Meditando en la Palabra

David Benjamin Bell

Un versículo de la Biblia junto con una meditación y una aplicación.

  1. Sep 23

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    «Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.» (Juan 19:15) Esta escena en el juicio de Jesús ante Pilato revela el corazón malvado de los líderes que habían entregado a Jesús y ahora pedían su crucifixión. Pilato les pregunta si quieren que crucifique a su rey, ya que ellos le acusaban de ser el rey de los judíos. Es sorprendente escuchar la contestación de estos principales sacerdotes. Afirman que no tenían otro rey que César. Recuerda que menos de una semana antes, algunos de estos líderes habían preguntado a Jesús si era necesario pagar los impuestos a Cesar o no. Se notaba en su pregunta que no tenían ninguna afección por el emperador romano y sólo estaban intentando tender una trampa para sorprender a Jesús. No obstante ahora proclaman ante Pilato que no tienen más rey que César. Lo que les interesaba de verdad era tener un rey que les diera lo que realmente deseaban. Querían un rey que pudiera crucificar a Jesús para quitarlo de en medio. Nosotros también podemos caer en esta misma trampa. Es natural querer un rey que hará todo lo que pedimos y deseamos, pero Dios nos ofrece algo mucho mejor: un Rey que está obrando en todo momento para nuestro bien final y para su gloria. No nos da todo lo que queremos sino todo lo que verdaderamente necesitamos. No necesitamos más Rey que nuestro amante Dios. Confiemos en Él y su sabia provisión para el día de hoy. (David Bell)

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  2. Sep 22

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    «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» (Juan‬ ‭16:33‬) Jesús nos advirtió que en este mundo tendremos aflicción. Es inevitable porque todo está bajo la maldición del pecado. A veces esta aflicción proviene de la maldad de otros pecadores que nos odian, pero otras muchas veces esta aflicción es sencillamente una consecuencia del pecado que entró en el mundo por Adán. En cuanto a la maldad que experimentamos a mano de otros pecadores, tenemos que confiar que Dios nos ayudará y que un día los juzgará, pero la maldad o aflicción, como Jesús lo llama aquí, es un poco diferente. En vez de causarnos afán y malestar, esta maldad puede y debe llevarnos a confiar más en nuestro Salvador que vino precisamente para deshacer la maldad en todas sus manifestaciones. Como dijo Cristo, Él vino para vencer al mundo. Cuando aprendemos a confiar en Él, encontramos la paz que nos prometió aquí. En su victoria, nosotros podemos encontrar victoria. Pero esta victoria no nos libra de la aflicción de este mundo; más bien la victoria que Cristo promete aquí es llenarnos de paz en medio de la aflicción. Esta es la luz del seguidor de Cristo que llama la atención a los que viven en tinieblas para dirigir su atención hacia nuestro Padre celestial para que otros le glorifiquen como merece (Mateo 5:21). Que dejemos que la luz de su paz brille en nuestras vidas hoy en medio de la aflicción de este mundo para que Dios sea exaltado por nuestro testimonio. (David Bell)

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  3. Sep 19

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    «Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?» (Juan‬ ‭11:40‬) Marta estaba en medio de una de las crisis más grandes de su vida. Acababa de perder a su hermano, y ahora Jesús llega a la casa en medio de los días de luto y le pregunta si cree. En su corazón está todavía el pensamiento de que si Jesús hubiera podido llegar antes, podría haber sanado a Lázaro. El consuelo que Jesús le ofrece es una oportunidad de ver la gloria de Dios. Seguramente Marta no podía ni imaginar cómo Dios podría ser glorificado en medio de esta situación. Pero Jesús tiernamente le recuerda que si creyera, vería la gloria de Dios. La condición para ver lo que glorifica a Dios es la fe, esta habilidad de confiar en Dios incluso cuando humanamente hablando parece que sería imposible que Dios fuera glorificado en la presente situación. Pero la fe conlleva también otro concepto importante: la paciencia. Si no podemos esperar pacientemente para el tiempo del Señor, realmente no confiamos. Muchas veces pensamos sólo en términos del corto plazo, pero Dios obra desde otro punto de vista. Él no está limitado por el tiempo. Así que, lo que nos parece la mejor opción en el instante, Dios muchas veces no escoge porque Él ve lo que realmente es mejor a largo plazo. Si queremos que Dios sea glorificado en y por medio de nuestras vidas, hemos de aprender a confiar y esperar. Entonces sí veremos la gloria de Dios. Marta así lo llegó a entender cuando volvió a abrazar a su hermano cuatro días después de su muerte para la gloria de Dios. (David Bell)

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  4. Sep 16

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    «y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.» (Juan 4:42) Jesús tenía necesidad de pasar por Samaria. Estoy seguro que los discípulos no lo comprendieron. Cuando pararon en aquel pozo, Jesús envió a los discípulos delante al pueblo para comprar comida y se quedó allí en el pozo sólo y cuando vino la mujer a sacar agua, Jesús empezó una conversación que le llevaría a poder presentarse a la mujer como el esperado Mesías. Al volver los discípulos, ella dejó su cántaro y volvió al pueblo. Los discípulos no comprendieron nada, pero había ocurrido un milagro en el corazón de aquella mujer. Ella volvió al pueblo una mujer cambiada y compartió su fe con todos los hombres del pueblo y muchos de ellos creyeron también, como le decían después, no solamente por el testimonio de ella, sino porque habían conocido a Cristo. Que bonito es poder compartir con otros el mensaje de la salvación en Cristo. Pero es aún más bonito cuando una persona cree, no solamente por lo que hemos dicho sino porque esa persona misma lo ha experimentado. Ya no cree sólo un mensaje sino conoce a una persona, el Salvador del mundo. Aunque personas rechacen este mensaje, no nos cansemos de compartir esta verdad. Nunca sabes cuando encontrarás a “una samaritana” lista para creer y compartir el mensaje con todos los de su pueblo. (David Bell)

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