Mateo 4:4 (NVI) Jesús respondió: «Escrito está: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús pronunció estas palabras en el desierto, hambriento, cansado y bajo presión. El enemigo lo tentó a convertir las piedras en pan, apelando a su necesidad física y a su alivio inmediato. Pero Jesús respondió con una verdad poderosa: la vida no se sustenta solo de pan, sino de la Palabra de Dios. En otras palabras, lo que Dios dice importa más que lo que sentimos, lo que vemos o lo que nos falta. Al comenzar este ayuno de 21 días, muchos llegan cansados. Algunos oran oraciones que ya han hecho antes. Otros luchan contra el desánimo. Otros se preguntan en silencio: “¿Cambiará algo algún día?”. Este ayuno comienza con un recordatorio simple pero profundo: Estás a una palabra de distancia. A lo largo de las Escrituras, vemos momentos en los que todo cambió porque Dios habló. María era una joven común y corriente cuando un ángel le entregó una palabra extraordinaria. El futuro de la humanidad pendía de un hilo, y su respuesta fue sencilla pero contundente: «Hágase en mí conforme a tu palabra» (Lucas 1:38). Esa palabra, promesa, cambió su vida para siempre. La fe no se encontraba en comprenderlo todo, sino en confiar en la palabra de Dios. El centurión romano acudió a Jesús desesperado por la sanación de su siervo. No le pidió a Jesús que fuera a su casa. En cambio, le dijo: «Solo di una palabra, y mi siervo sanará» (Mateo 8:8). Jesús se maravilló de su fe. La sanación no requirió proximidad, solo una palabra. Y esa palabra viajó más lejos y más rápido que cualquier presencia física. En la creación, Dios no luchó contra la oscuridad, sino que le habló. «Y dijo Dios: “Sea la luz”; y fue la luz» (Génesis 1:3). La oscuridad no discutió. El caos no se resistió. Una palabra de Dios trajo orden, belleza y vida. Este ayuno no se trata de ganar el favor de Dios. Se trata de preparar tu corazón para escucharlo. Cuando nos negamos el pan natural, declaramos que la Palabra de Dios es nuestra verdadera fuente de vida. Cree que Su Palabra aún tiene poder. Cree que lo que Él dice tiene la autoridad final sobre lo que ves. Oración de hoy Querido Padre Celestial, Al comenzar este ayuno, aquietamos nuestros corazones ante Ti. Confesamos que hemos buscado la vida en muchos lugares, pero hoy declaramos que Tu Palabra es nuestro verdadero sustento. Habla, Señor, una palabra tuya es suficiente para traer luz a nuestra oscuridad, fuerza a nuestra debilidad y esperanza a nuestra espera. En el nombre de Jesús, oramos. Amén. Aplícalo hoy Al ayunar, que esta sea tu confesión diaria: No estoy vacío, estoy esperando. No estoy estancado, estoy posicionado. No estoy olvidado, estoy a una palabra de distancia.