoria sobre la muerte y el sepulcro!" Los santos transformados son luego arrebatados juntamente con los ángeles al encuentro del Señor en el aire, para nunca más quedar separados del objeto de su amor (Primeros escritos, pp. 109, 110).