Meditando en la Palabra

David Benjamin Bell

Un versículo de la Biblia junto con una meditación y una aplicación.

  1. Oct 3

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    «Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.» ‭‭(Marcos‬ ‭4:26-27) Todos hemos visto un vídeo de lapso de tiempo en que en segundos ves como una semilla brota, rompiendo la tierra, y empieza a crecer. Visto así de rápido se aprecia el milagro de la semilla. Jesús aprovechó esta realidad para enseñar sobre el reino de Dios. El que planta la semilla no tiene que saber cómo crece. La siembra y crece automáticamente. De la misma forma nosotros no sabemos cómo crece el reino de Dios en el corazón. Pero esta parábola no nos está llamando a la inactividad. Si bien es verdad que el que siembra no entiende todo sobre cómo brota y crece, sí sabe que para que crezca necesita ser sembrada. Necesitará sol y agua. Necesitará protección de animales que podrían comer o pisar la planta tierna. No llegamos a entender el milagro de la vida espiritual que está en nosotros pero debemos saber la forma de fomentarla y cuidarla, y en especial, compartirla. Tu vida espiritual sigue creciendo como esa semilla. Asegúrate que la estás fomentando con un alimento espiritual diario, orando y meditando en la Palabra, que estás protegiendo tu alma de todo aquello que podría estorbar el crecimiento espiritual. Hay cosas que no debemos ver, sitios dónde no debemos entrar porque no nos ayudarán a crecer espiritualmente. Y luego que busques sembrar esta semilla en corazones. Que gocemos del milagro del reino de Dios así.

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  2. Oct 2

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    «Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.» ‭‭(Marcos‬ ‭3:35‬) Marcos 3:20 nos dice que durante el ministerio de Galilea, la multitud agolpaba a Jesus y sus discípulos tanto que no tenían tiempo ni para sentarse a comer. Podemos imaginar el desgaste emocional y físico que experimentaba Jesús y sus discípulos por la presión constante de las multitudes. Por eso, más adelante, vemos que Jesús lleva a sus discípulos aparte para descansar. Bueno, las noticias llegaron a la familia de Jesús sobre la presión constante que estaban experimentando y vemos que los suyos, sus hermanos y su madre, decidieron venir a apartarle, porque, según el 3:21, pensaban que Jesús estaba fuera de sí. Esto nos ayuda a entender mejor por qué no salió Jesús a recibir a sus hermanos que venían con su madre (3:31). Ellos habían venido supuestamente para hacerle un favor y salvarle del estrés y del agobio del ministerio. Pero precisamente, esta etapa de su ministerio era una parte de la voluntad de Dios. Jesús aprovecha esta ocasión para resaltar la esencia de lo que significa ser un verdadero discípulo. En vez de frenar la voluntad de Dios –incluso si era supuestamente para el bien de Jesús, como en este caso– el verdadero discípulo busca ocuparse en hacer la voluntad de Dios. ¿Esta tu vida hoy frenando o fomentando la voluntad de Dios? Si verdaderamente pertenecemos a la familia de Dios (hijo o hija de Dios), lo mostraremos cuando buscamos hacer la voluntad de Dios. (David Bell)

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  3. Oct 1

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    «Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.» (Miqueas‬ ‭3:11‬) Confiar en Dios es bueno, salvo cuando uno está viviendo en pecado y por tanto su confianza es vana. El profeta Miqueas fue enviado por Dios con un mensaje de condenación y juicio contra la falsa confianza de su pueblo. Los lideres estaban viviendo en pecado. El texto nos da tres ejemplos. Primero, nos dice que los jefes o los jueces, en vez de buscar la justicia, aceptaban sobornos. Los sacerdotes que debían servir al pueblo en lo espiritual ejercían su ministerio para enriquecerse, y los profetas aceptaban dinero para anunciar un supuesto mensaje de Dios. Pero lo más triste de todo es que mientras estos líderes vivían en pecado, violando las leyes y los preceptos de Dios, estaban convencidos de que Dios estaba con ellos y que nada malo les podría pasar. Creían que Dios estaba a su lado cuando realmente Dios estaba a punto de traer el juicio contra ellos. Eran como Sansón en la casa de Dalila: no sabían que Dios les había abandonado. Hemos de examinar nuestra vida, porque es muy fácil que caigamos en esa misma trampa. Podemos permitir la presencia del pecado en nuestras vidas y seguir pensando que estamos bien con Dios. Debemos ir al Señor en oración de manera regular y pedir con el salmista que Dios examine nuestro corazón para revelar si hay en nosotros camino de perversidad (Sal. 139:23-24). Sólo Dios nos puede librar de los errores que nos son ocultos (Sal. 19:12). (David Bell)

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  4. Sep 29

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    «Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto; allí prevaricaron contra mí.» (Oseas 6:7) Por medio del profeta Oseas, Dios habla del pecado de su pueblo. En este texto compara el pecado de Israel con el primer pecado en Edén. Lo que llama la atención es que describe el primer pecado en términos de un pacto roto. Muchas veces pensamos en el pecado de Adán como un acto de desobediencia aislado, pero Dios lo ve como una violación de un acuerdo. Dios hizo a Adán y a Eva en un estado perfecto para que pudieran gozar de una relación con Él. La única condición para disfrutar de esta relación eternamente era obedecer a Dios. Pero Génesis nos narra la triste historia de como los primeros seres humanos dieron la espalda al pacto de Dios y escogieron seguir su propio camino. Aquí en Oseas, vemos que el pueblo de Dios había seguido el ejemplo de Adán, traspasando un segundo pacto, el pacto de Sinaí. Ellos también habían violado el pacto que Dios les ofreció. Como dice el texto, habían prevaricado. La idea de la palabra en hebreo conlleva el pensamiento de intentar esconder o cubrir su pecado, como para engañar a Dios. No funcionó para Adán y Eva; tampoco funcionó para Israel; y por supuesto jamás funcionará para nosotros tampoco. Todo esta descripción del pecado viene en el contexto de la invitación al arrepentimiento en el versículo uno de este capítulo. Dios nos sigue invitando a que encontremos en Él perdón de pecados y limpieza. Incluyamos en nuestras oraciones diarias el arrepentimiento y la confesión de nuestros pecados. (David Bell)

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  5. Sep 28

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    «Por tanto, de esta manera te haré a ti, oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel.» (Amós 4:12) Aquí el profeta Amós avisa al pueblo que se prepare para un encuentro con su Dios. Quizás estamos acostumbrados a escuchar estas palabras y pensar en algo bueno. Después de todo, así hablaba el apóstol Pablo durante su primer encarcelamiento, diciendo que deseaba «partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor» [que seguir viviendo en este mundo]. (1:23). Pablo estaba deseando partir hacia aquel encuentro con Cristo. Pero la situación que anunciaba Amós era completamente diferente. El pecado del pueblo había subido ante Dios y Dios ya no lo podía aguantar más. Dios estaba a punto de juzgar a “su pueblo” y el resultado sería un encuentro temeroso de juicio. Ahora bien, todos vamos camino a un encuentro con Dios después de esta pasajera vida terrenal. La pregunta es ¿qué tipo de encuentro nos espera? ¿Seremos abrazados por un Padre celestial como sus hijos vueltos a casa o seremos juzgados como rebeldes ante un juez? Sin Cristo, lo único que nos espera es «una horrenda expectación de juicio» (Hebreos 10:27), pero Cristo es el único que nos puede transformar y preparar para este encuentro para que cuando diga «Ciertamente vengo en breve.» podamos responder «Amén; sí, ven, Señor Jesús.» (Apocalipsis 22:20b). El tipo de encuentro que nos espera debe cambiar la forma en que vivimos este día. (David Bell)

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  6. Sep 25

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    «Mas en el monte de Sion habrá un remanente que se salve; y será santo, y la casa de Jacob recuperará sus posesiones.» (Abdías 17) El pequeño libro de Abdías denuncia el pecado de Moab, los descendientes de Esaú, contra sus hermanos judíos. Cuando Dios castigó a su pueblo, los moabitas se regocijaron e incluso se aprovecharon de la situación para enriquecerse y matar a los judíos que huían de la destrucción. Al ver el juicio de Dios contra los judíos, los Moabitas tendrían que haberse arrepentido de sus propios pecados. Pero Dios les advierte que un día restaurará al remanente de su pueblo. Los salvará y serán santos y Dios les volverá a dar su herencia. Esta profecía un día se cumplirá con el pueblo de Dios pero también es una imagen de lo que Dios está haciendo en nosotros ahora. Cuando pusimos nuestra fe en lo que hizo Cristo por nosotros en la cruz, Dios nos salvó y comenzó a transformarnos en la misma imagen de su santidad por medio de su Espíritu que hizo morar en nosotros. Al igual que los descendientes de Jacob, somos ahora un remanente salvo y santo. Y un día recibiremos nuestra posesión, nuestra herencia. Cuando estemos en su presencia, Dios terminará su obra en nosotros y seremos como nos creó para ser desde el principio y tendremos la mayor posesión posible, una relación perfecta con nuestro Creador. Vivamos hoy como un remanente salvo y santo en medio de una generación perdida en el pecado para que Dios siga añadiendo a su remanente. Y un día recibiremos nuestra recompensa en su presencia. (David Bell)

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